Publicidad

"Jorge Eduardo dejó de amarme en la selva"

Lucy Artunduaga Vega, ex esposa del ex senador Jorge Eduardo Géchem, está próxima a publicar “Amores que el secuestro mata”, un relato íntimo de su separación, un conmovedor libro sobre el cual le habló al detalle a Elespectador.com.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Alfonso Rico Torres / www.elespectador.com
25 de octubre de 2008 - 10:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Lucy Artunduaga Vega siempre tuvo fe en que la pesadilla del secuestro terminaría. Sin embargo, nunca pensó que el desenlace fuera tan inusual. Tranquila por momentos, airada en otros y con un temple de voz que transmite carácter y una elegancia digna de una mujer con clase. Así es la ex esposa de Jorge Eduardo Géchem Turbay, el ex congresista que tras seis largos años de cautiverio en poder de las Farc regresó a la libertad el 24 de febrero de este año y luego de ello consideró pertinente dar por terminada una relación que duró cerca de 25 años.

¿Qué pasó? Inconforme con algunas declaraciones de su ex esposo y ante diversas versiones sobre lo acontecido, Lucy Artunduaga habló del tema, que quedará plasmado en el libro Amores que el secuestro mata.

¿Por qué decide publicar un libro con los pormenores de su separación?

Pienso que el clamor que yo hice permanente durante los seis años de secuestro le hizo entender a sus captores que Jorge Eduardo debía regresar antes de que falleciera. Sin embargo, opté por sacarlo debido a que todas las expectativas que yo tenía, las esperanzas con el retorno a la libertad de mi ex esposo Jorge Eduardo Géchem, no se dieron.

¿Pero el libro estaba preconcebido con los pormenores de lo que usted vivió durante ese plagio o la idea nace una vez él recobra la libertad?

Cuando él regresó.  Una vez Jorge Eduardo regresa a la libertad yo observo que pese a todo lo que yo hice, que el país es testigo, él no me agradece, no fue el agradecimiento de una persona que sabía me oía por las emisoras, que sufría por su secuestro. Él terminó yéndose de mi lado, del apartamento. Fue tan poco el tiempo que tuve para conversar con él que a mí me quedó ese sinsabor, tal por mi delicadeza, porque respeté y entendí que su estado de salud estaba tan afectado, que estaba sensible, que lloraba mucho.

Mientras tanto quien me escuchaba era El Señor, con todas las oraciones que le elevé, y todos los santos, porque no se me quedó uno solo  al que no le intercediera. Por eso considero que hay que registrarle a Jorge Eduardo, y en general a todo el país, todo lo que se vive fuera del secuestro. El libro saldrá a través del Círculo de Lectores y estará en las principales librerías del país desde noviembre. Aún no hay fecha exacta, pero también estará en Venezuela y Ecuador.

Suena muy radical el cambio de él hacia usted

Lo que está escrito, escrito está. Es una novelita de mi matrimonio. Llega Jorge Eduardo y esa alegría del deber cumplido se traduce en una tristeza porque él llega muy diferente, no es la persona que yo conocí y convive con nosotros muy pocos días. Empiezo a sentir un enfriamiento y un distanciamiento hacia mí. Él aún está convencido de que el único que sufrió fue él porque estuvo privado de la libertad. Es cierto que dormía en una estera, a la intemperie, en unas condiciones infrahumanas, pero no entendió que los que quedamos afuera nos convertimos en padre y madre, defendemos un patrimonio, buscamos alternativas económicas, trabajamos, cuidamos una casa y buscamos hacerle la vida agradable a nuestros hijos a pesar de la tristeza.

¿Y esa familia a la que me hace referencia cómo está integrada?

Tengo dos matrimonios. El primero lo contraje cuando estaba muy joven con un abogado con quien tuve dos hijos, que son Álvaro Hernán, ya casado, y Lucy de Carmen, estudiante de periodismo próxima a casarse. Y nuestro hijo menor Jorge Andrés, que luego de una viudez, pues el padre de mis dos primeros hijos fallece en un accidente, lo tenemos con Jorge Eduardo, con quien me casé. Él me ayudó a levantar a mis hijos, porque Álvaro Hernán tenía 12 años y Lucy 5. Se desarrolla así una familia muy linda durante cerca de 25 años.

¿Y ese enfriamiento que me señala también era hacia su familia?

Si, lo sentía y me mortificaba.

¿Le preguntó las razones?

Empiezo a preguntarle las razones y él, como siempre, me ocultaba, me decía que no había ningún problema. Pero yo ya entendía que Jorge Eduardo me había dejado de amar en la selva. El 10 de mayo, en el Día de la Madre, él toma la decisión de irse del  apartamento y al regresar del Huila no regresa aquí, sino que lo hace a casa de una de sus hermanas. Y ahí empieza mi otra tragedia porque yo me preguntó en qué fallé, qué no hice, qué hice.

Tengo una serie de interrogantes que dejo plasmadas en el libro, además porque yo recibí en su tiempo de secuestro, desde aquel 20 de febrero de 2002, dos pruebas de supervivencia. Una, al año y medio, cuando entró el periodista Jorge Enrique Botero y convivió con ellos, pero no había un papelito, algo más privado. Todo fue muy público. Y un mes antes del regreso de Jorge Eduardo recibo unas cartas y unas fotos que él me envía con Clara Rojas y Consuelo González de Perdomo. Y son de amor, de ganas de estar a nuestro lado. Entonces no entiendo.

Paso muy poco tiempo desde que él quedó libre a su separación. Cuatro meses. ¿En el libro se plasman situaciones que él nunca conoció?

Sí, claro.


Por ejemplo...

En Cuba, por ejemplo, nos quedamos unos días y noté que él tenía mucha dependencia con los compañeros de cautiverio, de estar hablando con las personas que había llegado. Le importaba hablar más con ellos que conmigo. Pero no le decía nada, eso entre muchas ilusiones que se quedaron ahí porque llegué a pensar que él me seguía amando. Por eso para mí el golpe fue tan duro.

¿Y esa dependencia también la sentía de parte de Luis Eladio Pérez, Orlando Beltrán Cuéllar o Gloria Polanco hacia él?

Lo llamaban mucho. Me pareció muy normal al principio, pero cuando regresamos a Colombia y veo que esa dependencia sigue, entonces me preocupo y le pregunto. ¿Qué está pasando aquí? Le dije también: Si quieres te doy un plazo si tienes un compromiso. Me interesa mi matrimonio.

¿En esa charla hablaron de la razón específica de su distanciamiento?

Si.

¿Cuál fue esa razón?

Él sabe lo que pasó, hay testigos, no estuvo sólo en la selva.

¿Se enamoró?

Sí, pero si eso no se llama enamorarse, de pronto creó una dependencia que le hizo daño y llevó a que él me dejara de amar.

¿De quién se enamoró?

No digo nombres por respeto a las personas, a mi familia, a mis hijos, pero todo el país lo sabe. Además estoy convencida de que esa separación no fue de la noche a la mañana.

¿Señora Lucy, entonces se puede decir, sin temor a equivocaciones, que el señor Géchem se separó de usted porque lo traía planeado desde la selva y se había enamorado?

¡Sí, claro!. Él me decía que no, como lo sigue diciendo, pero yo lo podía notar.

Aparte del secuestro, ¿culpa a alguien más de su separación?

A personas que están a su alrededor y les pareció gracioso tergiversar muchas cosas. Él después salió en los medios diciendo que no le gustaron algunos manejos.

¿Se refiere a las supuestas desavenencias por el manejo económico que usted le dio al patrimonio familiar?

Se lo despejé mil veces. En eso no hay nada, son disculpas. En el manejo político nunca fui jefe de ningún movimiento. Cuando a él se lo llevaron yo no estaba ejerciendo en la Asamblea, en el Concejo, en ninguna parte. Yo estaba dedicada a mi labor como funcionaria, era la gerente de la Empresa de Comunicaciones en el Huila, lo fui durante ocho años. Cuando a él se lo llevan sus amigos me insinúan que incursione en la política con ellos y yo les digo que no, era muy difícil, además mi entonces esposo pronto dejaría de ser oficialmente senador.


En cuanto a la parte financiera quedará insertada una tabla con los contratos que yo hice. Soy contratista. Demuestro ahí cómo se manejaron entradas y salidas con sus respectivos soportes. Le demuestro a Jorge Eduardo que en el año 2002, cuando a él se lo llevaron, las deudas ascendían a 869 millones de pesos y cuando él llegó nuestras deudas sumaron 149 millones pesos. Tenía que ir pagando deudas, de manera que considero una injusticia que él, por quedar bien ante otras personas, trate de dañar la mía. Esto era muy personal y fue una falta de respeto ventilarla así.

¿En el libro cita charlas suyas con las personas que fueron liberadas junto a él?

Si.

¿Y qué le decían esas personas?

La verdad, verdad contenida en el libro. Es una novelita que habla desde el momento en que me caso, cómo se desarrolla mi vida, mis hijos, mi vida en mi Gigante (Huila), mi pueblo natal, mi separación. Está por capítulos. Una narración para demostrar que por encima de todo fue una maravilla de relación.

¿El libro en algún momento le envía un mensaje a las Farc?

No hay ningún mensaje en específico para ellos. Aparecerá todo lo que yo hice, las cartas que le envié a las Farc, mi peregrinación durante esos seis largos años desde el 20 de febrero de 2002.

A propósito de ese día del secuestro, y teniendo en cuenta que a raíz de ese plagio el entonces presidente Andrés Pastrana acabó con la zona de distensión, ¿llegó a pensar que ese cautiverio duraría tanto?

Le escuché a Jorge Eduardo muchísimas veces hablar de la posibilidad de un secuestro porque para nadie era un secreto que él era objetivo de las Farc. Él había dicho siempre que había que considerarlo, mínimo, por un año. Entonces tanto él como yo pensamos que duraría ese tiempo secuestrado. Y si me parecía una eternidad un año imagínese lo que sentí, pues pasaron seis.

¿Valió la pena su espera?

Sí valió la pena si se mira desde el punto de vista humano. Siento que fue una misión cumplida porque quería salvarle la vida a Jorge Eduardo y lo logré. De manera que sí valió la pena porque una vida no se reemplaza con nada.

¿Sigue hablando con él?

Muy poco realmente, casi ni llama a su hijo, lleva tiempo sin hablar con Jorge Andrés.

Casos similares al suyo vivieron Juan Carlos Lecompte con Íngrid Betancourt y Fernando Araújo con su esposa Mónica Yamhure. ¿Qué decirles?

Lecompte siempre le conservó a ella su espacio. No lo he vuelto a ver, pero lo que sí sé es que es un hombre joven, bien parecido, profesional y amable. Lo que sucede es que el secuestro acaba con todo. Y Araújo llegó convencido de que su esposa lo estaba esperando, tal vez su mayor tristeza. Yo conocí a Mónica, con ella trabajamos en buscar su libertad, pero a diferencia de ella yo siempre esperé a Jorge Eduardo.


¿Quiere seguir trabajando en asuntos alusivos al acuerdo humanitario?

Los años dedicados a esta causa deterioran. Pero por supuesto que cada vez que pueda acompañar a alguien que sufra el problema del secuestro yo lo hago porque sé lo que se sufre. Y aún me duele.

En su momento, señora Lucy, se habló de las pésimas condiciones de salud de su ex esposo. Sin embargo, si bien es cierto estaba delicado, cuando lo liberaron, no lucía como decía el Gobierno. Angustia idéntica a la suya vive por estos días la familia del ex congresista Oscar Tulio Lizano, quien al parecer está muy mal. ¿Usted qué le diría a esa familia?

Yo llamé a Martica (Marta Arango de Lizcano) ahora que dieron esas noticias y le dije: Si se salvó Jorge Eduardo, que decían que estaba en las últimas, que vimos unas fotografías que daban muy poca esperanza, todo se pueda superar desde que haya deseo de vivir. Los supuestos preinfartos de Jorge Eduardo nunca fueron ciertos, por fortuna no tiene secuelas de ninguna naturaleza en el corazón. Muchos de los males que padeció fueron producto del estrés. Su problema gástrico es una úlcera bastante grande que desde el primer momento se le está tratando. Y su problema de columna, que es delicado y también está bajo tratamiento.

¿Entonces se exagera?

No sé, pero lo que creo que le está pasando al doctor Lizcano y a los que están allá es producto del estrés y la desesperación, pero con la absoluta seguridad de que, con la ayuda de Dios, tan pronto ellos oigan que van a quedar en libertad serán otras personas.

¿Algunas palabras para las personas que en su momento quedaron libres junto a su ex esposo?

Celebro muchísimo su libertad, es mucha la alegría de tenerlos nuevamente.

¿Algo más por decir?

A las personas que siguen allí, en la selva, les deseo un pronto regreso, tengan fe, sostengan el deseo de vivir, de volver a ver a sus seres queridos, para que ese dolor y esa tragedia algún día se convierta en la felicidad eterna.

Las otras publicaciones sobre el secuestro

El libro que publicará Lucy Artunduaga Vega será el primero escrito por una persona que ha vivido la tragedia del secuestro sin estar privada de la libertad. De resto, los testimonios han sido de quienes sufrieron las inclemencias de la selva durante más de seis años.

El primero en dar a conocer su libro fue el policía John Frank Pinchao, el uniformado que se les escapó a las Farc y gracias al cual se volvieron a tener noticias de los secuestrados. Mi fuga hacia la libertad es el nombre de la publicación, lanzada el 22 de enero del año en curso. A él se le sumó el ex congresista Luis Eladio Pérez, quien delegó en el periodista Darío Arizmendi la autoría del libro Luis Eladio Pérez, siete años secuestrado por las Farc, publicado el 29 de mayo de este año.

Acto seguido, para el ex canciller Fernando Araújo Perdomo, quien cuenta en El trapecista, dado a conocer el 18 de septiembre anterior, sus vivencias durante el cautiverio. Y el más reciente, presentado el miércoles pasado, lo publicó el ex senador Jorge Eduardo Géchem con el título de El vía crucis de mi secuestro.

A ellos se sumará Clara Rojas, ex candidata vicepresidencial, quien no ha definido título ni fecha de lanzamiento.

arico@elespectador.com

Por Alfonso Rico Torres / www.elespectador.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.