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En casi todas las reuniones familiares y sociales alguien cuenta la historia de un joven que llegó a trabajar a su empresa, con el que varios compañeros adultos ya han tenido problemas de comunicación y al que casi nadie soporta ¿Le suena esta historia? Si su respuesta es sí, estas reflexiones son para usted.
Actualmente las compañías en Colombia enfrentan el desafío del choque generacional entre millennials y centennials, por un lado, y generación X, por el otro lado, algo que está provocando problemas de comunicación y de convivencia en varios equipos de trabajo.
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La generación X, para que hablemos el mismo idioma, son las personas nacidas entre 1965 y 1980. Es decir son quienes a la fecha tienen entre 44 y 59 años. Los millennials, por su parte, nacieron entre 1981 y 1995. Tienen hoy en día entre 29 y 43 años. Y los centennials entre 1996 y 2010. Actualmente están entre 14 y 28 años.
Aunque cada uno tiene características que los hacen personas virtuosas y valiosas para las empresas, también tienen elementos que provocan que tengan más de un roce al momento de trabajar en equipo.
La generación X, por ejemplo, la componen personas que se adaptan con mucha facilidad a cualquier trabajo. Esto sucede porque para la mayoría de ellos lo más importante es el salario sin importar cuál sea la labor y cuántas horas al día tengan que estar en ella.
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La importancia del salario radica en que muchas de estas personas necesitan tener estabilidad, casa propia, carro -o carros- y asegurar la educación para sus hijos, entre otros gastos.
Los millennials, entre tanto, introdujeron una expresión a las empresas que ha resultado novedosa: el “salario emocional”. Esto significa que aunque el pago es importante para ellos, también hay otras cosas: flexibilidad laboral, beneficios, desafíos, crecimiento y muchos espacios libres. La mayoría de esta generación trabaja para vivir y no vive para trabajar.
Están muy metidos en la tecnología y se interconectan y comunican entre ellos bastante. Valoran mucho la diversidad, la inclusión y tienen la tendencia a buscar un equilibrio entre la vida laboral y la vida personal. En otras palabras, el “salario emocional”.
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Y los centennials son nativos digitales. En poco tiempo son capaces de crear artilugios tecnológicos que la generación X ni siquiera sabe que se pueden hacer. Algunos de ellos son muy ansiosos, prefieren las cosas directas y sin intermediarios. Son autodidactas y muchos ya tienen negocios en internet y en las redes sociales.
Estas características hacen que cada uno pueda cumplir un rol importante en las compañías si las empresas asimilan que son diferentes y los ubican en puestos y labores que estén acorde con sus virtudes.
Los centennials, por ejemplo, son ideales para crear herramientas tecnológicas, ser creativos y desarrollar ideas rápidamente y saltando intermediarios. Y la generación X es la planeadora, la que se toma el tiempo para estar en reuniones y analizar cada paso antes de darlo. Son detallistas y, debido a sus edades, tienen la experiencia de la que carecen las otras generaciones.
Los millennials tiene una mente abierta, están en la capacidad de estructurar una situación y encontrarle caminos y soluciones. Pueden meter a las empresas en proyectos inclusivos, novedosos y que aporten al medio ambiente y la sostenibilidad. Claro, siempre y cuando les permitan home office y flexibilidad en sus horarios.
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Una de las fórmulas es encontrar para qué es buena cada generación y en qué le puede aportar más a la empresa. Si pones a una persona de la generación X a que te desarrolle una plataforma tecnológica para vender un producto, seguramente se va a tardar un poco más. Pero si le pides que te haga un plan de gastos a mediano y largo plazo o a buscar recursos en algunas áreas de la compañía, son las personas adecuadas.
Y si le pides a un millennial o a un centennial que cree una plataforma para acelerar procesos tecnológicos en la empresa o para tener productos saludables y amigables con el medio ambiente, estás identificando cuáles son sus virtudes.
Este choque generacional es tan solo uno de los desafíos que tienen varias empresas actualmente en el país, pero hay más: los temores de algunos trabajadores a ser despedidos o al futuro de la economía, solamente por mencionar dos.
Ante esto, la mejor decisión para una empresa es invertir en la fortaleza emocional de sus trabajadores, en el crecimiento de los equipos de trabajo y en las habilidades blandas de sus colaboradores, una de las principales variables en la contratación actualmente en Colombia y en el mundo.
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