8 May 2010 - 9:00 p. m.

Recordando a mamá

Los candidatos presidenciales le rinden un homenaje en su día.

Andrea Forero / Mariana Suárez

En medio de reuniones, discursos y viajes por el país dando a conocer sus propuestas, a tan sólo 20 días de las elecciones, los candidatos a la Presidencia hicieron un alto en el camino para recordar a las mujeres más importantes de sus vidas hoy, en su día.

Para la mayoría se trata de una fecha nostálgica. Sólo las madres de Gustavo Petro y Antanas Mockus están con vida. Sin embargo, a los otros cuatro candidatos les alegra el recordar la tenacidad con la que estas mujeres sacaron adelante su hogar y la fortaleza de su carácter, cualidades que los impulsan a seguir adelante pese a  las dificultades.

85 años trabajando

Antanas Mockus le dice a su madre Nijole, no mamá. A ella no le gustan las acciones repetidas, por eso tampoco celebra el Día de la Madre. Prefiere que desayunen, almuercen o cenen juntos cada vez que puedan.  La madre del candidato a la Presidencia le enseñó a trabajar intensamente. Cuentan que cada vez que ella necesitaba salir a llevar un trabajo de diseño a la Revista ‘Cromos’ llevaba a su hijo con el señor de los dulces, porque no tenía con quién más dejarlo. Hoy, a sus 85 años, Nijole trabaja ocho horas al día en su taller de esculturas.

Desde el exilio

Clara Urrego, madre del candidato a la Presidencia por el Polo Democrático, Gustavo Petro, nació en el seno de una familia liberal. Durante su infancia la arrullaron las poesías de Julio Flórez que declamaban algunos de los visitantes del café que tenía su padre en Gachetá, Cundinamarca.

La violencia conservadora obligó a su familia a trasladarse a Bogotá, de donde hace unos años ella también tuvo que marcharse exiliada a Canadá, junto con su hija Adriana, debido a problemas de seguridad. Desde allá le sigue los pasos políticos a su hijo Gustavo Petro, a quien admira y extraña profundamente.

Un adiós demasiado pronto

Hija del ex presidente Carlos Lleras Restrepo, Clemencia Lleras es recordada por su dulzura y activismo en la vida política de su padre. Su muerte repentina y prematura llevó a su hijo Germán Vargas, hoy aspirante a convertirse en el primer mandatario del país y quien para ese momento sólo tenía 13 años, a refugiarse en la compañía de su abuelo y a fortalecer la relación con sus hermanos Enrique y José Antonio.

La incansable

Noemí Posada siempre se las ingenió para dedicarle el tiempo justo a cada uno de sus 15 hijos. Incluso, en los momentos en que su esposo se quedó sin empleo sacó la energía suficiente para abrir un almacén de ropa de bebé y contribuir con los gastos del hogar. Además, como era una amante de la literatura, dedicó muchas tardes y noches a ayudarle a escribir sus libros.

Aunque solamente pudo acompañar a su hija Noemí, hoy candidata presidencial, en la campaña de 1998, siempre la apoyó en su carrera política y tuvieron una relación muy estrecha hasta su muerte, en enero de 1999.

Consentidora

En la familia no hay reparos para reconocer que Juan Manuel Santos fue el hijo consentido de Clemencia Calderón. El candidato de la U solía llamarla todos los días para preguntarle cómo estaba y cuando iba de viaje lo primero que hacía era comprar un detalle para su madre. Generalmente los regalos eran bufandas, cobijas o  pan típico del lugar que visitaba. En   el Día de la Madre  Santos y su esposa María Clemencia se dividían el almuerzo y la cena para compartir con ambas  familias. Clemencia Calderón murió a sus 75 años y según la esposa del candidato presidencial, siempre la recordarán por sus valores,  discreción y amor por el hogar.

El alma del hogar

A Susana Rueda no le gustaban  las fotos. Por eso es tan difícil encontrar un retrato suyo en alguno de los álbumes familiares que guardan las hermanas del candidato presidencial Rafael Pardo.

A pesar de ser una mujer hermosa, prefería mantenerse lejos de los lentes. La prudencia y la sencillez eran las principales características de su personalidad. Al igual que su anhelo por aprender. Sin embargo, nunca fue al colegio. Su papá prefirió que un tutor le enseñara en la casa.

Se casó a los 25 años y desde entonces se convirtió en el alma de su hogar. Le encantaba leer, tejer y escuchar por radio los discursos de Jorge Eliécer Gaitán.

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