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28 May 2020 - 11:00 a. m.

“Sí hay acciones, pero hay que articularlas”: Diana Rodríguez Uribe

Laura Angélica  Ospina

Laura Angélica Ospina

Periodista Política
“Sí hay acciones, pero hay que articularlas”: Diana Rodríguez Uribe

En los cuatro meses que van corridos de 2020, la Defensoría del Pueblo ha registrado 124 mujeres víctimas de violencia sexual relacionadas con el conflicto armado, y 225 fuera de él, varios de estos hechos perpetrados durante la cuarentena nacional. En medio de un contexto violento que empeora en el confinamiento, la entidad lanzó la “Guía defensorial para la atención integral a mujeres sobrevivientes de la violencia sexual”, una ruta para que los funcionarios encargados de atender estos casos sepan cómo orientar a las violentadas en el entramado institucional para que sus casos, en efecto, logren llegar a las instancias encargadas. No es una respuesta inmediata, pero sí a largo plazo, siempre y cuando la Defensoría logre ponerla en práctica, reconoce Diana Uribe Rodríguez, defensora delegada para los Derechos de las Mujeres y Asuntos de Género.

(Lea: El cuerpo de las mujeres afro quiso ser “colonizado” en el conflicto armado)

¿Cómo nació la Guía?

Es la culminación de un proceso de casi cuatro años. Se dio a partir de 2015, cuando la Corte Constitucional sacó un auto sobre la situación de desplazamiento en Colombia, que advierte los riesgos de violencia sexual que viven las víctimas del conflicto y las personas desplazadas. Entre las recomendaciones, le dice a la Defensoría que tiene que implementar un programa y una ruta de atención integral a las mujeres violentadas sexualmente. El alto tribunal establece que no importa qué profesionales haya en campo y sus conocimientos, debe ante todo atender de manera adecuada a esta población.

Entonces, con el apoyo de ONU Mujeres y la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) construimos la Guía. Para eso nos sentamos con las dependencias, preguntamos cómo atendían y estandarizamos procesos de manera que se articulen con las de otras entidades involucradas en los casos de mujeres violentadas, porque en el tema de atención a víctimas hay mucha normatividad, pero no es suficiente para mejorar la atención, que es el primer paso. Ahí nació, e incluye enfoque diferencial y de género, así como la identificación de los pasos para hacer uso de las rutas institucionales.

¿Qué corrige su creación?

Con ella se reconoce que las personas que conforman las entidades muchas veces tienen prejuicios y estereotipos de género. Como entidad no estamos exenta de eso. Buscamos con estas herramientas fortalecernos en el interior, tener claras las rutas y que se entienda que debemos cumplir la ley. Y una vez nos fortalecemos hacia adentro, eso tendrá un impacto directo en la articulación hacia afuera y sobretodo a nuestras destinatarias finales, que son las mujeres víctimas de violencia sexual.

El documento establece que, dependiendo del caso, un profesional distinto debe atenderle, ¿cómo funciona en zonas cuyas entidades carecen de esos cargos?

La idea es que ahí esté esta Guía para que se atienda con enfoque diferencial, dependiendo si es indígena o no, si el hecho ocurrió en las últimas 72 horas, si es adulta mayor, si es afro, entre otras características. Ahora, lo que pasa en las regiones, por lo general, es que las duplas de género (funcionarios de la Defensoría) son las que terminan atendiendo estos casos. Queremos que si no son las duplas las que atienden, que otro profesional encargado lo haga con el mismo estándar que lo harían ellas.

(Conozca:Observatorio de Mujeres hará seguimiento a procesos judiciales de violencia sexual)

¿Cómo hacer para que la Guía sí surta su efecto y no se quede guardada en un escritorio?

Este viernes conectaremos alrededor de 50 personas de todas las defensorías regionales para empezar el proceso de difusión. No es fácil, porque es una Guía cuyo contenido resulta un poco pesado para una sola capacitación. Y la idea es hacerlo no solo con los funcionarios, sino con las mujeres, para que sepan cuáles son sus derechos, qué exigir, qué esperar en términos de justicia, salud y reparación. La difusión va hasta diciembre y lo estamos adecuando a la virtualidad. Hay mujeres empoderadas que conocen muy bien sus derechos, pero también hay otras que están iniciando ese proceso, como las mujeres venezolanas: muchas empiezan de cero y han manifestado que necesitan mucho esa información.

¿Qué está pasando con la atención de la Defensoría durante la cuarentena?

Se ha mantenido de manera virtual. Los funcionarios no están en las sedes regionales, muy pocas entidades en los territorios están dando ese servicio. Las comisarías lo están haciendo, pero porque hay un decreto que así lo decidió por el papel que estas cumplen. Lo que hemos hecho es fortalecerlas. Hemos sacado comunicaciones en las que las duplas difunden sus números celulares en las regiones y desde delegadadegenero@defensoria.gov.co estamos recibiendo las solicitudes y quejas. Estamos preparándonos para volver al territorio. Con el apoyo de varios organismos de cooperación estamos haciendo compra de elementos de bioseguridad. Las rutas de atención se siguen aplicando, pero hay que atender esta nueva realidad. La Defensoría lidera un grupo de Whatsapp con otras entidades que se reúnen todas las semanas para hacer seguimiento del tema.

(Lea también:Defensoría del Pueblo lanza guía para la atención Integral a víctimas de violencia sexual)

¿Esas adecuaciones y la nueva Guía son suficientes para las mujeres rurales, sin acceso tecnológico?

Evidentemente no es lo mismo que la actuación presencial, y son mujeres que antes del COVID-19 ya estaban aisladas de la institucionalidad. Parte de esa adaptación es acostumbrarnos a la atención tecnológica. Debemos acogernos a las directrices del Gobierno, y la orden es teletrabajar en su mayoría hasta agosto, pero la prioridad es que no se baje la atención, y en las urgencias nos hemos desplazado para, por ejemplo, sacar a líderes de territorios donde corren peligro. Pero hay una limitación en la acción por falta de presencia en zonas alejadas del país.

Pero, ¿es suficiente?

Organizaciones de mujeres violentadas han dicho que han existido desarticulaciones entre las entidades para dar respuesta a los casos, antes y ahora con la pandemia. Comentaban que las “peloteaban” de entidad en entidad, que les tocaba contar sus historias varias veces, que no les creían, que los policías las mandaban para sus casas sin solución, que las revictimizaban. Eso se refuerza ahorita, porque no hay presencia física.

En el grupo de Whatsapp, en el que estamos 15 entidades, todos coinciden en que en la pandemia y mediante ese chat nos hemos apoyado mutuamente, algo necesario por el incremento de cifras de violencia. Sí hay acciones, pero necesitamos articularlas. El chat impulsa procesos en el territorio, pero las duplas también nos hablan de comisarías que se niegan a atender o de fiscalías que no respetan las denuncias. Hay voluntad de responder y la Guía defensorial apunta a eso: articularnos porque las minucias de cómo se lleve cada proceso a las mujeres violentadas les hace toda la diferencia.

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