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Critica la actitud dubitativa de sus compañeros pero cree que el “cónclave” del próximo fin de semana, bajo la coordinación de Ingrid Betancourt y Humberto de la Calle, “saldrá bien”.
Al día de hoy, las opciones electorales, más o menos configuradas, son las siguientes: extrema derecha, superunida y absorbiendo a la centro derecha; izquierda radical, aglutinada y acercando a sectores afines; y el centro, disgregado. Usted se ubica en este grupo, ¿cómo explica esta situación?
El centro está disperso por la inmadurez de los candidatos presidenciales para competir en consulta reñida. En teoría, todos están dispuestos a unirse e ir a consulta, pero en la práctica, quieren la competencia más fácil posible. Han dilatado acordar las reglas que conduzcan a una consulta competitiva que determine la candidatura única de centro.
¿Qué quiere decir con “la consulta más fácil posible”? ¿Que todos quieren ser candidatos, no cederle el puesto a nadie y que tampoco les importa nada más, en cuanto a programas, partidos, etc.?
No. Si de algo nos hemos ocupado desde febrero pasado, es de construir un programa con equipos dedicados a desarrollarlo para gobernar juntos con base en unos principios éticos que fueron discutidos con mucha amplitud. Obviamente, es comprensible que todos quieran ganar y que quieran, para sí mismos, las mejores condiciones para ganarles a sus competidores.
En la práctica, su propio partido se encuentra dividido aunque no lo haya declarado formalmente. Petro, su figura y su equipo de campaña, ¿partieron en dos su colectividad? ¿Por qué no pudieron encontrar una fórmula mejor que la de “dejar en libertad a los militantes para que voten por quien cada uno quiera”, cuando se sabe que esta fórmula significa estampida hacia otros movimientos?
El Verde es el partido alternativo que más lejos ha llegado en Colombia después de la Constitución del 91. Hoy tiene más de 1.500 miembros electos, desde ediles hasta congresistas. Es la bancada mayoritaria de oposición: está al frente de 70 alcaldías, entre estas, cinco capitales, además de una gobernación. Sin embargo, no tuvimos una precandidatura con opciones sólidas que nos cohesionara para competir por la Presidencia en 2022. Más que Petro, uno de los tres copresidentes del partido que está con él fue quien promovió este resultado.
Pues ese es Carlos Ramón González. Precisamente quiero preguntarle cuánto incide él en la división del Verde. De González se dice en el mundillo político que es un “distribuidor de avales”. ¿Esta definición es cierta, en su opinión?
No. En el Verde no hay ningún distribuidor de avales. Estos se otorgan después de muchos filtros y discusiones colectivas. Carlos Ramón tiene el mérito enorme de haber cuidado al partido desde sus inicios. Nos ha dado alas e impulso a todos los sectores. Siempre fue garantista y ha tenido equilibrio. Pero lo rompió y dejó en evidencia la falta de democracia interna. ¡Hasta Mockus y Navarro fueron desconocidos! Nuestro partido ha crecido como pocos, pero los elegidos y elegidas en todas las regiones del país están siendo excluidos de las decisiones.
Precisamente, se advierte que eso ocurre porque él tiene la llave de los avales y que cede todo, menos este poder. Por ese motivo, aunque el Verde haya crecido con todos ustedes, como es evidente, nunca dejó de pertenecer a González. Y por esto mismo, González estaría entregando los avales de manera selectiva a aquellos que votarían por Petro. ¿Es posible que sea cierto y que todos ustedes queden por fuera de los comicios para el Congreso?
Sería aterrador, porque implicaría un golpe de estado al partido y una violación a la confianza de nuestros votantes, a la dirección nacional y a quienes lo hemos construido. También sería un jaque mate al partido de Mockus y de la consulta anticorrupción, que están en el ADN de la ola verde y del espíritu de centro izquierda que hoy está posicionado.
¿Por qué personas tan destacables del partido y tan cercanas a ustedes como Juanita Goebertus, toman la decisión, anticipada y sin tener en cuenta procesos internos de colectividad, de retirarse del Congreso para ingresar a la campaña de Alejandro Gaviria, quien ni siquiera hace parte de la Coalición de la Esperanza en la que está el Verde? ¿Gaviria es el candidato ‘in pectore’ de ustedes?
No mezclemos peras con manzanas. Juanita anunció hace más de un año que no buscará la reelección, pero sigue en el Congreso. Es una mujer que viene del Ejecutivo y aunque se ha lucido en la Cámara, prefiere concentrarse en procurar un gobierno de cambio que, para empezar, ¡implemente el Acuerdo de Paz! Desde hace un año, el Verde empezó a buscar diálogos para construir una consulta alternativa. Juanita y yo tuvimos el mandato, la tarea expresa –puesta por el partido–, de dialogar con actores externos para lograr la conformación de una coalición amplia. Presentamos un informe de cada cita y conversación a dos de los copresidentes del partido. Desde el principio, Alejandro estuvo en el sonajero de los líderes que se iban a invitar. Siendo que hay espacio para una sola consulta de centro, el lugar natural de la candidatura de Alejandro Gaviria es la Coalición de la Esperanza. Negarlo es una ficción y por hacerlo hemos perdido todos, la Coalición y él. Admiro a Alejandro y apoyaré a quien gane la consulta. ¿Entrará en esta?
Hoy parece más posible que esté por la separación abrupta del partido Liberal de la campaña de Alejandro Gaviria. ¿Esperaba usted la pelea con que terminó el apoyo de César Gaviria a él? Me parece que fue ingenuo de parte del candidato Gaviria creer en el Gaviria presidente...
No la esperaba y la lamento, porque yo sí creo en los partidos políticos y respeto al expresidente Gaviria como persona clave en la Constitución del 91. De otra parte, me parece ideal que gente como Alejandro Gaviria se lance a la política y que desde dentro de un partido procure mejorarlo. La posición más fácil es la de la antipolítica. A mí no me alegra esa pelea, porque la democracia necesita partidos fuertes.
El exministro Juan Fernando Cristo propuso suspensión de actos de campaña de los precandidatos de la Coalición para asistir a un “cónclave” la próxima semana. Todos ellos, Alejandro Gaviria e Íngrid Betancourt han confirmado que asistirán. ¿Qué se puede esperar de esa reunión con tanto ego y con tanto jefe?
Esta reunión es la última oportunidad para actuar con lógica y madurez, y para evitar repetir lo que ocurrió en 2018, un capítulo que viví de primera mano, así como me consta la tontería en que se incurrió por no hacer una consulta. No se puede olvidar lo que está en juego en 2022: detener el nuevo ciclo de violencia que ya comenzó e impulsar la transformación de nuestro país. Tengo la certeza de que si hubiera mujeres candidatas en la Coalición, no estaríamos reviviendo la patria boba. Pero soy optimista: la reunión va a salir bien.
El exministro Cristo propone discutir y decidir sobre “mínimos acuerdos programáticos, un gobierno de coalición, lista única de candidatos al Congreso y una consulta presidencial en marzo (elecciones legislativas) amplia”, de donde saldría el candidato único de centro. Parecería razonable y fácil, pero no lo es: Alejandro Gaviria da la impresión de querer unión pero solo en torno a él; Fajardo parece estar en lo mismo; el Nuevo Liberalismo quiere dar sus propios avales. Y se ve a Claudia, a veces, como acercándose al gobierno Duque y así... ¿Este bulto de anzuelos puede desenredarse?
Déjeme quietica a Claudia: ella no tiene velas en este entierro. ¿Ahora es uribista quien denunció la parapolítica y contribuyó a meter presos a decenas de los involucrados? Como corresponde a cualquier alcalde del país, la coordinación con el Gobierno Nacional es necesaria para la ciudad. El próximo presidente, que ojalá surja de esta consulta, ¿solo debería tener relación institucional con los 70 alcaldes verdes? Ella es quien más palo recibe de los extremos, porque encarna el centro, y a los que no están en este, les interesa debilitarlo. Para desenredar el nudo en el que está el centro no hay que inventarse nada. La tarea está hecha. Lo único que falta es voluntad para ir a las urnas en marzo, elegir buena bancada y que la ciudadanía decida al que prefiere como candidato presidencial, a voto limpio.
El propósito de presentar lista única al Congreso pareciera ser uno de los más difíciles: ¿cómo se conforma, con cuáles nombres y en cuál orden, con tantas aspiraciones y, ahora, con varios partido en la Coalición: una parte del Verde, el Nuevo Liberalismo, Dignidad, de Robledo, etc.?
Claro, es muy difícil. Por eso hemos pensado y hablado, todo este año, de una lista abierta.
Juan Manuel Galán habló públicamente de la "traición" de varios dirigentes galanistas a la causa del Nuevo Liberalismo. ¿Es posible recomponer el juego para que el centro logre tener una sola lista, la única fórmula para conseguir una bancada fuerte en el Congreso? ¡No parece posible!
¡Claro que se puede! Y también está inventado: lista de la Coalición de la Esperanza, abierta, como le dije. Así la planeamos durante todo el año y a solo tres semanas de tener que inscribirla, no hay motivos para convertirla en lista cerrada ni caudillo que la arme a punta de bolígrafo.
Cristo también propone que la reunión del próximo fin de semana sea moderada por Humberto de la Calle e Íngrid Betancourt. Ella ha dicho que vendrá de París. ¿Cuáles son las ventajas que tienen ellos para servir de garantes y conductores en una discusión con tantos intereses cruzados?
Íngrid y De la Calle tienen la ventaja de que no son candidatos presidenciales. De que conocen como pocos la crueldad de la guerra y entienden lo que está en juego en estas elecciones. Ellos, además, están por encima de pequeños intereses y vanidades. Por eso gozan de la confianza de todos.
Sin duda, Íngrid es una figura atractiva para este momento político, por su connotación de antigua protagonista de la política y de víctima de tratamiento tan atroz como el del secuestro. ¿No podría ser ella, para ustedes en el centro, la figura de tercería que, a veces, se busca para desenredar el ovillo de las candidaturas o eso está descartado?
La admiro tanto y ha pagado tan duro el precio de la política que no le deseo volver al lodo electoral como candidata presidencial. Ella tiene mucho que aportar. La grandeza y la perspectiva con que cuenta hoy, son mucho más constructivas tejiendo esta alianza que compitiendo.
En el panorama general de elecciones, la ultraderecha lanza frases incendiarias, las cuales no por irresponsables dejan de ser atractivas para los sectores que se identifican con esa tendencia; la izquierda hace planteamientos distintos, novedosos para muchos, miedosos para otros, pero pone a hablar a todos. Pero el centro no parece sorprender a nadie porque sus voceros son moderados. ¿Cree que para triunfar en las elecciones es necesario sorprender o gritar o insultar y escandalizar?
En Colombia existen motivos de sobra para estar indignado. En tiempos turbulentos como los actuales, sin duda, es más rentable ser pirómano que bombero. Pero al centro político sí le falta ají. No hablo de decibeles, sino de conectarse con los problemas cotidianos y concretos de la gente. En medio de esta competencia por ser el político más pirómano, y en una sociedad que está cansada y con miedo, los reformistas, los moderados tenemos un espacio bien importante.
¿Quiere decir que a quienes se ubican en el centro les falta mayor nivel de confrontación?
Lo que le importa realmente a la gente es que les den soluciones a sus problemas cotidianos que no tienen que ver con la mecánica, los nombres o las peleas entre políticos.
En lo que sí ha sido insistente la Coalición de la Esperanza es en que su opción es opuesta a la de la administración Duque, y en que no hace alianzas con partidos que hayan sido de la coalición de gobierno. ¿Sería una barrera para la unión de centro?
La Coalición de la Esperanza es una apuesta para el cambio. Estamos en la antípoda del continuismo y del gobierno uribista.
Hay un candidato extraño en esta contienda: el exalcalde de Bucaramanga Rodolfo Hernández, quien se ajusta a la modalidad fácil del grito para atraer a los votantes. ¿Qué papel juzga usted que él desempeñará? ¿Será un aspirante pintoresco o tendrá un rol más importante?
Rodolfo va a ser la sorpresa en estas elecciones. Si mis amigos siguen empantanados, él terminará copando el centro. Toca las fibras de la gente por la prioridad que le da al tema anticorrupción y porque les habla a las personas de sus necesidades: contrato social con los taxistas, los escobitas, las madres cabeza de familia. Mientras a nosotros nos cogió nochebuena discutiendo mecánica electoral, él, fresco, recorre el país.
¿No cree que se trata de una de esas opciones populistas que pondrían en riesgo la poca estabilidad que le queda al país?
No me asusta Rodolfo. Que su mano derecha haya sido Manolo Azuero durante cuatro años, muestra que él hace comunicación popular efectiva pero gobierna con gente seria. Sus frases altisonantes son pintorescas, llamativas, pero por eso se está haciendo conocer.
En cuanto a usted, ¿cuáles son sus planes para 2022?
Quiero hacer mi segundo y último período en el Senado. Competiré en la lista abierta del Verde con la Coalición de la Esperanza.
“El tiempo dirá si a Alejandro Gaviria le convino separarse del liberalismo”
En mitad de esta semana, hubo sorpresa política con la ruptura entre Alejandro Gaviria, César Gaviria y su partido Liberal: 1. ¿Cree que esa ruptura favorece la unión de centro? 2. ¿Alejandro Gaviria se fortalece o debilita con la separación de su candidatura, del partido Liberal?
1. En el corto plazo facilita la unión de los candidatos de centro. Pero hay que recordar que, en 2018, no haber hecho la consulta con De la calle fue nuestra derrota. En el partido Liberal, por demás, hay gente y procesos transformadores. Trabajo con ellos en el Congreso: Ardila, Losada, Reyes Kuri. Gente como ellos son clave para ganar pero sobre todo para gobernar y transformar el país. No creo en el sectarismo o en la ‘macartización’ de alguien porque hace parte de un partido histórico 2. El tiempo dirá si a Alejandro Gaviria le conviene la separación del liberalismo. Valoro que Alejandro crea en los partidos políticos. El personalismo en la política es un peligro, sobre todo, para gobernar. El culto a la personalidad solo se cura con partidos. A ratos sufro mi propia colectividad porque consume tiempo y energía; pero solo la acción política gregaria transforma y eso está inventado: se hace con los partidos. Lo demás es caudillismo.
“Aunque nadie es monedita de oro, (Claudia y yo) somos las mismas de siempre”
Con todo respeto, voy a ser sincera con usted: algunos sectores verdes les atribuyen a usted y a su esposa, la alcaldesa de Bogotá, la división del partido y una especie de desilusión entre sus militantes. Aseguran que el poder que da el manejo de la capital ha transformado a Claudia y con ella, a usted, convirtiéndolas en personas distantes y autoritarias ¿Cómo les respondería?
Nosotras somos las mismas de siempre. Lo nuevo es que Claudia tiene una responsabilidad diferente. Ya no es columnista, investigadora ni senadora denunciante. Le corresponde gobernar y resolver los problemas cotidianos y estructurales de esta megaciudad compleja que es Bogotá, con problemas de la magnitud de la pandemia. Yo sigo cazando micos y tapando goles en el Congreso. En el Verde muchos reconocen nuestro aporte al crecimiento, consolidación e identidad del partido. Nadie es monedita de oro, y si usted es mujer de carácter, incomoda. Es la primera vez que las mujeres somos gobierno en Bogotá y es más fácil mantener el chip de oposición. Tampoco estamos acostumbrados a las mujeres en roles de poder y se nos evalúa con distinto rasero.
