Las tenues vidas
Por Belisario Betancur* para el libro 'Lecciones de Vida', de Mauricio Rodríguez
Una montaña al noroeste de Colombia, en el suroeste de Antioquia. En lo alto de la montaña, una escuela perdida en la niebla. Y en la escuela de una sola aula, una única maestra que enseñaba a veinte niños y niñas las cuatro operaciones sumar, restar, multiplicar y dividir , y a leer y escribir, los niños en la mañana y en la tarde las niñas. Había que caminar media legua, falda arriba, por entre los canelones. A lado y lado del camino, cafetales góticos de los que salía el rumor sinfónico de las chapoleras o cogedoras que desgranaban las rubias gajeras entre los tarros de zinc o en los silencios canastos de bejucos.
Misia Rosario Rivera tejía de noche y tejía en la madrugada, las planas barrocas que habíamos de escribir en nuestros breves cuadernos. Supimos más tarde que en su bondad y en su dulzura, la maestra era llena de gracia como el Avemaría, según cantara el poeta.
La principal lección de mi vida es la tierna pedagogía de aquella maestra rural, soñadora con la grandeza de su alumnas y alumnos, que llegábamos cada día por entre los canelones y las canciones de las chapoleras, llueva o truene, a recibir de sus dulces labios las primeras lecciones de nuestras tenues vidas.
*Belisario Betancur, expresidente de Colombia