En 2010, después de tres períodos como senador, Jesús Enrique Piñacué Achicué dejó su curul para volver a coger el bastón del resguardo indígena de Calderas, en el oriente caucano, de donde es nativo. Elegido por la entonces Alianza Social Indígena (ASI), hoy cree que tras su retiro, Marco Aníbal Avirama —su mentor y quien lo sucedió en el Congreso— se “vendió” y se “arrodilló” ante el Gobierno, renunciando a la oposición y transformando el partido en Alianza Social independiente.
Filósofo y actual estudiante de derecho de la Universidad del Cauca, Piñacué quiere regresar al Senado —esta vez por el movimiento Alianza Social Indígena (ASI)— para recuperar las banderas que, según dice, se perdieron en los últimos años. Habla de sus diferencias con el Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC) y sobre el proceso de paz en La Habana, y asegura que soló alcanzará a desactivar el 15% de la violencia en el país, “porque quienes hacen la guerra están en el monte con otras ideas”.
¿Por qué no se avaló por la Alianza Social Independiente?
Muchos creen que a Piñacué lo derrotaron, pero no, lo que quise fue darle valor al criterio de la generosidad, y en la construcción de organización política dijimos: “Démosle paso a un nuevo líder”. Regresé a mi región y lo que pasó fue que quien nos sucedió se arrodilló y renunció a la oposición al Gobierno como instrumento para fundamentar el crecimiento y la cualificación ideológica. Se renunció a la idea de lo indígena, dado que para ellos significa arcaísmo, exclusión y un impedimento para crecer como organización política.
Cuando dice “se arrodillaron”, ¿a quién o quiénes se refiere?
A los que en adelante se llamarán Alianza Social Independiente y fue ahí donde nació nuestra valía para rescatar nuestro movimiento. Esta vez me presento con la Alianza Social Indígena (AS).
¿Esto quiere decir que hay un distanciamiento con el senador Marco Aníbal Avirama?
Me distancio absolutamente de quienes hoy promueven la Alianza Social Independiente porque eso es un plagio. En otras palabras: nos robaron la organización. Este país es de políticos ladrones y pícaros, y en la periferia hay algunos que han aprendido a robar. Avirama es un mayor para mí, es mi maestro político, el ideólogo fundador del Consejo Regional Indígena del Cauca (CRIC), pero anda perdido en su rumbo.
¿Qué tan dividido está el movimiento indígena en el Cauca?
Hay una crisis de legitimidad en la dirigencia actual. La Consejería está estructurada por nueve líderes, de los cuales tres tienen candidato propio y desde el CRIC hacen campaña. Los seis restantes están concentrados en la cosa administrativa y del mandato que el pueblo les dio, y no comprometidos con la politiquería.
¿Y quiénes son esos consejeros que tienen candidato propio?
La ropa sucia la lavo en casa.
¿Por qué se dice que su mayor electorado no está dentro de las comunidades indígenas?
En el Cauca son más o menos 120 mil indígenas con cédula, y por mí sólo votan 9 mil en los momentos más críticos. En los momentos exitosos, que también los he tenido, votan 11 o 17 mil. Pero soy el mayor elector indígena.
Entonces, ¿con qué electorado va a ganar las elecciones?
Con los hombres de atrás. En otras campañas, hay hombres de atrás oscuros y peligrosos, en el caso mío son limpios y pueden mirar el sol sin pestañear. En Bogotá me acompaña Alex Vernot, un experto en el mundo financiero. En el Valle me respalda Álvarez Gardeazábal, que no es que sea un santo con muchos devotos, pero es un señor que cree en la causa indigenista, y está Gustavo de Roux, un asesor de los empresarios privados cañeros del departamento. Está Arquímedes Vitonás, indígena del norte del Cauca, secuestrado por las Farc y rescatado en una minga que lo fue a traer al Caquetá. Eso sólo por nombrar algunos.
¿Está dispuesto a legislar en contra de esos gremios o personas que lo están apoyando?
La historia lo dice y le doy un ejemplo: un día en Santander de Quilichao, en un consejo comunitario, Álvaro Uribe me saludó y me dijo que me había mandado una razón con el senador Carlos Obando, mi segundo renglón, a quien yo le había dado la posibilidad de que me hiciera una licencia dado que tenía un inconveniente en mi resguardo. Pero él se volteó para el uribismo y Uribe quería comprarme y me envió el mensaje que me fuera para la ONU y que recibiera $15.000 millones para proyectos con las comunidades, a cambio de que Obando se quedara con mi curul en la Comisión Primera. Pues a esa y a todas las ofertas y halagos he dicho que no, de manera que me quedará muy fácil con mis amigos que ya saben que valgo por mis principios.
Como senador, ¿Piñacué apoyará la refrendación de los acuerdos de paz de La Habana?
El proceso de paz hoy, como se está viendo, es un negociado entre algunos guerrilleros que están en Cuba y parece ser que los que están en estas regiones, como el Cauca, tienen una lectura muy distinta. Desactivarán, si les va muy bien, un 15% de la violencia, pero no van a desactivar el 85%. Hay que esperar qué sale de La Habana, además porque todo se está moviendo en secreto.