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El nuevo Congreso pone en juego el legado de Petro y las promesas de De la Espriella

El Capitolio se renovó y a partir de este martes discutirá cuestiones esenciales para el país, como el rumbo de la salud y la seguridad, pero también pulsos puramente políticos, como el lugar de posesión del nuevo presidente o la conformación de la comisión que investigará al mandatario saliente por varios casos.

David Efrén Ortega

20 de julio de 2026 - 09:35 p. m.
Instalación del Congreso de la República 2026-2030.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Los 285 congresistas que regirán el poder Legislativo durante los próximos cuatro años, una tarea que los llevará a gravitar en torno a la agenda de cambios con los que fue electo presidente Abelardo de la Espriella, asumieron sus curules de manera oficial este lunes 20 de julio. A partir de hoy, serán ellos y ellas quienes definan hasta qué punto podrá llevar el nuevo mandatario sus apuestas de la “Patria Milagro” y qué tanto estarán en juego las reformas y programas que desde 2022 logró aprobar el presidente saliente Gustavo Petro. Del total, solo dos no asistieron a la ceremonia, Wadith Manzur (Conservador) y Karen Manrique (Citrep), pues están presos por el caso de la UNGRD.

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En el nuevo Capitolio, tres de cada cinco sillas estarán ocupadas por rostros nuevos o al menos por políticos que no vienen de la pasada legislatura. Sobre el papel, las fuerzas de izquierda, ayer oficialistas y desde este martes en oposición, son las más grandes. En el Senado, el Pacto Histórico se impone a los demás partidos con 26 fichas en el Senado y en la Cámara hace lo mismo con 42 representantes. Sin embargo, se trata de números que se quedan cortos ante un poder presidencial que ya movilizó a las mayorías para la conformación de una coalición de gobierno.

De la Espriella y su principal operador político, el ministro del Interior designado, Rodrigo Lara, entrarán a jugar con un tablero en el que controlarán el grueso de las bancadas tradicionales: Centro Democrático, Partido Conservador, Partido Liberal, Cambio Radical, La U y Mira, a las que se suman los nombres de Salvación Nacional. La Alianza Verde aún no define una postura oficial. Según cuentas moderadas, en el Senado tendría asegurados unos 60 votos de 102, mientras que en la Cámara contaría con poco más de 100, de los 182 que suman la plenaria.

Este panorama le abre la puerta al jefe de Estado entrante para validar, entre otras, la reforma tributaria que necesita para cumplir su promesa de reducir cargas a las empresas, la reestructuración de una parte del Estado o la modificación de la ley de orden público que hasta ahora le dio vida a la paz total. Adicionalmente, en ambas cámaras tendrá mesas directivas afines a sus apuestas. El senador uribista Honorio Henríquez y el representante conservador Nicolás Barguil serán sus alfiles.

En esta ruta, sin embargo, encontrará baches. La elección de los presidentes del Congreso ya develó una ruptura con el Centro Democrático, que asumió como un desaire del propio De la Espriella la negativa a respaldar Henríquez para el liderazgo del Senado, quien al final se impuso a Alfredo Deluque (La U), quien tenía la bendición del mandatario electo. Hasta último momento, la colectividad uribista reclamó: “La intensidad de llamadas del ministro Rodrigo Lara a los congresistas a quiénes llegará, ¿a los nunca o a los de siempre?”. De hecho, toda la bancada se presentó en el salón elíptico con un cartel que hacía referencia a las “abejas” que, según el expresidente Álvaro Uribe, le responderán al “tigre” si ruge en su contra.

Otra barrera natural será la del progresismo, que, además del refuerzo en números para el periodo 2026-2030, se prepara para una reestructuración en la que Gustavo Petro tendrá un rol protagónico. Durante su último discurso en plaza pública, el futuro expresidente aseguró que se despide, pero solo “por ahora”, pues, como lo ratificó horas después en su último discurso ante el Congreso, después de un descanso tomará las riendas de su movimiento político para defenderse de posibles intentos de enjuiciarlo y para custodiar su legado: los aumentos salariales, la política de seguridad basada en inversión social, la reforma agraria, la educación, el nuevo modelo pensional, el abandono de los hidrocarburos, entre otras iniciativas.

“Lo que les propongo es que alistemos la resistencia pacífica. No es para el estallido social del año 21. No es a meterse a defender el barrio popular, porque ahí llega el gas lacrimógeno y asesinan (...) No espero a las próximas elecciones, la oposición se ejerce en la calle y con resistencia, con paz, con cultura y con alegría, pero debe ser contundente”, aseguró Petro este lunes festivo.

Petro se despidió de las plazas y del Congreso, pero en los 17 días que le restan de mandato continuará con su narrativa de rendición de cuentas y con las denuncias de supuesto fraude electoral en segunda vuelta. Además, se mantendrá proactivo en una agenda que incluye dejar blindados varios contratos y programas; incluso, este martes volverá a reunir a su gabinete en consejo de ministros para ajustar parte de la estrategia. Para muchos, el primer gran movimiento de esta nueva oposición ya apunta a las elecciones territoriales del próximo año.

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Abelardo de la Espriella hará lo propio. En las próximas horas dará las pinceladas finales de su estilo de gobierno con las designaciones de sus últimos tres ministros: Salud, Trabajo y Ciencia. Además, profundizará su agenda de empalmes regionales mientras sus alfiles en el Capitolio afinan la puesta a punto de la nueva maquinaria de gobierno. A falta de grandes proyectos, los primeros días de esta legislatura se irán en la definición de las mesas directivas y en la primera batalla de oficialismo y oposición, que de hecho ya tiene proposiciones cruzadas: darle o no la luz verde al presidente electo para posesionarse en una guarnición militar y no en la Plaza de Bolívar frente a la sede del Legislativo.

A partir de hoy, el país político da un viraje profundo que se rematará el próximo viernes 7 de agosto, con el cambio oficial en el poder Ejecutivo. En juego están la herencia política del primer gobierno de izquierda en Colombia y la promesa de una nueva transformación que le dio 12,9 millones de votos a la fórmula de Abelardo de la Espriella y José Manuel Restrepo.

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Por David Efrén Ortega

Periodista de la Universidad Javeriana. Tiene experiencia en el cubrimiento de política, paz y memoria. Premio CPB en la categoría de Medios Digitales.@davidortegasodortega@elespectador.com
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