Política

12 May 2021 - 11:45 p. m.

“No podemos callar”: dos jóvenes judíos firmantes de la carta sobre la “revolución molecular disipada”

Simón Ganitsky y Daniel Schwartz, especial para El Espectador

Dos de los 39 firmantes de la carta de los jóvenes judíos en rechazo a que “las teorías nazis de un nazi se citen en Colombia para justificar las acciones del gobierno nacional” amplían en este texto las razones de su protesta y recalcan que “los judíos no somos un grupo política ni ideológicamente homogéneo”.

Quizás haya sido por el sesgo de confirmación —la tendencia a dar por ciertas la información y las ideas que confirman las creencias propias— que el ejército y algunas personas cercanas al gobierno de Iván Duque adoptaron y replicaron las peregrinas elucubraciones sobre la protesta social en América Latina de un confeso neonazi chileno. La frase “revolución molecular disipada” fue popularizada en el continente por el chileno Alexis López, conocido en su país por su arresto mientras organizaba el Primer Encuentro Ideológico Internacional del Nacionalsocialismo en Concón.

La teoría del neonazi López sobre la protesta social supone que, detrás de manifestaciones como las que estallaron en Chile en el 2019 y las que se han dado en el paro actual en Colombia, está la intención criminal de derrocar el gobierno y acabar con la democracia. Por tanto, aunque las protestas parezcan la manifestación espontánea de distintos grupos de ciudadanos, son, en su versión, episodios de un plan militar unificado del comunismo internacional, por lo que el uso de la fuerza por parte de las autoridades se justifica. Es una teoría, en últimas, que criminaliza y estigmatiza la protesta, y que justifica los abusos de la fuerza pública y las violaciones de los derechos de los manifestantes. La Universidad Militar invitó a López a hablarles a sus estudiantes, mientras que Carlos Enrique Moreno, exasesor de Iván Duque y cuñado de Álvaro Uribe Vélez, citó a López en una columna sobre la situación del continente, y el expresidente Uribe usó los términos de López en un trino sobre la manera como la fuerza pública debe enfrentar, según él, las manifestaciones del paro. Todo indica que un gobierno que ha estigmatizado la protesta social desde el principio y la ha enfrentado con el uso desmedido de la fuerza adoptó como propia una teoría que hace lo mismo.

Aunque para algunas personas esto no sea sorprendente, a un grupo de 39 integrantes de la comunidad judía de Colombia sí nos sorprendió y nos desconcertó que en el ejército de los colombianos y en sectores tan cercanos al gobierno de Iván Duque se adoptara la teoría de un simpatizante del nacionalsocialismo. También nos desconcertó, a falta de aclaraciones, que se fundamentara la postura del gobierno y del ejército ante la protesta social en una doctrina que es cercana al nazismo no solo por las afiliaciones de su divulgador, sino por su contenido. Este desconcierto nos llevó a 39 judíos a escribir y a firmar una carta dirigida a la Confederación de Comunidades Judías de Colombia, en la que le solicitamos a esta entidad, que representa los intereses de nuestra comunidad, que se pronunciara públicamente sobre el hecho y lo condenara, pues nos había sorprendido también que no lo hubiera hecho. (Aclaramos que las opiniones que contiene este artículo no son las de los firmantes de la mentada carta, sino exclusivamente las de los autores de estas líneas: no hablamos en nombre de la comunidad judía de Colombia ni de ningún grupo, sino a nombre propio).

Antes de que la Confederación tuviera tiempo de responder a nuestra carta y de reunirse con nosotros, esta se filtró y fue publicada por Daniel Coronell (que no actuó de mala fe) en Twitter, y reseñada en una nota de El Espectador. Aunque no pretendíamos que la carta se publicara, sentimos que con ella se le mostró a la opinión pública que los judíos no somos un grupo política ni ideológicamente homogéneo —ni en Colombia ni en ningún otro lugar— y que expresamos nuestros desacuerdos de una manera razonada, sana y cordial. Con ello, confiamos en que contribuimos a debilitar la estrategia antisemita de endilgarles unas opiniones políticas y sociales determinadas a todos los judíos del planeta, estrategia que practicaron los nacionalsocialistas originales en su momento.

Cuando la carta se publicó, se nos acusó en algunos medios de estar motivados por una “intencionalidad política en contra del expresidente Álvaro Uribe”, y se tergiversó nuestra posición con la idea de que estábamos sugiriendo que Uribe conocía a Alexis López, o que sus trinos eran antisemitas. En ningún momento dijimos nada de eso ni nos unía a todas las personas que firmamos la carta ninguna postura política en particular. Todo lo que dijimos fue que, como judíos, queríamos pronunciarnos, junto con la Confederación que nos representa, en contra del hecho de que se replicara una teoría neonazi en las políticas del gobierno y del ejército frente a la protesta social en Colombia.

Es inaceptable, como ya dijimos, que se quiera mostrar a todos los judíos de Colombia como afiliados a un partido político particular, o que se quiera hacer creer que la comunidad judía de Colombia tiene una postura política oficial. Sin embargo, los judíos tenemos la responsabilidad, como judíos, de manifestarnos en contra del antisemitismo, venga de donde venga, y en contra de las posturas cercanas al nacionalsocialismo, que son enemigas tanto de los judíos como de la humanidad entera.

Esta teoría de López de la “revolución molecular disipada” estigmatiza la protesta con argucias en las que resuenan las estratagemas de la propaganda nazi, que acusaba a los judíos de ser los culpables de la crisis de Alemania en el periodo de entreguerras y de la violencia que azotó las calles alemanas después de la crisis del 29 y antes de que los nazis llegaran al poder en el 33. Con teorías análogas a la de la “revolución molecular disipada”, se justificó la persecución inicial de los judíos (y de los comunistas). En la Alemania de entreguerras, se buscaba justificar la persecución de grupos determinados de la población. En la Colombia de hoy, se pretende justificar la represión tanto de quienes violan la ley en medio de las protestas como de quienes ejercen sus derechos legítimos en ellas.

(Le puede interesar también: Editorial: No nos crean tan moleculares)

En el nazismo y en otros regímenes totalitarios, la creación de un enemigo interno que amenaza con robar y destruirlo todo es parte de la estrategia para obtener y mantener el poder. Los judíos alemanes, y luego los judíos del resto de Europa, fueron el otro que el nacionalsocialismo identificó como el enemigo al punto de justificar su exterminio. Por eso es preocupante que la teoría de la “revolución molecular disipada” sea uno de los soportes de la reacción violenta y desmedida de la fuerza pública contra los manifestantes del paro nacional.

No hay que ser de izquierda ni oponerse al gobierno de Iván Duque para entender que es inaceptable que las teorías nazis de un nazi se citen en Colombia para justificar las acciones del gobierno nacional. Y si hay algún grupo de la población colombiana que tiene la responsabilidad de rechazar la presencia de estas teorías y de un ideólogo como López en el ejército y en círculos cercanos al gobierno, es el de quienes han sufrido en la historia persecuciones semejantes a las que esas teorías justifican y refrendan.

Quizás haya sido por el sesgo de confirmación, quizás por ingenuidad o quizás por desinformación, pero el ejército, un expresidente y otras personas cercanas al gobierno estigmatizaron la protesta social y justificaron la violación de los derechos humanos con base en el pensamiento de un neonazi. Contra este hecho, la voz de los judíos de Colombia tiene que oírse. En este caso, el silencio es de colaboradores.

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