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8 Feb 2021 - 2:00 a. m.

Los reclamos en voz baja que ya generan ruido en el uribismo

La llegada de figuras como Miguel Uribe o el actor Jorge Cárdenas está generando tensión en el Centro Democrático. Aunque son bien vistos, hay malestar porque terminen con puestos privilegiados en las listas al Congreso por encima de quienes vienen haciendo fila desde hace rato.
En las últimas elecciones el partido logró 4,8 millones de votos, que le permitieron hacerse a 19 senadores y 32 representantes. En 2014 el uribismo apostó por una lista cerrada; sin embargo, en 2018, ya con nombres posesionados, optó por la lista abierta.
En las últimas elecciones el partido logró 4,8 millones de votos, que le permitieron hacerse a 19 senadores y 32 representantes. En 2014 el uribismo apostó por una lista cerrada; sin embargo, en 2018, ya con nombres posesionados, optó por la lista abierta.
Foto: Mauricio Alvarado

Si algo ha caracterizado al Centro Democrático en poco menos de una década de existencia es su disciplina parlamentaria. Su cohesión, obediencia y uniformidad a la hora de votar y asumir posiciones conjuntas —a diferencia de otras bancadas— explica su solidez como partido. Detrás de esa cohesión está el expresidente Álvaro Uribe, la figura unificadora y de mando en la colectividad. Sin embargo, un descontento que se menciona en voz baja, pero que ya comienza a hacer ruido, podría poner a tambalear esa obediencia en las huestes uribistas.

Detrás del malestar está la conformación de las listas —aún biches, eso sí— con que el partido se medirá en las elecciones de 2022, con miras no solo a mantener las mayorías de las que ha gozado en el cuatrienio, sino para atender la ausencia de su máximo líder y cacao electoral, quien anunció que no regresará al Senado.

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Si bien la llegada de personajes como Miguel Uribe Turbay, el actor Jorge Cárdenas e incluso el comentarista deportivo Carlos Antonio Vélez es bien vista y no genera cuestionamiento alguno, para ciertos congresistas —que, por obvias razones, accedieron a hablar bajo el anonimato— es motivo de inquietud y desazón. ¿La razón? Temen que, por encima de ellos —que llevan años militando en el uribismo, han sido escuderos aplicados y con paciencia han hecho la fila—, el expresidente les termine otorgando a los recién llegados los siempre ventajosos y apetecidos primeros puestos en las listas.

“Uno sí esperaría que después de hacer un trabajo destacado y disciplinado nos den la chance de participar en esas cabezas de lista, pero a veces parece que prima más ser amigo del presidente que el trabajo que se hace en las comisiones”, reclamó uno de los parlamentarios. “Los que estamos hoy es porque cada uno se ha buscado sus votos”, señala otro de los congresistas uribistas. “Debe valorarse la antigüedad y el trabajo que hemos hecho frente a los nuevos, que en todo caso son bienvenidos”, asegura otro.

El descontento se vive tanto en Senado como en Cámara. Por un lado, aunque en la cámara alta destacan el trabajo y arraigo que tiene Miguel Uribe en Bogotá, lo que podría representarle al partido votos en una plaza en la que históricamente no ha sido fuerte, critican que de entrada llegue a ser la eventual cabeza de la colectividad, rol que en las últimas dos elecciones ostentó nada menos que Álvaro Uribe. Por otro lado, se dice que la cabeza para Cámara sería el hoy concejal Andrés Forero, que, si bien ha representado al partido y se ha destacado en el cabildo distrital, es aún muy prematuro como para ponerlo en los primeros renglones, pasando por alto a quienes están hoy.

Poder atajar el descontento o acrecentar el inconformismo dependerá de un asunto crucial: de si el Centro Democrático se la jugará por una lista cerrada o una abierta. La primera alternativa, por la que apostó el partido en su debut en 2014, implica que el votante da su apoyo a todo el partido como un todo y, según los votos que se saquen, se asignará un determinado número de curules. En esta modalidad es crucial el orden en el que estén organizados los candidatos, pues de ello dependerá quiénes entran o no de acuerdo con el total de votos.

En la lista abierta o voto preferente, en cambio, cada quien compite por sus votos y la representación es individual. Por este mecanismo se la jugó el uribismo en las elecciones de 2018, teniendo en cuenta que ya había nombres más posicionados y consolidados en el juego electoral. “Si es cerrada, habrá dificultad y tensión si los que acaban de llegar quedan en las primeras posiciones y nos terminan excluyendo; si es abierta, será mejor”, opina uno de los parlamentarios. “La abierta es una buena forma de que la gente vaya trabajando con su capital político y se evitan los favoritismos tan prevalentes”, alega otro congresista.

El Espectador también consultó a parlamentarios uribistas que, con nombre propio, hicieron su lectura de la situación, reivindicando que aún no se ha definido cómo será el proceso de conformación de las listas y ratificando su apoyo incondicional a lo que el expresidente y sus directivas decidan frente al proceso. “No conozco cómo se organizarán esas listas. Todavía no hemos tenido información de cómo será ese proceso. En todo caso, lo que nuestro presidente Uribe decida es lo que vamos a acatar”, dice la senadora Milla Romero.

En esa línea, el senador Nicolás Araújo insiste en que “no es momento de pensar en puestos honoríficos dentro de las listas, pues lo importante es jalar para un mismo lado” y conservar las banderas que hoy tienen al uribismo en el poder. Aunque aboga por una lista cerrada, “como método para fortalecer el partido”, el parlamentario propone que, tanto en el Centro Democrático como en los otros partidos, haya un mecanismo intermitente y de alternancia que permita que haya una elección con lista cerrada exclusivamente y otra abierta, “para garantizar democracia interna y renovación”.

A su turno, la representante antioqueña Margarita Restrepo confía en que la conformación de las listas será un ejercicio democrático y ante la llegada de nuevos jugadores al partido destaca que “caben todos unidos” y que en política se trata de sumar. “No he oído hablar de la conformación de los puestos aún. En caso de que sea Miguel Uribe hay que abrir la discusión democrática si nos la jugamos por él o por alguien del partido. Aquí se trata de darle la oportunidad a otros sectores. Es un ejercicio enriquecedor”, dice Restrepo.

“No creo que haya descontento. Bienvenido Miguel Uribe y Jorge Cárdenas. Creo en el mérito, así como en la invitación a ilustres, también a mujeres y jóvenes. En eso nos vamos a enfocar: en gente que le quiera servir al país. Esto no es un partido de elite, sino de base”, precisa a su vez el representante Edward Rodríguez. “Bienvenidos todos, necesitamos muchos más con hojas de vida maravillosas para pasar a tener 25 senadores”, agrega, por su lado, el senador John Harold Suárez.

El proceso de conformación de las listas, y el mecanismo por el que se la juegue el Centro Democrático, aún está en discusión y no hay nada escrito. Sin embargo, resta poco más de un año para las elecciones parlamentarias de marzo de 2022. Por ello, de cómo se atiendan los reclamos y se surta el proceso en el partido será fundamental para garantizar la disciplina parlamentaria e incluso, evitar disidencias del uribismo. Se trata de una situación de la que no está exento ninguno en democracia.

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