¿Cuál es su mayor motivación para ser congresista de Colombia?
Quiero seguir en la Cámara de Representantes porque aquí es donde resuelvo los problemas de la gente. Año tras año estoy presente en mi tierra antioqueña, porque no se me olvida quién me eligió ni de dónde vengo. En esta carrera pública, de más de 20 años, he logrado la ley para quelas mascotas viajen con sus dueños y no en bodegas, estoy liderando el Ferrocarril de Antioquia desde el Congreso para acabar con los trancones y recuperar nuestra tradición, le puse freno al abuso de las grúas y los patios que le cobraban injustamente a la gente. He impulsado otros proyectos como la Universidad Digital, el programa de Matrícula Cero, el Túnel del Toyo, construcción de placa huella, circuitos viales, profesionalización de los gerontólogos, y más. Mientras otros prometen, yo resuelvo. Necesito seguir en la Cámara porque hay mucho trabajo por hacer en seguridad, salud, empleo formal. Quiero seguir defendiendo a quienes más lo necesitan. El que resuelve, soy yo.
¿Ha tenido alguna investigación disciplinaria, administrativa o penal?
No.
De obtener la curul, ¿cuál será su principal proyecto en el Congreso?
Yo no quiero una curul para calentar silla, no lo hice el periodo anterior y mucho menos lo voy a hacer ahora. En este nuevo periodo tengo varias batallas claras: atender la situación de habitantes en condición de calle, ampliar la cobertura de educación presencial y digital, erradicar la corrupción, mejorar la fórmula del aumento del salario para pensionados, y más. ¿Cómo lo haré? Por ejemplo, impulsaré una ley para que dejar de vivir en la calle no dependa de la caridad, sino del Estado y se dé salud mental, tratamiento de adicciones, techo digno y oportunidades reales. Es inhumano que sigamos esquivándolos en los semáforos y luego hablemos de “inclusión”. También dando continuidad a mi causa que es la educación, propondré reactivar programas que otorguen cupos de educación superior a jóvenes. Para erradicar la corrupción, radicaré una ley que les quite el parque de diversiones a los vivos de siempre: propongo el voto público, contratos rastreables y cárcel de verdad para el que se robe un peso público. Si alguien quiere llegar al Congreso a tomarse selfis y buscar mermelada, que se postule a otra cosa. Pero mi proyecto del corazón, porque se lo que significa para el desarrollo de las regiones, es revivir el Ferrocarril de Antioquia. Desde la Asamblea de Antioquia y desde el Congreso he trabajado para que el tren vuelva a ser una realidad y logre la línea férrea completa desde Caldas hasta Puerto Berrío. El impacto sería para más de 50 municipios del departamento y volvería a consolidar la grandeza de Antioquia a través de su Ferrocarril.
A su criterio, ¿cuál es el principal problema de Colombia y cómo cree que puede solucionarse?
El problema de este país tiene nombre y apellido: inequidad con un cómplice, y ese cómplice se llama corrupción. La inequidad deja a millones atrapados donde nacieron; la corrupción se roba la plata que debía abrirles una puerta. Así de simple. La solución empieza por cerrar la manguera de la robadera — los contratos amañados, la mermelada, nóminas paralelas— y usar esos recursos para lo que duele: salud, educación, seguridad y empleo digno. Si no tocamos ese binomio, seguiremos viendo a los mismos llorando frente a un hospital mientras otros se reparten el presupuesto de los carrotanques de La Guajira o Centros Poblados a carcajadas.
¿Apoyaría o no un proceso de asamblea constituyente y cómo justifica su postura?
No, no apoyo una constituyente. El problema de este país no es que le falten hojas a la Constitución, es que le sobran tramposos que se la pasan por encima. La Constitución actual es el acuerdo básico de lo que no deberíamos estar discutiendo cada cuatro años: derechos, límites al poder, reglas del juego. Cada vez que un gobierno se inventa la idea de cambiarla a su medida, lo que está diciendo es: “no me gustan los frenos, déjenme manejar sin frenos”. Yo prefiero hacer respetar las reglas que ya tenemos, no abrir la puerta a que las vuelvan a escribir a punta de cálculos electorales y politiqueros.
¿Acompañaría o no que en el país se reviva la figura de la reelección presidencial inmediata o que se extienda el periodo presidencial?
Cuando un presidente empieza a pensar más en cómo quedarse que en cómo gobernar, el país se vuelve su finca. Yo no estoy para aplaudir gobiernos eternos, sino para que en el tiempo que haya, se gobierne bien y se rinda cuentas. Basta de alargar mandatos para estirar también los abusos. La mejor reelección se da con el voto de la gente a un modelo de gobierno que lo hace bien.
¿Le daría respaldo o continuidad a la política de paz total?
Todo el mundo dice querer paz; el tema está en que algunos la quieren, aunque sea a costa de arrodillarse ante los criminales. La llamada “paz total”, tal como se ha aplicado, ha sido un abrazo cómodo para los armados y una bofetada para las víctimas y las regiones. Yo quiero otra cosa: una política que entienda que hoy el conflicto se alimenta de rentas criminales —coca, minería ilegal, extorsión— y que ponga reglas claras: el que sigue matando, secuestrando y extorsionando no puede estar sentado negociando como si nada. Paz sí, pero no una paz que le diga al campesino “siga aguantando” mientras los bandidos negocian comiendo manjares.
¿Está de acuerdo con que el Gobierno realice diálogos con grupos ilegales?
Hablar no es el problema; el problema es hablar sin condiciones. Estoy de acuerdo con dialogar, pero con una línea roja muy clara: ningún grupo que siga matando, reclutando niños o cobrando “vacunas” puede pretender trato de interlocutor respetable. Diálogo sí, pero con reloj, en mano y con consecuencias para el incumplimiento. Lo otro no es proceso de paz, es un premio al que más daño hace.
¿Apoya o rechaza la legalización de algunas drogas ilícitas, como la marihuana y otras, que incluya su producción y consumo?
Legalizar, así como estamos suena muy bonito en foro internacional, pero en la realidad de los barrios es otra historia. No apoyo una legalización amplia de producción y consumo de drogas ilícitas en un país donde el Estado ni siquiera manda en todo su territorio. Cuando ni siquiera hemos logrado que un joven tenga otra opción distinta a entrar en la delincuencia, venderle la legalización como solución es cruel. Primero se necesita garantizar presencia real del Estado, salud mental, oportunidades y control del territorio; luego hablamos de modelos de legalización. Antes no. Teniendo esto en cuenta, dejo claro que respetaré y me adheriré a las decisiones del Partido Liberal.
¿Está o no de acuerdo con la eutanasia?
No estoy de acuerdo con la eutanasia. Promulgo una defensa radical de la vida, incluso cuando duele. El Estado ha sido tan indolente con los enfermos y sus familias que muchos sienten que morir rápido es más digno que vivir abandonados. Ese es el verdadero escándalo, el colapso del sistema de salud que nos ha llevado a pensar que la muerte es la mejor alternativa. En vez de empujar a la gente a tomar una decisión desesperada, prefiero un país que garantice cuidados paliativos, acompañamiento y apoyo real a esas familias que cargan lo más duro. La solución no puede ser “acelerar la salida” porque no fuimos capaces de acompañar el camino.
¿Se requiere o no otra reforma tributaria?
Sí, se necesita una reforma tributaria, pero que verdaderamente traiga inversión en el territorio, y que no sea para seguir alimentando la burocracia del Estado. Exprimir más a la clase media, a los trabajadores y a las pequeñas empresas es el atajo fácil de los que no quieren pelear con los verdaderos privilegiados ni con la evasión grande. Una reforma decente debe ir con nombre propio contra la evasión, los agujeros que usan los que más tienen y la maraña de exenciones que nadie entiende. Si un gobierno no se atreve a tocar eso y solo mira al que ya paga, no está haciendo reforma.
¿El salario de los congresistas y otros funcionarios del Estado debe reducirse?
Sí, el salario de los congresistas y de varios altos cargos del Estado tiene que bajar. Punto. Es ofensivo pedirle a la gente que “apriete el cinturón” mientras quienes deciden su futuro viven blindados de la realidad, entre choferes, viáticos y privilegios. Reducir el salario no va a resolver todo, pero manda un mensaje claro: no estamos por encima del país. Si alguien siente que con un salario menor “no le da”, tal vez no está ahí por vocación pública sino por el sueldo.
¿Está de acuerdo con que las iglesias paguen impuestos como el de la renta?
Sí, estoy de acuerdo. Si una iglesia funciona como empresa con negocios, propiedades que rentan y movimientos millonarios debe tributar como empresa. La fe no puede ser escudo fiscal para el que hace plata a nombre de Dios. Ahora, si hablamos del templo donde la gente va a rezar los domingos, del comedor comunitario o del hogar de paso, eso es otra cosa: ahí sí hay labor social que merece protección. Que den al César lo que es del César, literal. Si no hay transparencia ni rendición de cuentas, que paguen como cualquiera.
¿Haría alguna modificación al sistema político colombiano?
Varias, y urgentes. Primero, acabar con las listas cerradas: que la gente vote por personas, no por maquinarias que reparten puestos a dedo. Segundo, que el voto en blanco tenga dientes: si gana, que tumbe candidatos y obligue a repetir con gente nueva. Tercero, financiación pública real de campañas con topes que se respeten de verdad, porque hoy el que más plata mueve es el que más votos compra. Cuarto, revocatoria de mandato que funcione, no ese saludo a la bandera que tenemos ahora. Y quinto, transparencia radical: todo voto, todo contrato, todo gasto público tiene que ser rastreable en tiempo real. El sistema está diseñado para proteger a los vivos; hay que voltearlo para que proteja al votante.
¿Qué propuesta concreta tiene para garantizar la paridad y los derechos de la mujer?
La igualdad de género no se mide en cuántos discursos se dan el 8 de marzo, sino en cuánta plata y cuánto tiempo tienen las mujeres para vivir su propia vida. Mientras el trabajo de cuidado —hijos, adultos mayores, enfermos— siga siendo gratis y caiga casi siempre en ellas, el sistema está arreglado para que se queden atrás. Propongo que ese cuidado cuente para pensión, que romper techos de cristal tenga incentivos y sanciones, y que la jornada laboral deje de suponer que todo el mundo tiene a alguien más que se encarga de la casa. No es un favor: es corregir una injusticia que viene de hace décadas.
La corrupción es un problema de primer orden en el país, ¿cuál es su propuesta concreta para hacerle frente a este flagelo y lograr resultados?
Con la corrupción ya pasamos de la indignación al cansancio. Pero el cansancio no tumba contratos, ni manda corruptos a la cárcel. Mi enfoque es simple: seré el único congresista que haga que la corrupción deje de ser un buen negocio. Eso significa votos a la vista, contratos rastreables, una comisión de acusación con dientes, un sistema donde el que roba no negocia rebajas como si fuera cliente frecuente, sino que pierde el cargo, la plata y la libertad. Mientras robar siga siendo rentable y el castigo una anécdota, todo lo demás es carreta.
Las encuestas señalan que por lo menos tres de cada cuatro colombianos tienen una imagen desfavorable del Congreso. ¿Qué haría para contrarrestar esa postura negativa?
La gente odia el Congreso porque, siendo sinceros, el Congreso se lo ha ganado a pulso. Esto no se arregla con campañas de imagen ni con comerciales diciendo “somos cercanos”; se arregla con algunos dispuestos a perder privilegios. ¿Qué haría? No vender mi voto por burocracia, explicar en público cómo voto cada cosa, no cambiar de discurso por un puesto, y mostrar que se puede hacer política sin mermelada. La única forma de que cambie la percepción es que cambie la conducta. Si no, el desprestigio es más que merecido.
¿Qué debe hacer Colombia con el manejo de las relaciones diplomáticas con Estados Unidos y Venezuela?
La política exterior no puede ser un ring de egos ni un concurso de simpatía ideológica. Con países como Estados Unidos y Venezuela hay que comportarnos como adultos: ni tender una alfombra roja incondicional ni cazar una pelea permanente para salir en titulares. Debemos buscar lo que le convenga a la gente de a pie: seguridad frente al crimen transnacional, comercio que genere empleo y una frontera que no sea tierra de nadie. No me interesa quedar bien con un presidente u otro; me interesa que Colombia deje de perder en cada movida diplomática.
¿Cómo y con quiénes (particulares y/ privados) está financiando su campaña y cuánto le cuesta ese proceso?
Mi campaña la financio con aportes pequeños de gente que cree en esto y con recursos propios. Nada de cheques gordos con condiciones escondidas ni favores que después me pasen factura en el Congreso. Prefiero una campaña austera que me deje dormir tranquilo a una blindada que me ate las manos. No le debo nada a constructores, a multinacionales ni a los de siempre. Le debo solo a la gente que espera que alguien llegue al Congreso a representarlos de verdad, no a negociar con su futuro.
¿A quién respalda y por qué para la campaña presidencial?
Respeto a todos los candidatos que tienen aspiraciones y a todas las campañas. Hoy no acompaño a nadie, estoy concentrado en mi labor en el Congreso y en realizar la campaña con esfuerzo para seguir resolviéndole a Antioquia.
De forma concreta, ¿qué política del presidente Gustavo Petro debería seguir después del 7 de agosto de 2026 y cuál tendría que acabarse? ¿Por qué?
De cualquier gobierno se rescata algo y se desechan varias cosas, pero lo que no se puede heredar es la improvisación ni el caos como método. Yo mantendría lo que signifique una discusión seria sobre derechos laborales y mejoras en la calidad de vida del que trabaja, siempre que no sea a costa de quebrar a quien genera empleo. Lo que sí debería acabarse es la polarización como gasolina diaria, los anuncios sin sustento y las políticas que espantan inversión y empleo mientras venden ilusión. Cada vez que un gobierno gobierna para su tribuna y no para el país, la cuenta la terminan pagando los mismos de siempre, los más vulnerables.
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