Luego de reeditar la confrontación internacional con los países ideológicamente distantes de la izquierda que busca que sea reelegida de forma inmediata en las presidenciales del próximo 31 de mayo, el presidente Gustavo Petro apuntó hacia otro vecino para intentar una cohesión en parte de la región. El objetivo es que la derecha que está impulsada por Washington tenga un freno.
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Esa es la razón detrás de plantear un nuevo viaje a Venezuela para reunirse con la presidenta encargada de ese país, Delcy Rodríguez, en un segundo intento en este 2026 por sentarse cara a cara con quien Estados Unidos dejó en el poder pese a su conexión directa con la dictadura que comenzó el ahora fallecido Hugo Chávez y profundizó el capturado Nicolás Maduro. La jefa del Palacio de Miraflores es heredera de ese régimen.
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No obstante, el manejo que le ha dado la Casa Blanca al destino de Caracas —con el petróleo como la base fundamental del proceso de intervención que ejecutó y en el que la democracia aún no sale a flote como objetivo— le impone dudas al encuentro. Incluso, hace menos de un mes, cuando se buscó la primera cita, fue Venezuela la que canceló y dejó a Colombia con todo trazado.
¿Eso cómo conecta con la reunión prevista para esta semana? Fuentes de la Casa de Nariño les confirmaron a reporteros de este diario que la cumbre de izquierdas en la que estuvo este fin de semana el presidente Petro en España no cayó bien en la Oficina Oval, lo que derivaría en nuevos dardos desde la administración de Donald Trump sobre Colombia y otros aliados que también estuvieron en la llamada “Global Progressive Mobilisation”.
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“El 24 de abril voy a Caracas. Si Mahoma no viene a mí, yo voy a la montaña. Voy a Caracas, he ido varias veces. Parte de mis idas ha provocado que me metan en la lista Ofac”, precisó el propio Petro en un diálogo con medios públicos españoles. Y justo ahí, en la última parte de esa respuesta, está el factor estadounidense que se cierne sobre la viabilidad del encuentro que Bogotá busca con Caracas.
En efecto, el mandatario colombiano, la primera Dama, Verónica Alcocer, el primogénito del presidente, Nicolás Petro, y el ministro del Interior, Armando Benedetti, fueron incluidos en el segundo semestre del 2025 en la llamada lista Clinton por supuestamente beneficiarse de actividades ligadas al narcotráfico por cuenta de varias políticas públicas, entre ellas la estancada paz total. Todo esto, por supuesto, lo rechazan con vehemencia los afectados.
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Pero es ese hilo de presión el que sale de nuevo a flote, ya que durante la cumbre progresista de Barcelona todos los asistentes, incluyendo a los presidentes Petro, Luiz Inácio Lula da Silva (Brasil), Pedro Sánchez (España) y —entre otros— Claudia Sheinbaum (México), criticaron con fuerza las medidas “autoritarias” de Trump sobre América Latina y otras latitudes.
Incluso, el colombiano dijo que, de mantenerse esas directrices, como bombardear lanchas supuestamente cargadas con cocaína y que han dejado un saldo de más de 170 personas muertas, se podría desatar una “rebelión” en la región. El objetivo sería frenar precisamente el avance de las posturas de la actual administración estadounidense. De hecho, la conformación de un bloque de izquierdas que se oponga a las derechas fue parte de los mandatos de la cita en suelo español.
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Eso último es la respuesta al revuelo que causó el lanzamiento de la iniciativa bautizada Escudo de las Américas, promovida por el mismo Trump y que contó con el respaldo de líderes latinoamericanos cercanos ideológicamente, como Nayib Bukele (El Salvador), Javier Milei (Argentina) y Daniel Noboa (Ecuador). El otro extremo del que representan quienes estuvieron en Barcelona este fin de semana.
Todo esto se conecta con las órdenes que da Trump sobre la administración de Rodríguez, lo que puede precisamente frustrar de nuevo el cara a cara planteado por Petro. En efecto, la cita anterior estaba prevista en la frontera binacional, a la altura de Norte de Santander, pero la cancelaron desde el Palacio de Miraflores argumentando razones de seguridad, lo que la Casa de Nariño cuestionó. Luego, hubo otra invitación a Cartagena e incluso una más a Bogotá, pero todas se cayeron y en el intermedio siempre hubo movidas desde Washington.
“Yo a ella la invité a Cartagena. Pero a ella le da temor y no entiendo por qué. Y se dañó la reunión. Dijo que era por medidas de seguridad, pero creo que era exceso de temor”, contó Petro en otro momento de su diálogo con medios públicos españoles. En la agenda binacional está el combate a los narcogrupos —ELN, disidencias y otras estructuras ilegales que además tienen puentes con la paz total— que ejecutan su incidencia criminal en ambos lados de la frontera, y estrategias energéticas en momentos en que este sector es golpeado a nivel interno y en el país vecino tiene expectativas de despegue.
A este panorama sobre el encuentro Petro-Rodríguez, que también cuenta con un asunto migratorio de fondo al haber al menos tres millones de ciudadanos venezolanos en suelo colombiano que huyeron de la represión del régimen, se le debe sumar el debate electoral, pues el presidente impulsa de forma directa e irrestricta a Iván Cepeda para que se mantenga la izquierda en la Casa de Nariño, y la derecha con Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella como sus dos fichas con más opción quiere recuperar el poder vía urnas. Y entre ellos hay diferencias marcadas sobre Venezuela.
Mientras la continuidad del diálogo en las condiciones actuales es parte de la apuesta de Petro y Cepeda, Valencia y De la Espriella —con el exmandatario Álvaro Uribe detrás— propenden por un cambio de régimen que incluye la salida de Rodríguez y reconocer el protagonismo de María Corina Machado. Esta última es frecuentemente cuestionada por el actual jefe de Estado.
Lo que se viene en el diálogo regional en el epílogo de la administración Petro, que tiene frentes verbales abiertos con Estados Unidos, Chile, El Salvador, Argentina y otros países, impacta en el debate por la primera vuelta del 31 de mayo. Pero también marca una ruta sobre cómo será el manejo del bloque latinoamericano de izquierdas que busca convencer a la ciudadanía que sus representantes son los idóneos para mantener el poder. Y por eso, de cómo se mueva Delcy Rodríguez y de si Washington le da el sí para que se vea con el mandatario colombiano, hay expectativa sobre la fortaleza e incidencia que podría tener este grupo que quiere ser el contrapeso de Trump.
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