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Un ejercicio por concluir

Gobierno, sociedad civil, empresarios, Iglesia, militares, guerrilla y paramilitares se sentaron a dialogar por la paz.

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Andrea Forero Aguirre / Hugo García Segura
25 de febrero de 2012 - 09:00 p. m.
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El hoy presidente Santos ayudó a organizar el evento y su gobierno parece caminar la senda que se marcó.

En 1996, cuando el país no hablaba de otra cosa que del proceso 8.000, la crisis de gobernabilidad era insostenible y el tema de la paz con las guerrillas se había convertido en esencial, Juan Manuel Santos —quien por ese entonces había emprendido una precandidatura presidencial que nunca suscitó mayor entusiasmo ciudadano— oyó hablar del canadiense Adam Kahane y del papel destacado que había cumplido en el proceso de paz de Sudáfrica para lograr la reconciliación después del apartheid.

Tras confirmar la veracidad de lo que se decía de él, se dio a la tarea de contactarlo para invitarlo al país y plantear sus teorías. La presencia de Kahane fue la disculpa para lograr sentar en una misma mesa a un grupo bien heterogéneo pero muy representativo de la sociedad colombiana: Gobierno, Congreso, comunidad civil, empresarios, sindicatos, Iglesia, militares, guerrilla y paramilitares. Un ejercicio de convivencia que se denominó ‘Destino Colombia’ —que fue calificado como “conspiración” por el gobierno Samper—, en el que se plantearon cuatro visiones posibles de país, 16 años hacia el futuro, que podrían ocurrir dependiendo de las decisiones que tomaran los mismos ciudadanos.

No eran predicciones, tampoco hipótesis, se dijo. Lo cierto es que el martes pasado Santos y Kahane se volvieron a encontrar para el lanzamiento del libro El poder y el amor, de autoría del canadiense y cuyo prólogo escribió el primer mandatario, para constatar que dicho ejercicio resultó profético. Sorprendentemente la historia ha demostrado, por ejemplo, que Ernesto Samper, Andrés Pastrana y Álvaro Uribe cumplieron su papel protagónico del trazado libreto y que hoy Santos busca su lugar en lo que él mismo ha calificado como “un proceso evolutivo irreversible que esperamos culmine en una transición pacífica y en una reconciliación definitiva”, líneas propias del cuarto escenario planteado: el de ‘La unión hace la fuerza’.

Un escenario que habla de la manera en que la sociedad impone y facilita condiciones de un consenso de paz, incluyendo a los actores armados. O, en palabras del propio jefe de Estado, “que parte de un empoderamiento de la sociedad civil para la resolución de sus conflictos” y que hoy “es el camino que queremos hacer realidad —tres lustros después del ejercicio de Quirama (sitio en Rionegro, Antioquia, donde se llevó a cabo la cumbre de ‘Destino Colombia’ en 1997)— con la propuesta de Unidad Nacional que hemos puesto en marcha desde el Gobierno”. El mejor de los escenarios que se pensaron hace 15 años, que ya comienza a hacerse realidad, agrega Santos.

Lo curioso es que los otros tres escenarios posibles para Colombia se han cumplido casi a cabalidad. El primero se llamó ‘Amanecerá y veremos’. Sugería esperar a que las dificultades se superaran por sí mismas. Según el documento que salió del ejercicio, se veía a una Colombia contra la pared y en un estado de ánimo parecido a una fatigada resignación. “Parecía la monótona repetición de los conflictos resueltos a medias desde el nacimiento del país como nación. En los últimos tiempos se había intentado todo para detener el conflicto armado pero, por el contrario, los agentes armados habían incrementado sus frentes y las cifras de muertes violentas. En lo militar se había llegado a un empate de fuerzas y en lo político ninguna negociación había dado resultado”.

‘Más vale pájaro en mano que ciento volando’ fue llamado el segundo escenario. Vislumbraba cómo bajo la presión de los actores armados y tras diez años de violencia, el Estado y la sociedad decidieron que había llegado la hora de dialogar y llegar a acuerdos. Era necesario hacer concesiones con los ilegales con tal de iniciar un proceso inmediato de reconstrucción de la democracia para ponerle fin a tanta muerte. El documento habló de una guerrilla exigiendo el despeje de algunos municipios del país y rechazando la posibilidad de sentarse a la mesa con las autodefensas. Estos grupos armados, a su vez, exigieron garantías de la voluntad de paz de la subversión. Es claro que los diálogos del Caguán encarnaron dicho trasfondo de negociación y fracaso.

El tercer escenario, ‘Todos a marchar’, se planteó como un clamor de los ciudadanos por la seguridad, un sentimiento de rechazo a las Farc y la búsqueda de un mandatario que obrara con firmeza frente a ellos. Sin duda, una de las ideas más proféticas se plasmó con estas letras: “Las medidas de estímulo para la economía y para el sector productivo, unidas a triunfos militares, le aseguraron al presidente un segundo período, autorizado por una oportuna reforma constitucional”. El documento habló de unas autodefensas desmovilizadas, una economía en recuperación, mucha tensión social y “un final lánguido a tal segundo gobierno”, al que “tendrían que seguir otros períodos presidenciales dedicados a trabajar por un equilibrio de lo social, por la recuperación del tiempo perdido y por la revitalización de las relaciones internacionales”.

Claramente la hoja de ruta que muestra Juan Manuel Santos con su Unidad Nacional, su diplomacia de las buenas relaciones en medio de las diferencias con las naciones vecinas, su discurso de superar la pobreza y encaminar a Colombia hacia la prosperidad, y su empeño en la atención a las víctimas y en la restitución de tierras. El cuarto escenario es el de ‘La unión hace la fuerza’, que se perfiló hace tres lustros y que parece haberse convertido en la obsesión del presidente, quien cada que tiene la oportunidad le recuerda a su equipo de gobierno los temas de buen gobierno, de transparencia y ética pública, con su urna de cristal.

Si logrará el objetivo, sólo el juicio de la historia lo dirá. El escenario planteado refiere a cambios en la vida política del país, ciudadanos comunes como actores políticos, presión ciudadana aceptada como mandato ineludible en los más altos niveles, una nueva clase de liderazgo, el arrinconamiento del clientelismo y el fortalecimiento de sindicatos, agrupaciones de campesinos, indígenas y mujeres, ONG y asociaciones de empresarios. Y un punto clave de cara a la paz: “En las relaciones con los actores armados, los acuerdos no fueron el resultado de una intimidación, sino de una intensa gestión y participación de la ciudadanía”.

‘Destino Colombia’ se quedó como un ejercicio inconcluso. El mismo Santos escribió en mayo de 2007, en un artículo para la revista Semana titulado “Historia de mi conspiración”, señalando que “lo único cierto y triste es que, con la miope reacción del gobierno de entonces, Colombia perdió la oportunidad de parar el baño de sangre que ha enlutado a miles y miles de colombianos”. Sin embargo, un estudio de 2006 adelantado por Angélika Rettberg, investigadora de la Universidad de los Andes, concluye que se generó un gran valor para sus integrantes y sobrevive en las memorias de las personas como una oportunidad excepcional para ampliar sus mapas mentales, aprender sobre diversidad y compartir ideas en un ambiente de cordialidad, confianza y franqueza.

Para Rettberg, el efecto no es despreciable tratándose de personas que aún hoy en su mayoría ocupan puestos de cada vez mayor visibilidad y capacidad de influencia. Y, sin duda, el de Juan Manuel Santos como presidente de la República es el más visible e influyente. Falta ver, como lo dice la investigadora, la capacidad que tenga la sociedad civil de participar e incidir en el curso y las decisiones que tomen esas importantes personalidades. El jefe de Estado demuestra estar siguiendo casi al pie de la letra el camino que trazó ‘Destino Colombia’.

Y es ‘casi’ porque al menos en el tema de la paz las señales son diferentes: ha dicho que nadie más que él tiene la facultad de hablar de ella, que si ésta viene, vendrá cuando las circunstancias se den, y se niega a propuestas de treguas como la hecha por el Eln, anunciando más ofensiva militar. Claro que al mismo tiempo habla de su mano extendida a los grupos armados que tomen la decisión seria y responsable de acabar con la violencia. Hace 15 años, tras el éxito de la convocatoria de ‘Destino Colombia’, Santos se hizo a un lado, según explicó, para evitar que lo acusaran de querer obtener réditos electorales. El martes pasado, con su reencuentro con Kahane, repasó uno a uno los pasos dados en aquel entonces. ¿Será que para él llegó la hora de concluir el ejercicio?

Una convocatoria exitosa

Según contó el presidente Santos, fue al entonces presidente de la Andi, Carlos Arturo Ángel, a quien en una comida en 1996 se le ocurrió la idea de traer “algún gurú” en el tema de la paz y mencionó a Adam Kahane por su papel determinante en el éxito del proceso de reconciliación en Sudáfrica. Kahane vino financiado por la Fundación Carvajal a un primer encuentro realizado en la Abadía de Monserrat. Fue el primer paso de lo que se conoció como ‘Destino Colombia’, cuya concreción se dio en 1997 cuando durante varios meses representantes de la mayoría de sectores de la sociedad colombiana se sentaron a concertar en un recinto llamado Quirama, en Rionegro Antioquia).

Las reflexiones de Adam Kahane

“Poder y amor son dos fuerzas que están presentes en cualquier sistema humano y, por supuesto, también en los conflictos”, dice el canadiense Adam Kahane.

“Usualmente, un conflicto surge cuando diferentes personas quieren diferentes cosas y tienen poco en común. Así que, casi por definición, un conflicto es una situación en la que el poder excede al amor. La herramienta de gestión que se debe usar en esos casos no es disminuir el poder sino amplificar el amor”, sugiere.

Son las teorías de un verdadero experto mundial en facilitación de procesos de diálogo y escenarios prospectivos, el hombre que en 1990 ayudó a los sudafricanos a imaginar cómo sería su futuro si seguían por el camino de la segregación racial.

El mensaje caló tan hondo en las conciencias de los dirigentes que pocos años más tarde, con base en las reflexiones de Kahane, comenzaron a transitar el camino hacia la plena democracia.

Nombres claves

Algunos de los participantes de ‘Destino Colombia’ fueron: Alfonso López (expresidente), Juan Carlos Esguerra (mindefensa en ese entonces), Antanas Mockus (alcalde), Sabas Pretelt (Fenalco), Víctor Carranza (esmeraldero), Felipe Torres, (Eln), Francisco Galán (Eln), ‘Raúl Reyes’ (Farc), Álvaro Leyva, Rodrigo Rivera, Luis Fernando Jaramillo, Hernán Echavarría, Juan Salcedo Mora (exgeneral), Eduardo Pizarro, Paulo Laserna Phillips y Hernando José Gómez.

La polémica de un ‘complot’

Desligado del presidente Ernesto Samper por el Proceso 8.000, el trabajo de Juan Manuel Santos en ‘Destino Colombia’ desencadenó un pulso con el entonces gobierno, que al darse cuenta de sus contactos con las Farc, el Eln y las autodefensas habló de una conspiración y procesos paralelos con la subversión y los paramilitares sin informar ni contar con el Ejecutivo y las Fuerzas Militares.

Incluso, Gabriel García Márquez, quien en un comienzo formó parte del proyecto, salió en su momento en defensa de Santos al señalar que no se trataba de ningún complot y que quienes participaban en este ejercicio lo hacían porque estaban en su derecho de buscar la paz. En la época Santos dijo: “La paz está de un cacho. Podemos obtener un cese del fuego muy pronto. El presidente tiene la responsabilidad de decidir qué es lo que le conviene al país. Él es un obstáculo y cualquier persona que lo represente debe sacrificarse”.

Por Andrea Forero Aguirre / Hugo García Segura

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