11 Apr 2018 - 12:23 a. m.

“Llego con votos debajo del brazo”: Marta Lucía Ramírez

La fórmula vicepresidencial del candidato uribista dice que quiere ejercer un rol en el que pueda empoderar a las mujeres.

Lorena Arboleda Zárate - @LorenaArboleda8

¿Fue difícil adaptarse como fórmula vicepresidencial de Iván Duque, siendo usted la de mayor experiencia y trayectoria?

Sabía que cuando acepté ser parte de esta coalición estaba asumiendo un riesgo inmenso, porque, en realidad, era competir en condiciones muy desiguales. Competir contra Iván Duque, que tenía un partido serio y fuerte, de alguna manera era también competir contra el expresidente Álvaro Uribe, su mentor, y obviamente había una diferencia de recursos económicos muy grande. Pero así lo asumí, porque creo que al país hay que servirle con desapego para mejorar la política. Y cuando uno tiene claro el riesgo enorme que tiene la nación hoy por hoy, debe saber que su ego, su vanidad, su aspiración personal, tiene que estar subordinada a lo que le sirve a Colombia.

¿Y qué rol cree que debe desempeñar desde su candidatura en la Vicepresidencia?

Uno en el que pueda ayudar a hacer transformaciones importantes, sobre todo en las que la agenda ha sido muy pobre, como lo de la mujer. Tengo la oportunidad de llegar a la Vicepresidencia a priorizar el trabajo de las mujeres para empoderarlas y capacitarlas para que puedan tener roles de liderazgo en economía, negocios y política. Y por esa razón, creo que no nos tocó la candidatura presidencial. Hoy ya no me pregunto más qué hubiera sido si (...), lo que tengo claro es que el país escogió como candidato a Iván Duque y demostró una vez más que el machismo está permanentemente presente en la política. Esa pregunta de si tengo más experiencia y más conocimiento, ¿no implicaría que yo hubiera ganado? Pues sí. Ahora digo: para mí, el riesgo de dividir el voto de la centroderecha y abrir el espacio al populismo y al continuismo sería una gran irresponsabilidad. Preferí quedar en un lugar secundario, pero los cargos los hace cada persona y soy una máquina de trabajo.

Usted recibió duros señalamientos de sectores del Centro Democrático, ¿cómo están ahora las relaciones con ese partido?

Hubo ataques particulares de parte de algunos congresistas tremendamente desconsiderados, irrespetuosos, bruscos, porque fueron personas que pisotearon lo que ha sido una trayectoria de 40 años. A mí nadie me ha regalado nada. Nunca he tenido un jefe político que me haya puesto en los cargos y me los haya regalado. Todo me lo he ganado a pulso. Pero, allá ellos. Nunca procederé con agresividad o grosería. Mi relación es con Iván Duque, que es el candidato; con Álvaro Uribe, que es el líder de su partido, y en ese partido hay gente con la que tengo una maravillosa relación como Carlos Holmes, Óscar Iván Zuluaga, Alicia Arango y Nubia Stella Martínez. Habrá otros que tienen malquerencias, y pobrecitos, eso es problema de ellos.

La opinión general indica que usted tiene mucho que sumarle a Iván Duque. ¿En qué cree que debe complementarlo?

Sí creo que le sumo clarísimamente. Y le sumo al punto que nosotros sabemos que ese 1’600.000 votos que tuve en la consulta son personales y vamos a duplicarlos para la elección presidencial. Sumo porque no soy una vicepresidenta que llega escogida arbitrariamente. Llego con votos debajo del brazo. Llego a sumar experiencia, conocimiento del Estado, del Gobierno. Iván lo tiene también, es una persona juiciosa y muy seria, y desde el punto de vista académico se prepara con rigor. Quiero que tengamos un gobierno tecnológico, donde todo esté en redes y sea muy transparente.

Las críticas alrededor de Iván Duque giran en torno a su falta de experiencia. ¿Usted cree que le podría quedar grande gobernar?

No creo que le vaya a quedar grande, porque en esta fórmula tenemos complementariedad y mi responsabilidad va a ser acompañarlo, ayudarle y garantizar que sea exitoso en su gestión. Vamos a tener un gabinete integrado por gente joven, mucha de su generación, pero también un poco mayor y, al final, mezclar saberes y trayectorias. No creo que la experiencia la podamos medir solamente en cuántos ministerios ha ocupado el presidente de la República, porque si de coleccionar ministerios se tratara, entonces estaríamos viendo en el presidente Santos al más exitoso de toda la historia de Colombia, y no ha sido así.

¿Elegir a la fórmula Duque-Ramírez es abrir la puerta para que el expresidente Álvaro Uribe gobierne en cuerpo ajeno?

Tengo por el expresidente Uribe un gran respeto, pero también tengo clara una cosa: la responsabilidad del gobierno 2018-2022 es de Iván Duque y Marta Lucía Ramírez. Y para poder asumir bien esa responsabilidad uno tiene que oír, consultar, pero aquí el que siempre va a tener la responsabilidad va a ser Iván Duque. Estoy segura de que ni el expresidente se va a atravesar para que Iván cumpla bien su responsabilidad, ni creo que él esté dispuesto a entregarle la responsabilidad histórica que tiene a nadie. Esto también necesita carácter.

La U decidió apoyar a Vargas Lleras a pesar de que muchos querían con Duque. ¿Le sorprendió?

Era obvio que Germán Vargas era el candidato del presidente Santos desde hace rato. Era obvio que esa ruptura que tenían en algunos momentos, los encuentros y desencuentros, simplemente eran maneras de ir viendo cómo iban a terminar organizando la continuidad del gobierno Santos. La U está solemnizando algo que ya sabíamos: es el partido que garantiza la continuidad del gobierno actual. Vargas Lleras y su fórmula, Juan Carlos Pinzón, estuvieron siete años al lado del Gobierno, sin hacer reparos, y los dos sorprendentemente salieron a hacer críticas y hoy, sin ningún rubor, salen a decirle al país que los acompañen. Colombia no debe elegir ni el populismo, que está representado en Gustavo Petro, ni el continuismo, porque ambos son dañinos para el futuro de Colombia.

Faltan los conservadores. ¿Qué espera de su antiguo partido?

He dicho que rechazo las prácticas clientelistas de algunos congresistas, pero en el Partido Conservador hay cosas muy valiosas, como la tradición histórica. No es un partido de garaje. Hoy, el desafío es que, como institución no en acuerdos individuales, pueda estar al lado nuestro. Hoy la mayoría de los congresistas conservadores saben que se equivocaron acompañando al gobierno Santos. Espero que el partido haga lo que es coherente y esté del lado nuestro.

¿Y no cree que le van a cobrar las críticas que usted ha hecho en contra de sus congresistas?

Los congresistas conservadores tienen dos opciones: el continuismo, que tiene sus días contados en la política colombiana, o ayudar a hacer las grandes reformas que este país necesita y hacerlas de la mano nuestra. ¿Que me cobren las críticas que he hecho? No creo que vaya a haber en este momento esa gran equivocación, porque desde las bases del partido hay un mensaje clarísimo, y es que quieren estar con nosotros.

¿Le gusta la propuesta de Iván Duque de eliminar las cortes y crear una especie de “supercorte”?

Sobre esa reforma tengo realmente preocupación. No es una reforma que Iván haya planteado como una idea terminante. Simplemente ha dicho que, así como sucede en otros países, podamos pensar en una posibilidad como esa. Es una propuesta que se debe debatir, pero tiene algunas dificultades, como unificar la jurisprudencia en todos los temas y lo que necesitamos es una justicia eficaz. Es muy importante lo que ha dicho Iván frente a la selección de los jueces, despolitizar la justicia, acabar el sistema de escogencia de magistrados en el Congreso como pagando un peaje. La Corte Constitucional, que ha tenido críticas, debe preservarse. Jamás podría estar de acuerdo con una propuesta que vaya a eliminar la Corte Constitucional o debilitar la tutela. Pero me parece que la propuesta de Iván es discutible y hay que llegar a la propuesta que más le convenga a Colombia.

¿Hay algo que usted considere que deba preservarse del gobierno actual?

Varias cosas. Programas como de “cero a siempre”, es indispensable. En el tema de la educación, el programa “Ser pilo paga” hay que preservarlo y extenderlo a las universidades públicas. Es importante mantener, también, la regla fiscal, pero hacer ajustes sobre cómo se define. Y, finalmente, el Acuerdo de Paz hay que mantenerlo. De ninguna manera se va a echar para atrás, sería una gran irresponsabilidad. Sabemos que a la gente que está desmovilizada hay que garantizarle esa condición, pero, eso sí, hay que lograr que quienes incumplan con las condiciones del Acuerdo tengan unas sanciones absolutamente drásticas y que el incumplimiento signifique al grupo, a la organización y a sus cabecillas perder los beneficios. Acá nada es blanco y negro del todo.

¿Como extradición en el caso de Jesús Santrich, capturado por solicitud de la DEA por supuesto narcotráfico?

Este hecho evidencia que los que estábamos en contra del Acuerdo, los que hicimos parte del No teníamos razón. Y que cuando hoy insistimos en que ese es uno de los elementos que hay que corregir seguimos teniendo la razón, porque ni más faltaba que Colombia siga con los ojos cerrados frente a algo que es inminente: que con plata del narcotráfico, las Farc pretenden hacer la actividad política para tomarse el poder. El país debe preguntarse cuáles son sus verdaderas intenciones: ¿hacer la paz? ¿Pedir perdón a las víctimas y repararlas? ¿hacer un acto de contricción y corregir sus errores del pasado? En el gobierno de Iván Duque los miembros de las Farc tendrán la garantía de que, en la medida en que cumplan, haremos lo que el Gobierno se comprometió. Pero también le haremos ajustes al Acuerdo para evitar que esta democracia colombiana termine en manos del narcotráfico, de las Farc y de Venezuela, que son una misma cosa.

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