Aníbal Gaviria Correa y Sergio Fajardo Valderrama, se enfrentarán a partir de mañana con similares retos desde sus cargos de alcalde de Medellín y gobernador de Antioquia, respectivamente. La inseguridad y las dificultades de movilidad no son los únicos asuntos comunes, así hayan figurado entre los más ventilados de la campaña electoral que los llevó al poder. También lo son el desempleo y la pobreza, males endémicos de la región para los que los dos mandatarios creen tener la solución.
En Medellín, el panorama de seguridad es oscuro: 205 organizaciones criminales, unas 300 casas de vicios, cerca de 7.000 asesinatos, 119 presuntas desapariciones forzadas y cerca de 18 mil desplazados intraurbanos durante los últimos cuatro años, según registros de la Personería de la ciudad.
El reto en movilidad es cómo desatrancar los cerca de 200 mil vehículos que circulan a diario por la ciudad. Las soluciones —dice Rodrigo Salazar, consultor y experto en movilidad— deben buscarse en conjunto con los otros nueve alcaldes del área metropolitana, donde hay un estimado de 936 mil carros matriculados.
La desigualdad es otro punto opaco. Medellín es la peor ciudad del país en ese sentido. Tiene, por ejemplo, 91.275 desconectados de algún servicio público, 20.120 más que en 2008, según el informe sobre Derechos Humanos de 2011. Lo paradójico, indica la Personería, es que la capital antioqueña es la tercera ciudad con menos pobreza de Colombia, detrás de Bucaramanga y Bogotá.
Otros caminos, sin embargo, quedan allanados: la infraestructura deportiva fue renovada, 4.500 niños se benefician de 15 novedosos jardines infantiles, los primeros 20 buses de Metroplús comenzaron a rodar el 22 de diciembre luego de tres años de atraso, internet alcanzó una penetración del 55% y ya funciona la empresa del conocimiento Ruta N, entre otras obras.
En el resto del departamento, los retos no son menores. En movilidad, hay 3.000 kilómetros sin asfaltar, de un total de 4.822 kilómetros de vías secundarias. En empleo y pobreza, hay unas 700 mil personas sin empleo y cerca de un millón y medio que no tienen para comprar una bolsa de leche.
Los balances de Luis Alfredo Ramos, sin embargo, muestran un panorama mejor. El índice de pobreza pasó del 51 por ciento al 37,8. Fue entregada una doble calzada y quedaron compromisos con el Gobierno por 10 billones de pesos para estos proyectos viales. La criminalidad bajó un 10,8 por ciento. Y 115 cabeceras municipales, de 125, quedaron con internet instalado.
Sergio Fajardo, sin embargo, manifestó inconformidad por medio de Twitter. El 20 de diciembre trinó: “El actual gobierno de Antioquia no deja prácticamente nada estructurado con el Gobierno Nacional. Nos corresponde empezar, casi, de cero… Me siguen preocupando los contratos y movidas en los últimos días... Vamos a preparar un Libro Blanco con la información que recibimos y con la que veremos, con todo el rigor, a partir del 1º de enero”.
Dos días después, Luis Alfredo Ramos le salió al paso. Manifestó extrañeza por los comentarios, según él sin fundamentos, y afirmó que no recibió cuestionamientos durante las reuniones de empalme. “No puede quedar ante la opinión pública un manto de duda sobre una administración que al llegar a su final presenta un balance muy difícil de superar y con una aceptación ciudadana del 83 por ciento”, dijo.