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“Hay que tomar, con pinzas, las acciones de Daniel Noboa”: sociólogo Stalin Herrera Revelo

Entrevista con el sociólogo del Instituto de Estudios Ecuatorianos, Stalin Herrera Revelo, sobre las tensiones políticas y militares entre los gobiernos de Daniel Noboa y Gustavo Petro, incrementadas por las operaciones armadas conjuntas de Ecuador y Estados Unidos, en la frontera. El analista académico le atribuye la conducta hostil del presidente del país vecino frente a nuestra nación, a su “subordinación” a Trump y a su intención de incidir en la elección presidencial de Colombia.

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Cecilia Orozco Tascón
22 de marzo de 2026 - 01:00 p. m.
Stalin Herrera Revelo advierte: “Sin duda, los efectos que se deriven de las decisiones del presidente ecuatoriano en esta crisis, incidirán en el campo político electoral colombiano”.
Stalin Herrera Revelo advierte: “Sin duda, los efectos que se deriven de las decisiones del presidente ecuatoriano en esta crisis, incidirán en el campo político electoral colombiano”.
Foto: Archivo Particular
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El presidente Petro denunció un ataque militar a territorio colombiano desde Ecuador mediante bombardeos sobre supuestos laboratorios de cocaína en la frontera. El presidente Noboa respondió a esas declaraciones eran “falsas”. Esta crisis entre los dos países, imposible de imaginar hasta hace poco tiempo, ¿podría escalar?

Me parece que es importante separar la pregunta en dos premisas: una cosa es la crisis creciente entre Ecuador y Colombia, que viene alimentándose hace tiempo; y otra, el bombardeo y la denuncia de Petro. La bomba encontrada en el lado colombiano de la frontera, es un problema, y se espera el esclarecimiento de los hechos. Aunque el presidente Noboa ha desmentido esa denuncia, la evidencia muestra que el artefacto explosivo es de propiedad ecuatoriana y también ha cambiado la posición de las Fuerzas Armadas de este país. Hoy ya se habla de una comisión para verificar el caso y se plantean dos hipótesis: que se trataría de un error o de un “rebote”. Lo que sí es claro es que el gobierno de Noboa, en alianza con inteligencia militar de Estados Unidos, ha posicionado las organizaciones “narcoterroristas” y sus redes como enemigos importantes de la región. Y que, bajo esta premisa, Ecuador activó, a inicios de marzo, la operación Exterminio Total bombardeando un pueblo de la provincia de Sucumbíos, frontera con Colombia, con un saldo de 27 cuerpos calcinados.

La información sobre 27 cuerpos calcinados también ha sido replicada por el presidente colombiano, pero aquí se ha negado su veracidad. En Ecuador, ¿está confirmada la noticia y por quién?

Es noticia en los medios de comunicación, pero, particularmente, el medio digital GK (de periodismo de investigación) publicó un reportaje con visitas en campo, en que se plantea que ese hallazgo es un hecho, pero ejecutado en el lado de Ecuador. De todos modos, también hay denuncias, en Colombia, sobre bombardeos ocurridos antes de marzo, ligados a iniciativas opacas que se produjeron en momentos en que las fuerzas militares de Estados Unidos han regresado a Ecuador con el argumento ya dicho: que vienen a servir de apoyo para combatir el “narcoterrorismo”. Así que, entre la bomba encontrada ahora y los posibles bombardeos anteriores, habría una acción sistemática que pondría en evidencia una intencionalidad reprochable de Ecuador, dadas las relaciones tradicionales de cooperación y paz con Colombia.

Precisamente, la denuncia de Petro coincide, en el tiempo, con el desarrollo de las operaciones militares conjuntas entre Estados Unidos y Ecuador, en la frontera con Colombia. Si a ese señalamiento se añaden las fotos de la bomba caída en este lado, podría pensarse que hay verdades por descubrir. Esos indicios, ¿son suficientes para darle credibilidad a los presuntos operativos extranjeros sobre territorio colombiano y habría riesgo de que las tensiones se profundicen hasta llegar a una confrontación armada?

En otro momento habría resultado difícil imaginar una escalada militar. No ocurrió en 2008, cuando Colombia, durante el gobierno de Álvaro Uribe y también con apoyo de la inteligencia militar de Estados Unidos, bombardeó un campamento de las FARC en Angostura, Ecuador (provincia de Esmeraldas), para atacar al guerrillero Raúl Reyes, lo que provocó una crisis diplomática y la ruptura de relaciones entre nuestros países. Sin embargo, esta es una época distinta y la probabilidad de una confrontación militar proviene de otro contexto: más allá de la bomba hallada en suelo colombiano, es un hecho que existe una alianza del gobierno Noboa con el de Trump, un presidente que promueve la creciente escalada de narrativas y acciones de guerra, en la cual, los gobiernos progresistas y de izquierda constituyen una amenaza para sus intereses.

Entonces, ¿cree que Trump escoge gobiernos latinoamericanos o los desecha según su tendencia política?

Sí, entre otras razones. No hay que minimizar la enorme presión que Trump ejerce sobre la región latinoamericana, en general. Por un lado, invadió Venezuela, amenaza a Cuba y critica al gobierno de Petro; y por el otro, presiona a Estados con gobiernos subordinados para que entren en la lógica de la guerra, reconozcan amenazas donde no las hay y se “preparen” mediante la compra masiva de armas del complejo militar industrial de Estados Unidos, una de las bases de su economía.

¿Noboa preside un gobierno “subordinado” al de Trump?

Sí, totalmente.

Sobre el artefacto explosivo encontrado, se ha establecido que es de origen estadounidense (Mark-82) y que existe en el armamento de las fuerzas militares de Ecuador. El ejército de su país, ¿puede ejecutar un ataque aéreo con ese tipo de bombas? La pregunta surge por cuanto el gobierno ecuatoriano ha sostenido que no tiene capacidad para realizar ese tipo de lanzamientos.

Desconozco esa información, pero, actualmente, la capacidad militar del Ecuador está creciendo bajo el paraguas de los tratados entre los dos países y la alianza con las fuerzas de Estados Unidos. La propuesta Exterminio Total que mencioné antes pone mucho énfasis en el uso de armamento pesado, completamente desproporcionado, en contra de sujetos y territorios que deberían ser contenidos con otras acciones e inteligencia policial.

¿Qué es la operación Exterminio Total? ¿En qué consiste y cuánto hace que fue activada?

Exterminio Total ha llamado el gobierno Noboa a la estrategia de combate y eliminación de los grupos de delincuencia organizada, hoy definidos, insisto, con el término “narcoterroristas”. Pero hay muy poca información sobre la misma y lo que se sabe al respecto es poco claro. Ese programa tiene la misma dinámica del llamado Plan Fénix que activó Noboa al inicio de su administración para hacerle frente a la escalada de la violencia, pero sobre el cual tampoco conocemos indicadores, resultados o cifras. Con la operación Exterminio Total se ha reforzado la alianza entre el gobierno Noboa y Estados Unidos en materia de cooperación militar. En ese marco se instauró el toque de queda en las provincias de la costa y se ha planteado que se exterminarán las economías ilegales presentes en esas regiones.

Según lo que ha sostenido el presidente de Ecuador, ¿cuánta responsabilidad le cabría al gobierno colombiano en los hechos violentos que se han acrecentado en ese lado de la frontera?

Es difícil medir la responsabilidad del gobierno de Colombia. Sin duda, debe haber errores en la política de contención de las economías ilegales y del narcotráfico. No obstante, hay que considerar que estamos frente a un poder regional y una fuerza logística ilegal que no tiene precedentes en la historia. Este es un fenómeno de carácter global. Justamente debido a esas características, el ejercicio de contención y control de las economías ilícitas debería ser de largo aliento, de cooperación internacional y de inteligencia regional. Para lograrlo, se necesita una política exterior fuerte, relaciones de cooperación y propuestas de reforzamiento del derecho internacional; no confrontaciones armadas o “guerras comerciales”.

Este pico de la crisis colombo-ecuatoriana se da días después de otra alianza que Trump creó y anunció hace unos días: Cumbre Escudo de las Américas, como la llamó. A su acto inaugural invitó a 12 mandatarios latinoamericanos, entre ellos, a Noboa. Se trataría de una asociación para crear una “coalición anticarteles” y “atacar narcoterroristas”. Fueron excluidos los presidentes de Colombia, Brasil y México. ¿El ataque en la frontera puede enmarcarse en los objetivos de esa alianza? Y, ¿Cómo afectarían la seguridad y soberanía de Colombia?

Sin duda, la Cumbre Escudo de las Américas hace parte de los propósitos de Trump articulados con el secuestro de Maduro en Venezuela, el cerco a Cuba y los bombardeos a lanchas en el Caribe. Hay una intención deliberada que sigue el patrón realizado, también, con Europa y la OTAN, de reforzar las posiciones conservadoras, animar las narrativas belicistas y empujar el rearme de los Estados. Con ello, reaviva, como dije, la economía nacional vinculada al complejo militar e industrial norteamericano. En esa dinámica, los gobiernos de Argentina y Ecuador, entre otros, se subordinan a los intereses de Estados Unidos y, con ellos, arrastran a sus sociedades en conjunto.

La cercanía de Ecuador con los intereses de Estados Unidos, ¿es notoria y reconocida? ¿En cuáles actos del gobierno se harían evidentes?

Ya se han firmado entre los dos países, no uno, sino varios acuerdos militares: se permitió la reinstalación de bases militares estadounidenses, a pesar de que nuestra Constitución lo prohíbe; se autorizó la apertura de una oficina del FBI y, recientemente, se firmó un acuerdo con Palantir, una empresa famosa que procesa datos con fines militares. Frente a una posible pérdida o extensión de la guerra en Irán, la estrategia de Trump gira hacia América Latina con más fuerza.

El acuerdo con la firma Palantir, ¿en qué consiste?

Lo que sabemos de Palantir es que procesa la información del Big Data (macrodatos) que producen en los teléfonos y máquinas tecnológicas de nuestros territorios. A partir de esa información extraída, se toman definiciones en materia de estrategias militares, gubernamentales y de intervención. Ese sistema se ha usado, en Estados Unidos, para perseguir a migrantes y, en Gaza, para eliminar gazatíes. Teniendo en cuenta esos dos ejemplos que le acabo de dar, el futuro sobre lo que pueda ocurrir en Ecuador y sobre una probable confrontación entre nuestros dos países, es tremendamente grave, no solo por sus implicaciones militares, sino también por las consecuencias que se puedan producir en el campo de la soberanía nacional y los derechos humanos.

De acuerdo con lo que usted dice, y aunque no tuvieron tanto despliegue mediático, Trump mencionó, como otros objetivos de Escudo de las Américas: “ponerle fin a la inmigración ilegal masiva y a la injerencia extranjera en el hemisferio”. ¿Cuál es su lectura sobre estos propósitos?

Las acciones de Trump en contra de los inmigrantes son complejas, pues recogen una vieja demanda de sus bases electorales y del nacionalismo conservador. Se trata de una idea trasnochada que pone en riesgo su economía y la economía de los países latinoamericanos que dependen de las remesas, como Ecuador y El Salvador. Entonces, el combate a la inmigración, que hace parte de sus promesas de campaña, tendrá efectos complejos para la región. Sobre “la injerencia extranjera en el hemisferio”, esta se enfoca en expulsar a China de América Latina. Es una propuesta con efectos dudosos porque China se ha convertido en uno de los principales socios de inversión en este lado del continente.

Las tensiones Ecuador – Colombia se iniciaron hace un par de meses, cuando Noboa anunció, intempestivamente, el incremento del 30% a los aranceles de productos colombianos, citando, de nuevo, la presunta falta de cooperación de Colombia. Examinadas las acciones de Noboa con la perspectiva de hoy, ¿puede deducirse que el presidente ecuatoriano ya se había concertado con Estados Unidos para ser rudo con Petro mientras este era recibido en la Casa Blanca?

Podría ser, pero no quiero especular. No obstante, sí se puede comentar que la decisión de Noboa, aunque tuvo un eco mediático, se vio como un acto bastante torpe e improvisado. El mandatario ecuatoriano no consideró los efectos nocivos de esa decisión para la población fronteriza, las relaciones comerciales y las empresariales. Mientras él intentaba etiquetar al gobierno de Petro, este era recibido en la Casa Blanca por Trump, un gesto político que no ha tenido con el mandatario de Ecuador.

Las diferencias ideológicas entre los mandatarios de Ecuador y Colombia son insalvables. ¿Esa distancia también determina la actual confrontación entre los dos países? O, ¿existen otros elementos internos y externos que conducen a escalar las tensiones?

Las posiciones ideológicas de uno y otro gobierno condicionan el conflicto pero, en el contexto actual, la polarización entre derecha e izquierda se ha convertido en un determinador de la política nacional y regional. Es importante observar que la polarización que aparece como un problema nacional hace parte de la política regional, claramente condicionada por Estados Unidos. Sus objetivos son difíciles de descifrar: por un lado, expresan la presión de las élites nacionales que se sienten amenazadas; por el otro, reflejan los intereses norteamericanos. El problema es que esos objetivos, aunque las élites se subordinen al poder de Trump, tienen un costo enorme para la sociedad, incluso para las propias élites.

A su juicio, el presidente de Ecuador, ¿está actuando en el marco de la Constitución de su país en su declaratoria de “guerra” comercial, política y militar a Colombia?

Definitivamente, no. La Constitución de Ecuador recoge gran parte de las demandas de la sociedad y las organizaciones sociales que, en su momento, participaron en el proceso constituyente que fue ratificado por el 60% de la población en un referéndum. En ese proceso se instalaron una serie de principios entre los cuales se encuentra la prohibición de permitir, en territorio nacional, la instalación de bases militares extranjeras; el rechazo al uso de la fuerza en las relaciones internacionales; la promoción de la resolución pacífica de conflictos; la defensa militar limitada a riesgos reales sobre la soberanía territorial; el reconocimiento de la objeción de conciencia y un enfoque de seguridad humana. Un modelo que podríamos llamar de “constitucionalismo pacifista y humanista”. Pero el gobierno se ha saltado todos los candados constitucionales para impulsar una política oscura, de espaldas de la sociedad.

¿Por eso Noboa ha acudido a los estados excepcionales?

Sí. De manera singular, los relatos de guerra, el narcotráfico y la amenaza del crimen organizado se han convertido en los argumentos que le permiten mantener los “estados de excepción”, los toques de queda, la presencia de los militares en las calles y, con todo lo anterior, la “legitimación” de la fractura de los candados constitucionales.

En uno de sus principios, la Constitución ecuatoriana “condena el uso o la amenaza de la fuerza como medio de solución de los conflictos” en sus relaciones con la comunidad internacional. ¿Cómo puede, entonces, explicarse la conducta agresiva de Noboa frente a Colombia? O, ¿actuaría diferente si el gobierno colombiano estuviera presidido por otro jefe de Estado distinto a Petro?

Sí. Si el gobierno de Colombia estuviera alineado con la derecha, con seguridad, su posición sería otra. Basta observar que, frente al Perú, otro de los países productores de coca, de la que una parte también transita por el Ecuador, el gobierno Noboa no ha dicho nada. La “crisis diplomática” con Colombia, instalada y promovida por él, así como su posición frente a Venezuela y México, son demostración de que el gobierno está vinculado con las posiciones del gobierno de Trump y de la derecha latinoamericana. Su lógica, su relato y sus acciones amplifican las posiciones conservadoras de la región. Además, buscan afectar la imagen y posición de Petro. Y, con esto, influir en la disminución de las posibilidades de que el candidato presidencial colombiano Iván Cepeda gane las elecciones.

¿Usted no descarta la posibilidad de que Noboa actúe frente a Colombia como lo ha hecho como una forma de incidir, aunque sea indirectamente, en los resultados electorales de Colombia?

Hay que tomar, con pinzas, las acciones de Noboa. Sin duda, los efectos que se deriven de las decisiones del presidente ecuatoriano en esta crisis incidirán en el campo político colombiano, en particular, porque pueden convertirse en insumos para los sectores conservadores de su país en contra de Cepeda. Pero esa dinámica no es nueva. En Ecuador han ocurrido episodios similares, como sucedió cuando se difundieron unas acusaciones, dándoles credibilidad pero sin contrastación, a las versiones de que el partido de Rafael Correa era un instrumento político de las FARC, lo mismo que se está diciendo hoy en Colombia en contra Cepeda.

No recordaba ese episodio, originado también y presuntamente, en los datos encontrados en el computador del jefe guerrillero Raúl Reyes, en 2008…

Eso demuestra que hay una acción coordinada o, al menos, un comportamiento parecido entre las fuerzas conservadoras ecuatorianas y los sectores de derecha colombianos cuando se enfrentan a propuestas progresistas.

¿Cuál es la situación política actual del gobierno Noboa entre los ecuatorianos: goza de respaldo o se encuentra enfrentado a una oposición fuerte de tal modo que un conflicto internacional sería útil como estrategia de cohesión interna?

Según algunos analistas, la reacción desproporcionada del gobierno Noboa frente a Colombia está asociada a una estrategia mediática que busca desviar la atención de los problemas internos, entre los cuales están la violencia, la corrupción, una crisis de salud sin precedentes y las denuncias de sus propios vínculos con el narcotráfico. Lo cierto es que el gobierno ha perdido popularidad: las encuestas optimistas muestran un 30% de aceptación y un rechazo del 60%. Al mismo tiempo, el 70% de la población mira el presente con pesimismo. Pero, si consideramos que el gobierno no puede mostrar cifras positivas de su gestión, aún así, el 30% de favorabilidad significa una aceptación alta.

“Su actitud frente a Colombia parece una imitación de Trump”

El objetivo de las operaciones militares conjuntas entre Ecuador y Estados Unidos en la frontera es, según han dicho, la destrucción de laboratorios de cocaína y el ataque a los grupos ilegales. Noboa argumenta que la seguridad de su país se ha deteriorado. Esa situación, ¿legitima los bombardeos a espaldas de Colombia?

Ese argumento es difícil de legitimar. El gobierno de Ecuador ha perdido mucha credibilidad. Las organizaciones que hacen seguimiento a sus discursos, como “Lupa Media” (empresa tecnológica ecuatoriana que combate la desinformación), muestran que los datos oficiales son errados, carecen de fuentes y, en muchos casos, son simples mentiras. Pero, más allá de que esté en juego la confianza ciudadana en Noboa, su gobierno y la cancillería disponen de otras herramientas diplomáticas para ejercer presión o criticar las políticas colombianas. Su actitud y respuesta frente al problema con Colombia parecen una imitación de los comportamientos de Trump. Se ha comprobado que las propuestas de Noboa no han afectado las economías ilegales ni a los grupos de crimen organizado, y que, tampoco, ha disminuido la violencia. En cambio, las estadísticas indican que Ecuador es, hoy, uno de los países más violentos del continente.

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CARLOS BARRGAN(lcggj)23 de marzo de 2026 - 12:03 p. m.
Excelente artículo. Refleja de manera clara y precisa como un mandatario lacayo, se pasa por la faja su propia constitución y se entrega sin dignidad alguna a los intereses de otro gobierno, incluso para hacer daños a sus vecinos.
Bueno Bueno(20426)22 de marzo de 2026 - 05:14 p. m.
La política de E.E UU.de promover el conflicto, crear división para dominar más fácilmente, usar la duología amigos/enemigos no es nueva. Favorece la industria militar y comercio de armas incluso para ambos bandos. Con Trump es más descarada y hecha de frente. Obama al menos fue a Cuba, restableció relaciones, lo recibieron con banderas, pero llegó este caballero a cagarla.
Nelson Castillo(11961)22 de marzo de 2026 - 01:40 p. m.
Derecha latinoamericana, además de genocidios, masacres y ejecuciones extrajudiciales, no ha mostrado resultados reales frente a la violencia y la pobreza...pero se presentan como salvadores, su argumento es repetir el pasado y los discursos de mediados del siglo pasado (McCarthy)
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