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Hace exactamente ocho años Álvaro Uribe Vélez hizo una gira por Latinoamérica similar a la que planea realizar Juan Manuel Santos. Ambos presidentes electos con el mismo objetivo, buscar apoyo en el vecindario para sus políticas. En el caso de Uribe Vélez sus primeros encuentros en la región se dieron en la segunda semana de julio de 2002 con los presidentes de Ecuador, Gustavo Noboa, y de Perú, Alejandro Toledo.
Aunque recibió apretones de manos y golpes en la espalda, la verdad es que ni Quito ni Lima le compraron a Uribe su intención de hacer un frente continental contra las Farc; por el contrario, ese grupo guerrillero se convirtió en la piedra en el zapato de la política exterior de Colombia con sus vecinos. Después viajó a Brasil y a Venezuela, donde tuvo sendos encuentros con los mandatarios Fernando Henrique Cardoso y Hugo Chávez Frías, con resultados similares a los de sus reuniones previas.
Para ese momento, Liliana González, diputada del partido venezolano V República, le dijo a El Espectador: “Lo que Uribe podría hacer es acercarse al presidente venezolano y convencerlo con razones y no a la fuerza de lo benéfico que sería para los dos países tener una frontera tranquila y abierta para la gente de bien. Chávez está a la defensiva por la mala relación que tuvo con Pastrana y por eso podría estar prevenido con Uribe”.
El malestar del mandatario venezolano se acentuó con el actual Presidente de Colombia, con quien mantuvo ocho años de fuertes tensiones, la más reciente desatada en julio del año pasado tras la oficialización de un acuerdo militar firmado entre Washington y Bogotá, que les permite a los estadounidenses utilizar de manera controlada siete bases militares colombianas.
Con una situación muy diferente en el campo interno, pues la subversión vive hoy su peor momento y con un panorama internacional que dista mucho del de 2002, Juan Manuel Santos se prepara para visitar México, República Dominicana, Panamá, Perú, Chile y Argentina. El anuncio lo ratificó varias veces durante su gira europea, que concluyó el viernes en Madrid y que lo llevó además a Londres, Berlín y París.
Desde esta perspectiva, analistas como el ex canciller Augusto Ramírez Ocampo consideran que el nuevo mandatario busca darle un giro a la política exterior. “Tengo la impresión de que hay un interesante cambio en el sentido de que Uribe empezó por Estados Unidos y Santos por Europa y ahora se dispone a visitar algunos países, lo que está indicando que va a luchar por acabar con el aislamiento colombiano en la región y que va a cumplir con la Constitución, que señala que se deben priorizar la relaciones con América Latina y el Caribe”.
Dentro de la agenda llaman la atención dos puntos: primero, que Brasil no esté incluido en el periplo y que los primeros encuentros con Quito y Caracas los haya encargado a María Ángela Holguín, recientemente designada como la canciller de Colombia. Su mismo nombramiento fue bien recibido en la comunidad internacional, especialmente en Venezuela, toda vez que la nueva Ministra se desempeñó como embajadora en Caracas entre 2002 y 2004.
Para el propio Santos, el restablecimiento de las relaciones con Ecuador y Venezuela “es un proceso que va por buen camino. No se puede dar de la noche a la mañana, pero va por buen camino y creo que todo el mundo está satisfecho”, refiriéndose a las más recientes declaraciones de los presidentes Rafael Correa, de Ecuador, y Hugo Chávez, de Venezuela. El primero oficializó hace pocos días su asistencia a la posesión del próximo jefe de Estado colombiano, mientras que el venezolano ha insistido en que estará dispuesto a descongelar sus relaciones con Bogotá, sobre la base del respeto. “Colombia ha elegido un nuevo presidente. Respetado es, siempre que respete a los demás gobiernos, que también somos independientes”.
A pesar de los acercamientos, unas recientes declaraciones del presidente Álvaro Uribe enturbiaron de nuevo el ambiente bilateral. “La diplomacia colombiana no debería regresarse a las apariencias hipócritas porque ésta debe primero entender que los colombianos hemos sufrido mucho por el terrorismo, y que un tema fundamental de la diplomacia es que los otros países se comprometan a no permitir en sus territorios terroristas colombianos”.
Para Ramírez Ocampo, esas palabras fueron inoportunas, pues al “calificar como diplomacia de maquillaje los recientes esfuerzos no le hace bien al restablecimiento de las relaciones con Ecuador y Venezuela, que debe ser la prioridad de Colombia”.
El viernes en la noche, el gobierno de Venezuela también reaccionó frente al tema y el canciller de ese país, Nicolás Maduro, fue enfático en señalar que el Presidente de Colombia parece interesado en que no se restituyan los canales diplomáticos. “Uribe ha sido el responsable de la destrucción de las relaciones (de Venezuela) con Colombia y ahora persiste en ese objetivo tratando de dañar con sus declaraciones cualquier salida que pudiera darse”.
Pero más allá de la relación con sus vecinos inmediatos, la verdad es que Colombia también requiere mejorar su posición en el concierto regional. Precisamente por sus tensas relaciones fronterizas, el país ha tenido varios roces con los Estados que conforman la Unión de Naciones Suramericanas (Unasur). Para el analista chileno Jorge Navarrete Poblete, el país no puede abandonar su política de solicitar solidaridad para enfrentar a la subversión y el narcotráfico, pero a este tema le debe agregar otros componentes. “Lo deseable también sería un mayor protagonismo de Colombia en otros temas donde tiene mucho que aportar, tanto en lo que se refiere a la mayor descentralización de la política pública, como también a sus distintos modelos de participación ciudadana. De igual manera, creo indispensable que en esta nueva interacción, Colombia pueda recoger experiencias de otros países en lo que se refiere a fortaleza de las instituciones”.
La realidad es que los primeros mensajes que ha enviado Juan Manuel Santos indican que en su administración la política exterior colombiana estará bajo el control de la Cancillería y no del Ministerio de Defensa.