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Un día con López en campaña: así recorrió Bogotá en “Filomena” convenciendo a los indecisos

Los días de la candidata comienzan sobre las 5:00 a.m. Siempre inicia con un café. En una camioneta Suzuki de los noventas recorre la capital y no le niega un saludo a ninguna persona que la aborde. Esta es la rutina de la exalcaldesa que ahora busca la Presidencia.

Nicolás Torres García

26 de mayo de 2026 - 06:00 a. m.
La candidata del movimiento "Imparable" suele ir a debates en la mañana, volantea en las tardes y se reúne de noche con su equipo.
Foto: Antonia Villalba
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“Yo soy la misma Claudia. Los importantes son los cargos y son importantes no porque tengan poder, sino porque tienen influencia en la vida de la gente. A mí me gusta parar en las panaderías de barrio y comer y montar en bicicleta; soy una persona común y corriente, de una familia cualquiera, y así ha sido mi vida siempre”.

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Es lo que cuenta la candidata presidencial Claudia López mientras maneja la “Filomena” sobre la carrera décima en Bogotá. En El Espectador, acompañamos a la aspirante durante un día de su campaña por la capital para palpar cómo recorrió de norte a sur la ciudad que la vio nacer, crecer en la política y, como ella misma dice, “morir de amor”.

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Claudia no necesita alarmas; dice que es madrugadora y mala para trasnochar, por lo que a las cinco de la mañana el calor del sol la levanta. No le puede faltar un café para empezar su jornada; admite tener un rito al momento de prepararlo, aunque con los años le han recomendado cambiarlo por batidos verdes. En su agenda normal suele haber debates, eventos académicos o encuentros con gremios por la mañana.

Después de desayunar, atiende llamadas de medios regionales desde su apartamento, ubicado en el segundo piso de un edificio de los años cincuenta, justo enfrente del Parque de los Hippies. Lleva 18 años habitando este hogar; lo compró en medio de una crisis, pues su novia de aquella época la había dejado literalmente “en la calle”, un hecho que la llevó a un edificio recién remodelado en los 2000, a un precio que no pudo ignorar. A pesar de haber vivido en casi todas las localidades, López ama vivir en Chapinero, porque asegura que es un “barrio de verdad”, aun con el ruido que está presente de jueves a sábado frente a su ventana. “Yo podría ahorrar y vivir en un lugar mejor. Pero no quiero, me gusta mi barrio”, cuenta.

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El emblemático parque está ubicado en la localidad de Chapinero
Foto: El Espectador - Gustavo Torrijos

Ese día, salió desde su casa a un recorrido de 142 calles hacia el colegio Los Nogales, donde la esperaba un debate entre candidatos presidenciales. Tras la cancelación de los demás asistentes, el encuentro se convirtió en un conversatorio en el que Claudia habló de sus orígenes frente a casi 600 estudiantes de colegios públicos y privados de Bogotá. “Yo soy hija de una maestra, es tal vez el dato más importante de cualquier biografía”; esas fueron sus primeras palabras.

López se movió entre la tarima —donde estaban los cuatro estudiantes que presentaban el evento— y los pasillos que rodeaban a los otros 596 asistentes sentados en el auditorio, improvisado en una cancha de baloncesto. Y a través de un discurso que duró cerca de dos horas, contó cómo pasó de estudiar Biología en la Universidad Distrital a ser estudiante de Finanzas, Gobierno y Relaciones Internacionales en el Externado. Incluso, les describió a los estudiantes que no conocían más allá de la calle 202 cómo se vive en las zonas más apartadas de Colombia: “Los niños tienen que caminar por horas para llegar a su escuela, solo cuentan con un maestro, en ocasiones no tienen luz o son seducidos por los grupos armados”. En ese instante, el auditorio donde se percibían ciertos susurros o sonidos de teléfonos quedó en absoluto silencio.

Al terminar, después de un largo aplauso, el camino de Claudia hacia la salida se vio interrumpido por un grupo de jóvenes que le hacían preguntas sobre la salud, el futuro de las universidades e incluso el servicio militar obligatorio. López se quedó más de 30 minutos respondiendo cada duda, aceptando fotos y firmando un par de cuadernos. Entre los estudiantes se escuchaba decir: “La voy a subir a mis historias”, tras conseguir una fotografía con ella o una sonrisa de admiración. Otros solo se reunían a hablar a lo lejos, entusiasmados pero tímidos. La mayoría coincidía en que conversar con Claudia les emocionaba porque era “auténtica” y no los había dejado plantados.

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En medio de los saludos, ella le pedía a Alejandro Palacio, su secretario privado, que le compartiera un poco de agua de un termo de un litro estampado con el logo de los Northwestern Wildcats, el equipo de la Universidad Northwestern, donde cursó su doctorado, ella asegura tener un termo de cada universidad por la que ha pasado. Alejandro la acompañó en ese mismo cargo durante sus últimos dos años de alcaldía y recuerda que la Claudia alcaldesa no difiere mucho de la Claudia candidata. Según Palacio, en sus recorridos ella siempre decía que, aunque no podía resolver los problemas de los ocho millones de bogotanos, si escuchaba a cien en un día, podía intentar solucionar esos cien problemas. Por eso, para su equipo es normal que Claudia extienda la agenda mientras atiende a quienes buscan razones para confiar en ella.

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La candidata presidencial estuvo en el Colegios Los Nogales.
Foto: Antonia Villalba

Tras despedirse del último estudiante, Claudia tomó de nuevo un gran sorbo de agua y se sentó a conversar con El Espectador. En su mano izquierda se escuchan dos manillas: la primera es un “segundo anillo de matrimonio”, una pulsera idéntica a la de su esposa, Angélica Lozano, que les entregó un chamán en una de las dos ceremonias que tuvieron al casarse. La otra se la dio su amiga y exgerente de campaña, Nadia Rangel, para atraer “buenas energías y espantar los malos espíritus”.

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Y en la derecha lleva un reloj que combina con su pañoleta rosada de ese día. A pesar de que este es el estilo que se le ve casi todos los días de la campaña, cuando empezó la campaña era muy distinto. Al salirse del partido Alianza Verde e iniciar la recolección de firmas para su movimiento “Imparables”, dejó atrás la camisa blanca y pañoleta que la caracterizó durante años por un estilo más casual, el cual considera más apto para recorrer todo el país, y lo trajo de sus días estudiando en el exterior. Su esposa lo adoraba, pero su equipo lo rechazó con vehemencia y la hizo volver a su simbólica pañoleta.

Alcaldesa de Bogotá, en el primer Consejo de seguridad entre la Nación y el Distrito, para hablar de estrategias de seguridad en la Capital, realizado en el Palacio de Liévano.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

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A diferencia de otros candidatos escoltados por congresistas, concejales o diputados, a López solo la acompaña su equipo de comunicaciones, su secretario privado y su esquema de seguridad. Ni su esposa Angélica Lozano, ni Julián Sastoque o Catherine Juvinao pueden acompañarla en plaza pública debido a directrices de su partido. Sin embargo, para ella la situación es clara: “Aunque no puedan aparecer en público, ellos ahí siguen”.

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Sobre el mediodía, Claudia regresa a su casa para almorzar e incluso tomar una siesta tras la cancelación de una entrevista. Sus tardes suelen ser de volanteos o recorridos en “Filomena” por una Bogotá que conoce de pe a pa. Lo hace en una van marca Suzuki de los noventas readaptada para ser eléctrica por uno de sus mejores amigos, quien se la prestó por unos días que terminaron convirtiéndose en tres meses de campaña.

La van de Claudia López en su campaña.
Foto: Cortesía

La siguiente parada fue la famosa Iglesia del 20 de Julio, a un par de cuadras del portal de TransMilenio y de donde en pocos meses inaugurarán el Transmicable de San Cristóbal, uno de los legados de su administración en la capital. Allí la esperaba un grupo de voluntarios que repartían los volantes de la campaña como parte de su estrategia para convencer a los indecisos.

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Al llegar, varios transeúntes miraban con asombro, dudando si realmente era la candidata. Poco a poco se formó un tumulto para pedirle fotos y relatarle problemas cotidianos. Entre los que abrazaban y conversaban con la candidata, la prioridad no eran sus visiones de país como en la mañana; en el sur, el tema eran los problemas de cada uno de sus habitantes y la ruta en que Claudia podría ayudarles a solucionarlos.

La candidata recorrió la localidad de San Cristobal, en la Iglesia del 20 de Julio.
Foto: Antonia Villalba

Margot Hernández asistió al evento junto a su hermana y su hija. Le emociona la posibilidad de que Claudia sea la primera mujer presidenta y cree que logrará organizar la salud y la vivienda. La describe como alguien sincera: “Porque cuando estuvo en la alcaldía cumplió, es firme y echada pa’lante”. Margot, quien ronda los setenta años, la apoya desde su gestión en la ciudad e incluso prestó la fachada de su casa para colgar una gran pancarta sobre la avenida Primera de Mayo.

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Carlos Morales tiene 42 años; también va a votar por López porque dice que le “encantan sus propuestas para transformar a Colombia”. Siente en Claudia una persona fuerte, sincera y que le genera mucha confianza. Como Margot y Carlos, fueron decenas de personas las que se acercaron a conversar con la candidata.

De hecho, un habitante de calle y reciclador permaneció atento durante todo el evento, mirando a lo lejos hasta que decidió acercarse a darle las gracias, pues dice que ella lo “ayudó mucho durante su alcaldía”. Varios comerciantes que se arrimaron a saludarla y recordaron que López visitaba el sector durante su administración.

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Un reciclador de Bogotá recibiendo un volante de la campaña de Claudia López.
Foto: Antonia Villalba

A pesar de este entusiasmo general, algunos prefirieron mantenerse al margen por estar alineados con otros candidatos o por simple indecisión, evitando visitar la mesita donde la candidata intentaba terminar la indecisión de algunos votantes.

Después de dos horas de volanteo, Claudia luce igual que a las nueve de la mañana, con la misma energía, la misma sonrisa y las mismas ganas de seguir caminando. Invitó a los simpatizantes que quedaban a una panadería cercana y caminó rápido hacia el lugar seguida por unas veinte personas. Al cruzar las calles, algunos taxistas le pitaban con el pulgar arriba en señal de apoyo y los comerciantes retrasaban su paso para saludarla.

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En un local de menos de 75 metros cuadrados, su equipo y los acompañantes llenaron las mesas. Mientras los meseros repartían roscones de bocadillo y cafés, Claudia, instalada en una de las mesas del fondo, conversaba detenidamente con los ciudadanos sobre las próximas localidades por visitar. Al preguntarle si tendrían un gran cierre de campaña ese fin de semana —al igual que las demás campañas—, ella solo respondió “aquí no hay cierres, seguimos hasta el final”. De hecho, los días siguientes los pasó recorriendo otras localidades como Engativá junto a su mamá, María del Carmen Hernández.

Claudia López en panadería de Bogotá del 20 de Julio.
Foto: Antonia Villalba

El final de la noche lo marcó “Filomena”. El ritmo hacia la van lo marcó Claudia, quien puso a correr a sus escoltas debido a que se le hacía tarde para una transmisión en vivo que realiza los miércoles en sus redes sociales. Al montarse al vehículo morado, que lleva su rostro y el de su fórmula vicepresidencial, Leonardo, en el vidrio panorámico; una pareja la abordó para hablar de las elecciones. Ella aprovechó los últimos segundos para persuadirlos: “En primera, uno vota por el que le gusta y en segunda por el que le toca”.

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Al arrancar, el trancón del portal del 20 de Julio atrapó a la camioneta; sin embargo, la conductora elegida demostró cómo conoce la ciudad y tomó un atajo hacia la carrera décima. En los semáforos, los conductores y motociclistas se sorprendían al descubrirla al volante; incluso un conductor de TransMilenio le tocó la bocina mientras los pasajeros miraban con asombro.

Adjudicación al consorcio Doppelmayr para la implementación de esta obra; Asiste la alcaldesa Claudia López; Diego Sánchez, director del IDU y otros funcionarios de la alcaldía.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Claudia es minuciosa con los detalles. Cuando una persona le limpia el parabrisas, le pidió amablemente que retirara bien el jabón de las esquinas porque le restaba visibilidad; tras el trabajo, le entregó COP 2.000. Comenta que moverse en “Filomena” resulta costoso, no por el gasto de energía del carro, sino porque la obliga a llevar dinero en efectivo, algo a lo que ya desacostumbró debido al uso de tarjetas o transferencias.

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En el trayecto se sincera, cree que lo más importante en una campaña es el trato directo con la ciudadanía: “La gente, así como agradece la cercanía y el buen trato, resiente un montón cualquier desplante”, asegura, refiriéndose tanto a ella como a su equipo. Durante los 40 minutos de viaje hacia su apartamento en Chapinero, aprovecha para contar cómo conoció a Leonardo Huerta el año pasado y lo integró a la campaña. “Esto no es un matrimonio arreglado por conveniencia. Por eso la relación fluye muy bien”, comenta.

Angélica Lozano Correa, Senadora por el partido Verde junto a su esposa Claudia Nayibe López, alcaldesa electa para Bogotá 2020 (izq-der).
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Habla con frecuencia de Angélica y cada vez que menciona su nombre, una sonrisa asoma a su boca. Asegura estar cada día más enamorada y que, a pesar de que no sabe dónde estará en quince años, tiene la certeza de que estarán juntas.

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“Angélica es lo mejor del mundo. Ella me dice: ‘Yo soy tu sistema de cuidado personal’. Y es así. Está pendiente de todo, de que me haya tomado los remedios, las vitaminas, de que sí coma a tiempo, de que no la embarre… Está pendiente de todo el mundo en la campaña; esté tranquilo. A ella le gusta esto y le sabe. Entonces, además da consejos muy pertinentes”, así describe la candidata a su esposa con la que lleva 12 años.

A pesar de acumular más de diez horas de movimiento continuo por la ciudad, se le nota enérgica y siempre sonriendo. Asegura gozar de excelente salud y no sentir cansancio. Recuerda que la única vez que se enfermó en los últimos meses fue tras conocer los resultados del ocho de marzo, cuando se quedó sin voz y debió guardar reposo. En estas mismas semanas asimiló el golpe político de que su esposa no lograra un cuarto período en el Senado, un desenlace que, según confiesa, le dolió más a ella que a la propia Angélica.

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Se nota que Claudia disfruta la campaña; se divierte en cada uno de los destinos que visita, donde la agenda es la misma, sea en “Filomena” en Bogotá, caminando el centro de Risaralda con Leonardo o nadando en el río Orinoco. De hecho, es la segunda candidata que más recorrió ciudades en los primeros tres meses de campaña, y en busca de sus firmas, después de cinco años sin salir mucho de la capital del país, se embarcó en un viaje por los 32 departamentos.

Sus noches concluyen reunida con su equipo o haciendo contenido para las redes sociales, por eso el regreso a su casa se quedó corto para contar todas las historias de campaña que le impactaron, los lugares que conoció, pero sí dice que recorrer las calles de cada ciudad del país le “enseña un montón, porque la sabiduría de la gente es muy peculiar”.

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Vea el recorrido completo en vídeo con la candidata:

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Por Nicolás Torres García

Politólogo de la Universidad Nacional. Ha colaborado con medios como La Silla Vacía o Context by Reuters cubriendo política y conflicto armado. Interesado en el Congreso de la República e investigar el poder desde las regiones.nitorresgntorres@elespectador.com
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