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“Si Uribe se lanza, el liberalismo no debería tener candidato”

El gobernador de Santander, Horacio Serpa, planteó crear una coalición de fuerzas para confrontar al uribismo. Dice que van a seguir saliendo cosas de la parapolítica, la “parafuerza pública” y la “paraempresa”. “Falta mucho”. Sugiere que Uribe debería escuchar a sus amigos que le aconsejan no postularse a una segunda reelección.

Jorge Gómez Pinilla / Especial para El Espectador

04 de enero de 2009 - 08:52 p. m.
Herminso Ruiz / Herminso Ruiz
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 Esta entrevista al gobernador de Santander, Horacio Serpa Uribe, comenzó con una revelación: “¿Sabe con quién estaba yo cuando se supo lo de la Operación Jaque? Iba a 7.000 pies de altura en un helicóptero con Álvaro Uribe Vélez. Veníamos de Puerto Wilches e íbamos para Barrancabermeja. A él lo llamaron para contarle lo sucedido, yo iba a su lado y él se volteó y me dijo: ‘Liberamos a Íngrid Betancourt’ ”. Un comentario que prueba que las relaciones entre Uribe y Serpa siempre han sido cercanas, lo cual no es óbice para que siga siendo su opositor político.

Por eso, sin intervenir en causas electorales pero desde su postura de liberal que intentó tres veces llegar a la Presidencia plantea que si Uribe se lanza de nuevo a la jefatura del Estado, el liberalismo debe abstenerse de participar en el debate. Y con su habitual estilo lo explica: como en pelea de toche con guayaba madura, “yo hice de guayaba la vez pasada, y así no hay chance”. Serpa criticó la postura política actual de Rodrigo Rivera y admite que está muy complacido gobernando en Santander. Sobre la perspectiva de 2014, responde: “En política nunca se sabe”.

¿Será que detrás del apoyo del liberal Rodrigo Rivera a la reelección de Uribe puede estar el anhelo de ser designado como fórmula vicepresidencial?

Me sorprendió mucho leer en estos días una declaración del doctor Rivera, al que mucho respeto y es mi amigo, de la que se deduce su apoyo a la reelección del doctor Uribe. Hace un mes estuvo hablando aquí conmigo y no me avanzó nada sobre el tema. Me parece que con esa opinión sí se deslinda Rodrigo Rivera de la posición del Partido Liberal. Me explico: el Partido Liberal está contra la reelección presidencial como concepto, y contra la del presidente Álvaro Uribe, obvio.

En las circunstancias actuales, ¿le suena una coalición de las fuerzas contrarias a Uribe, incluido el Polo Democrático, para enfrentar su eventual segunda reelección?

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Soy partidario de una coalición de fuerzas democráticas para confrontar al uribismo, en el caso de que Uribe no sea candidato. Si el Presidente es candidato, mi opinión —sin que sea electoral, pues ahí no puedo participar—, mi convicción política y de conciencia es que las fuerzas progresistas, empezando por las de mi propio partido, no tengan candidato.

¿Es decir, abstenerse de participar en la campaña de 2010?

Exacto. Y lo digo haciendo una reflexión sobre mi propia experiencia. Primero, no hay un criterio en el liberalismo favorable a la reelección. Segundo, no hay forma de luchar electoralmente contra quien está en la Presidencia de la República. Esa clase de fineza electoral que existe en otras partes —donde hay sistema parlamentario, o en el sistema presidencial de Estados Unidos— no cabe aquí en Colombia todavía.

¿O sea que Uribe de nuevo candidato sería como pelea de toche con guayaba madura, por lo que sería mejor retirar la guayaba?

Sí señor. Yo hice de guayaba la vez pasada, y así no hay chance.

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Pero, viendo la carrera de obstáculos que Uribe debe atravesar (aprobación en el Congreso, visto bueno de la Corte Constitucional, solución a los vicios en el trámite del referendo o poner más de siete millones de votos), ¿sí cree que Uribe tenga chance de hacerse elegir por tercera vez?

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Le falta un largo trecho y debe recorrerlo ya no con el sol en la cara, sino en una época en la que hasta sus propios amigos le piden que se abstenga de buscar de nuevo la reelección. A mi juicio el doctor Uribe, por quien tengo mucho respeto, como todo el mundo lo sabe, debería escuchar no ya a sus contradictores —porque eso no es noticia—, sino a sus verdaderos amigos. Eso sería lo novedoso.

Hay quienes dicen que no es que quiera, sino que le toca porque hay tanto ex funcionario suyo o tanto político uribista en problemas con la justicia, que sólo su continuidad en el poder les brinda tranquilidad.

Sería terrible si así fuera, porque van a seguir saliendo muchas cosas de la parapolítica, y de la “para-Fuerza Pública”, y de la “para-empresa”. Sin duda, es mucho lo que falta por destaparse. De modo que ése no sería un argumento válido.

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Álvaro Uribe fue director de la Aerocivil entre marzo de 1980 y agosto de 1982. Un año después, el Consejo Nacional de Estupefacientes señaló que esa entidad había asumido “una actitud pasiva y negligente”. Pero en mayo de 1988 el Procurador General de la Nación, es decir usted, Horacio Serpa, conceptuó que no existía ningún indicio que comprometiera la conducta de Uribe durante su gestión en la Aerocivil, ¿qué tiene que decir a esto?

No recuerdo el episodio, pero quiero decirle que si así se pronunció mi Procuraduría, fue el resultado de las investigaciones que se hicieron. Conozco a Álvaro Uribe hace muchos años y tuve con él no sólo una relación personal —que la tenemos todavía—, sino política. De toda esa etapa yo opino favorablemente.

Con santandereana franqueza, ¿no cree que en su momento fue craso error político haberle recibido a Uribe la embajada en la OEA?

Lo examiné muy bien antes de aceptar y lo comenté frente al país cuando dije que asumía una responsabilidad de tipo internacional, partiendo de que lo internacional nos une a todos. Además, el Partido Liberal me autorizó y fui objeto de una emotiva despedida, con directivos y ex presidentes. Yo me fui tranquilo y tuve una experiencia extraordinaria, de la cual no me arrepiento. Hubo gente que después me dijo que no iba a votar por mí por haber aceptado la embajada. Así que con franqueza santandereana, fue una decisión de la que estoy convencido obré correctamente, aunque reconozco que en lo electoral sí me hizo daño.

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¿Qué futuro tiene usted en la política nacional si luego de aspirar a la Presidencia de Colombia se queda como premio de consolación con la Gobernación de Santander?

En estos días me están llamando mucho para decirme: “Oiga, ésta sí es su oportunidad”. Yo les digo: “No, ahora mi oportunidad es servirle al departamento de Santander, a mis paisanos”. Y estaré aquí hasta el 31 de diciembre de 2011. A partir de 2012, no sé qué pueda pasar.

O sea que podría “sonarle” la Presidencia en 2014…

En política uno nunca sabe. Yo nunca pensé que iba a ser alguna vez embajador, no me parecía que la diplomacia fuera mi fuerte. Salté de la política municipal a la nacional, sin pasar por la departamental. Nunca pensé que iba a ser gobernador de Santander y ahora lo soy, y además estoy contentísimo.

¿Qué significa para usted que Santander haya obtenido el primer puesto en el concurso “Mejor Plan de Desarrollo”?

A uno lo eligen por cuatro años, pero sólo gobierna tres y medio. El primer semestre se va en el Plan de Desarrollo. Y mire que el nuestro fue calificado por Planeación Nacional, por la Agencia Internacional de Cooperación de Alemania, por Estados Unidos, por Naciones Unidas (Fonade) y por Colombia Líder, como el mejor plan de desarrollo del país. Es un reconocimiento extraordinario, que se traduce en que aquí trabajamos con seriedad. Si a mí me preguntan qué quiero que se recuerde más de mi paso por esta Gobernación, no fue que hice puentes, carreteras o colegios, sino que fui un político honrado.

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En respuesta a una afirmación de alias ‘Jorge 40’, según la cual él apoyó su campaña a la Presidencia en 2002, usted afirmó que “faltan por revelarse nombres de personas vinculadas a las mafias, que avanzaron en un proyecto político de extrema derecha y lograron fundar una paracracia que infiltró las tres ramas del poder”. ¿Qué quiso decir?

Hasta el momento ha salido la vinculación de los políticos al paramilitarismo, y de sectores de la Fuerza Pública, pero no se ha avanzado nada con el sector empresarial. ¿Quiénes fueron los primeros que financiaron el paramilitarismo? ¿Quiénes los armaron y los estimularon con el pretexto de combatir a la guerrilla? Muchos empresarios de la agricultura, de la ganadería, de la industria. Y eso tiene que destaparse. Porque solamente si no hay impunidad, podremos llegar algún día a la convivencia en el país. Falta, pues, el destape de la “paraempresa”.

Por Jorge Gómez Pinilla / Especial para El Espectador

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