El anuncio sobre la posibilidad de un cese del fuego bilateral entre las fuerzas del Estado y las Farc, planteado inicialmente por el presidente Juan Manuel Santos a partir del próximo 1° de enero y al que la guerrilla cree que se puede llegar incluso antes de esa fecha —a mediados de diciembre—, comenzó a aterrizarse ayer. Y fue el mismo jefe de Estado quien aclaró que para llegar a ello, además de acuerdos definitivos en los temas de víctimas y de fin del conflicto, es necesario tener un consenso en cuanto a la concentración en sitios específicos de las tropas subversivas.
“Si no se concentran, entonces no se podría administrar el cese al fuego con efectividad, porque hay otros elementos de violencia, otros grupos que tenemos que seguir combatiendo”, explicó Santos. Un asunto de controversia si se tiene en cuenta que las mismas Farc han dicho que hasta ahora no hay ningún acuerdo que hable de la concentración de tropas ni de lugares de confinamiento. Lo que se sabe es que el tema, tarde o temprano, deberá ser abordado por la Subcomisión Técnica del Fin del Conflicto, de la que hacen parte miembros activos de las Fuerzas Armadas.
De hecho, en abril pasado se filtró la información sobre un supuesto borrador para ese plan de concentración de las Farc. Se hablaba de 20 sitios en todo el país, que los guerrilleros podrían conservar las armas pero si salían de esas zonas deberían hacerlo desarmados y de civil, que si llegasen a cometer algún delito perderían los beneficios y que el Gobierno les prestaría seguridad y facilitaría toda la logística en alojamiento, alimentación y salud, entre otros.
También se dijo que la concentración sería por máximo seis meses, período durante el cual se debería dar la refrendación de los acuerdos, y que una vez surtido este proceso, se iniciaría en firme la desmovilización. Desde la Casa de Nariño negaron la veracidad del documento y se aclaró que, llegado el momento, sería la Subcomisión Técnica la que haría las recomendaciones pertinentes a la mesa.
Lo claro es que el tema de la concentración de la guerrilla es una prerrequisito que el Gobierno considera ineludible a la hora de pensar en un cese del fuego bilateral. De paso, es un punto en el que se encuentra consenso con el uribismo. En junio pasado, en plena crisis de las negociaciones de La Habana por cuenta de la ofensiva guerrillera en el sur del país —que dejó uniformados muertos, poblaciones sin energía y miles de galones de petróleo derramado—, el expresidente y hoy senador Álvaro Uribe planteó que las Farc se concentraran en una zona vigilada, sin necesidad de entregar sus armas.
Habló entonces de una sitio alejado de las fronteras, sin población civil y que no fuera estratégico para la economía. Dijo también que el tiempo de concentración podría descontarse de las condenas de cárcel a los cabecillas, que podrían mantener las armas —cuya entrega y destrucción sería tras la firma del acuerdo final— y que la vigilancia la deberían adelantar instituciones colombianas, pero con la monitoría y presencia de la comunidad internacional.
Ahora, para el Gobierno, el cese del fuego bilateral significa igualmente que la guerrilla suspenda actividades de extorsión, narcotráfico y demás. “Un cese lo que significa para los efectos de las Farc es que haya condiciones suficientes que garanticen de parte y parte que cesan las actividades militares y las hostilidades sobre la población civil, pero que el Ejército y la Policía siguen defendiendo a los colombianos”, enfatizó ayer Humberto de la Calle, jefe negociador del Ejecutivo en Cuba.
En Presidencia saben que eso solo se logrará con la concentración de las tropas guerrilleras, pues con 65 frentes de las Farc repartidos por todo el país —además del Eln, las bacrim y todas las bandas delincuenciales—, se hace muy complicado adelantar la verificación, sea de quien sea, de una tregua. De todas maneras, el presidente Santos tiene claro que si existe voluntad de parte y parte, en diciembre los colombianos podrían tener la buena noticia de un cese del fuego bilateral y definitivo.