De cuna bogotana, pero con marcadas raíces vallecaucanas, Roy Leonardo Barreras Montealegre apunta a llegar a la Casa de Nariño el próximo 7 de agosto tras una carrera de casi 30 años que ha tenido todos los tintes políticos posibles.
Su nombre tiene raíces británicas en Escocia e Irlanda y era indicativo para personas con cabello rojo o de tez rojiza, aunque dice, de eso no tiene un pelo. Sin embargo, también tiene un origen del francés antiguo y traduce a “rey”, aunque dice, no le gusta demasiado. Y es que ese nombre viene de sus abuelos paternos, gallegos que llegaron a Colombia en la década de 30’ durante la Guerra Civil Española. En tanto, su linaje materno tiene arraigo en el campo, pero sufrió la crudeza de la violencia que cobró la vida de su abuelo Tito en 1949.
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Fue esa ola violenta la que desplazó a su familia y provocó que su madre, Nelly Montealegre, llegara a Bogotá en búsqueda de oportunidades. Con tan solo 18 años se convirtió en una mujer cabeza de hogar luego de una relación con un médico radicado en la ciudad de Cali, George Barreras, que a la postre le abandonó. Su infancia se desarrolló en el popular barrio de Las Cruces, en el centro de Bogotá.
Impulsado por historias de su padre estudió medicina y cirugía en la Universidad Nacional, aunque de forma paralela tuvo que costear estos estudios trabajando como taxista o panadero. Su título llegó en 1987 aunque antes participó como voluntario en la tragedia de Armero y otras misiones médicas en el territorio nacional. Fue en estos años que tuvo esos primeros acercamientos a la política e hizo parte del movimiento Juventudes Galanistas que buscaba impulsar las intenciones presidenciales de Luis Carlos Galán hasta su asesinato en 1989.
Mientras alternaba su carrera como médico junto a su padre, ya en la década del 90, Roy Barreras se mantuvo activo en la política y junto con el exfiscal Alfonso Valdivieso se desligó del Partido Liberal y acompañó la fundación de Cambio Radical. Sin embargo, antes de ese paso buscó llegar al Concejo de Cali con banderas liberales, pero se quemó; en el 94’ fue suplente de José Arlen Carvajal en la Cámara, en ese mismo partido, y allí le reemplazó en algunos debates. Además, hizo oposición a Ernesto Samper participando de un cúmulo de liberales que señaló al entonces presidente por el denominado proceso 8.000. En ese proceso forjó cercanías con Humberto de la Calle y Juan Manuel Santos, con quien ha recorrido gran parte de su carrera política.
En el 97 se acercó al Partido Conservador para hacerse con la alcaldía de Cali, pero sumó otra derrota. Es más, fue en alianza con ese partido con el que años después buscó la gobernación del Valle, pero ya bajo la disciplina de Cambio Radical. Se quemó. Un resultado similar obtuvo en 2002 en la búsqueda por llegar a la Cámara mientras apoyaba a Noemí Sanín a la Presidencia.
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De forma paralela ya marcaba distancias justamente en Cambio Radical, partido en el que el liderazgo de Germán Vargas Lleras ganaba terreno desde el Congreso. No obstante, fue en las filas de ese partido que en 2006 logró llegar a la Cámara de Representantes. Para entonces Cambio Radical no era un partido de gobierno, pero Barreras sí estaba enfilado en la causa uribista. Esa decisión atenuó sus diferencias con Germán Vargas, para la época senador, quien en 2009 decidió expulsarle de esa colectividad por “deslealtad”.
Tanto era el fervor y la cercanía con Uribe, que Barreras se convirtió en una de las caras del referendo que buscaba la segunda reelección del expresidente. “Mi expulsión de Cambio Radical significa una bofetada a 8 millones de uribistas que quieren que el presidente Uribe vaya a un tercer mandato y el doctor Germán Vargas quiere sacarme a mí, para oponerse a esa reelección”, dijo el entonces representante Barreras.
La orfandad política duró algunos meses y el recién fundado partido de La U, precisamente bajo la causa uribista, le acogió. Y esa campaña de Roy para llegar al Senado es la que aún retumba en su carrera. “Defendemos la obra de gobierno de Uribe” era uno de los lemas con los que en 2010 logró ese salto al Senado con el número 5 de ese nuevo partido. Eso sí, manifiesta que nunca dio un voto por Álvaro Uribe y que esa era una estrategia para impulsar la campaña de Juan Manuel Santos por dos puntos clave que aún respalda: el proceso de paz y la legalización de las drogas. Su votación fue la quinta más alta al Senado en esa colectividad con 81.399 sufragios.
Ya para esa época el cambio de banderas le valió para que en los pasillos del Capitolio le llamaran “Roy el camaleón”. Sin embargo, para él no es una ofensa. Es más, parte de ese apodo también le es válido por su habilidad para moverse entre los diferentes sectores y lograr acuerdos, habilidad de la que aún alardea y de por la que aún muchos le respetan.
Ese primer paso por el Senado fue por todo lo alto para esa bancada. La U tuvo las presidencias de esa corporación en 2010, al inicio del Congreso, con un nombre nada conocido, Armando Benedetti, con Barreras jugando un papel clave. Dos años después, en 2012, La U retomó ese asiento en el Congreso con Roy. Fue precisamente ese año en el que el gobierno Santos inició los diálogos de paz con las Farc que tuvieron una significativa participación del entonces presidente del Senado y a quien se le designó posteriormente como uno de los jefes negociadores en Cuba. Además, en aquella legislatura también lideró varias reformas en el sector salud y en materia de seguridad.
En medio de todo ese proceso también se distanció de la figura de su compadre, el expresidente Uribe, aún ferviente opositor a los diálogos de La Habana. Porque sí, Álvaro Uribe es padrino de uno de los hijos de Roy Barreras en una ceremonia que incluso no escatimó en gastos y fue celebrada en la capilla de la Casa de Nariño. Con los años, aunque no esconde ese vínculo, sí remarca las diferencias que sostiene con el líder del Centro Democrático.
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En 2014 repitió curul y mantuvo la media de sus votos, haciendo campaña por la reelección de Santos y por ese proceso de paz. En medio se volvió uno de las principales voces que socializó ese acuerdo de paz en las regiones y de paso, uno de los promotores para el SÍ al plebiscito que perdió en las urnas en 2016. Ese golpe le pasó factura a La U que en 2018 perdió terreno en el Congreso, aunque no así sucedió sucedió con Barreras. Ese año su votación sobrepasó los 112.000 sufragios.
Durante esas elecciones las brechas internas del partido fueron notorias. Barreras volvió a un terreno opuesto a las decisiones de su bancada y mientras el partido apostaba a la Presidencia por la dupla Vargas Lleras - Pinzón Bueno, este acompañó a Humberto de la Calle. La derrota de Vargas empujó a La U a tender puentes con el gobierno Duque y deterioró una relación que acabó con su salida de ese partido.
En 2021 los lazos se estrecharon con Gustavo Petro, y como no, con Armando Benedetti. Los tres lideraron, con maquinarias y el fervor popular en medio del estallido social de ese año, la campaña al Congreso del Pacto Histórico. Roy señala que la unión de esas fuerzas que catapultó a Petro a la Presidencia hace cuatro años fue en parte iniciativa suya y por ello se volvió uno de los estrategas de esa campaña.
En medio de esos acuerdos se estimó que mientras Petro buscaba la Presidencia, Barreras ocuparía un puesto privilegiado en la lista al Senado. Tanto fue el privilegio que volvió a presidir el Senado en el 2022 y con el arranque del nuevo Gobierno estableció alianzas con diversos sectores para impulsar varias de las reformas de las que hoy saca pecho en su intención por llegar a la Casa de Nariño.
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Fue en esa misma campaña en la que uno de los casos que más le ha marcado en su carrera estalló. Justamente en el 2021, en medio de la campaña, un maletín con dinero que había dejado Barreras tras una reunión puso la duda sobre la financiación de la campaña de Petro presidente. Eso sí, el ahora candidato negó las acusaciones de la época y dijo que la suma correspondía a los pagos para una diligencia personal. En ese mismo caso anunció medidas ante las autoridades aunque aquello no prosperó.
Conquistada la Presidencia por parte de la izquierda, primera vez en Colombia, Barreras asumió su papel como presidente del Senado en el que no cumplió el año, pues el Consejo de Estado revocó su aspiración por el Pacto Histórico. Sin embargo, a su salida el terreno ya estaba allanado. Su próximo paradero sería el Reino Unido, donde ejerció como embajador hasta 2025.
A principios del año pasado retornó a Colombia en donde puso en marcha su recorrido nacional con el que confirmó su interés por llegar a la Casa de Nariño. Aunque inicialmente quiso marchar junto con Iván Cepeda, la ficha presidenciable del Pacto y el oficialismo, tanto la agenda programática como la no participación de este en las consultas de marzo les distanció. Esa negativa se dio por parte del Consejo Nacional Electoral que impidió a Cepeda medirse en esas elecciones, pero que, además, derivó en una invitación del presidente a sus bases a no votar esos tarjetones.
Según dice Barreras, esa decisión tuvo un costo político significativo que le representó poco más de 257.000 votos y que, según aseguró a este diario, “fue un fracaso”. Su proyección se situaba sobre los tres millones de sufragios, aunque con una mirada más cauta aceptó que la cifra ideal debía rondar el millón de votos.
Así llegó Roy Barreras a la carrera presidencial
Ese reciente distanciamiento con Petro, similar a lo sucedido con Uribe y previamente con otras cabezas de partidos tradicionales, ratifica la dificultad de Barreras de permanecer bajo el manto de figuras políticas con aún mayor fortaleza y su búsqueda constante por detectar la senda ganadora, que ahora persigue por cuenta propia. De esos rostros a los que siguió pero que luego abandonó, solo el de Juan Manuel Santos sigue teniendo relevancia en algunas de sus decisiones de las que asegura, siempre se acompañan de una bandera liberal.
A pesar de ello, insiste que la campaña apenas comienza y que su meta ahora es conquistar al electorado indeciso “que no se identifica con los extremos” para buscar acuerdos que permitan “la transformación del país”.
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