13 Dec 2020 - 2:00 a. m.

Un cazador de nazis contratado por el presidente Virgilio Barco

El legendario agente de inteligencia de Israel, Rafi Eitan, vino a Colombia en 1987 por decisión del presidente de la República. Historia de su misión.

Alberto Donadio * / Especial para El Espectador

El jefe del comando secreto israelí que capturó en Argentina a Adolf Eichmann, criminal de guerra nazi, estuvo en Colombia hace más de 30 años como asesor de seguridad nacional del presidente Virgilio Barco Vargas, jefe de Estado de 1986 a 1990.

Rafi Eitan, uno de los espías más famosos en la historia de Israel, dirigió en Buenos Aires la operación que condujo, el 11 de mayo de 1960, a la captura de Eichmann, llamado “el arquitecto del holocausto”, pues tuvo a su cargo en el régimen de Adolf Hitler el confinamiento de judíos en guetos y su deportación masiva en convoyes ferroviarios a campos de exterminio, donde se calcula que fueron asesinados seis millones de judíos. Se le llamó “ministro de la muerte” y “ejecutor de la solución final”.

Eichmann fue llevado a Israel en un avión de El Al, la compañía de bandera de ese país, donde fue sometido a un juicio en que negó ser un asesino y dijo que sencillamente obedeció órdenes. “Acuso a los gobernantes por haber abusado de mi obediencia”, expresó en el tribunal. En la madrugada del 31 de mayo de 1962, luego de tomar en silencio una botella de vino rojo, que fue su última voluntad, y rechazar la capucha del condenado a muerte, pasó a la horca. (Lea aquí la segunda parte de esta investigación).

El proceso contra Eichmann atrajo tanta atención internacional como los juicios de Núremberg contra los jerarcas nazis después de la Segunda Guerra Mundial. La fotografía de Eichmann sentado durante el juicio en un cubículo de vidrio antibalas, construido para impedir que fuera asesinado, ha sido reproducida muchas veces en los últimos 60 años.

Más de una docena de películas se han hecho sobre la captura de Eichmann o su juicio en Jerusalén. En septiembre apareció la última, un documental sobre Rafi Eitan llamado Del Mossad a Eichmann. En la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos reposan, en varias lenguas, 460 libros sobre Eichmann. Nadie en Colombia parece haber sabido de la presencia de Rafi Eitan en territorio colombiano durante el gobierno de Virgilio Barco, pero el hecho no fue un secreto.

La noticia sobre la misión de seguridad nacional de Rafi Eitan en Colombia fue divulgada en su momento por la prensa de Israel y por The Washington Post, pero aunque parezca increíble jamás la publicó medio alguno de comunicación colombiano. Un allegado al presidente Barco confirmó que Eitan estuvo en Colombia y sostiene que se tomó fotos con él en Bogotá.

Rafi Eitan era agente del Mossad, el servicio de inteligencia exterior de Israel, cuando Eichmann fue secuestrado en Buenos Aires sin el conocimiento de las autoridades argentinas. La operación se llamó Garibaldi, por el nombre de la calle donde vivía el criminal de guerra, en ese momento empleado de Mercedes-Benz. En los últimos 60 años, Eitan fue considerado héroe de los servicios secretos de su país. Cuando falleció, en 2019, a los 92 años, el director del Mossad señaló que el nombre de Rafi Eitan se escribiría en letras de oro en los libros de historia de Israel.

En una investigación de más de un año, pensé que no encontraría documentos relativos a la presencia de Eitan en Colombia, por tratarse de un oficial de inteligencia que se movía en la sombra y que estuvo involucrado en numerosas y polémicas operaciones clandestinas, incluyendo una de las más audaces que pueda realizar un espía de Israel: montar una operación secreta de espionaje contra los Estados Unidos. El escándalo internacional que se desató cuando ese ardid fue revelado incidió para que a Eitan lo contrataran en Colombia como asesor del presidente Barco.

Me parecía lógico que Eitan no hubiera dejado rastro de su paso por Colombia y que el gobierno Barco mantuviera en máxima reserva su venida al país. Las actividades de Eitan fueron siempre secretas y de alto riesgo. Participó en el asesinato de los comandos palestinos que secuestraron y ejecutaron a deportistas israelíes en los juegos olímpicos de Múnich, en 1972. También, nueve años después, formó parte de la Operación Babilonia, que destruyó un reactor nuclear en Osirak, Irak, según The New York Times. Tras la matanza de 11 atletas de Israel en Múnich por el comando palestino Septiembre Negro, la primera ministra Golda Meir autorizó vengar su muerte en una operación del Mossad llamada Ira de Dios, que consistió en rastrear a cada una de las personas que participaron en la acción terrorista para eliminarlas. En el equipo de vengadores se hallaba este agente. (Recomendamos: La conexión israelí, investigación de Nelson Fredy Padilla).

Según The New York Times, Eitan dijo en 2010 en una entrevista con el periódico Haaretz que “en principio, cuando hay una guerra contra el terrorismo, se combate sin principios”. Hablando con la televisión de su país en 2014, Eitan también señaló: “Toda operación de inteligencia es una alianza con el delito”. Un personaje de semejantes convicciones no dejaría constancia de su asesoría al presidente Barco.

El caso Pollard

Hay dos razones que explican la presencia de Eitan en Colombia. Barco lo conocía personalmente desde antes de ascender a la Presidencia de la República. Aparentemente lo había tratado en Washington, cuando Barco fue embajador de Colombia ante la Casa Blanca (1977-1980) o cuando fue director del Banco Mundial (1968-1974).

La segunda razón tiene que ver con una operación de espionaje de Israel contra Estados Unidos que fue diseñada y dirigida por Rafi Eitan. Aunque Israel y Estados Unidos han sido aliados militares y políticos, Eitan lanzó una operación clandestina contra Estados Unidos. Reclutó a sueldo a un oficial de inteligencia naval norteamericano, al cual le pagó para que entregara copia de miles de documentos militares reservados sobre el Medio Oriente. Ese oficial, de familia judía, se llama Jonathan Jay Pollard. Fue detenido por el FBI en 1985.

Israel y Estados Unidos cruzan información de inteligencia, pero en los años 80 Israel consideró que Estados Unidos no compartía toda la información que poseía sobre los países vecinos hostiles a Israel. Ese fue el detonante de la operación de espionaje contra Estados Unidos ideada por Eitan, en su momento director de una agencia de inteligencia israelí llamada Lakam, distinta al Mossad. Lakam fue disuelta tras el escándalo que explotó con la detención de Pollard.

Seymour Hersh, el famoso periodista investigativo, cuenta en sus memorias que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) le mostró parte de los documentos que Pollard entregó a Israel. Se trataba de informes secretos sobre los métodos utilizados por los Estados Unidos para espiar a la Unión Soviética en el Mediterráneo. Israel los habría pasado a la URSS a cambio de la liberación de judíos soviéticos que deseaban radicarse en Israel. Una audacia típica de Rafi Eitan.

El caso Pollard ocasionó encendidas protestas por parte del gobierno de los Estados Unidos, que consideró inadmisible que un país aliado como Israel reclutara espías para adquirir información militar de un país que desde hace decenios suministra ingente asistencia militar a Israel. (Recomendamos: La asesoría israelí a Colombia en guerra electrónica, investigación de Nelson Fredy Padilla).

Pollard fue condenado a cadena perpetua y durante mucho tiempo el gobierno de los Estados Unidos se negó a acceder a los ruegos de Israel para que el espía fuera liberado. Israel le dio la ciudadanía a Pollard, pero no logró su liberación. Quedó libre en 2015, al cabo de 30 años de prisión. Israel ofreció disculpas formales a los Estados Unidos y aceptó haber pagado a Pollard.

Rafi Eitan contrató a Pollard y supervisó sus actividades de inteligencia, por lo que el arresto de Pollard, en 1985, salpicó a Eitan. En el juicio penal contra Pollard en Estados Unidos los fiscales señalaron que Eitan participó en el concierto para delinquir, aunque no fue imputado; es decir, fue considerado un unindicted coconspirator, que en el derecho penal de ese país equivale a cómplice o conspirador no acusado. Después de 1985 Eitan jamás puso un pie en Estados Unidos.

Asesor de seguridad nacional

El escándalo llevó a un amigo de Eitan, el general Ariel Sharon, a tenderle una mano. Logró que Eitan, que había quedado cesante y en el torbellino del escándalo, fuera nombrado presidente de Israel Chemicals, la más grande compañía estatal de Israel. Sin embargo, le quedaban horas libres y las dedicó a Colombia. Así lo publicó textualmente el 3 de septiembre de 1989 The Washington Post: “La prensa de Israel informó la semana pasada que el cargo químico es un empleo de tiempo parcial, lo que le ha dejado a Eitan tiempo suficiente para ejercer el cargo de asesor de seguridad nacional del presidente de Colombia, Virgilio Barco Vargas”. Una búsqueda en Google de los nombres Rafi Eitan y Virgilio Barco remite al artículo.

La publicación del Washington Post la firmaron Dan Raviv, corresponsal de la cadena de televisión CBS, y Yossi Melman, periodista de Israel experto en espionaje y autor de una decena de libros sobre el tema. En Colombia nadie retomó la información. En ese momento Barco era todavía presidente y la existencia de un asesor de seguridad nacional de fama internacional como Eitan habría sido una primicia noticiosa en Colombia, pues el exagente del Mossad se convirtió en un personaje de renombre mundial tras el secuestro de Eichmann.

Raviv y Melman mencionaron en el artículo a varios ciudadanos particulares de Israel que entrenaban ejércitos de narcotraficantes, como Yair Klein, y a otros exagentes del Mossad, distintos a Eitan, que asesoraban a gobiernos, como fue el caso de Michael Harari, amigo personal y asesor de seguridad del hombre fuerte de Panamá, Manuel Antonio Noriega.

Con frecuencia se ha citado en la prensa colombiana el nombre de Yair Klein, quien desde 1988 entrenó a escuadrones de la muerte de paramilitares y narcotraficantes en el Magdalena Medio y en otras regiones de Colombia, pero en cambio jamás se divulgó la visita a Colombia de Rafi Eitan.

La única excepción fue el libro Guerras recicladas, de la periodista María Teresa Ronderos, reconocida experta en paramilitarismo. Ronderos cita un libro publicado en Italia en 2003 por Guido Piccoli con el título Colombia, el país del exceso. Piccoli señaló que Rafi Eitan estuvo en Colombia impartiendo entrenamiento militar, pero María Teresa Ronderos en su libro de 2014 señaló que por el nivel del personaje “no resuena veraz” que haya venido a entrenar jóvenes a un pueblo perdido en Colombia.

Sin citar fuentes, un libro publicado en Francia en 2000 sobre los carteles de la droga indica que el “general” Rafi Eitan hizo varios viajes a Colombia, el último en 1988, y que se reunió con dos ministros del gobierno Barco: Guillermo Perry (de Minas) y Rafael Samudio Molina (de Defensa) para discutir la aniquilación del Eln (Ejército de Liberación Nacional). El periodista colombiano Eduardo Mackenzie es coautor del libro. Rafi Eitan no fue general. No se le debe confundir con el general Rafael Eitan, militar fallecido en Israel en 2004.

Rafi, el apestoso

Cada vez que me adentraba en las operaciones de inteligencia realizadas por Rafi Eitan me parecía improbable encontrar prueba escrita de su paso por Colombia. En la guerra de independencia de Israel, en tiempos del mandato británico en esa región del mundo, Eitan se internó en una red de alcantarillado para volar unas instalaciones de radar. Desde entonces lo llamaron “Rafi, el apestoso”.

En 1951, cuando entró al Mossad, Eitan tuvo la más peculiar entrevista de trabajo con el director de la agencia, Isser Harel. Estaban en un café. Harel le señaló un balcón situado en el tercer piso del edificio del frente y dijo que quería verlo allí. En cuestión de minutos Eitan, a la sazón de 25 años, estaba saludando a su futuro jefe desde el balcón. Se había trepado como un topo por la tubería externa del alcantarillado del edificio. La historia la contó el año pasado la revista Foreign Policy, tras la muerte de Eitan.

No parecía viable que un curtido agente secreto como Eitan hubiera dejado huella en los registros de la burocracia oficial cuando fue asesor de seguridad nacional del presidente Barco. Era obvio que no lo habían nombrado por decreto y que jamás aparecería en la nómina oficial.

Pese a las dudas, investigué en los archivos de la Presidencia de la República. En efecto, no hallé el nombre de Rafi Eitan en los papeles consultados, pero en una de las 27 cajas de la correspondencia de Jorge Humberto Botero, en los diez meses en que fue secretario jurídico de Barco (de agosto de 1986 a junio de 1987), encontré el borrador de un contrato con una firma de seguridad de Israel por valor total de casi US$1 millón, incluyendo honorarios de US$535.714. Se pactaron esos honorarios, más viáticos a razón de US$55 diarios para el personal; además, se cubrirían todos los impuestos y seguros y hasta los gastos de lavandería y además se expedirían a favor del contratista “hasta 50 pasajes para efectos de transporte aéreo, ida y regreso, en la ruta Tel Aviv-Bogotá-Tel Aviv”.

El 27 de enero de 1987 Fernán Bejarano Arias, abogado de la Secretaría Jurídica de la Presidencia de la República, que hoy es vicepresidente jurídico de Ecopetrol, le envió un memorando de dos páginas a su jefe, Jorge Humberto Botero.

El contrato con Ktalav

El memo, en la línea asunto, dice: “Contrato KPI”. Bejarano informó a Botero que con el abogado Ernesto Villamizar Cajiao se habían acordado varias cláusulas del contrato, como la obligación de la entidad contratante de asumir los gastos de alojamiento del personal de KPI.

Bejarano indicó a El Espectador que no recuerda el asunto y que debió ser algo de rutina. Aunque conoce de toda la vida a Ernesto Villamizar Cajiao, por ser amigo de su hermano Pablo, señaló que no recuerda una visita del abogado a la Secretaría Jurídica o que él hubiera estado en su oficina particular, pero no descartó una llamada telefónica o una comunicación escrita.

El memorando adjunta el borrador de un contrato con KPI, iniciales de Ktalav Promotion and Investment Ltd., con domicilio en 25 Harley Street en Londres. Según el borrador, se le pagaría a KPI el alojamiento para los ejecutivos sénior en el Hotel La Fontana o similar y para el personal denominado de instructores, hoteles o apartamentos de tres estrellas.

Se acuerda en el borrador que los pagos se deben efectuar en la cuenta número 08-1390-9 del Israel Discount Bank de Nueva York con sede en el número 511 de la Quinta Avenida.

KPI fue constituida en septiembre de 1986, un mes después de la posesión de Barco, en la Isla de Man, un paraíso fiscal situado entre Irlanda y el Reino Unido. Uno de sus directores fue Isaac Yeffet, exagente del Mossad y jefe de seguridad de El Al (de 1977 a 1984), tal vez la aerolínea con los más estrictos protocolos de seguridad del mundo.

¿El contrato con KPI fue el disfraz para ocultar y pagar la misión de Eitan en Colombia? Es posible. ¿O hubo dos operaciones de inteligencia con ciudadanos de Israel en el gobierno Barco: una con Eitan y otra con KPI? Es posible, pero no parece probable.

En el borrador aparece en blanco el nombre de la entidad contratante. Exfuncionarios de varios gobiernos me dijeron que el pago pudo estar a cargo de Ecopetrol porque algunos presidentes le han pedido a la empresa estatal que asuma gastos que no figuran en el presupuesto de Presidencia. Uno de esos exfuncionarios me dijo que Ecopetrol ha sido considerada la caja menor de presidentes y aún de varios ministros. El presidente de Ecopetrol es nombrado por el presidente de la República. En tiempos de Barco, la nación era dueña de la totalidad de las acciones de Ecopetrol. Hoy posee el 89,9 %.

Cuando pregunté a Ecopetrol si hubo giros, pagos, desembolsos o erogaciones a la Presidencia de la República durante el primer año de la administración Barco, me respondieron que la empresa solamente está obligada a conservar su archivo comercial durante diez años. Sin embargo, encontré un añejo antecedente de pagos costeados por Ecopetrol a petición de la Presidencia.

En 1957 el ministro de Minas y Petróleos, Julio César Turbay Ayala, reveló en una reunión de la junta directiva de Ecopetrol que se negociaron alfombras por US$12.000 con destino al Palacio Presidencial. Según acta 319 del 3 de junio de 1957, Gonzalo Acosta, vicepresidente de Ecopetrol, informó a la junta que el presidente de la compañía, Francisco Puyana Menéndez, recibió una solicitud del Palacio de San Carlos (entonces sede de la Presidencia) para que, por medio de los agentes compradores de la empresa, se adquirieran esas alfombras, que se necesitaban con urgencia con motivo de la visita del presidente de Venezuela.

Ese presidente fue Marcos Pérez Jiménez, que hizo una visita a Colombia antes de la caída del general Gustavo Rojas Pinilla, el 10 de mayo de 1957. En cuestión de meses, los dos presidentes que habían pisado las mismas alfombras pagadas por Ecopetrol estarían pisando suelo español. Ambos se marcharon a España al ser derrocados. Pérez Jiménez lo hizo cuando uno de sus generales le advirtió: “Vámonos, que el pescuezo no retoña”. El dictador murió en Madrid en 2001. La compra de alfombras para la Presidencia de la República no corresponde al objeto social de Ecopetrol y, por lo tanto, fue probablemente ilegal.

“Una cuestión manejada con gran sigilo”

Jorge Humberto Botero, secretario jurídico cuando recibió el memorando, indicó sobre el contrato con KPI: “Infortunadamente, después de que han transcurrido más de 40 años desde los eventos que menciona, carezco de recuerdos sobre ellos”. Sí han pasado muchos años, pero no 40 sino 33. Botero agregó: “La dependencia que dirigí hace ya tantos años tenía el encargo de revisar la legalidad de los instrumentos jurídicos que, de ordinario, provenían de otras dependencias. Los expedientes respectivos contenían una justificación de la medida o contrato propuesto, de tal manera que la tarea de la Secretaría consistía en que esa justificación existiera”.

El memorando y el borrador reposan en la caja VBV 290 (53) del archivo de la Secretaría Jurídica, de 1987, pero no se encontró la justificación del contrato ni otros papeles, salvo una reveladora hoja de presupuesto. La enumeración de todos los rubros muestra que el valor total del contrato fue de US$925.308, suma que en moneda de hoy sería superior a US$2 millones.

El documento menciona el apoyo del Ministerio de Defensa a KPI consistente en munición para pistola 9 mm y ametralladora, así como transporte aéreo y terrestre para el desarrollo del programa, aula y polígono día y noche.

Jorge Humberto Botero fue director programático de la campaña presidencial de Álvaro Uribe en 2002 y ministro de Comercio de su gobierno entre 2002 y 2007. Negoció el tratado de libre comercio firmado en 2006 con Estados Unidos y luego fue presidente de la Asociación Bancaria, de la Asociación de Fondos de Pensiones y Cesantías y, hasta el año pasado, presidente de Fasecolda, el gremio de las aseguradoras.

¿Cómo llegó el borrador del contrato con KPI a Presidencia? Dos personas habrían podido dar instrucciones al secretario jurídico para tramitar el contrato con KPI: el presidente Barco o el secretario general de la Presidencia, Germán Montoya Vélez, cuyo poder, similar al del presidente, ha sido reconocido en esa administración. Barco falleció en 1997 a los 75 años. Montoya murió en 2020 de 100 años. El borrador también pudo originarse en una dependencia externa del Gobierno.

“El diario trajín del gabinete lo definía el secretario general. Germán Montoya era el presidente en funciones”, indicó un exfuncionario del gobierno Barco. “Eran una sola persona”, anotó refiriéndose a Barco y Montoya. “Eran un ‘cucupaisa’, Barco de Cúcuta y Montoya de Medellín”. Las personas con más poder en el gobierno Barco fueron tres amigos suyos: Montoya, Fernando Rey Uribe, su secretario privado —que también fue secretario privado cuando Barco fue alcalde de Bogotá en el gobierno de Carlos Lleras Restrepo—, y Gustavo Vasco, que no tuvo cargos en Presidencia pero fue un asesor muy influyente del presidente. Rey y Vasco también fallecieron.

Jorge Humberto Botero manifestó que no supo que Eitan fuera asesor de seguridad nacional del presidente Barco: “Nada supe de esos vínculos. Imagino que era una cuestión manejada con gran sigilo”.

Marcela Romero de Silva, segunda secretaria jurídica del presidente Barco y antes secretaria del Consejo de Ministros, señaló: “No tengo idea del contrato al que se refiere. No escuché hablar de él ni en el Consejo de Ministros, al cual se llevaban para su aprobación los contratos de cuantías elevadas, ni en la Secretaría Jurídica, cuando reemplacé a Jorge Humberto Botero, quien fue nombrado gerente del Banco Cafetero. Pero recuerde usted que todos los contratos son revisados por la Contraloría y la Procuraduría, y en mi opinión un contrato como el que usted describe no habría sido aprobado por el Consejo de Ministros, ni por la Secretaría Jurídica, ni por los entes de control, porque no son temas para contratar, pues su objeto no se cuenta entre los objetos de los contratos previstos por las normas de contratación del Estado”. La Secretaría Jurídica se ocupa de preparar proyectos de ley, redactar decretos y revisar los decretos y contratos que los ministros envían para la firma del presidente.

* Uno de los periodistas de investigación con más experiencia y reconocimiento en Colombia. Columnista de El Espectador. Lea aquí la segunda parte de la historia.

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