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“Mi vida gira en torno a mi mamá”, dice Esther, una mujer de 43 años que limpia oficinas en la madrugada para poder cuidar durante el día a sus padres enfermos y a sus dos hijas adolescentes. Su madre quedó dependiente tras un accidente cerebrovascular y su padre, de 80 años, padece Alzheimer. Entre medicamentos, consultas y tareas domésticas, Esther organiza su jornada alrededor de las necesidades de los demás. El único espacio que le queda para trabajar es la madrugada, en un empleo informal que apenas le permite sobrevivir.
Historias como la de Esther aparecen con frecuencia en investigaciones sobre trabajo y cuidado en Colombia. Al mismo tiempo, el país atraviesa una transición demográfica acelerada: nacen menos niños, los hogares son más pequeños y la población envejece con rapidez. También aumentan los hogares monoparentales: hoy casi 4 de cada 10 menores viven solo con su madre. En conjunto, estos cambios están transformando la forma en que las familias organizan el cuidado y plantean nuevos desafíos sociales y económicos.
En el otro extremo, las mujeres más jóvenes y con mayor educación están teniendo cada vez menos hijos. En entrevistas realizadas en Bogotá, varias explicaron sus razones. Una mujer de 33 años lo resumía así: “Siempre prioricé mi carrera profesional […] no sé cómo manejaría mi crecimiento laboral si tuviera que dejar de trabajar para cuidar un hijo”. Entre los motivos figuran los costos de la maternidad, las barreras laborales y la expectativa de asumir una mayor carga de cuidado en el hogar.
Y esos costos no son solo percepciones. Aunque las mujeres tienen en promedio más años de educación que los hombres, enfrentan mayores tasas de inactividad y desempleo. Una razón central es la dificultad para delegar responsabilidades de cuidado.
A esto se suman prácticas discriminatorias persistentes. En una encuesta representativa realizada en Bogotá en 2024, el 36 % de las mujeres reportó que le pidieron una prueba de embarazo para acceder a un empleo y el 55 % dijo haber recibido preguntas sobre sus responsabilidades de cuidado en procesos de selección. La evidencia es consistente: mientras la paternidad suele beneficiar a los hombres en el mercado laboral, la maternidad continúa penalizando a las mujeres.
En los últimos años el país ha comenzado a reconocer esta problemática. La Política Nacional de Cuidado (CONPES 4143), aprobada en 2025, plantea crear un Sistema Nacional de Cuidado con acciones hasta 2034 y una inversión estimada de 25,6 billones de pesos. Sin embargo, su implementación apenas comienza y la mayor parte del cuidado en Colombia sigue realizándose de forma no remunerada en los hogares, principalmente por mujeres.
En un contexto preelectoral en el que el país discute seguridad, salud, crecimiento económico y reformas institucionales, la organización social del cuidado aún aparece de manera marginal en el debate público. Sin embargo, la rápida transición demográfica, menos nacimientos y una población que envejece, implica que el cuidado será cada vez más central para el funcionamiento del mercado laboral, la sostenibilidad de los hogares y la calidad de vida de millones de personas.
Discutir el futuro del país sin hablar de cuidado equivale a ignorar una de las infraestructuras invisibles que sostienen la economía y la vida social. El cuidado es solo uno de los múltiples desafíos que enfrentan hoy las mujeres en Colombia, pero es uno que marcará profundamente el futuro del país. La pregunta no es si Colombia está cambiando —eso ya ocurrió— sino si quienes aspiran a gobernar el país están dispuestos a asumir las transformaciones que ese cambio exige.
Este artículo se basa en investigaciones recientes del proyecto Digna, Trabajo y Género de la Universidad de los Andes.
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