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Médicos no pueden morir por falta de protección: gerente del coronavirus

Luis Guillermo Plata habló sobre la reserva de implementos de bioseguridad que está construyendo el Gobierno. También hizo referencia a cómo va la entrega de ventiladores y la estrategia Prass en el país.

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16 de julio de 2020 - 01:00 p. m.
Luis Guillermo Plata, gerente contra el Coronavirus, ha sido el artífice de la reserva de implementos de bioseguridad.
Luis Guillermo Plata, gerente contra el Coronavirus, ha sido el artífice de la reserva de implementos de bioseguridad.
Foto: Archivo
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El Gobierno, a través de la gerencia para la Estrategia contra el Coronavirus, anunció esta semana la creación de una Reserva Estratégica Nacional de Material de Protección Personal. Ubicada en Bogotá, esta bodega guardará más de 68 millones de implementos de bioseguridad (tapabocas, tapabocas N95, guantes, batas, entre otros), todos implementos de primera necesidad ante el nuevo coronavirus y que será repartidos en caso de escasez. Esta ha sido una de las grandes apuestas de la cartera administrada por Luis Guillermo Plata para hacerle frente a la pandemia y se une a la estrategia Prass (Pruebas, Rastreo y Aislamiento Selectivo Sostenible) y a la compra de ventiladores como los programas bandera para atender la pandemia.

En diálogo con El Espectador, Plata explicó cómo fue la construcción de la reserva, cómo será usada y qué implicaciones tiene frente a la obligación de que IPS y ARL suministren los implementos de bioseguridad al personal de salud. De igual manera, explicó de qué se trató el malentendido con la alcaldesa Claudia López por los ventiladores que supuestamente no funcionaban y dio un parte parcial de la estrategia Prass, la metodología aplicada en Cartagena, Palmira y Quibdó para frenar el contagio por el COVID-19

¿Qué hay en la reserva? ¿Qué implicaciones tiene cuando se ha dicho que son las IPS las que deben suministrar estos artículos?

Esta idea de la reserva es para tener una capacidad de respuesta ante una eventualidad o una crisis muy pronunciada, porque las cosas que suceden en la pandemia son impredecibles. Es cierto que son las ARL y las IPS las que deben suministrar los implementos de bioseguridad a los trabajadores de la salud. Si yo trabajo en un hospital, pues son ellos los que me tienen que dar guantes, tapabocas y todo lo demás. Pero, entendiendo que estamos en un tiempo de pandemia, el Gobierno no puede correr el riesgo de que estos implementos no alcancen o no lleguen a tiempo.

Por eso creamos la reserva para poderle echar mano en momentos de dificultad. Lo que no puede pasar es que los médicos dejen de hacer su trabajo o se mueran porque no tienen protección. El Gobierno tiene que asegurar que esos recursos estén ahí y se usen cuando sea necesario. Si no se usa parte de ella, está bien. Son elementos que no son perecederos y que pueden usarse ante un posible rebrote de la pandemia, como está ocurriendo en Estados Unidos. Tenemos con qué responder. La reserva no es solo para mantenerla por seis meses, es para tenerla en el tiempo. Esa reserva tiene que servirnos como una despensa donde uno va a buscar cuando algo haga falta.

¿Estos artículos cómo serán entregados? ¿Se les venderán a las IPS y ARL?

No son para la venta. Estos nueve elementos (tapabocas, tapabocas N95, gorros, gafas, polainas, batas antifluido, guantes, entre otros) son productos esenciales y son los de mayor uso. Son elementos de altísima rotación, sobre todo porque ahora cualquier persona que llegue a un hospital, sin importar la razón, debe ser tratado bajo la sospecha del COVID. Eso implica que estos elementos se gastan muy rápido para evitar un contagio masivo. El Ministerio de Salud nos envió un instructivo de cómo repartirlos y lo haremos a la medida de que se vayan necesitando. Hay criterios como número de casos, población y acceso a estos artículos. El criterio más importante es necesidad. No importa el tamaño de la ciudad, sino si esta está desprovista o no de estos objetos de bioseguridad.

¿Cómo se va a entrar a trabajar en poblaciones como Quibdó, Leticia y otras zonas donde no se tienen estos implementos? ¿Por qué hasta ahora se entrega estos objetos y no antes?

La reserva hasta ahora se está constituyendo, no apareció de un día a otro. La reserva obedece a las necesidades y la posibilidad de compra. Aquí hay que abrir convocatorias y hacer todo el procedimiento. También hay que ver que solo hasta hace muy poco tiempo la pandemia ha comenzado a crecer en una manera importante en el país. Hace dos meses no era evidente una falta de elementos a nivel nacional. Sé que había poblaciones que se quejaban por falta de implementos pero no teníamos todavía un crecimiento importante. Ahora estamos viendo más de 4.000 infectados diarios y la reserva toca sacarla ahora. No era para repartirla hace dos meses y ahora estar limpios sin capacidad de respuesta. Por eso es que se llama reserva.

¿Cómo va a ser la estrategia con las ARL e IPS para que no se escuden en esa esta reserva para desentenderse de su obligación?

Esta reserva no los exime de cumplir la ley. La Superintendencia de Salud ha estado muy pendiente y esto es solo para casos excepcionales, cuando no los hay. Si un departamento o una ciudad no tienen implementos pues el Gobierno debe responder y maniobrar.

¿Cómo fue el proceso de alimentar la reserva con elementos de tanta disputa a nivel mundial por la pandemia?

Ha sido muy complicado. Hay elementos que no se conseguían en el mercado mundial como los N95. Estos han sido muy disputados y solo nos hemos podido hacer a ellos poco a poco. Es un mercado de escasez y la reserva nunca va a estar completa, porque de una entran cosas y van saliendo otras. Hay otra parte que hemos trabajado con proveedores nacionales y ha sido fundamental. Esos elementos son sobre todo los confeccionados: gorros, batas, polainas y similares. Ha sido una combinación de importaciones y de fabricación nacional. Hemos ido consiguiendo las cosas.

¿Cómo va la entrega de ventiladores? ¿Cuáles eran los problemas en Bogotá?

Yo no lo llamaría problemas, es parte del trabajo. Lo que pasa es que hay que entender muy bien cómo funcionan los ventiladores. Este es un mercado grande, difícil, en el que hemos salido a buscar. El problema no termina allí. Después de comprarlos viene el problema de poner un ventilador a funcionar. Eso implica muchas cosas que no son evidentes, eso no es como una lámpara que se conecta a la pared y arrancó. Lo primero que hay que hacer es ensamblarlos y determinar a dónde van. Uno les dice a las ciudades le tengo tantos ventiladores y pues para ese gobierno local es un problema encontrarles un lugar para ponerlos a funcionar con la conexión a oxígeno y los demás implementos de una Unidad de Cuidados Intensivos.

También se necesita los médicos y técnicos para que esos ventiladores funcionen. Terminan siendo una papa caliente mientras se encuentra el hospital en el que se puedan llevar. Luego viene el problema de ajuste y calibración. Esos ajustes son muy sensibles porque funcionan a diferentes presiones -no es lo mismo un ventilador en Bogotá que uno en Barranquilla-. Para ese ajuste toca mandar a un equipo que tiene a un ingeniero, a dos técnicos y un terapeuta respiratorio. También toca capacitar a las personas para que manejen en el ventilador. Estos procesos no se pueden saltar. Por eso es falso decir que un ventilador no funciona porque no está calibrado. Es como decir que el carro no funciona porque no está sincronizado. Se necesita tiempo y paciencia, pero la cosa va marchando bien. En Bogotá ya se ha entregado casi 400 ventiladores y en todo el país un poco menos de 1.000. Los ventiladores están llegando regularmente, pero eso requiere de un tiempo para ponerlos a funcionar.

¿Bogotá se equivocó al pedir ventiladores y no pensar en el resto de infraestructura?

No, el problema no es la infraestructura porque eso se va acordando. Se requiere es de paciencia. Hay que entender que se tenían que hacer ajustes y no que los ventiladores estuvieran dañados.

¿Qué ha pasado con la estrategia Prass?

Vamos marchando. El Prass los vamos extendiendo y estamos en el proceso de trabajar con las regiones para ampliar la capacidad de pruebas y de identificación de contagios. El Prass se ha venido haciendo desde el principio, pero ahora lo estamos estandarizando y llevando a nivel nacional.

¿Cuál ha sido el balance en Cartagena, Quibdó y Palmira, las tres ciudades piloto de la propuesta?

Vamos avanzando. Hay un trabajo importante, pero hay problemas todavía con lo que es la velocidad de ejecución de las pruebas. Hay que seguir mejorando. También hay que mejorar la capacidad de rastreo de contagios porque ahorita está como máximo cinco y tenemos que elevarlo por lo menos a 10. Todo esto los estamos trabajando para que el Prass se haga en una escala mucho más grande.

¿Se va a llevar a otras ciudades en el corto plazo?

Vamos ampliando. Lo principal ahora es montar un call center con una capacidad importante para aumentar el rastreo. El rastreo es por vía telefónica. Uno se imagina el rastreo con gente moviéndose en la calle pero con una pandemia eso no es la idea. Estamos trabajando en ese tema para aumentar la capacidad de rastreo.

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