22 Mar 2021 - 11:46 p. m.

Fernando Carrillo en la Constituyente: con un pie en el derecho y otro en la economía

Treinta años después de la Asamblea Constituyente, varios de sus miembros siguen en pie en la vida pública como testimonio de la Carta Magna que cambió el país. Tal como Fernando Carrillo
Javier González Penagos

Javier González Penagos

Periodista Política
Fernando Carrillo fue uno de los constituyentes más jóvenes en la Asamblea de 1991.
Fernando Carrillo fue uno de los constituyentes más jóvenes en la Asamblea de 1991.
Foto: El Espectador

Hace 30 años, cuando comenzaba a tomar forma la Asamblea Nacional Constituyente, todo estaba listo para que Fernando Carrillo asumiera la presidencia de la Comisión Quinta, encargada, entre otras, de tratar los asuntos económicos en la naciente carta política. Sin embargo, una petición a última hora llevó al exprocurador a estar en la Comisión Cuarta –relacionada con temas de justicia–. Ese hecho terminó por sellar el camino de quien luego llegó a ser ministro de Justicia y procurador General, y que en ese entonces era una de las cabezas del movimiento estudiantil que dio origen a la Séptima Papeleta.

“Negocié con Rodrigo Lloreda, porque yo iba a ser presidente de la Comisión de asuntos económicos, pero él dijo que quería esa y me tocó la que quedaba, la de justicia. Fue la que me tocó, porque quería la de asuntos económicos”, explica hoy Carrillo, admitiendo que ese cambio fue fundamental para su vida profesional y administrativa. “Las cosas pasan por algo: desde ahí comenzó un compromiso mío de vida con la justicia. Desde ese momento, hasta el día de hoy, no he dejado de trabajar en temas de justicia”.

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Ninguno de esos dos campos eran ajenos para Carrillo. De hecho, en ese entonces el exprocurador, con apenas 27 años, ya era profesor universitario y se había graduado de una maestría en derecho con énfasis en asuntos fiscales de la universidad de Harvard. Previamente, había obtenido su título universitario como abogado y socioeconomista. “Siempre había estado con un pie en el derecho y otro en la economía”, reconoce.

Sin embargo, estar en la Comisión de justicia no era cualquier cosa. Para el exministro implicó relacionarse con los más reputados juristas, cuya edad promedio era de 70 años. En el ramillete sobresalían nada menos que Álvaro Gómez Hurtado (uno de los artífices de la Fiscalía), Jose M. Velasco, Hernando Londoño o María T. Garcés que, aunque también era joven, era mayor que Carrillo.

“Me tocó comenzar a conocer a todos y cada uno de ellos. Me dediqué a entablar una relación personal con la mayoría. A demostrar también que lo que trataba era de dar garantías y poder sacar nuevas instituciones, que fue mi gran desafió. De allí salió la Fiscalía (fui uno de los ponentes), el Consejo Superior de la Judicatura, la Corte Constitucional, la Defensoría del Pueblo y la tutela (…) Me tocó producir la independencia de la Procuraduría, que antes estaba bajo el control jerárquico del Gobierno. Rompimos, y por decirlo gráficamente, destetamos a la Procuraduría del Ejecutivo y le dimos autonomía constitucional”, explica.

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Carrillo aterrizó en la Constituyente como cabeza del movimiento estudiantil, un movimiento que, explica, estaba marginado de los partidos políticas, y que buscaba una verdadera transformación del país. Fruto de ello, obtuvo una de las 10 votaciones más altas en el proceso, lo que lo hizo merecedor de ser una de las cabezas de las cinco comisiones que se idearon para tratar los temas del “nuevo país”.

“Hicimos una lista independente, sin vinculación con partidos, ni encasillado con nadie. De hecho, yo estaba cerca de las minorías, como la Unión Patriótica o el Quintín Lame”, admite Carrillo, quien defiende que no cayó “en paracaídas” a la Constituyente: “Fui la persona que propuso la Séptima Papeleta. La tesis jurídica de ese movimiento fue el resultado de una clase que di en el Rosario (...) no llegaba como un improvisado a hablar de la Constitución, sino que había sido, de alguna manera, uno de los impulsores del proceso. Eso me dio tranquilidad, pero el reto era inmenso”.

Para Carrillo, uno de los temas más álgidos de su comisión, y en general del proceso constituyente, fue encarar la extradición o no de colombianos, todo esto en pleno auge del narcotráfico mordaz y criminal de Pablo Escobar. “Fuimos derrotados tanto en la comisión como en la plenaria, y lamentablemente, fue una de las páginas no muy claras de la Constituyente. Perdimos batalla: solo 13 de 74 votamos para darle vía a la extradición”.

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Incluso, habla de otros momentos difíciles no tan conocidos y que hacían parte del intríngulis de la Constituyente, como una ley de indulto que se quiso poner en marcha para cobijar delitos de narcotráfico y lesa humanidad. Detrás, asegura, había intenciones de amnistiar a grupos guerrilleros y de crimen organizado relacionados con el narcotráfico.

Otra de sus peleas fue el establecimiento de una corte constitucional, que le demandó cosechar consensos y convencer a varios indecisos: “Había quienes no creían en la necesidad de crear el tribunal constitucional, que como estaba era suficiente, pero era necesario darle esa centralidad y autonomía, para que se ocupara de derechos de los ciudadanos. Los hechos nos dieron la razón”, manifiesta.

Para el hoy exprocurador, lo clave del proceso constituyente es que había un genuino propósito transformador y sus integrantes eran conscientes que desde hace años, con las reformas fallidas de Alfonso López Michelsen (1977) y Julio César Turbay (1979), el país pedía a gritos un cambio.

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No obstante, no deja de ser crítico con los que faltó para materializar ese sueño de cambio, como la descentralización de la justica, “que quedó en tablas”, así como esfuerzos por robustecer la justicia local en todos los niveles. “Eso se quedó en el tintero y hay que enmendarlo. No se requieren macroreformas, sino microreformas de lo local”, precisa.

Si bien Fernando Carrillo decía que la Constitución era el camino para un país en paz, libre de violencias y alejado de caudillismos, reconoce hoy que “hay luces y sombras”, pues “hay un montón de normas que no se han cumplido (…) Están las herramientas para seguir consolidando escenarios de paz”, concluye.

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