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Santos y sus intentos de reconciliarse con Uribe

En los últimos meses, el presidente le ha enviado mensajes directos de paz a su antecesor. Por el momento no hay respuesta y las posiciones parecen irreconciliables.

Hugo García García

12 de febrero de 2016 - 08:23 p. m.
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Dicen que el distanciamiento entre el presidente Juan Manuel Santos y su antecesor, Álvaro Uribe, comenzó a darse desde el mismo momento en que el primero anuncio su equipo ministerial, una vez llegó al poder en 2010, en él que incluyó a Germán Vargas Lleras y Juan Camilo Restrepo, acérrimos rivales políticos del exmandatario. Antes, en plena campaña electoral, el respaldo del expresidente liberal César Gaviria ya había generado resquemores.

Luego vino el encuentro entre Santos y el entonces mandatario venezolano Hugo Chávez, y la famosa frase del “nuevo mejor amigo”, y el reconocimiento de que en Colombia hay conflicto armado y no amenaza terrorista, que abrió la puerta al trámite y posterior aprobación de la Ley de Víctimas, dos puntos de honor para el uribismo. En 2012, el anuncio del inicio de un proceso de negociación con las Farc en Cuba, marcó el rompimiento total.

No se sabe la fecha exacta del divorcio. En noviembre de 2011, Santos confesó que desde hacía tres meses Uribe no le pasaba al teléfono. Dijo que lo llamó “para felicitarlo” por temas como la aprobación del TLC con Estados Unidos y el operativo que permitió dar con la muerte de “Alfonso Cano”, máximo cabecilla de las Farc, pero que no le contestó ni le devolvió las llamadas.

Hoy, el uribismo se ha convertido en la principal fuerza política opositora del Gobierno, no rebajan de “traidor” al presidente Santos y lo acusan de querer entregarle el país a la guerrilla y al “castro-chavismo”, y de haber desviado el rumbo. Y aunque al comienzo éste no quiso casar pelea y habló de un “mantra” para no responder a los ataques, con el correr de los días se fue olvidando de él para comenzar a lanzar sus pullas en uno que otro discurso.

En la actualidad, el santismo ya califica de “enemigos de la paz” a los miembros del Centro Democrático, el partido que lidera el expresidente Uribe y las posiciones parecen irreconciliables. Pero los evidentes avances en el proceso de paz obligan a pensar en otra perspectiva. Se habla de intentos de acercamiento y que hay personas dedicadas a esa tarea. Lo cierto es que un tiempo para acá, el mismo presidente Juan Manuel Santos ha sido el encargado de enviar mensajes directos.

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Sucedió, por ejemplo, en la reciente conmemoración de los 15 años del Plan Colombia en Washington, evento que se llevó a cabo el 4 de febrero y al que estaba invitado Uribe, pero no asistió. Tres días antes, en un acto público en Casanare, el jefe de Estado le dijo al gobernador de ese departamento, Alirio Barrera, elegido por el Centro Democrático: “Le pediría a usted que interceda ante su jefe y dígale que vaya, que está cordialmente invitado. Si quiere se va en el avión conmigo, si quiere allá lo alojamos en el mismo sitio donde estoy yo, el presidente Pastrana ya aceptó”.

Y agregó: “Qué bueno sería la señal que le daría al mundo entero que Colombia también tenemos una democracia lo suficientemente madura para que los dirigentes puedan poner a un lado sus diferencias”.

Incluso, el 20 de julio del año pasado, en el discurso de instalación de las sesiones ordinarias del Congreso de la República, Santos le envió un mensaje amistoso a Uribe: “Serenemos los espíritus y depongamos las armas entre nosotros. Esta es la hora de avanzar unidos y no de perder tiempo peleando”, le dijo.

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Y ayer, ante una declaración que dio el expresidente uruguayo José Mujica, quien medio en serio y medio en broma les pidió a Santos y a Uribe “que se vayan a una de esas montañas hermosas que tienen y que se pongan a mirar lejos”, el primer mandatario respondió en un mensaje vía Twitter: “Estoy listo para reunirme con Álvaro Uribe en cualquier montaña. Dígame cuál y cuándo”.

Una señal de querer acercarse, que el exmandatario no ha respondido. Quienes sí lo hicieron fueron algunos de sus alfiles en el Congreso, como el senador Ernesto Macías, quien en la misma red social escribió: “Las únicas montañas que conoce Santos, son las montañas de dinero de la corrupción de su Gobierno”. O el representante a la Cámara Samuel Hoyos, también miembro del Centro Democrático, trinó: “Si se quiere reunir con Álvaro Uribe vaya al Congreso, el problema es que usted carga la vergüenza y la culpa del cobarde”.

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Es claro que las heridas siguen abiertas y que, al menos por ahora, no habrá paz entre presidente y expresidente. Eso sí, hay que reconocer que quien ha hecho los intentos de reconciliación ha sido el presidente Santos, pero parece que Uribe sigue “cargado de tigre”. De todas maneras, en muchos círculos cercanos al Gobierno están convencidos de que, como lo advirtió el exministro Álvaro Leyva, “la paz sin Uribe no es posible”.

Por Hugo García García

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