Hacerse a un ministerio y poner allí a uno de los suyos es una pretensión apenas normal para un partido político. No solo le asegura representatividad política en el Gobierno, sino que implica puestos, acceso directo al presidente, participación en deliberaciones y, por supuesto, desarrollo de políticas públicas que luego ayudan a conseguir votos. Sin embargo, justo cuando Iván Duque intensifica el coqueteo con las colectividades en búsqueda de aliados para afianzar su coalición legislativa, una de sus carteras (próxima a quedar acéfala) sobresale como el “patito feo” al que todos le hacen el quite: el Ministerio del Trabajo.
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¿La razón? Si bien la cartera laboral manejará en 2020 un presupuesto que asciende nada menos que a $31,5 billones —recursos suficientes para hacer la primera línea del metro de Bogotá y aun sobrándole plata ($10 billones)—, Cambio Radical, la U ni los conservadores quieren asumirla, debido a que también implica asumir el liderazgo de las anunciadas reformas laboral y pensional que prepara el Ejecutivo.
El descontento frente a ambos proyectos, admiten pesos pesados de esos partidos consultados por El Espectador, no solo es evidente en la oposición reiterada que se ha expresado en los dos últimos meses a través del paro nacional, sino que es fácilmente palpable tras las declaraciones de la saliente ministra Alicia Arango, quien en menos de diez días asumirá la cartera del Interior, no sin antes haber delineado parte de las reformas.
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En una comentada entrevista a Noticias Caracol el fin de semana, Arango soltó una perla que aún la mantiene como tendencia. Al explicar los cambios que se planean en materia pensional —como combinar el régimen de ahorro individual con el de prima media (Colpensiones) y darles prioridad a los adultos mayores— salió en defensa de la contratación por horas, insistiendo que “Colombia tiene que cambiar su forma de contratar” para que más personas coticen.
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Para ejemplificar ese cambio y refiriéndose a la formalización de empleos, puso el caso de un ingeniero de sistemas “(a quien) tú no necesitas todo el día en la oficina, sino dos horas”. La afirmación le ha valido centenares de críticas y la tienen como comidilla en las redes sociales, al punto que el propio Duque tuvo que salir a apagar el incendio asegurando que era un ejemplo que cubría “escenarios generales. No lo hizo para referirse y demeritar una profesión”.
Al margen de esta salida en falso, lo que sí demuestra es cuán sensibles y delicados son los asuntos pensionales y laborales para los colombianos, teniendo en cuenta además que, según el propio Gobierno, solo uno de cada cuatro adultos mayores tiene algún tipo de protección pensional, y que la tasa de desempleo en jóvenes es del 18 %. Revertir esa situación a través de las reformas es el desafío que se avizora; no obstante —alegan los congresistas— demanda poner en riesgo su capital político.
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Para un destacado senador del Partido Conservador, que por supuesto pidió no ser nombrado, la problemática no recae necesariamente en asumir e impulsar los proyectos, sino que el mismo Gobierno ya esbozó lo que se busca, restando oportunidad de que se pueda participar o trabajar sobre otras propuestas. “Es complicado asumir una cartera para presentar de sopetón proyectos de reforma laboral y pensional sin que hayamos participado en su concepción. Es difícil que nos suelten un carro en la carrera cuando ya se está tan cerca de la meta. Mejor dicho, ya es tarde para trabajar ambas iniciativas”, aseguró.
Por otro lado, en Cambio Radical —hoy declarado en independencia, pero al que Duque busca sumar como partido de gobierno— el reparo es que, si bien hay brochazos de las reformas, “son temas que no se han concertado, ni socializado con los partidos”, dijo un congresista. Adicionalmente, en la U, una legisladora alegó que “será tan duro el debate de esos temas en el Congreso, que no es conveniente que los asuma un partido diferente al Centro Democrático. Sin embargo, desde ya nadie los va a aceptar como vienen”.
Precisamente, en eso parecen coincidir los congresistas consultados: que el liderazgo de las reformas pensional y laboral solo puede caer en el partido de gobierno, en alguien de la entraña, léase uribismo. No obstante, ello supondría que el presidente pierda la oportunidad de jugar con una carta como el Ministerio de Trabajo, una plaza que —en sana representación política— podría concertar con los partidos en pro de acuerdos programáticos.
La resistencia frente a la cartera laboral deja entrever también que lo que verdaderamente apetecen los partidos es quedarse con otro ministerio acéfalo: el de Salud, pues —coinciden— guarda más afinidad con los temas que han trabajado en el Congreso y dicen tener los perfiles para su manejo. En la U, por ejemplo, se habla de que la llamada a ocuparlo sería Dilian Francisca Toro, exgobernadora del Valle. Incluso, hay algunos partidos más osados que se atreven a reclamar desde ya la cartera de Agricultura, hoy en cabeza del ministro Andrés Valencia.
Lo cierto con todo este panorama es que la codiciada coalición partidista que ambiciona el presidente Duque dependerá, en buena medida, de qué tan bien juegue sus cartas, sepa sortear los inconformismos y logre alcanzar consensos, sin que eso se traduzca en quedar preso de los partidos. La “palomita” arranca con el Ministerio de Trabajo.
jgonzalez@elespectador.com