A través de un decreto firmado este viernes 3 de enero, el nuevo alcalde del municipio de Maní (Casanare), Jersson Montoya Hoyos, ordenó que sus funcionarios no gozarán del festivo del próximo lunes 6 de enero. Es decir, será un día hábil para sus empleados, que tendrán que trabajar con normalidad el puente de Reyes.
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De acuerdo con el mandatario, el objetivo de la medida, que abarca a todas las secretarías de su despacho y oficinas asesoras, es asegurar el cumplimiento de las funciones y la prestación de los servicios a su cargo.
“Se hace necesario decretar día hábil el 6 de enero de 2020, teniendo en cuenta que el alcalde municipal, sus secretarios de despacho y oficinas asesoras les atañe dirigir la función administrativa y pública, la atención y el desempeño de los deberes y las tareas en cumplimiento de sus funciones”, indica el decreto.
El de Maní no es el primer alcalde que sorprende por el calibre de sus decisiones apenas días después de posesionarse. Previamente, con menos de 24 horas en el cargo, el nuevo alcalde de San Vicente del Caguán (Caquetá), Julián Alfredo Perdomo, firmó su primer decreto estableciendo que “el señor Jesucristo será a partir de hoy, el rey y señor” del territorio.
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Lo anterior, argumentando que el preámbulo de la Constitución invoca a Dios “con el fin de fortalecer la unidad de la Nación” y que el artículo 3 indica que la soberanía recae en el pueblo.
Incluso, en el considerando del documento el mandatario manifiesta que, como máxima autoridad municipal, “se ve en el deber y la obligación” de consagrar a Dios como “único amo y señor”. Todo esto responde, según Perdomo, a la necesidad de que San Vicente “tenga un gobierno de excelencia y en vista de la falta de espiritualidad existente”, así como “anhelando una vida diferente en su territorio”.
Además de invocar la protección de Dios vía decreto, “como único y suficiente salvador de nuestra sociedad”, Perdomo establece que será Dios quien “direccione el diario vivir” de las familias, buscando que su palabra “tenga eco en la construcción de los principios éticos y morales de los habitantes”.
Por último, el alcalde ordena entregar las llaves del municipio al “único y suficiente Dios Jesucristo, en honor y honra, para que su presencia permanezca eternamente entre nosotros”.