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11 Feb 2021 - 5:31 p. m.

Las Farc frente al espejo

La asamblea que redefinió la política del partido heredero de la exguerrilla y la acusación de la JEP al secretariado demuestran, para este profesor de la Universidad Complutense de Madrid, que es preferible un acuerdo imperfecto a proseguir un conflicto armado.

Jerónimo Ríos* / especial de Latinoamérica21

(De izq. a der.) Pablo Catatumbo, Rodrigo Londoño, Pastor Álape y Mauricio Jaramillo, algunos de los integrantes del antiguo Secretariado de las Farc que hoy están en la JEP.
(De izq. a der.) Pablo Catatumbo, Rodrigo Londoño, Pastor Álape y Mauricio Jaramillo, algunos de los integrantes del antiguo Secretariado de las Farc que hoy están en la JEP.
Foto: Cortesía

Han pasado más de cuatro años desde la firma del Acuerdo de Paz entre la guerrilla de las Farc-ep y el Gobierno colombiano dirigido por Juan Manuel Santos. A pesar de los reduccionismos simplistas, las mentiras y los ataques furibundos del uribismo al Acuerdo, análisis con un profundo rigor científico social como el del Instituto Kroc de la Universidad de Notre Dame alertaban desde el inicio sobre el alcance, la profundidad y la relevancia que implicaban los compromisos suscritos entre guerrilla y Ejecutivo. De hecho, este se concibió como el acuerdo de paz más completo de los últimos 30 años y actores como la Unión Europea, Naciones Unidas o la Corte Penal Internacional no dudaron en respaldarlo.

La entrega de armas por parte de la otrora guerrilla y su desmovilización masiva a favor de un proceso de reincorporación a la vida civil se acompañaba de mecanismos de participación política y tratamientos jurisdiccionales alternativos. Sin embargo, en muchos casos los opositores al Acuerdo rápidamente y de una manera tan falaz como sibilina, interpretaron los acuerdos como ofrendas y tratos de favor a cambio de la entrega de armas.

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