El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.

¿Un código a la altura de la Policía y los ciudadanos?

Ante la evidente necesidad de reglamentar los comportamientos ciudadanos, está la duda por las facultades para algunos excesivas con que contarán las autoridades.

27 de enero de 2017 - 10:02 p. m.
EFE
PUBLICIDAD

Desde este lunes entra en vigencia el nuevo Código Nacional de Policía y Convivencia, una iniciativa que tiene como fin penalizar económica y penalmente los malos comportamientos de los ciudadanos y da mayores herramientas a la Policía para intervenir cuando se presentan estas contravenciones. Una reglamentación que no ha estado exenta de polémica, pues se cree que les da excesivas facultades a los uniformados, lo que se podría traducir en abusos de autoridad.

El otro lado de la moneda plantea la necesidad de implementar sanciones para malos comportamientos sociales básicos, como colarse en Transmilenio, realizar actos obscenos, orinar en la calle o colarse en filas, hasta asuntos más graves, como comerciar con celulares robados, ataques con ácido y maltrato a animales. Estos son temas que se ven a diario, pero como la zanahoria no funcionó, con el Código de Policía se viene el garrote.

La antesala de la implementación del Código no resulta nada halagüeña para la Policía. La semana pasada, un miembro del Esmad le disparó a pocos metros en la cara a un joven que estaba protestando por las corridas de toros. Otro, mató a su expareja en Transmilenio. Paralelo a la intervención en el Bronx, las autoridades destaparon un acuerdo entre miembros de la Policía y traficantes. Y hay casos tan graves como la red de prostitución en la institución conocida como “La comunidad del anillo” o el asesinato del joven grafitero Diego Felipe Becerra, en Bogotá, por el cual ya hay condenas.

Hay razones válidas para la desconfianza ciudadana, como lo reconoce el senador de Cambio Radical Germán Varón Cotrino, coautor y ponente del Código de Policía, pero sostiene que este tema se ha venido trabajando de común acuerdo con el director de la Policía, general Jorge Hernando Nieto, para que los uniformados sepan que el empoderamiento no puede generar impunidad para sus actos y que cualquier exceso con los ciudadanos tendrá sanciones muy graves.

De fondo defiende la necesidad del Código. “La gente se siente impotente y vulnerada frente a las circunstancias de convivencia que no le permiten estar tranquila. Me refiero a los colados, a solucionar los problemas por la vía de la violencia, aguantar vecinos ruidosos y hasta el irrespeto a la autoridad. Con eso empieza a generarse un desorden colectivo que se vuelve costumbre y así no funciona una sociedad. En todos los países hay Policía, y es necesario, porque todas las sociedades requieren normas mínimas y quien las haga cumplir.

Entre los críticos está la representante a la Cámara Ángela María Robledo, quien demandó el Código de Policía ante la Corte Constitucional y sostiene que si el país está haciendo el tránsito hacia una sociedad menos violenta, el Código de Policía que entra en vigencia es excesivamente punitivo y poca atención se les prestó a los componentes pedagógicos y de conciliación.

Nuevamente aparece la preocupación por los excesos de la Fuerza Pública. Para la congresista Ángela Robledo, es necesario realizar una pedagogía profunda en la Policía para así poder implementar el código sin que se presenten abusos. “No es un asunto de las personas, sino del contexto propio del país. La Policía en muchos casos tiene la racionalidad del enemigo. Han tenido que enfrentar el conflicto. El paso clave es recuperar al policía del parque, el que acompaña las marchas y no las reprime”.

Otro factor son los ciudadanos. Muchos de los 243 artículos de este Código de Policía son un compendio de normas de urbanidad y de buenas costumbres, una especie de réplica del Manual de Carreño que no fue posible implementar, ni siquiera aplicando la cultura ciudadana. Por eso, ahora, no recoger los excrementos de los perros o plantear el ya famoso “usted no sabe quién soy yo” para encarar a las autoridades, serán comportamientos que van a acarrear sanciones.

No ad for you

Este Código también se convierte en una actualización de las normas. El vigente tenía 46 años y es de cuando, por ejemplo, no se hablaba aún de sistemas masivos de transporte público. El problema creciente del microtráfico, la reglamentación del ejercicio de la prostitución, el respeto a las minorías LGBT, la protección de los animales o el comercio ilegal de celulares robados son asuntos que eran ajenos al ya primitivo Código de Policía que este lunes cumple su ciclo. El nuevo se anuncia con alta controversia de por medio.

Una polémica que parte de un doble reconocimiento histórico. Si bien la Policía ha cumplido un rol crucial en la lucha contra las organizaciones ilegales, a tal punto que oficiales como los generales Rosso José Serrano u Óscar Naranjo fueron en su momento exaltados como los mejores policías del mundo, también es cierto que en muchos escándalos han estado comprometidos oficiales y suboficiales de la Policía. Para citar sólo un ejemplo, cabe recordar al general Mauricio Santoyo, hoy preso en Estados Unidos por colaboración con el narcoparamilitarismo.

No ad for you

Y la lista de malas fichas es larga. Empezando por el coronel Danilo González, quien llegó a ser clave en la persecución contra el capo Pablo Escobar Gaviria a principios de los años 90, pero al mismo tiempo fue un enlace clave del cartel del norte del Valle y terminó asesinado en Bogotá en 2004. Por esta misma vía, son múltiples los casos de policías que se pasaron a las bandas del narcotráfico, incluso en tiempos recientes, como se ha denunciado en episodios de policías vinculados con el denominado cartel del golfo u otras organizaciones al margen de la ley.

Por eso, así como para la sociedad colombiana representa un reto el nuevo Código de Policía que empieza a regir, para quienes hoy integran la institución constituye un desafío histórico. La transición hacia el posconflicto exige un rol fundamental para la Policía, que por fuerza de las circunstancias, de alguna manera fue perdiendo su esencial vocación civil y tuvo que verse inmersa en la lucha contra las organizaciones ilegales, en especial el narcotráfico. Ahora es momento de recobrarla y convertirse en aliada de los ciudadanos.

Conoce más

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Leer más
Leer más