13 Sep 2021 - 2:00 a. m.

“No me veo uniendo fuerzas con el Pacto Histórico de aquí a mayo”: A. Gaviria

El exministro reitera que en esta carrera presidencial no va a poner en riesgo sus valores ni a convertirse en el candidato de la política tradicional. Reflexiona también sobre la humanidad en la política.

Para Alejandro Gaviria, el combate político no puede arrasar con la “lealtad a uno mismo”. Luego de meses de rumores en torno a su candidatura presidencial, Gaviria se lanzó oficialmente el pasado 27 de agosto. Desde ese momento ha reiterado en múltiples espacios que desea unir al centro y que el debate de quienes intentan llegar a la Casa de Nariño debe librarse sin las mentiras comúnmente utilizadas por sectores para ganar votos y debe llenarse de serenidad y de respeto por quienes piensan distinto.

En esta entrevista, Alejandro Gaviria no solo repasa esos puntos, que considera centrales en su propuesta para ganar las elecciones de 2022. Afirma que no es un candidato tibio, reitera que no es el candidato del expresidente Juan Manuel Santos y tampoco el de César Gaviria. Entre muchas cosas, habla sobre la paradoja de ser una figura pública y aspirar a la Presidencia: “La gente quiere políticos humanos, pero no admite la imperfección”, resaltó, agregando que espera que esos “leones políticos” se demoren en llegar a su campaña.

Inició oficialmente la recolección de firmas para su campaña presidencial. ¿Cómo se siente?

Me siento bien, incluso mejor de lo que había anticipado. La semana del lanzamiento fue la de efervescencia. Esta es la semana de transición. Es una interacción distinta y me ha impresionado que la gente quiere respuestas puntuales sobre las conexiones políticas, el medio ambiente, lo tributario. Es un diálogo con los ciudadanos que me parece más sofisticado de lo que había anticipado. He notado entusiasmo. Tengo una visión de Colombia que he construido como académico y funcionario, pero esa visión necesita más historias, necesita alimentarse de la etnografía de todos los días.

En contexto: Alejandro Gaviria y el desafío de encarar la expectativa

Para que usted se lanzara, su esposa tuvo que dejar la codirección del Banco de la República; es decir, poner por encima su aspiración. ¿Cómo tomaron esa decisión?

Fue una conversación en familia, pero nunca fue tensionante. Sabíamos que estaba el tema profesional, pero no era lo que más nos preocupaba. Mi esposa y yo pensamos que, pase lo que pase, podemos reinventarnos en cualquier lugar de la economía. Lo que más nos preocupaba era perder la vida familiar, la vida íntima. Tanto que la semana que anuncié, sobre las 10 de la noche, estaba editando el discurso de lanzamiento y mi esposa entra casi llorando y me dice que no quería perder nuestra vida. Fue duro porque ser candidato presidencial implica un nivel de exposición muy alto. Fue algo que anticipamos, pero ha sido más alto de lo que esperábamos. Hay una paradoja: la gente quiere políticos humanos, pero no admite la imperfección. ¿Cómo luchar con eso? Es muy difícil. Además, encontré una nueva vulnerabilidad: escribir cerca 400 columnas en El Espectador y ahora las están mirando con lupa, la traen al debate fuera de contexto.

Su hija mencionó que esta aspiración presidencial era una ambición personal. ¿Cómo balancea ese ego propio de las carreras electorales y la visión de país que dice tener?

Hay una tensión entre ambas cosas. No es fácil creerlo, pero detrás de la decisión de lanzarme hubo una intención de Carolina y mía, incluso de la familia, de aportar al país. Yo había pasado mi tiempo como rector diciendo que la universidad se tiene que conectar más y que tenemos que ser agentes de transformación. Me habría parecido contradictorio en un momento crítico para el país cerrar esta puerta por completo. Pero, tengo que aceptar que nadie se mete en esto sin algo de ambición, no económica, sino de trascender más en mi vida. Antes era profesor y opinador. La política conjuga los egos, pero también atrae a personas que quieren aportar. Esto tiene una dimensión altruista después de todo.

Su perfil es muy parecido al de Sergio Fajardo y ambos buscan conquistar el centro. ¿Cómo blindarse de que lo perciban como a un “tibio” más?

Una cosa es la neutralidad, con la que no estoy de acuerdo, y la tibieza que, como se entiende en Colombia, es no tener opinión definida sobre los asuntos del país. Y otra cosa es el centro político, que tiene que incluir una visión de cómo se conduce la política. A nadie le pueden decir tibio si lanza una campaña diciendo que está a favor de la eutanasia, del aborto, de un abordaje distinto al problema de las drogas, y una defensa a la protesta social. Acepto que, de entrada, tengo una posición polémica en los temas de libertades de pensamiento y la separación de iglesia y Estado, y que no soy una persona creyente en el sentido tradicional. Con esto no puedo ser tibio.

Esta campaña va a ser muy fuerte en el tema programático. Queremos producir un documento de dos páginas cada semana, socializarlo, hacer propuestas. Es lo que me corresponde también como académico. Quiero plantear propuestas de medio ambiente que sean serias conceptualmente. Tengo en el ideario que la industria carbonera no le aporta nada a la sociedad, mientras que otros candidatos hablan de la protección del medio ambiente pero sus propuestas son un masacote. Hablando de eso, he extrañado de la Coalición de la Esperanza y de Sergio Fajardo que han sido menos reiterativos en el tema programático. Habría esperado que ellos tuvieran unas propuestas sobre diferentes temas de país.

Los uribistas dicen que usted es un santista, algunos le reprochan haber trabajado en el gobierno de Uribe y otros más dicen que tiene detrás a César Gaviria. ¿Qué responde a esas críticas?

Esa es otra contradicción: la gente quiere un candidato con experiencia, que tenga algún tipo de conocimiento de la función pública, que haya estado en un consejo de ministros, que haya enfrentado problemas difíciles, pero no quieren ninguno que haya trabajado en anteriores gobiernos. ¿Cómo se hace eso, cómo conciliar una cosa y la otra? Es imposible.

Sobre mis conexiones políticas hay que distinguir, de entrada, lo que son calumnias y cosas absurdas, y lo que es verdad. Empiezo con las absurdas: a quienes me acusan de uribista les digo que trabajé 14 meses en el gobierno de Uribe. Jugué un papel en la construcción del Plan de Desarrollo. Dicen que diseñé la política de seguridad democrática pero eso es absurdo. Han intentado decir que tenemos un supuesto parentesco. La verdad es que hice un trabajo decente en su administración. Construimos los primeros presupuestos participativos de Colombia. Después pasé a ser columnista en El Espectador desde 2004 hasta el 2012. En ellas hice críticas permanentes al gobierno de Uribe. Fui uno de los pocos colombianos, tal vez el primero, que hablé sobre la reelección porque me parecía que cambiar la Constitución para beneficio propio no estaba bien.

Luego trabajé con el expresidente Santos durante seis años. Le tengo afecto y no voy a hablar mal de él porque ahora entré en la contienda política. No obstante, no me describo como un santista, no tengo sus banderas. Entré a su gobierno como un académico, entré con una agenda propia y aporté a la agenda común. Antes estuve en la campaña de Mockus.

Sobre Gaviria y el Partido Liberal: ellos han dicho que tienen simpatía y que quieren apoyar la campaña, pero esta es una apuesta ciudadana principalmente. Hemos tenido con el grupo de campaña unas seis reuniones y en ninguna ha existido una persona del Partido Liberal. Me reuní previamente con mucha gente (Fajardo, Petro, César Gaviria, entre otros), pero lo que dicen los liberales en este momento es todo lo contrario: dicen que los olvidamos en esta campaña. Solo me entró una llamada de César Gaviria a quejarse.

¿No le asusta que su postura de independencia se vea afectada por la intención de César Gaviria de estar detrás suyo apoyándolo?

Si tenemos éxito en las encuestas, esos apoyos vendrán como tienen que venir: sin condiciones. Si yo no logro concentrar la atención ahí sí hay un problema. Pero mi apuesta no es volverme un candidato de la política tradicional.

¿Qué le dejaron esas experiencias como funcionario público en los gobiernos de Uribe y Santos?

Como académico pensé que me habían dejado un mejor conocimiento del mundo, y que los artículos de prensa y opiniones que escribía iban a ser mejores después de ese contacto con la realidad. Me dejó también cierta idea de la complejidad de la política en el sentido de que, a pesar de que este campo contiene gente que es moralmente imperfecta, en el fondo se puede hacer la diferencia. En mi contacto con el mundo político yo no caí en el nihilismo que hoy en día afecta a tanta gente y que lleva a pensar de que “todos son iguales y corruptos”. Con un poco de escepticismo tengo confianza en el poder transformador de la política y por eso estoy aquí.

¿Cómo describe lo que usted quiere hacer si llegara a la Presidencia?

Me gustaría trabajar por un país un poco más justo, más digno, más sostenible, y más decente. Y digo “un poco” porque entiendo los límites de la función del Estado, y de que la política necesita conversaciones honestas sobre esos límites, y que la demagogia infantiliza a los ciudadanos. Como Antanas Mockus, pienso que se puede hacer una política distinta y que la ética de la verdad puede ser buena. Tengo que ser leal a mí mismo en todo este proceso y respetar lo que soy. Eso implica jamás decir algo que sé que no va a ser fácil de cumplir. Hay que hablarle a la gente con sinceridad.

Usted dice que quiere unificar al centro. ¿Cómo lo está haciendo?

En este momento son conversaciones insinuadas. En la campaña todavía no ha pasado nada. Hay dos conversaciones pendientes: una con la Coalición de la Esperanza y la otra es con el Nuevo Liberalismo (que en el fondo son los hermanos Galán y Rodrigo Lara). Esos diálogos tendrán lugar en las próximas semanas. No quiero que esta campaña quede atrancada muy rápidamente en la mecánica política sobre las coaliciones. Quiero que tengamos una base más programática y popular.

¿Cuál le llama más la atención?

Una vez surgió lo del Nuevo Liberalismo hace unas semanas encontré ahí una identidad y una trayectoria que se conecta con mi historia. Con los Galán tengo una relación de confianza. Con el partido verde también, pero no con todo el partido. Yo soy un liberal y ojalá mi candidatura sirviera para que el Partido Liberal recuperara, con fuerza, esa agenda liberal que no ha hecho parte de la deliberación política de nuestro país en los últimos años.

Dicen que a los Galán y a Lara les interesa que usted haga parte del Nuevo Liberalismo porque no se puede hablar de una fuerza política nueva cuando está anclada a delfines políticos...

Creo que es una necesidad mutua y me parece bien porque ellos quieren mostrar que es un partido abierto, que atrae nueva gente, que no es una franquicia familiar. Además, quiero representar esta idea de un nuevo liberalismo, un liberalismo renovado.

¿Su objetivo de unificar al centro incluye a Petro y a su proyecto de país?

Así como se planteó una conversación con la Coalición de la Esperanza, se puede plantear una con Gustavo Petro. Pero, hay formas de concebir el cambio social y formas de plantear el debate programático sobre las reformas en las que hay diferencias sustanciales con la propuesta de Petro. Ese mapa no lo tengo del todo claro, pero no se trata de juntarse por juntarse. La política necesita seriedad programática. Por eso por ahora es solo conversar. No me veo uniendo fuerzas con el Pacto Histórico de aquí a mayo.

Usted dio una respuesta equivocada cuando nombraron a Alberto Carrasquilla en el cargo que ostentaba su esposa. Respondió en trinos que estaba cansado, pocos días después de haber oficializado su candidatura. ¿Está deshumanizada la política pues le reprochan algo tan humano como estar cansado?

Si alguien dio ejemplo de trabajar en circunstancias adversas fui yo. Fui ministro de Salud en medio de un tratamiento muy fuerte contra el cáncer. Que me acusen como una persona que no tiene fuerza para trabajar es injusto. Esa es la gran paradoja de la política. Nos quejamos de la falta de humanidad de los políticos, pero cuando muestra una parte algo de vulnerabilidad, vienen estos ataques. ¿Qué tal un político distinto, que se muestre humano, que valorice el derecho fundamental a cagarla que tenemos todos?

¿Fue un error el comentario sobre el nombramiento de Carrasquilla?

Fue un error porque Carrasquilla representa un gobierno que ha estado un poco de espaldas a los deseos y demandas de la gente. Su nombramiento en el Banco de la República transcendía sus credenciales académicas y está más allá de lo que me une a él. Nos hemos encontrado en algunos momentos de la vida. A pesar de que fue un error político, porque yo tenía que ser crítico del Gobierno, pero siempre voy a tener que hacer el balance para no convertirme en una mala persona que habla mal de otros por beneficios políticos. Es la lealtad a uno mismo en este proceso.

¿Qué opina de la gestión de Duque?

No ha sido un buen gobierno, no ha tenido una agenda reformista, creo que se han perdido oportunidades. Ha estado de espaldas a la gente. Cuando se conoció la muerte del joven Santiago Murillo en las protestas, Duque en vez de enviarle un mensaje de solidaridad a la familia y a los jóvenes, se puso una chaqueta de policía. Me preocupa la inseguridad territorial, los brotes de violencia, el asesinato de los líderes sociales. También la concentración de poder. Pero lo que más me preocupa es que en este gobierno, la confianza en las instituciones democráticas ha disminuido de manera impresionante. Este es el gobierno que ha presidido la crisis de confianza más grande de los últimos años. Mi campaña llega a lidiar con este problema y a dar una narrativa esperanzadora.

¿Cómo ve las recientes actuaciones de la Contraloría contra Fajardo?

Sobre el fondo de esa decisión no puedo opinar, porque no conozco el fondo de las dos mil páginas. Pero puedo decir dos cosas: yo confío en Sergio Fajardo, él podrá defenderse. No creo que haya estado inmiscuido en ningún acto de corrupción ni nada parecido. La independencia de los organismos de control tiene que ser clara y evidente para todos. Es fundamental para la credibilidad del proceso.

El caso de Camila Abuabara, que fue muy doloroso, lo ha perseguido durante años. ¿Tiene algo más para decir más de cinco años después de que ocurriera su muerte?

Hay una historia personal en este caso porque su caso ocurrió antes de que a mí me diera cáncer. Quisiera decir que fue una decisión y que la tutela es clara en que el Ministerio de Salud siempre protegió los derechos de Camila Abuabara. Cuando se toma la decisión, teníamos una carta de todos los oncólogos de Colombia diciendo que el tratamiento de ella se podía hacer acá. Un grupo de bioeticista reiteró que uno no le puede dar a una persona lo que no les puede dar a los demás. Por otro lado, acababa de terminar un debate en el Congreso en el que se dijo que los tratamientos en el exterior no se pueden pagar con recursos públicos. No podía tener todo eso sobre la mesa y haber tomado una decisión contraria. Hoy en día, con la misma información, hubiera tomado la misma decisión, y creo que cualquier ministro de Salud responsable hubiera tomado la misma decisión. ¿Qué habría hecho diferente? Hubiera tratado todo con más empatía.

El sistema de salud está concebido en relación con el sector privado y que tiene ánimo de lucro. ¿No es problemático?

Puede serlo, pero atengámonos a los hechos del mundo. Las EPS mejor evaluadas a nivel global son Sura, Sanitas y la caja de compensación Compensar. Destruir esas EPS, acabar con esas capacidades acumuladas de la sociedad, sin tener un plan B claro. Ahora, hay otros subsistemas que funcionan sin EPS: el de maestros, el de las Fuerzas Armadas y otros.

¿Para usted es prioridad la participación de mujeres, indígenas y afrocolombianos en su campaña?

Sí. En el comité de mi campaña hay un indígena, Hernando Chindoy, quien ha trabajado en Nariño y en Putumayo con comunidades. Y me estoy reuniendo con Liliana Pechené. Quiero que el tema de los indígenas sea importante en esta campaña, no solo por lo que requieren las comunidades indígenas, sino también por todo lo que pueden aportar programáticamente en cuanto al tratamiento del cambio climático, su visión. El cambio climático también necesita una nueva metafísica, una nueva forma de relacionarnos con la naturaleza, con lo que somos. Quiero que estén aquí y que hagan parte de un eventual gobierno. Hay un capítulo de género en el que estamos trabajando y mi esposa es la coordinadora general de la campaña.

Usted ha dicho que no quiere dejar de ser un buen ser humano y que no quiere entrar en el juego de las mentiras. Pero, si la política es tanto de eso, cómo va a hacer para no untarse de todo eso?

Es cuestión de grado también. Creo que si uno logra consolidar una candidatura independiente que reúne el entusiasmo ciudadano. Lo feo puede mantenerse al margen al menos por un buen rato. Tampoco quiero sonar completamente ingenuo. A la hora de gobernar toca hacer coaliciones y buscar alianzas. En la política no existe la perfección, pero creo que sí puedo tratar de aportar algo de decencia. Yo no estoy aquí pensando en que tengo que ganar a toda costa y mis valores están en juego. No puede ser así. La lealtad a uno mismo, la independencia. La libertad implica no dejarme meter en una camisa de fuerza por esta locura.

Pero al mismo tiempo, he tenido la convicción de que si uno entra a la política y trata con la misma gente, pero establece una relación distinta y confía de que eso puede enaltecer la gente y prenderla éticamente. ¿Qué tal que el partido liberal pueda jugar un papel más adelante en esta campaña, pero en eso se plantee también la transformación de esa colectividad. ¿Qué tal q esta campaña lograra eso. Petro se rodeó de políticos tradicionales, de leones. ¿Tendrán que llegar aquí? Ojalá se demoren.

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