Usted – aunque retirado de la política partidista – es reconocido como una figura del anterior partido Conservador; es decir de la derecha histórica colombiana ¿Lo sorprende la abrupta división en dos (o en tres) del uribismo que, en la práctica, le arrebató las banderas al conservatismo nacional?
El partido Conservador no ha tenido banderas propias en los últimos treinta o cuarenta años. Por tanto, no le pueden ni podían arrebatar nada. Y, ahora, se limita, como siempre, a buscar puestos y a cuidar sus pequeñas parcelas burocráticas. La crisis que estamos presenciando dentro del uribismo, es propia; y se estaría dividiendo en dos o tres partes por cuenta de sus malestares internos y del debilitamiento del liderazgo de Uribe. Del lado de los conservadores, repito, hoy, copian la conducta que ya han tenido: quedarse callados frente a los grandes problemas nacionales, medrar en la burocracia, y luego salir a las elecciones a recoger su tradicional millón y medio de votos.
Precisamente hace 24 años, en 2002, usted se disputaba la silla presidencial, como candidato oficial conservador, con un disidente del liberalismo pero con ideas más tradicionales que las de su colectividad: Álvaro Uribe. Pese a que acababa de aparecer en la escena nacional, él fue respaldado por la mayoría parlamentaria del conservatismo, que lo abandonó a usted. Hoy, ¿Uribe Vélez está viviendo el mismo capítulo, es decir, que los copartidarios del expresidente estén vaciando su partido con el fin de armarle tolda aparte?
El partido Conservador es una agrupación parlamentarista: sus congresistas deciden la suerte de esa colectividad, se benefician de la burocracia y sus directivos se han especializado en arrimarse a la sombra que más los cobija. Yo fui víctima de ese parlamentarismo burocrático. Por su parte, Álvaro Uribe sufre un explicable proceso de desgaste. El país que predica el expresidente, no es el mismo de hace 25 años y, por eso, no refleja, a cabalidad, la nación actual. Pero no creo que los militantes del Centro Democrático lo vayan a abandonar. Aunque es evidente que hay un dejo repetitivo y un tanto anacrónico en su discurso, sus seguidores lo acompañarán en las elecciones. Lo que no creo es que vaya a obtener los resultados arrolladores, en las elecciones legislativas, con que algunos están contando.
Entonces, para usted, ¿el conservatismo tradicional dejó de existir y lo que hoy queda del mismo, es un cadáver político que exhiben, como en procesión, sus manejadores solo cuando hay elecciones para sacarle provecho?
Reitero: el partido Conservador únicamente sale en época de elecciones a recoger su millón y medio de votos, que es su cace habitual.
Volvamos al uribismo y su crisis: usted es un conocedor de la política colombiana ¿Podía anticiparse la fractura que afecta a ese partido, hasta hace poco monolítico y con un jefe nacional indiscutido, o el deseo de retirarse, hecho público por la senadora emblemática del uribismo María Fernanda Cabal, era impredecible además de catastrófico para el Centro Democrático por la cercanía de las elecciones?
En mi opinión, esa crisis se veía venir, pero no con tanta velocidad. Al Centro Democrático se le han sumado, además del retiro abrupto de la pareja Lafaurie – Cabal, la adhesión, a De La Espriella, del grupo que orienta el alcalde de Medellín y, según se ha publicado, la del alcalde de Barranquilla; y, también, la segunda reincorporación sorpresiva, como candidato de corte uribista, de quien ya se había retirado: Miguel Uribe Londoño, padre de Miguel Uribe Turbay.
Sobre todo, porque quiérase o no admitir la gravedad del portazo que dio la senadora Cabal, y de la irrupción de otro candidato que se disputa a los mismos votantes de la derecha más recalcitrante, el Centro Democrático ha quedado debilitado. Lo que está ocurriendo ahora, ¿es señal de que Uribe debe renunciar a la jefatura de su partido y darles paso a nuevos liderazgos en ese espectro político? No parece que alguno lo pueda reemplazar hoy.
El ADN político de Uribe indica que no será capaz de renunciar al liderazgo de su partido: lo conservará hasta el final de sus días. Ahí estará hasta cuando se le desmoronen sus bases.
No puede ser solo coincidencia que los dos políticos que están desconociendo la jefatura única de Uribe, pertenezcan a lo que se ha llamado “la derecha dura”. No hay duda de que el exmandatario ha representado a ese sector las dos décadas y media que han transcurrido de este siglo. Hoy, ¿el expresidente se encuentra reblandecido o los disidentes del uribismo constituyen el extremismo nuevo de Colombia?
Sucede que estos nuevos voceros de la derecha se atrevieron a mostrarle las uñas a Uribe pero, inicialmente, no creo que pasen de ahí. Por el momento, Uribe ni siquiera se ha dignado responderles.
Si se tiene en cuenta el extremismo de derecha del que alardean esos aspirantes a candidatos, ¿puede concluirse que las posiciones políticas del expresidente, recalcitrantes para sus críticos, han dejado, de todos modos, de representar a buena parte de un electorado que, a pesar de que le ha sido fiel durante 25 años, mira con interés a candidatos que se exhiben como más radicales y “furiosos” que el propio Uribe?
Habría que comenzar por definir qué es la derecha y cuál es su ideario, cosa que no está clara en este debate electoral. Pero sí: hay un sector de la llamada derecha que tiene un discurso aún más radical que el de Uribe. Quizás sea la respuesta emocional al desgobierno de Petro, al fracaso estruendoso de la “paz total” y al tono pendenciero que maneja permanentemente la administración. Pero, con todo y esto, es un hecho que Uribe no detenta, hoy en día, lo que pudiéramos denominar “el monopolio” de la derecha. De lo contrario, no se explicaría cómo Abelardo De La Espriella - quien, prácticamente, no le ofrece nada distinto a los electores más allá de un forzado y repetitivo saludo militar -, esté teniendo éxito, al menos en las encuestas. A propósito, se ha sabido que algunos oficiales activos o de la reserva, están molestos con el abuso y la caricaturización de los símbolos militares con que De La Espriella barniza su campaña.
¿Qué es más grave para la subsistencia del Centro Democrático, el aparente éxito de un primíparo electoral poco estructurado en materias de Estado o la anunciada disidencia de una senadora leal, durante años, al exmandatario?
No soy experto en uribismo ni en los entretelones del Centro Democrático pues, como el país lo sabe, nunca he pertenecido a ese partido. Pero es evidente que entre las dos sorpresas que le han reventado últimamente (la aparición, en las encuestas, de De la Espriella y la rebelión de los Lafaurie -Cabal), es mucho más grave, políticamente, la irrupción de De La Espriella, que la escisión que plantea la pareja mencionada. El primer caso se refiere a un fenómeno inesperado que se caracteriza por tener poca ideología e intentar imitar a Bukele (presidente populista-extremista de El Salvador); el segundo, según creo, parece ser una explosión de egos que no tendrá repercusiones profundas ni duraderas. Los propios Lafaurie- Cabal han valorado su pleito en 200 mil votos: no es una fuerza significativa como para derrumbar el Centro Democrático.
En todo caso, hace daño…
Creo que el daño, hasta ahora, es más de imagen que político. Insisto, si al uribismo pierde los 200 mil votos que la senadora afirma que tiene, eso le causará, ciertamente, un daño político al Centro Democrático pero no de manera irreparable. Sí ha causado un efecto nocivo en la imagen misma del partido y en el liderazgo de Uribe que se suponía que era mucho más sólido que lo que se está viendo. Ahora, la adhesión a De La Espriella de los grupos que orientan los dos alcaldes aludidos, es muy diciente y deja entrever lo que está pasando en el partido del expresidente: hay muchos malestares saliendo a la superficie. Lo que sí sería muy grave - como algunos lo anticipan – es que Álvaro Uribe y su partido terminaran aterrizando en las toldas de De La Espriella porque significaría el triunfo del oportunismo sobre la coherencia política que, de alguna manera, ha tenido el exmandatario durante toda su vida.
¿Por qué las ideas de derecha expuestas por Uribe y su partido en esta campaña resultan, hoy, insuficientes e insatisfactorias para sus electores? ¿Por qué el trono inamovible del expresidente tambalea?
El predominio de Álvaro Uribe, en su propio partido, sale malparado con los episodios de esta semana y, también es cierto que su liderazgo se está agotando: el país ya no es el mismo que en la época en que él fue presidente; ni siquiera es igual al que encontró cuando fundó el Centro Democrático. Ahora las cosas son muy distintas. A esta situación se debe parte del desgaste del exmandatario quien continúa moviéndose en el mundo, cada vez más lejano, de los “jefes naturales”.
De la Espriella, ¿podría terminar quedándose con el Centro Democrático o, más bien, prefería sepultarlo para crear un movimiento propio desde el cual pueda ejecutar las amenazas que ha proferido en sus intervenciones públicas?
Por el momento, De La Espriella parece desesperadamente ansioso por lograr que Uribe y lo incorpore a su equipo. Por eso se le ve, cada ocho días, visitando al jefe de Centro Democrático, en Rionegro. Después de un primer tiempo, no se sabe qué podría suceder.
¿El extremismo populista que se solaza en exhibir De La Espriella, ¿es la respuesta que los votantes de la ultraderecha están buscando?
No creo. A De La Espriella le falta aclarar si detrás de sus saludos militares forzados y su ramillete de frases grandilocuentes, existe un propósito serio de respetar el Estado de derecho o no. Eso no lo sabemos, aún, y es materia fundamental en este debate electoral.
Por las frases agresivas que ha dicho y la confrontación judicial que ha anunciado en contra de periodistas críticos, no parece que le interesara el respeto al Estado de derecho ni los derechos que garantiza la Constitución. Un eventual triunfo electoral de ese candidato, ¿pondría en riesgo la democracia en Colombia?
No. En Colombia, la democracia es mucho más fuerte que el auge en unas encuestas.
José Félix Lafaurie, cofundador del Centro Democrático, esposo de la congresista Cabal y también, presidente de la Federación de Ganaderos que representa una fuerza económica y política conservadora, ha pedido que “le den (a ella) una salida (del uribismo) para que pueda fundar un partido de derecha que represente los votos (de este sector)” La ruptura de los Lafaurie-Cabal con Uribe y sus aliados “naturales”, explota solo por la selección de Paloma Valencia como candidata de Uribe y de su partido o hay más motivos?
Por lo que ha trascendido, los Lafaurie-Cabal resultaron siendo malos perdedores. Dejan la impresión de que no fueron capaces de aceptar los resultados internos de la encuesta contratada por el Centro Democrático. Lafaurie tiene mucha cola como para reclamar que él o la senadora se conviertan en árbitros de la política uribista. Ya anduvo por los predios de Petro ofreciéndole tierras, cosa que no resultó. Esta pataleta de las encuestas internas tampoco le va a servir. Si yo estuviera afiliado a Fedegan (Federación de Ganaderos presidida por Lafaurie), que no lo estoy, las andanzas del directivo ganadero me molestarían mucho puesto que, ciertamente, no está concentrado en su labor prioritaria como presidente gremial. Note que ningún otro dirigente de gremio, mezcla los intereses políticos de su esposa con los intereses económicos del grupo de empresas que representa.
Con el retiro de los Lafaurie – Cabal, ¿la candidatura de Paloma Valencia queda maltrecha?
Sí, pero maltrecha no significa acabada. Valencia está participando en la consulta con varios precandidatos y, hasta el momento, Uribe está poniendo todas sus cartas a favor de ella. No obstante, hay que admitir que, con este alboroto, ella resulta damnificada. En cuanto a Álvaro Uribe, hay que destacarlo, lo más grave es que este sea el comienzo del desmoronamiento de su liderazgo como lo demuestra, itero, el deslizamiento de los alcaldes de Medellín y Barranquilla, y de sus grupos, hacia un aspirante presidencial que no es Valencia.
Tal vez el hecho político de que el país viviera, por primera vez, un gobierno de izquierda, ¿radicalizó a buena parte de electores y empujó el péndulo hacia el lado opuesto?
La política es un fenómeno de flujos y reflujos. Hay radicalismo malsano entre algunos militantes de izquierda y derecha. Evidentemente, una porción de la opinión pública colombiana está reaccionando hacia el lado opuesto, molesta con el Gobierno. El clima pugnaz y los insultos prodigados a diario - principalmente por Petro - no ha sido un buen abono para la campaña electoral. Pero finalmente se impondrá la sensatez. Debemos apostarle a ello.
Los mensajes, las afirmaciones públicas y las promesas de campaña tanto de Cabal como las De La Espriella, son muy similares en cuanto a su radicalismo e intolerancia hacia los grupos contrarios. Unos eventuales gobiernos de uno de ellos – o si se fusionan en una sola candidatura y administración -, ¿daría lugar a una nueva ola de violencia política en Colombia con persecuciones, supresión de derechos, encarcelamientos arbitrarios y solicitudes de asilo en el exterior?
No lo creo; el respeto a las instituciones debe prevalecer e imponerse en las próximas elecciones. Sería imperdonable que por un lenguaje agresivo que utilicen algunas campañas, se eche por la borda la larga y bien establecida tradición colombiana de respeto a sus instituciones.
¿Por cuál candidato o candidata presidencial va a votar dentro de cuatro meses? O, usted ¿hace parte del numeroso grupo de indecisos?
Como diría León de Greiff, “sí lo sé, más no lo digo”.