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La lucha de Sandra Ceballos

Desde el Congreso impulsa la creación de una política pública para mejorar la atención en salud a los recién diagnosticados.

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Laura Ardila Arrieta
06 de septiembre de 2008 - 02:36 a. m.
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Una mañana de julio de 1993, la joven abogada Sandra Ceballos llegó tarde a su primera clase sobre negociación de conflictos en la Escuela de Extensión de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos. Tratando de no llamar mucho la atención de nadie en aquel salón, entró de prisa y se sentó en la primera silla que encontró desocupada, justo al lado de otro colombiano, que resultó siendo el entonces alcalde de Medellín, Álvaro Uribe Vélez.

A la salida, el político, que hoy no duda en casar peleas de todos los calibres con sus contradictores, le pidió amablemente que formaran juntos un grupo de estudio. “Sí, siempre y cuando las reuniones se hagan al aire libre”, le contestó Ceballos.

Ese día se inició entre los dos alumnos una sólida amistad que, dos años después, llevó a la bogotana a asesorar a Uribe, cuando fue elegido como gobernador de Antioquia, y en 2001, a ser la gerente y pieza clave de su exitosa primera campaña presidencial.

Exactamente 15 años después, el Primer Mandatario le agradeció públicamente a su gran amiga por toda su incondicionalidad. El miércoles, en un homenaje en el Congreso de la República, el Presidente la elogió por su trabajo como representante a la Cámara y le entregó la Orden de San Carlos, en el grado de Comendador.

“Tuve la fortuna de conocer a Sandra… Yo llegaba a clase muy temprano, a sentarme en la primera línea para poder escuchar, y allí llegó una niña pelinegra, muy bonita, muy juiciosa, muy concentrada en el estudio. Después supe que era compatriota y tuve esa grata posibilidad de ser su compañero, a pesar de la gran brecha generacional, a pesar de esa diferencia de edad de poder ser su papá. Me ayudó mucho, me ayudó mucho con lecturas, con explicaciones”, recordó de manera sentida.

El evento terminó en medio de los aplausos y las felicitaciones de los congresistas que, sin importar su partido político, asistieron para acompañar a la parlamentaria, cuya hoja de vida cualquiera de ellos podría envidiar.

Antes de ser representante, Sandra Ceballos, egresada de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Socioeconómicas de la Universidad Javeriana, fue asesora de los gobiernos de César Gaviria y Andrés Pastrana. Dirigió Colfuturo y trabajó para el despacho del Secretario General de la OEA, en Washington. En Guatemala coordinó el programa para resolución de conflictos comunitario de ese organismo y también laboró para las Naciones Unidas en Ginebra, Suiza, en la Oficina Internacional del Trabajo.

Cuenta su madre, la señora Dinicy Arévalo, que la incansable trabajadora nunca pensó en ocupar un cargo público de elección popular, hasta 2001, cuando un grupo de amigos de la universidad le propuso encabezar una lista a la Cámara, conformada únicamente por mujeres.

Podría decirse que la lucha política de Ceballos comenzó al mismo tiempo en que se inició su valiente contienda por la vida. Por aquel entonces obtuvo una curul en el Congreso, con el aval del partido Convergencia Popular Cívica, pero lamentablemente perdió una bebé que tenía siete meses de gestación y, semanas después, se enteró de que padecía cáncer de mama.


La pelea por defender su existencia, sin embargo, no disminuyó sus ganas de sacar adelante su proyecto político. En este punto, su amiga, la senadora del Partido de la U Dilian Francisca Toro, recuerda cómo, a pesar del doloroso tratamiento de quimioterapia al que se sometió, Ceballos, como buena primípara, siempre llegaba puntual a los debates y nunca se iba hasta que no se terminaran las discusiones.

Su asesora, Nadia Kafury, cuenta que, en los seis años que lleva legislando, la política, ahora representante del Partido de la U, ha puesto a consideración del Parlamento proyectos en favor de la niñez, la educación y las mujeres.

Pero, de manera especial y por obvias razones, Sandra Ceballos, quien fue esposa del ministro de Protección Social, Diego Palacio, ha luchado por sacar adelante leyes para que los enfermos de cáncer sean atendidos de manera adecuada por el Estado.

Y ella sí que sabe lo que eso significa. En más de una ocasión le ha tocado quejarse ante las EPS que no le han facilitado los medicamentos que por su estado requiere.

Esta guerra por los derechos de los enfermos recién diagnosticados de cáncer también la libra desde la fundación que ideó hace cuatro años: Ones seno al revés, con la que, dice, pretende “darle la vuelta a los problemas”.

De manera gratuita, la organización que preside atiende a mujeres y hombres con cáncer, asesorándolos sicológica y legalmente.

Su compañero en la Comisión Primera de la Cámara, David Luna, no duda en describirla como una mujer “berraca y templada” que ha hecho de la salud de los colombianos su empresa.

Una parlamentaria valiente que, a pesar de ser miembro de la coalición oficialista y amiga personal del Presidente, sabe defender sus posiciones, como cuando se unió, hace un año, a la Coordinadora del acuerdo humanitario que creó el ex mandatario Ernesto Samper. Ceballos, incluso, salió a las calles a recoger firmas para exigir al Gobierno diálogo con la guerrilla. “Ella se distancia de Uribe, sobre todo en algunos temas de corte político”, expresa su colega y amiga, la senadora Adriana Gutiérrez.

La más grande lucha de Sandra Ceballos, sin embargo, la encarna Catalina, su hija adoptiva de cinco años. La luz de sus ojos, por quien seguramente se negará a rendirse en su pelea por la vida.

Por Laura Ardila Arrieta

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