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“Los principios resucitados del fascismo están listos para ser aplicados en Latinoamérica”

Entrevista con Gustavo Gorriti, periodista peruano que recibió en Bogotá el Premio Legado por cuatro décadas denunciando la corrupción en Latinoamérica a través de casos como el de la multinacional Odebrecht. Fue secuestrado por la dictadura de Alberto Fujimori.

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Nelson Fredy  Padilla
18 de enero de 2026 - 04:00 p. m.
Gustavo Gorriti dice: “Eventualmente pagaré el precio mayor que paga un periodista: la vida”. Aquí durante la Cátedra Connectas 2026, que se realiza para 22 editores latinoamericanos en Bogotá.
Gustavo Gorriti dice: “Eventualmente pagaré el precio mayor que paga un periodista: la vida”. Aquí durante la Cátedra Connectas 2026, que se realiza para 22 editores latinoamericanos en Bogotá.
Foto: Camilo Suárez
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El peruano Gustavo Gorriti es uno de los periodistas de investigación más reconocidos del planeta, por denunciar la corrupción en Latinoamérica por más de 40 años. A finales de 2025 fue exaltado con el premio Héroe Mundial de la Libertad de Prensa, que entrega anualmente el Instituto Internacional de Prensa (IPI) y el International Media Support (IMS), que reconoce a quienes han demostrado “un compromiso inquebrantable con el ejercicio del periodismo libre”. También ha ganado los galardones más importantes de Hispanoamérica, como el Maria Moors Cabot de la Universidad de Columbia de Nueva York, el Rey de España y el de trayectoria de la Fundación Gabo. Dirige IDL-Reporteros, el medio de comunicación independiente más reconocido de Perú, y esta semana recibió en Bogotá el Premio Legado, que desde 2026 otorga la Red de Periodismo Latinoamericano Connectas a una vida dedicada al “compromiso con la verdad”.
(Carmen Aristegui, de CNN, también recibió el Premio Legado. Vea una entrevista sobre su vida profesional).

¿Qué significa recibir el Premio Legado?


Es un placer volver a conversar con usted, y es un honor el que me trae de vuelta a Colombia. Me pregunto cuáles son los merecimientos, y debo concluir que estoy viejo, porque este tipo de cosas son por una trayectoria bastante prolongada.


Recuerdo que en los años 90, cuando estaba empezando a hacer periodismo en “El Espectador”, ocurría la dictadura de Fujimori en Perú, y quien nos mantenía al tanto de las violaciones de derechos humanos era usted, y nos enseñó a hacer investigación a través del Instituto de Prensa y Sociedad (Ipys), red de periodistas de la región Andina. Esos años fueron tan duros para usted, que fue secuestrado por ese régimen.


El día que perpetraron el golpe de Estado, el 5 de abril de 1992, fui capturado por un destacamento de inteligencia de militares vestido de civil que me llevó al local del Servicio de Inteligencia del Ejército. Fue posible obligarlos a reconocer que me tenían secuestrado y luego salir en libertad, y fue el comienzo de un largo período de enfrentamientos a esa dictadura bajo las circunstancias de lo que significa y significaba hacer periodismo de investigación frente a regímenes autoritarios que están a caballo entre la perpetuación de la ilegalidad y las apariencias de legalidad, situación que desgraciadamente no ha dejado de existir y que de repente volverá a ser un problema importante en el futuro de varios de nuestros países.


Al final, el propio Fujimori y su jefe de inteligencia, Vladimiro Montesinos, fueron condenados por el ataque en su contra.


Sí. Entre otras cosas por el secuestro y el intento de desaparición fueron ambos condenados.


El trabajo que hizo desde entonces ha sido admirable y le costó el exilio en varias ocasiones, hacia Estados Unidos y Panamá.


Desde el mismo 1992. Lo que había sucedido es que en el país me había vuelto inempleable, en medio de amenazas cada vez más fuertes contra mí y mi familia. Entonces me ofrecieron un trabajo en la Fundación Carnegie para la Paz Internacional en Washington, y acepté.


¿Y el capítulo Panamá, donde termina investigando y denunciando al presidente Ernesto Pérez Balladares?


El diario “La Prensa” de ese país me contrató en 1996 para que fuera director asociado, con la misión de construir el periodismo de investigación en Panamá, cosa que hice, y en 1997 Pérez Balladares ordenó que nos persiguieran y que yo saliera del país. Dije que no me iba y, con el respaldo del medio, de organizaciones democráticas de Panamá y apoyo internacional, organizamos una resistencia. Tuve que vivir meses tormentosos dentro de “La Prensa” hasta que el gobierno retrocedió y me quedé hasta 2001. Cada investigación que sacábamos estaba dirigida a corrupción ligada al sector transaccional, porque Panamá es una nación transaccional, y provocaba una acción judicial para acallarnos.


A los 77 años sigue dedicado a hacerle rendir cuentas al poder en beneficio de la ciudadanía peruana y latinoamericana. ¿No se cansa?


Han pasado varias cosas en el camino, entre otras que en 2023 me fue diagnosticado un cáncer muy serio, y durante un tiempo tuve que luchar por sobrevivir. Me convertí en ciudadano de “cancerlandia”, tomando prestada la expresión de la excelente escritora estadounidense Siri Hustvedt, viuda de Paul Auster. Mi decisión fue que tenía que encontrar las fuerzas para hacerle frente, y ahora estoy bien, estoy funcional. Me ayudó mucho el haber sido deportista.


¿En qué disciplina?


Desde los 15 años practiqué judo, competí durante años y he continuado haciendo artes marciales como entrenamiento funcional. El principal aporte que me hace es la disciplina interna y la capacidad de enfrentar situaciones difíciles, buscando la manera más eficiente de hacerles frente con serenidad interna, sabiendo que los valores del guerrero deben guiar la conducta y transmitir la energía necesaria para un trabajo tan demandante como este.


Celebro su salud, y que siga mostrándonos que el periodismo es disciplina y perseverancia para informar a la opinión pública. Pero eso lo sigue exponiendo tanto, que en 2023 la Comisión Interamericana de Derechos Humanos emitió medidas cautelares para su protección debido a amenazas permanentes por denunciar la corrupción en Perú.


Agradezco la preocupación que tuvo la Comisión Interamericana con las medidas cautelares, pero de gran ayuda no han sido. Son más simbólicas frente a la realidad de que, por ejemplo, el principal candidato presidencial de la ultraderecha en Perú, Rafael López Aliaga, incitó a que se me mate. De tal manera que es dentro de ese ambiente preñado de amenazas donde tengo que trabajar.


¿Cómo procesa eso cada día?


Debo decirle que ayuda mucho el haber envejecido en este tipo de trabajo, de lucha, porque has acumulado toda una serie de hechos que a la vez son exigencias morales sobre ti mismo, que te marcan la decisión de defender los principios de la democracia y la libertad de prensa hasta el final, al precio que sea.


Rafael López Aliaga fue alcalde de Lima y es uno de los más fuertes candidatos a ser presidente de Perú, elecciones que son en abril próximo.


Es un fascista, un tipo desbocado y, en el caso de sus enemigos, a mí me ha llevado a alturas míticas dentro de su demonología personal. Se sale del ámbito de lo político hacia el de la psiquiatría.


Esta semana leí que ordenaron reabrir una investigación en su contra, por las denuncias que hizo contra el gobierno anterior, el de Dina Boluarte.


Se origina en la investigación profunda a fondo que IDL-Reporteros hizo del caso Lava Jato fuera de las fronteras de Brasil, no solo en Perú, sino en América Latina. Organizamos una red de periodistas de investigación que permitió revelar muchísimas cosas desde Argentina hasta México. Como resultado, muchas personas fueron procesadas, luego surgieron investigaciones sobre la corrupción en el Poder Judicial, pero cuando el poder político empezó a trastabillar vino la plaga del covid y se originó una contraofensiva a través de una grosera desinformación tan intensa, que llevaron a algunos fiscales a hacer una investigación en la cual fui incluido por haber hecho mi trabajo como periodista.


Lo acusan de armar investigaciones y hasta de manejar a fiscales.


Me acusaron de haber presionado para que me den información exclusiva, aprovechando que tenía que estar pidiendo información a los fiscales que la hacían. En ese contexto, podrían interpretar esta entrevista, por ejemplo, como un intento de crear una narrativa para presionar indebidamente. Por la fuerza del gobierno mafioso que ha tenido Perú, se presionó para que lleven a cabo esa investigación. Nosotros nos defendimos, un fiscal llegó a la conclusión de que había que archivarla, la reacción de estos grupos fue histérica y ahora forzaron a que acepten la apelación.


Lo acusan de tráfico de influencias, de obstrucción a la justicia.


Kafka hubiera enloquecido mirando ese panorama.


Estamos hablando de corrupción internacional ligada también a la multinacional Odebrecht, que recorrió países de América Latina, incluido Colombia. Lideró esas investigaciones hasta el punto de que lo acusaron de haber sido el causante del suicidio de Alan García, el expresidente peruano vinculado al caso.


Sí. De lo de Alan García y de haber terminado trabajando a favor de Odebrecht. Imagínese. Entonces no hay fronteras para el absurdo dentro de todo esto. Debo explicar que la investigación a la transnacional Odebrecht fue parte de la investigación general del caso Lava Jato, donde aparte de Odebrecht estuvieron otras compañías brasileñas.


¿Qué siente cuando hace el balance de cuatro décadas denunciando corrupción y ve que las mafias siguen mutando?


Que hemos ganado batallas importantes desde el caso de Montesinos y Fujimori, la inmensa corrupción que tuvieron y que validó puntualmente todas las investigaciones que habíamos hecho, hasta el caso Lava Jato, cuando se pudo ver la manera en la que manejaban esas transnacionales y cómo habían sobornado a tanta gente para lograr que crecieran tres o cuatro veces sus utilidades. Eso lleva a pensar que puede ser posible construir sociedades mucho más limpias y menos corruptas. Entonces valió la pena todo.


Sin embargo, los regímenes populistas de derecha e izquierda están en boga desde Estados Unidos hasta Argentina amenazando la libertad de prensa. ¿Eso qué le dice frente a lo que debe hacer el periodismo investigativo?


En circunstancias como estas la democracia se ve gravemente afectada, y sin democracia el periodismo de investigación no puede existir o será constantemente perseguido. Si uno mira con la mayor objetividad posible, no solamente el cuadro del hemisferio, sino fuera de él, hacia Europa u otros lados, lo más parecido a esto fue el mundo en los años 30 del siglo pasado, durante el avance de los totalitarismos. De un lado, el comunismo estalinista del otro lado el fascismo. De todos lados aparecía la idea de que la democracia era cosa de débiles, avanzaron y cuando tomaron el poder destruyeron la democracia en muy poco tiempo. Luego de terminar con ellos fue que se pudo volver a construir un orden mundial que con todas sus imperfecciones dio décadas de progreso y de esperanza. Eso costó decenas de millones de víctimas. Ahora claramente hay peligro de un resurgimiento de fascismos. Veo el avance que ha tenido en Europa, que incluso precede al que ha tenido en Estados Unidos la ideología que está ahora ligada con Trump. Todos esos principios resucitados de las tumbas del fascismo están listos para ser aplicados en Latinoamérica en determinado momento. Desgraciadamente, siento que en muchos casos a las fuerzas democráticas les falta entereza para enfrentarlos.


Esta entrevista está siendo grabada por jóvenes que ven en el periodismo un campo de desarrollo profesional. ¿Qué aconsejarles para que puedan hacer lo que usted hace?


Primero, que lo piensen bien. Hay muchas líneas de trabajo que son claramente más tranquilas. Que si deciden hacerlo, entiendan que van a necesitar todos sus talentos y su energía, y que en muchos momentos sus principios más básicos se van a poner en juego, porque si bien esta profesión llama y exige las mejores virtudes de una persona, también está parasitado por expresiones profundamente inmorales del mismo periodismo.


Y a eso le sumamos una época de crisis del periodismo como empresa sostenible.


El periodismo independiente está afrontando momentos muy difíciles. Toda la prensa clásica está en problemas existenciales severos, salvo excepciones importantes de quienes han sabido adaptarse la prensa sin fines de lucro, los pequeños grupos de investigación que compiten por fondos de cooperación limpios. Entonces, enfrentar una era de desinformación se hace cada vez más difícil, pero están surgiendo nuevas formas, esfuerzos inteligentes por adaptarse a los nuevos tiempos con buena investigación sin perder el rumbo en esa búsqueda de audiencias.


El 2025 fue declarado el año Guillermo Cano para recordar el legado del director de “El Espectador”, asesinado por denunciar la corrupción mafiosa de Colombia. Ahora que recibe el Premio Legado, ¿cómo enfrentar la mayor adversidad, que son los riesgos de esta profesión?


El legado de don Guillermo Cano es tan importante para Latinoamérica como para Colombia. Frente a ese nivel de adversidad, eventualmente uno podrá pagar el precio mayor que paga un soldado, que paga un periodista: la vida. No hay muchas cosas en este mundo por las que valga la pena arriesgarla, pero como cuenta Cervantes en “El Quijote”, hay cosas como la libertad y el honor por las que se debe aventurar la vida.


¿Hoy en día siente un miedo similar al de los años 90 o ya no?


Miedo por mi seguridad no he tenido ni tengo. Sé que hay un peligro. Sé que dentro de eso debo estar lo más despierto posible para tratar de conjurarlo. Pero eso no debe afectar mi capacidad trabajo, sino debe acrecentarla. Tengo alguna experiencia sobre cómo afrontarlo. A muchos periodistas le molesta equipararse a soldados militares, pero lo que hacemos es como aquellos que hemos sido reclutados o nos hemos presentado como voluntarios a un servicio que no termina en dos años, que dura la vida entera.


Gracias Gustavo.


Gracias a usted. Siempre ha sido un honor estar en contacto con El Espectador, un medio que ha significado tanto para Latinoamérica y para mí.

Nelson Fredy  Padilla

Por Nelson Fredy Padilla

Periodista desde 1989, magíster en escrituras creativas, autor de cinco libros, catedrático de periodismo y literatura desde 1995, y profesor de la maestría de escrituras creativas de la Universidad Nacional, del Instituto de Prensa de la SIP y de la Escuela Global de Dejusticia.@NelsonFredyPadinpadilla@elespectador.com
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