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Muestra de que el proceso de paz ha llegado a un momento definitivo fue el debate de control político que se realizó ayer en la plenaria del Senado y en el cual tomaron parte el jefe negociador del Gobierno, Humberto de la Calle, y el máximo crítico del proceso de paz con las Farc, el senador y expresidente Álvaro Uribe Vélez. La sesión se prolongó por más de cinco horas y estuvo cargada de pullas de lado y lado, con una sola conclusión: la paz es el eje de la política nacional.
El debate fue citado por los senadores Horacio Serpa, del Partido Liberal; Roy Barreras, de la U; Iván Cepeda, del Polo, y Alfredo Rangel, del Centro Democrático, y aunque era previsible que la plenaria del Senado sería una muestra de la polarización política que se vive en el país, se preveía un debate más caliente. Al final primó el respeto, excepto por contados comentarios lanzados por sus protagonistas sin mayores aspavientos.
Las bancadas de Gobierno, más el Polo y el Partido Verde, cerraron filas en defensa del proceso de paz de La Habana. Sostuvieron que se había avanzado como nunca antes en la historia, que no se les está entregado el país a las Farc, que el diálogo es el único camino para acabar con el conflicto armado y que en la mesa de diálogos se garantizarán los derechos de las víctimas.
Por su parte, el vocero del Centro Democrático, Alfredo Rangel, insistió en que el proceso de paz ha significado un deterioro de la seguridad, que en Colombia no hay conflicto armado sino amenaza terrorista, que con los diálogos se camina al “castrochavismo” y que se ha igualado a la institucionalidad con el terrorismo. Enfatizó, además, en que el uribismo no es enemigo de la paz, pero que ésta no se puede conseguir a cualquier precio y que los mínimos para continuar negociando con las Farc son exigir a la guerrilla que concentre sus unidades en una zona específica del territorio nacional y que cese unilateralmente todas las acciones criminales.
En respuesta, el ministro del Interior, Juan Fernando Cristo, pidió a la oposición no confundir a la opinión pública y la invitó a sumarse al debate sobre la paz. Dejó claro que el Gobierno quiere que se deje de hablar de enemigos y amigos de la paz, para hablar de detractores y defensores del proceso. “Somos capaces de sentarnos a hablar sobre esas diferencias, sabemos que las observaciones y diferencias debemos tramitarlas con la oposición”, dijo.
Por su parte, el ministro de Defensa, Luis Carlos Villegas, defendió en su primer debate en el Congreso de la República las cifras del Gobierno en materia de seguridad y precisó que la Fuerza Pública está motivada y comprometida con la paz y que no se la ha igualado con el terrorismo.
Pero las voces inéditas en el Congreso no fueron las de los senadores, sino las de los negociadores del Gobierno en La Habana. Humberto de la Calle, jefe de la delegación del Ejecutivo, afirmó que estamos ante la oportunidad cierta de conseguir el fin del conflicto armado con las Farc y que el proceso de paz ha llegado al momento crucial. Al responder a las críticas de que en Cuba sólo se iba a hacer el borrador del acuerdo final, reiteró que serán los colombianos quienes tengan la última palabra.
El exvicepresidente dijo que la dejación de la armas es un punto del proceso de paz y que no habrá una paz armada. Pidió a sus detractores que no manipulen los acuerdos, puesto que son públicos, y que señalen qué tienen éstos de marxistas o leninistas. Al final explicó que se busca desescalar el conflicto para generar confianza entre las partes y en los colombianos, al tiempo que reconoció que están dispuestos a llegar al cese bilateral antes del acuerdo final, siempre que sea definitivo y con garantías y verificación.
El alto comisionado para La Paz, Sergio Jaramillo, aseguró por su parte que el modelo de la negociación toma a las regiones como punto central de la construcción de la reconciliación e insistió en que la paz requiere del tránsito de los combatientes a la vida política, siempre que se hayan dado garantías a los derechos de las víctimas y no estén implicados en delitos de lesa humanidad.
Finalmente, el expresidente Álvaro Uribe, uno de los críticos más ácidos del proceso de paz, reconoció que ha habido cambios recientes que le dan tranquilidad. Puso como ejemplo el hecho de que el Gobierno hable de entrega de armas por parte de las Farc. Eso sí, reiteró que quienes se desmovilicen tras los acuerdos deben pagar con cárcel sus deudas con la justicia y que no debe dárseles participación política.
El debate se produjo un día después de que se pusiera en marcha un nuevo cese unilateral del fuego por parte de las Farc y dos días antes de que la mesa de diálogo reanude discusiones en La Habana (Cuba). En la sesión se conoció que la delegación de las Farc que está en la isla tendría un recambio de 17 guerrilleros. En este ambiente se hizo el lanzamiento de una nueva estrategia del Ejecutivo en materia de comunicaciones del proceso de paz, en la cual todos los funcionarios del Gobierno defenderán el proceso en público y responderán interrogantes y críticas.