Publicidad

“Que los generales sigan en sus cuarteles”: Ernesto Samper Pizano

Recordando el famoso discurso del presidente Alberto Lleras Camargo, el exmandatario pidió a los militares que se mantengan al margen de las discusiones políticas y también les solicitó que revisen la formación ética y en derechos humanos que están recibiendo sus uniformados, a propósito del tenebroso caso de violación de una niña por siete soldados de entre 18 y 21 años de edad. Samper Pizano responde, en esta entrevista, a la carta que, en tono fuerte y por primera vez, dirige un comandante activo del Ejército a un expresidente de la República.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Cecilia Orozco Tascón
05 de julio de 2020 - 02:00 a. m.
Ernesto Samper Pizano, expresidente de Colombia. / Archivo particular
Ernesto Samper Pizano, expresidente de Colombia. / Archivo particular
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Su trino de hace unos días, en que dice que “el problema de los militares violadores (es)… de fondo por el hecho de que haya soldados entrenados institucionalmente para este tipo de actos”, produjo una fuerte reacción del actual comandante del Ejército, Eduardo Enrique Zapateiro. Por haber sido usted expresidente de la República, sus afirmaciones tienen mayor connotación. ¿Qué quiso decir con su trino y, específicamente, con esa frase?

Quise señalar que frente al caso de los soldados que violaron a la niña embera, el cual al parecer no es aislado, pues se está hablando de muchos más que están siendo investigados, el Ejército no podía limitarse a denunciarlos ante la Fiscalía: tratándose de soldados que reciben preparación institucional que incluye materias relacionadas con la ética y los derechos humanos, los altos mandos deberían revisar sus contenidos y su enseñanza, porque es evidente que, en esta ocasión, no se aplicaron. El general Zapateiro cayó en la trampa de pensar que esta inquietud formulada de buena fe implicaba la calumniosa afirmación de que el Ejército preparaba algo así como violadores profesionales, interpretación que rechazo.

Entonces, ¿le parece que la respuesta del comandante del Ejército, frente al atroz delito que cometieron siete uniformados en contra de una niña indefensa, quedó corta?

Lo digo con toda claridad: tiene que revisarse lo que está ocurriendo en la formación, en derechos humanos, dentro del Ejército. Hay instituciones como las Fuerzas Armadas en las que no puede haber “manzanas podridas” por la magnitud del daño social que ocasionan. Imagínese usted volando en un avión en que el piloto sea una de las “manzanas podridas” de la compañía aérea.

Sin embargo, por la redacción de su mensaje, cabría la duda. ¿No cree que podía darse una doble interpretación: la que usted le quiso dar y la que entendió el general Zapateiro?

No se trata solo de lectura, también de interpretación. Un alto funcionario, un alto mando militar en este caso, si tiene dudas está obligado a interpretar usando el contexto adecuado, y a confirmar, después, si su interpretación es correcta. Una simple llamada -que hubiera atendido con gusto- habría sido suficiente para aclarar el malentendido.

Cuando habla del contexto de su trino, ¿se refiere a su alusión a la posición de su hermano Daniel (el columnista Samper Pizano), quien mencionó en su más reciente columna a “los ‘miserables’ violadores de la niña embera” y quien se preguntó “¿qué clase de uniformados produce nuestro Ejército…?”.

No soy, por fortuna, vocero de ninguno de los dos danieles Samper: con mis malquerientes tengo y me basta para hacerme cargo de los de ellos. Pero así como discrepo de algunas de sus posiciones políticas, en esta oportunidad estuve de acuerdo con mi hermano en que la respuesta de las Fuerzas Armadas a estos episodios no podía terminar en “remítase” a las autoridades judiciales. Y que su responsabilidad tenía que ir más allá, hasta separar a los infractores de los sitios de combate y, de existir certezas razonables, sacarlos del Ejército. En nuestra conversación con Daniel le comenté que durante mi gobierno y en un caso parecido, cuando comprobamos que estaban cometiéndose faltas humanitarias graves en acciones de combate, establecimos la obligación de que hubiera cátedras de derechos humanos y derecho internacional humanitario en todos los centros docentes de las Fuerzas Armadas.

En la carta que el general Zapateiro le envió ironiza cuando dice que “hasta la fecha… nadie me ha informado sobre la existencia de semejantes contenidos en los planes de formación de nuestros soldados”. Y, después, le informa que le pidió al fiscal general que le exija a usted las “pruebas certeras de lo que está diciendo”. ¿Cómo califica el tono que el oficial usó? Le hago la pregunta puesto que no tengo memoria de un episodio similar en que un comandante de Ejército en funciones se dirija de esa forma a un expresidente de la República…

El general Zapateiro cayó en la trampa que le tendieron desde algunas redes fanáticas, de ponerme a decir lo que no dije y convirtió en “real” lo que hasta entonces era un debate virtual, bizantino, sobre el respeto al Ejército. Repito, si se hubiera leído la columna de Daniel hubiera entendido el alcance de mi preocupación y el incontrovertible argumento de que las instituciones no dejan de ser respetables porque reconozcan sus errores, ajusten sus metas y sean ejemplares en el castigo a quienes violan normas que todos deben cumplir, especialmente una institución como el Ejército de Colombia.

Al enviarle esa carta, y hacerla pública, Zapateiro inició una polémica abierta ante la opinión, actitud extraña en un oficial. Para usted, ¿el general incurrió en actividad política? ¿Incumplió o no la prohibición constitucional de participación en política?

Uno de los patrimonios que ha salvado a la democracia colombiana ha sido la condición de civilidad de su Fuerza Pública. Así lo destacó, en un famoso discurso, el presidente Alberto Lleras Camargo cuando invitó a los militares a alejarse de la política y guardarse en los cuarteles. Esa condición no deliberante ni interviniente les ha permitido a las Fuerzas Armadas volar por encima de las diferencias políticas que hoy, lastimosamente, se han convertido en batallas ideológicas desgastantes. Por esta razón, la gente no quiere ver a sus militares haciendo política ni a sus políticos en actividades paramilitares. Parece que el general Zapateiro tampoco fue informado de este antecedente.

Le pido el favor de contestar lo más francamente posible: ¿el comandante del Ejército le habría mandado a usted esa carta sin permiso de sus jefes, o sea, el ministro de Defensa y el presidente Duque?

Difícil pregunta. Si lo hizo sin permiso, lo deberían amonestar por omitir los conductos regulares. Si lo hizo con permiso, implicaría que hubo una clara intervención del Gobierno en un episodio que, para mí, es una actividad política que obligaría a actuar a la Procuraduría.

En su mención a la intervención en política y al examen disciplinario que le correspondería a la Procuraduría, ¿se refiere al general o también al ministro y al presidente?

A todos los que habrían intervenido en esa equivocada decisión.

Tal vez usted no lo quiera decir, pero en mi criterio no existe ninguna posibilidad de que el comandante del Ejército escriba una carta en el tono en que la hizo o en cualquier otro tono, sin autorización o sin las órdenes del ministro, y este, a su vez, sin las instrucciones del presidente. Si hubiera actuado sin consulta, Zapateiro ya estaría destituido. Su comentario a esta hipótesis, por favor.

Si se confirmara lo que usted dice, estaríamos asistiendo a un caso inédito de politización de las Fuerzas Armadas. Un comandante del Ejército en su condición de tal no puede involucrarse en un debate político, mucho menos con un expresidente.

Cuando Zapateiro utiliza la fórmula verbal “He sido informado de una afirmación realizada por usted vía Twitter”, ¿cree que quería menospreciarlo? Insisto en el punto porque, como dije, no recuerdo a otro general en servicio activo que le haya hablado así a un exjefe de Estado.

También insisto: si el general Zapateiro pensaba que el asunto podía ser grave por mi calidad de excomandante de las Fuerzas Armadas, debió tener más cuidado en no reducir su información a un trino. Me pregunto por qué no tuvo en consideración la misma condición de expresidente cuando algunos miembros de inteligencia militar nos espiaron a mí y a mis colaboradores durante varios meses para “perfilar” las inofensivas actividades humanitarias que cumplíamos en favor del Acuerdo de Paz que hoy tiene asfixiado el Gobierno.

A propósito, ¿algún organismo o funcionarios de las agencias de seguridad estatales se han comunicado con usted y le han hecho saber por qué interceptaban sus comunicaciones o le han revelado cuáles militares estaban en esas tareas de inteligencia?

Absolutamente nadie. Por eso expresé en mi carta de respuesta al comandante del Ejército la extrañeza que me produce que, en el caso de las “chuzadas” contra un expresidente ejecutadas por agentes públicos vinculados a las Fuerzas Armadas -noticia que tuvo una amplia difusión internacional por su gravedad-, no hubo una sola manifestación de parte del Ministerio de Defensa o de alguien más en el Gobierno. Parece que un trino como el que ha desatado esta tormenta es más importante que la violación ilícita de las comunicaciones de un ciudadano.

Volviendo al tema, en definitiva usted cree que los militares y policías colombianos -algunos de los cuales también han sido denunciados por acoso sexual y otros delitos- adolecen de principios por fallas en la preparación que reciben en los cuarteles.

A mucho honor, fui comandante general de las Fuerzas Armadas. En esa condición, hubiera hecho lo que estoy diciendo hoy: no hubiera aceptado un Ejército cuyos miembros hicieran ejecuciones extrajudiciales, persiguieran campesinos cocaleros, robaran dineros o violaran los derechos de los ciudadanos sin recibir una sanción ejemplar por estos hechos, independientemente de sus consecuencias judiciales. Tampoco hubiera aceptado que llegaran tropas extranjeras a enseñarles cómo combatir la delincuencia organizada que llevamos combatiendo medio siglo. Esta convicción puede asegurar que el Ejército de Colombia siga siendo la institución respetada y respetable que todos queremos. Eso, y que los generales sigan en sus cuarteles.

No sé si es consciente de que cada vez que usted habla salen a atacarlo muchos de sus antagonistas, antes en algunos medios tradicionales y ahora en las redes. En este episodio ya lo descalificaron unos congresistas del uribismo y altos oficiales en retiro, entre ellos el general Lasprilla, que está desarrollando un activismo duro. ¿Qué opina de ellos?

Que por su trinos, sus frases y sus conductas la opinión sabe de dónde vienen y para dónde van.

Para nadie es un secreto que uno de sus más enconados enemigos es el también expresidente Andrés Pastrana. En cuanto se presentó la polémica, publicó su propio trino criticando lo inaudito que era que habiendo sido usted “comandante en jefe de nuestras Fuerzas Militares” hubiera afirmado lo que dijo. ¿Lo perturban los ataques del exmandatario conservador?

A Pastrana le ha dado por convertirse en el juez moral de los expresidentes e, incluso, del propio presidente de la República. Por mi parte, no le reconozco ninguna autoridad ética para señalarnos hasta cuando no explique, con claridad, cuáles fueron las circunstancias de modo, tiempo y lugar en que se originó su sospechosa amistad con el señor Epstein, cuya amiga proxeneta, a quien Pastrana debió conocer, fue capturada esta semana.

El general Zapateiro alude, en su comunicación a usted, a la enseñanza de las normas del derecho internacional humanitario y asegura que “los mandos que las instruyen y educan son los responsables de que esta formación se manifieste en todos sus actos públicos y privados”. Al final, ¿ustedes estarían pensando en lo mismo?

No lo sé. Lo que es incomprensible es por qué les puede molestar a los altos mandos de las Fuerzas Armadas que tienen el monopolio legítimo de la fuerza -y subrayo la palabra legítimo-, que los soldados colombianos sigan recibiendo una instrucción que no solamente tiene que ver con sus destrezas como combatientes, sino con los contenidos éticos y humanitarios de sus actuaciones. Y con la observación, pertinente para cualquier maestro, de que verifiquen el cabal entendimiento y cumplimiento de sus enseñanzas.

“Un patrón de abuso”

El congresista de Estados Unidos Patrick Leahy, clave para la aprobación del monto de ayuda económica para actividades militares, expidió una nota en que calificó de “perturbadora” la conducta de los soldados. Al respecto dijo que “se necesita una acción decisiva para cambiar una cultura arraigada en las Fuerzas Armadas que han tolerado e, incluso, alentado, un patrón de abuso” ¿Advertencia a Colombia?

Siento una gran admiración por el senador Leahy, especialmente por su enmienda en la que señaló que no se podía canalizar ayuda hacia las unidades militares que estuvieran comprometidas en violaciones de derechos humanos. Si existe el patrón de abuso del que el congresista Leahy habla, habría que combatirlo como si fuera Covid 19. Lo que sí tengo claro es que no podemos regresar a la época armada en que imperaba la ley del todo vale.

El propio comandante del Ejército confirmó que 118 militares son investigados por casos de abusos sexuales a menores desde 2016 ¿Cuál es su análisis al respecto?

Me hago la ilusión de que esas declaraciones del general, que celebro, hayan sido el resultado del clamor de la gente, incluido yo, para que al caso de la violación de la niña embera no se le diera el tratamiento burocrático de pasarlo al conocimiento de las autoridades competentes, como se notificara un vehículo robado.

“Preferible un Ejército protector que un Ejército temible”

El origen de la conducta denunciada puede estar, además de las fallas en los valores que se inculcan a militares y policías, en las que tendrían las bases familiares de quienes son enrolados. Al parecer, los requisitos para ser recibido en la fuerza pública no tienen un estándar alto. Menos aún debido al servicio militar obligatorio y al servicio militar de bachilleres que implican reclutamientos masivos ¿Deberían cambiarse las normas de ingreso a la milicia?

Todo debe ser estudiado. Por ejemplo, la profesionalización de los soldados para no seguir enviando bachilleres a las zonas de combate ¿Dónde quedó la idea, ventilada en la Habana, de pasar, de unas Fuerzas Armadas para la guerra a unas Fuerzas Armadas para la paz que llevaría a dejar de invertir en defensa para invertir más en educación? ¿Por qué se quejan los habitantes de los municipios en donde estaban las FARC, por la falta de presencia social del Estado y el exceso en algunos de ellos, de presencia militar, por ejemplo, en las zonas de erradicación forzosa en donde, en plena pandemia, se les están negando a los campesinos las ayudas para la sustitución pacífica de sus actividades ilegales? Es preferible tener un Ejército rodeado por la población que se siente protegida a su lado, que un Ejército al que la gente le teme.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.