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Ante un mercado editorial colmado de un estilo de narrativa que resulta, en muchos casos, impositivo y deja fuera a muchas voces, la Editorial Comunitaria Kutusoma propone y presenta un libro que se siente como un arrullo y una proclama a la vez: Melodías Escritas: Líneas Sonoras.
Este poemario, nacido del Semillero de Escritura Creativa Afrocentrada llevado adelante por la editorial, no es simplemente un libro; es un territorio recuperado a través de la palabra. Bajo la dirección editorial de Daniela Ibarguen, la coordinación de María Patricia Castillo Mosquera y la edición de Alma Fernández y Javier Hurtado, once voces (Luisa Zúñiga, Melina Eliana Sánchez, Ángel Palacios Abadía, Ariadna Margarita Delgado Beraun, Óscar Darío Carrasquilla Herrera, Maria Alejandra Oviedo Rogel, Carlos Rojano, Lynn Puello, Yesica Blanco Lozano, Sinay Medouze y Siruma López-Gómez) se trenzan para decirnos que, a pesar de la invisibilización, sus historias están más vivas que nunca.
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Como menciono en el prólogo de este libro: “leer estas páginas es adentrarse en un universo que palpita con la fuerza de la herencia afrodescendiente; un canto que danza entre el currulao, el bunde y el bullerengue”. Al leer Melodías Escritas: Líneas Sonoras, es imposible no sentir el rastro de las narradoras y poetas afrocolombianas con gran trayectoria. Hay en estos versos una conexión con la escritura de Mary Grueso Romero, que le canta a la muñeca negra y con ello mima las almas de las niñeces negras del país, o con la fuerza telúrica de Candelaria Obeso.
Considero que la obra se destaca por convertir el cuerpo en lenguaje. Luisa Zúñiga, en su poema “Memorias”, nos recuerda que la identidad es un mapa trazado por las que vinieron antes: “en mi cuerpo predominan / los caminos de mi abuela / quien al son de un currulao, / remeneaba la cadera”. No es solo nostalgia; es la reafirmación de una sabiduría ancestral que a muchos se nos olvida. Mientras tanto, Melina Eliana Sánchez confronta el vacío histórico impuesto a la herencia africana en el país. Ante la falta de fechas y precisiones en su árbol genealógico, concluye con una verdad rotunda que resuena como un grito que busca recuperar la libertad ya dada: “falta el nombre de mi madre: / mi madre es África”.
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Asimismo, en el libro podemos encontrar historias que resuenan por su profundidad y que incluso podríamos considerar como denuncias. Ariadna Margarita Delgado Beraun pone sobre la mesa en “Para invisibilizarte” los mecanismos del racismo estructural: el robo del nombre, la negación de los padres y el exilio simbólico. Frente a esto, la poesía se erige como un “acto de resistencia, rehistorización y amor”, una forma de lucha contra el olvido y la invisibilización.
Es particular cómo este conjunto de voces y temáticas diferentes pueden unirse en un mismo texto, encontrando incluso cartas dirigidas a la celebración de lo cotidiano, como en los escritos de Óscar Darío Carrasquilla Herrera acerca de los “lanceros valientes” y el aroma de la Candia, esa semilla que llegó a América oculta en esos cabellos que crecen hacia el cielo como un tesoro de soberanía alimentaria y cultural.
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Es importante destacar el trabajo gráfico de Edinson Montaño David, el cual complementa una edición que invita al lector a sumergirse con el corazón abierto en este viaje hacia el alma de la cultura afro; viaje que va más allá del reconocimiento de un estilo de habla y narración, y se sumerge sobre la forma de relatar desde lo no escrito, los colores y las formas.
Por todo lo anterior, concluyo que quienes lean Melodías Escritas; Líneas Sonoras entenderán que es, en definitiva, ese tambor que marca el paso de un nuevo despertar literario que no pide permiso, porque ya es dueño de su propio ritmo.
La autora dirige el Centro de Investigaciones de Kutusoma.
*La editorial Kutusoma hace presencia en la Feria del Libro de Bogotá 2026 y allí, en el pabellón 17 (estand 1413 de “No me olvides - libros”), puede adquirir la obra Melodías escritas: líneas sonoras.
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