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La idea luce descabellada, pero Álvaro Leyva, precandidato a la Presidencia dentro del Partido Conservador, la cree posible. Según dice, en las altas esferas del Gobierno se fragua el aplazamiento de las elecciones presidenciales de 2010 para darle tiempo al referendo que busca habilitar una segunda reelección del presidente Álvaro Uribe. Incluso, plantea que la misma Corte Constitucional, en el fallo sobre dicha iniciativa, puede “modular” su concepto e, invocando el interés popular, hablar de dicho aplazamiento.
En diálogo con El Espectador, Leyva esgrime los argumentos que lo llevan a revelar esa posibilidad y lanza pullas al Primer Mandatario, a Juan Manuel Santos, a Noemí Sanín, a Andrés Felipe Arias y al ministro Fabio Valencia Cossio, de quien dice: “No lo crié, pero le eché agüita”, y no ve como representante de la base conservadora.
¿Qué piensa del diálogo entre Fernando Araújo, presidente del conservatismo, y Juan Manuel Santos, buscando acuerdo para una alianza uribista?
Yo llamé al doctor Araújo y él me dijo que no había llegado a ningún acuerdo, que sólo recibió una visita en la que Juan Manuel Santos le manifestó la posibilidad de que el Partido Conservador vaya a una consulta interpartidista dentro del uribismo. Lo que digo es que el conservatismo tiene candidatos y una ruta trazada: escoger candidato en marzo.
Acuerdo condicionado a si pasa o no el referendo...
Hay una instancia por la que hay que pasar en caso de que haya referendo. Que se reúna el Congreso del Partido, que son más de 2.000 personas, para manifestar si acompañan o no otra reelección del presidente Uribe, o sea, si se entra o no en coalición. Eso tiene que ser aprobado por dos terceras partes del Congreso, lo cual es difícil, porque si se hace una consulta técnica a las bases conservadoras se reflejaría la voluntad del candidato propio.
¿Y si no hay referendo y Santos es candidato?
Lo único que tengo claro es que mientras no sea candidato no puede proponerle nada al Partido Conservador.
¿No es aburridor hacer campaña condicionada a si hay o no hay referendo y si Uribe es o no candidato?
Lo que se están buscando son reglas de juego y más ahora que ha sido el Presidente quien ha iniciado su proceso de candidatura violándolas, más concretamente a la Ley de Garantías de 2005. Él ha debido anunciar su voluntad el lunes pasado, decir si va o no. Esa manifestación no está limitada al ejercicio electoral de hacer campaña, de ninguna manera.
¿Qué cree que va a pasar con el referendo en la Corte?
Creo que existe capacidad de maniobra para cualquier cosa. El problema está en los tiempos y le escuché a una persona de muy alto calibre en Medellín, muy cercana al presidente Uribe, que se había conversado hace pocos días con alguien cercano a Palacio sobre la posibilidad de aplazar las elecciones si llega a ser necesario. Es una cosa novedosa y posible.
¿Se puede hacer?
Yo revisé si la fecha de la elección presidencial es norma constitucional o legal, y resulta que es norma legal, de tal modo que se podría estar ventilando esa idea en la Presidencia.
¿Cuál sería el objetivo?
Es la única explicación de por qué el Presidente no manifestó su voluntad seis meses antes de la fecha señalada para la elección. Significa que los seis meses pueden contarse a partir de una fecha posterior. Con lo sucedido se pueden concluir una de dos cosas: o no está aspirando a una segunda reelección, que puede ser posible, o sí está aspirando, pero los seis meses no van a contar a partir del lunes pasado, sino de una fecha diferente y futura, porque se correrían las elecciones de Congreso y del Presidente de la República.
Pero eso sí sería romper con garantías y reglas de juego…
No, porque ellos siempre dirán que la norma jurídica manda y sería un cambio estrictamente legal, ni siquiera constitucional. Sería a través del Congreso de la República y tienen las mayorías para hacerlo. No deja de ser un motivo de enrarecimiento del proceso electoral, pero puede suceder.
¿Atreverse a dar ese paso no implica un costo en el ámbito internacional?
Eso fue lo que trataron de hacer en Honduras y ya ven los resultados. Hay unos acuerdos internacionales, el más reciente el de la Carta Interamericana o Carta de la Democracia, donde se denota la preocupación por hacer de la democracia algo que realmente perdure. Por eso alguien decía que la democracia en Colombia es formal, pero no real, y creo que sí hay que llamarles la atención a muchas fuentes, no solamente acá en el interior del país, sino en el exterior, de que hay una situación extraña e inconveniente que cercena la libre disposición que deben tener los candidatos para adelantar un juego democrático.
¿Y el Estado de opinión del que habla el Gobierno?
El Estado de opinión no existe en el derecho constitucional contemporáneo. He sido profesor y me he leído todo lo que está al alcance de mis manos y eso no existe. Existió cuando le dieron golpe a Laureano Gómez. Pero sea como sea, alargar las normas o recortarlas para ponerlas al tamaño de una sola persona no es bueno. En Brasil, Lula tiene el 80% a su favor y dijo no a otra reelección.
Pero dicen los re-reeleccionistas que las circunstancias de Colombia son distintas...
¿O sea que si pasado mañana se termina el problema de orden público, el Presidente renuncia?
¿Usted cree que el Presidente está inhabilitado?
Para mí aquí hay gato encerrado, por qué él no iba a firmar la convocatoria de unas sesiones extras para un referendo para mí, ni para Santos, ni para Vargas Lleras, ni para Noemí. Blanco es, gallina lo pone y con sal se come.
Pero a la hora de un aplazamiento, tratándose de una ley estatutaria, de todas maneras la Corte Constitucional tendría la última palabra...
Hay unos pronunciamientos que se llaman modulativos, que permiten a la Corte interpretar, al punto de que algunos han señalado que la Corte no falla sino que legisla, y de esa manera puede haber largas y anchas, y acomodo de situaciones. Por eso algunos amigos del Presidente dicen, por ejemplo, que la sentencia sobre el referendo será modulativa y que en ella se podría incluir el aplazamiento de las elecciones, invocando la voluntad del pueblo. Eso es lo que se llama el derecho dúctil, que es como un cauchito que se hala y se recoge de acuerdo con las circunstancias.
¿Cuál es su visión del choque entre la Corte Suprema de Justicia y el Presidente?
Hay personas que se quedaron en la Constitución de 1986, cuando resulta que se debe interpretar el Estado Social de Derecho. Se dice que es que la norma señala que el Presidente está facultado para integrar la terna con tres abogados y punto. Pero eso no es así. Esa sería una interpretación exegética y gramatical, cuando lo que se necesita es una interpretación integral. Hay que coger la Constitución en su conjunto y ver qué significa ser garantista. Es decir, que la persona que se escoja, hay que elegirla en función del interés del debido proceso. Esto tiene términos en el derecho constitucional para la interpretación, es la Constitución en movimiento, que además recoge los tratados internacionales alusivos al tema del debido proceso, como si fueran normas constitucionales adicionales, porque toca derechos fundamentales. Es una obligación para la Corte hacer ese tipo de interpretación. En un Estado Social de Derecho lo que prevalece es la Constitución garantista y ahí es donde están enfrentados, porque no están de acuerdo en la forma en que se debe interpretar.
¿Y cómo resolver el embrollo?
Hay que buscar terceras personas si se quiere, pero lo que no se puede es recortar derechos de quienes van a ser objeto del conocimiento de sus conductas, en este caso penales, y le corresponde ese oficio al Fiscal General de la Nación. Hay que decirlo: a la luz del derecho, de la justicia, de la interpretación contemporánea y del constitucionalismo moderno, tiene razón la Corte. Lo que pasa es que si uno dice que está de acuerdo con la Corte termina en una lista negra. La verdad es que el espectáculo ha sido bochornoso y se ha llevado a unas escalas de tipo personal que realmente dejan mucho que desear. Igual que con el manejo de las relaciones exteriores, hay que despersonalizarlas y hablar del Estado.
En reciente entrevista, usted decía que Juan Manuel Santos fue uno de los autores de la zona del despeje. ¿Cómo así?
Naciones Unidas nos convocó a unas personas para trabajar en lo que podría ser un proceso de paz, y eso terminó en la propuesta de la zona de distensión. Santos fue uno de los más destacados y más distinguidos miembros de esa propuesta, dentro de lo que se llamó la Sala de Situación. Nunca hizo objeciones. Él participó durante todo el proceso, incluso aparece en la primera comisión que se integró para vigilar la zona de distensión. Allí estaban también un señor Carvajal, de México; Juan Gabriel Uribe; el canciller de entonces, de apellido Rojas; y un noruego que era asesor de paz de apellido Egeland, que después fue asesor de esa comisión, entre otros.
¿Fabio Valencia no estaba?
Fabio Valencia es un negociador posterior que llegó a bailar con las guerrilleras. Lo que pasa es que Colombia tiene corta memoria, pero los hechos son como son, y sucedieron como sucedieron. Allí están todos los que participaron en el diseño, la conformación y en el primer desarrollo de lo que se llamó la zona de distensión, que es lo que hoy se recuerda con el nombre del despeje de la zona del Caguán o del medio país que se les entregó a los bandidos de las Farc, como hoy lo señalan otros.
¿Cómo ve a su copartidaria Noemí Sanín?
Noemí está haciendo un gran esfuerzo dentro de una circunstancia para ella desconocida, porque de golpe pensó que iba a ser más fácil. Ella, cuando asumió su primera embajada, el país era otro, y acompañó al presidente Uribe durante siete años. Ahora llegó a aspirar y paradójicamente le pide garantías a su ex jefe. Es víctima de su propio invento.
¿Y Andrés Felipe Arias?
Lo veo un poco desdibujado, porque cualquier día le cayó un balde de agua fría encima, que se llama Agro Ingreso Seguro, y eso despeina a cualquiera. Toca esperar a que salga el sol a ver cómo queda.
Usted ha sido precandidato o candidato a la Presidencia desde los años 80. ¿En qué anda su propuesta para Colombia?
Colombia es completamente diferente: los índices de pobreza son mayores; la seguridad democrática ha tenido unos éxitos sin precedentes; las exportaciones se fueron para el piso; el conflicto con los vecinos, particularmente con Chávez, está llevando a una crisis total a los sectores productivos de Antioquia, el Valle del Cauca y Caldas; la tasa del desempleo se está disparando. Es un país diferente y la delincuencia común se está tomando las ciudades. Hay un nuevo escenario en las relaciones internacionales, hay nuevos poderes mundiales como Brasil en el continente, se están buscando en el ámbito regional nuevos horizontes, las ideologías parecen haber pasado de moda. Los Estados son pragmáticos. De tal manera que estamos en un momento en el que se requiere visión a nivel de la jefatura del Estado, reposo, tranquilidad, frío intelectual. No se puede personalizar el Estado ni personificar en una sola persona. Creo que tenemos que regresar al desarrollo normal de las instituciones y permitir lo que precisamente es la razón de ser de la democracia: la alternatividad del poder.
¿Cuál es su visión de la actual situación de las Farc?
Desde hace días no pienso en eso. Es una agrupación que sorprende que no haya desaparecido con toda la tecnología de punta puesta al servicio del Estado colombiano por parte de Estados Unidos. Creo que más temprano que tarde, así el presidente Uribe sea reelegido, se va a tener que hacer una revisión de lo que está ocurriendo y buscarle salida a un conflicto que pensé que Juan Manuel Santos iba a terminar pero no pudo.
¿Le quedaron resentimientos de haberse salido del cerco que le hicieron con la farcpolítica?
Ya estoy acostumbrado a eso y a más. A mí me ha pasado de todo, atentados, sustos. Tengo las mejores relaciones con los generales de la República. Sencillamente no tengo libro negro, tengo soplos y ventarrones en mi corazón y trato de estar alegre.