La marcha que planteó el excandidato presidencial Antanas Mockus como una movilización en defensa de la vida, terminó envuelta en las pujas entre el Gobierno y la oposición, entre defensores del proceso de paz con las Farc y quienes lo critican. El debate ha pasado, entre muchos episodios, por poner en discusión la idoneidad del exalcalde de Bogotá para convocar a los ciudadanos en favor de un postulado ético. De un lado, se habla de una mano oculta del gobierno Santos en la convocatoria; del otro, de una invitación loable hecha por quien ha liderado por más de 16 años una corriente de rechazo a la muerte como solución a los conflictos. La política terminó siendo el signo de la movilización que se anunció lejana a los apasionamientos de la arena pública.
La primera de las polémicas que rodean la marcha de Mockus tiene que ver con la fecha escogida. Inicialmente fue convocada para el 4 de febrero, pero varios reclamos en el sentido de que organizarla ese día sería emular la marcha de 2008 en contra de las Farc hicieron reflexionar al exalcalde de Bogotá, pues su iniciativa correría el riesgo de ser parte de la polarización alrededor del proceso de paz. Luego, la fecha del 8 de marzo fue escogida a través de un censo hecho por W Radio y el periódico El Tiempo y así quedó garantizado que el propósito trasciende, en palabras de Mockus, “colores, confesiones, ideologías políticas, filiaciones partidistas o grupos poblacionales”.
La segunda de las controversias surgió cuando el expresidente Álvaro Uribe publicó en su cuenta de Twitter un listado de contratos firmados por el Gobierno a través del Fondo de Programas Especiales para la Paz en el que aparecía uno suscrito con Corpovisionarios, cuya cabeza visible es Mockus, por un monto de $480 millones. “Doctor Mockus, no nos invite a marchas por cuya promoción Santos le paga a usted”, dijo el hoy senador por el Centro Democrático. El exalcalde de Bogotá salió al paso de las críticas y sostuvo que “la marcha es una invitación a la ciudadanía para crear conciencia. Nadie está utilizando la plata del contrato para hacer la Marcha por la Vida. Esta iniciativa solo se está realizando con recursos de voluntarios”.
Las explicaciones de Mockus, aún hoy, no resultan satisfactorias para el uribismo. El Centro Democrático, en palabras de la senadora Paloma Valencia, “no sentará una posición oficial sobre la marcha. Pero el sentir es que se trata de una movilización que el Gobierno contrató, en la que están utilizando bases de datos de empleados públicos para promocionarla y que está representando los intereses de Santos para que la gente salga a apoyar una paz sin cárcel, una paz que no les pide cuentas a las Farc y que las iguala con nuestras Fuerzas Militares”.
Aunque Mockus ha sido claro en que la defensa de la vida es una consigna alejada de lo político, está claro el interés del gobierno de Juan Manuel Santos por respaldarla. Como pocas veces, el mandatario y las cabezas más visibles del gabinete se la jugaron para sumarse a la iniciativa ciudadana. “Una marcha por la vida es de la mayor trascendencia en un país que ha destruido miles de vidas en la guerra. No hay duda sobre la legitimidad de la convocatoria y de la idoneidad de Mockus para invitar a ella”, dijo Juan Fernando Cristo, el ministro del Interior. Idea que reforzó el ministro de la Presidencia, Néstor Humberto Martínez, quien señaló en diálogo con este diario que “la vida no tiene divisa política y nos une sin distingo”.
Según fuentes cercanas al Gobierno, más allá de los discursos promocionales y la participación en la caminata de sus representantes, ninguno de los partidos de la Unidad Nacional está dispuesto a hacer un esfuerzo logístico por “mover gente” para la marcha, pues todos los esfuerzos están concentrados en “moverla” para la batalla electoral de los comicios locales, que se desarrollarán en octubre. Otros actores, del lado izquierdo del espectro, como Clara López y el senador Iván Cepeda, del Polo Democrático, a pesar de ciertas pugnas internas, aprovecharán actividades en defensa de los derechos de la mujer para unirse a la defensa de la vida. Algo similar ocurre con movimientos como la Marcha Patriótica, que está jugada a movilizar a sus bases el 9 de abril respaldando la paz, aunque ve con buenos ojos el mensaje de la convocatoria hecha por Mockus.
Y es que este tal vez sea el año de las movilizaciones sociales. Más si se tiene en cuenta que las elecciones regionales de octubre definen en gran medida el aire político del proceso de paz. Por eso las fuerzas electorales, y gobiernos en lo local, empiezan a definir sus agendas y programar el activismo teniendo como referente lo que sea la marcha de hoy. En ese sentido, uno de los que han manifestado su apoyo a la Marcha por la Vida y que tiene su propio juego político ha sido el alcalde de Bogotá, Gustavo Petro.
Desde hace semanas, Petro viene fortaleciendo su estrategia de respaldo a este proceso, relacionándolo con la idea de que Bogotá sea la capital de la paz. Para esto, planea respaldar a fondo actividades como la Movilización por la Paz del 9 de abril, Día Nacional de las Víctimas, y que ya cuenta con el respaldo de sectores de izquierda. También planea otros eventos, como las jornadas de la Llama por la Paz, que se mantendrá encendida en la Plaza San Martín (carrera séptima con calle 32) hasta que se llegue a un acuerdo que ponga fin al conflicto armado; o la que se hará el 26 de abril, donde inaugurará una réplica del Guernica, el famoso cuadro que rememora el bombardeo que dejó 2.000 muertos en la localidad que lleva el mismo nombre en España en 1937, durante la guerra civil.
“Solo con la paz es posible que se acabe el dolor de las víctimas, por eso es tan importante apoyar la paz y hacer presencia pública que lo demuestre”, ha dicho Ana Teresa Bernal, alta consejera del Distrito para las Víctimas. En el Distrito también se está cocinando un proyecto que se llama El Siglo de la Reconciliación, sobre la base de que las heridas no se restauran vía decreto, sino con de proyectos educativos a largo plazo. Cerca del 20% de los combatientes que decidan dejar las armas podrán terminar en Bogotá, tiene calculado el gobierno distrital. Por eso están “creando condiciones para que realicen un buen proceso de desarme, desmovilización y reintegración”, asegura el subsecretario de Asuntos Locales, José Cuesta.
Aunque sin la vehemencia que le ha otorgado la administración de Bogotá al concepto de paz, otros gobiernos locales se suman al respaldo de la Unidad Nacional y el progresismo a la Marcha por la Vida. Es el caso de Sergio Fajardo, gobernador de Antioquia, quien señaló que “voy porque quiero , porque lo conozco (a Mockus) y porque no es contra nadie, ni a favor de nadie, no es a estar con Santos y en contra de Uribe. Eso es irrelevante, vamos a caminar por la vida como nos invitaron y así va a ser”.
Así las cosas, los respaldos y las discrepancias con Mockus atravesaron el país político. Pocos pierden de vista que es año electoral, y unos y otros ondean banderas de distinto signo alrededor de lo que sucede en La Habana. La marcha es por la vida, es lo que ha dicho Mockus, y a ese mensaje se han pegado quienes van, pero es un simulacro de la agitación que vivirá el país entre votos y conversaciones de paz.