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Como reza el viejo adagio, que poco se sabe de brujas pero de que las hay las hay, así acontece en Colombia con la llamada “mano negra”. Pocos se atreven a manifestar cómo actúa y quiénes la componen, pero cada vez que se perpetra un hecho delictivo sin explicación convincente, o en el entorno político del país se tiende a polarizar la opinión en materia de seguridad, vuelve a ser mentada la mano negra. Sólo que esta vez el que la mencionó fue el presidente Juan Manuel Santos y ahora ha sido asociada al contexto de amenazas que obligaron a salir del país al representante a la Cámara Miguel Gómez Martínez.
No obstante, el comentario de Santos se produjo antes de que se supiera de las amenazas de Miguel Gómez y de la explosión de un petardo de mediano poder contra el busto del expresidente Laureano Gómez –abuelo del representante–, ubicado en la calle 95 con carrera 19. Y el primer mandatario habló no de una sino de dos manos negras. La de la extrema izquierda, representada por las Farc, que pretenden que la gente crea que todavía son fuertes; y la de la extrema derecha, “que no quiere que se repare a las víctimas, o que se restituya a los campesinos y quiere exagerar con la inseguridad del país”.
Las expresiones del jefe de Estado causaron reacción. La del exministro del Interior y periodista, Fernando Londoño, quien de alguna manera sintiéndose aludido como público crítico de la recién aprobada Ley de Víctimas y Restitución de Tierras, se despachó con un editorial en el que rechazó los comentarios del presidente sobre la mano negra. Londoño volvió a calificar la ley de esperpento, al tiempo que expresó su desacuerdo por lo que considera retrocesos en la política de Seguridad Democrática. Y finalizó diciendo: “Somos periodistas libres que aspiramos seguir viviendo en un país con libertad”.
Y justo cuando los comentarios del presidente Santos encontraban réplica, trascendió que en Estados Unidos, ante tres representantes a la Cámara que investigan la presunta responsabilidad del expresidente Ernesto Samper en el crimen del dirigente conservador Álvaro Gómez Hurtado, el extraditado narcotraficante Hernando Gómez Bustamante, alias Rasguño, volvió a hablar sobre el tema. Y dentro de lo que se ha sabido, una vez más salió a relucir la versión de un complot político con participación de altas personalidades para impedir que Gómez Hurtado siguiera criticando al gobierno Samper.
Y cada que surge el tema del magnicidio de Álvaro Gómez, ocurrido en noviembre de 1995, se enturbia el ambiente. Por eso ayer, el exsenador Enrique Gómez, hermano del asesinado dirigente conservador, afirmó que los avances en la investigación son los que explican porqué su hijo Miguel ha sido amenazado y tuvo que salir del país. Y agregó: “Nosotros sabemos quién es el asesino de mi hermano y lo vamos a revelar en un libro, pero en este momento no puedo decir su nombre por las implicaciones que todos conocemos. Aquí en Colombia al que habla lo matan (...), pero la persona que le llevó US$6 millones a Samper es el jefe del atentado”.
A las declaraciones del exsenador Gómez respondió el ministro del Interior, Germán Vargas, quien manifestó que en el momento en que lo sugiera o desee regresar a Colombia, el Ministerio se hará cargo de la seguridad personal de Miguel Gómez y todos los miembros de su familia. Para el Gobierno resulta “coincidente y sospechoso” que cuando la investigación por el asesinato de Gómez entra en una etapa crucial, se presenten estos hechos. El ministro de Defensa, Rodrigo Rivera, señaló en términos más concretos que no se puede descartar la hipótesis de que la mano negra de extrema derecha esté vinculada.
Lo único cierto es que el pasado 1 de junio, en el mismo sector de la calle 95 con carrera 19, había sido encontrada una carga de 12 kilos de indugel que fue desactivada. Pero en la noche del pasado jueves, una carga de menor poder hizo explosión y afectó el pedestal del monumento de homenaje a Laureano Gómez. La alcaldesa de Bogotá, Clara López, calificó lo sucedido como “un hecho de intolerancia inaceptable (...) es muy grave para nuestro ambiente social, y éste fue un ataque salvaje para la ciudad”. Las autoridades de Policía siguen investigando quien está detrás de este atentado terrorista.
Por ahora, la sumatoria de hechos y comentarios sobre la mano negra ha vuelto a revivir la paranoia de que alguien quiere pescar en el río revuelto de la polarización política. Y no es la primera vez. En los últimos tiempos en Colombia, cada que comienza a cobrar forma un ambiente de diálogo, no falta la acción violenta que sin claras razones genera un ambiente de inseguridad que convoca a tomar medidas de choque. Es el manido argumento de la mano negra, de izquierda o derecha, pero que contribuye a crear zozobra. Por eso, la alcaldesa Clara López se comprometió a entregar resultados que aclaren qué hay detrás del atentado al busto del expresidente Laureano Gómez.