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30 Jan 2022 - 2:00 a. m.

“Una cosa es ser petrista y otra ser realista”: Cecilia López Montaño

Una de las más prestigiosas economistas del país y de Latinoamérica, reclama mayor profundidad y altura en el debate presidencial de parte de todos precandidatos. Según ella, no proponen nada serio mientras le dejan el espacio abierto y solitario al senador Petro. Una entrevista muy crítica sobre la política electoral colombiana.
Cecilia López opina: "Aquí, los expresidentes están pensando en ganar algo para sí mismos, y juegan [solo] a la pequeña política". / El Espectador
Cecilia López opina: "Aquí, los expresidentes están pensando en ganar algo para sí mismos, y juegan [solo] a la pequeña política". / El Espectador
Foto: JOSE VARGAS ESGUERRA

En sus columnas para varios medios, usted ha sido muy severa con la calidad del debate electoral presidencial, que usted calificó “de una pobreza lamentable”. ¿Por qué? ¿Cuáles son las razones de su crítica?

Colombia se enfrenta a inmenso retos que el covid-19 profundizó: desigualdad, pobreza, desempleo, lento crecimiento, corrupción y brechas que se ahondaron, como la digital, la de género y la regional. Pero, además, hay que enfrentar asuntos impostergables, como el cambio climático y la paz. Hay otros que creíamos superados y regresaron: la inflación, el déficit externo, el déficit fiscal y la guerra, para no reiterar nuestro drama con el narcotráfico. Ante este panorama, los candidatos plantean temas puntuales, sin estrategia: corrupción, seguridad, educación... Una mirada pequeña a problemas inmensos. Quien quiera ser presidente de la República debe demostrar que puede abordar esta compleja realidad, plantear sus prioridades y justificarlas.

En consecuencia, ¿qué les pediría a los candidatos?

Que nos demostraran que se dedicaron a pensar en el país, se comprometieron con una estrategia y nos explicaran cómo la desarrollarán y cómo lo harán con las prioridades que se hayan fijado.

¿Cuáles son los temas económicos y políticos que a usted le hace falta escuchar en los discursos, entrevistas y debates de los aspirantes presidenciales?

Empecemos por lo que no quiero oír: ni una pelea más. La política es de ideas y no de medidas populares para conseguir votos a cualquier precio. ¿Qué me falta oír? En el campo económico, una autocrítica sobre el modelo ortodoxo de los últimos treinta años para decidir qué se debe cambiar y qué hay que mantener. En lo social, un análisis sobre la aberrante concentración de la riqueza y sobre cómo sacar a nuestra población más pobre de vivir de limosnas para llevarla a ser productiva. En lo político, retomo las palabras de Thomas Piketty (especialista en desigualdad económica): “La desigualdad es un tema político”.

Usted también afirmó que “el único que está haciendo campaña es Petro, gusten o no sus propuestas”. ¿Se volvió petrista o se refiere solo a los temas, en todo caso muy polémicos, que el senador ha puesto sobre el tapete?

Una cosa es ser petrista y otra ser realista. Hay que reconocer que el senador Petro sí tiene un proyecto de país, porque —vuelvo al tema— lleva años pensándolo, y que ha construido una propuesta que aterra a muchos, pero que entusiasma a más gente. Eso no quiere decir que yo esté de acuerdo con todo lo que propone, pero coincido con él en la necesidad urgente de la transformación productiva del país. La verdad es que muchos insatisfechos con la situación actual ven en Petro un cambio, así tenga visos dolorosos, como me lo han dicho algunos. Da lástima que los otros precandidatos no muestren propuestas de igual dimensión para poder escoger. Si eso fuera así, hoy tendríamos el debate que el país requiere y se merece.

¿Puedo concluir que Cecilia López, la dirigente política y económica que muchos conocieron, durante años, como liberal demócrata, se ha radicalizado y hoy se ubica en un sector de clara izquierda?

Siempre he sido liberal y seguiré siendo liberal, aunque el partido haya desaparecido. El problema es que en Colombia ser progresista y hablar de desigualdad es estar a la izquierda, ser socialista... Así me califican algunos de mis colegas economistas ortodoxos. Y lo peor es que ¡lo dicen con la intención de insultarme!

En otro de sus comentarios más recientes en El Espectador, usted se pregunta: “¿Y (dónde está) nuestro Ricardo Lagos”?, haciendo un paralelo entre las elecciones presidenciales de Chile y las de Colombia. ¿Por qué cree que nos hace falta un expresidente como Lagos y para desempeñar cuál papel?

La posición política del expresidente Ricardo Lagos (Concertación de Partidos por la Democracia chilena) es la demostración de que el país puede y debe estar primero que los demás intereses: se unió al presidente recién elegido en Chile, Gabriel Boric, a quien la política tradicional ha cuestionado por joven, “revolucionario” e inexperto. Al apoyarlo, Lagos les dio confianza a los sectores de centro e, incluso, a la derecha. La asociación política con este expresidente atrajo hacia el gobierno Boric a reconocidos economistas como Mario Marcel, que no es, precisamente, comunista ni un “aliado del diablo”, como lo calificarían en Colombia. Aquí, los exmandatarios están pensando en ganar algo para sí mismos y juegan a la pequeña política. Mientras tanto, Petro, quien está liderando las encuestas, está solo enfrentando todo tipo de ataques y los otros precandidatos ni siquiera tratan de concertar, entre ellos, acuerdos con el fin de intentar mejorar las propuestas de Petro. No tener un Lagos le quita a este país la oportunidad de construir una nueva Colombia. Les guste o no, el modelo actual fracasó y hay que cambiarlo.

Me parece claro que usted se está ubicando, política y tal vez económicamente hablando, en el campo de Petro. ¿Aceptaría trabajar o asesorar a un eventual gobierno del candidato de Colombia Humana?

Pues mire: estoy dirigiendo mi centro de pensamiento y además le dedico mucho tiempo a la cátedra. Estaría dispuesta a asesorar a quien sea presidente, siempre y cuando se trate de un progresista y esté dispuesto a hacer los cambios que Colombia requiere. Si ganara Petro, lo asesoría sin comprometer mi independencia; y si llega otro que cumpla con estos propósitos, también lo apoyaría pero, francamente, no lo veo posible.

Hablando de la pequeña política de los exmandatarios colombianos a la que usted alude, esta semana Pastrana acusó a tres expresidentes liberales (Santos, Gaviria y Samper) de ser “el oxígeno” del narcotráfico, porque se oponen a la fumigación aérea con glifosato. Si usted estuviera frente a Pastrana, ¿qué le respondería? ¿Será que el exmandatario conservador se asustó con su tesis sobre la necesidad de tener un Lagos en Colombia?

¡Uy! No me haga hablar de Pastrana, pero, en cambio, me refiero al glifosato: mire las grandes demandas, en el mundo, por el daño que les ha hecho a la gente y la tierra. Las sentencias de tribunales en varios países lo certifican. Insistir en este tema es desconocer el derecho a la vida y el bienestar de la población y a la protección de nuestros recursos naturales. ¿Se necesita decir más? En cuanto a su segunda pregunta, no creo que el exmandatario conservador se asustara con mi tesis sobre la necesidad de tener, aquí, a un estadista similar al chileno. Pastrana sabe que él nunca podría ser Lagos.

¿Y alguno de los expresidentes liberales mencionados por él sí podría?

Me duele mucho que Santos no haya entendido el rol que podría jugar en la contienda este año. Dicen que él también anda en la pequeña política. Ojalá no sea cierto, porque es el único expresidente que podría asumir ese rol.

Haciendo un poco de historia, ¿cuando usted fue precandidata presidencial por el Partido Liberal tuvo una competencia leal o nunca tuvo oportunidad por ser mujer y demócrata progresista?

Cuando fui precandidata del liberalismo, entendí lo que era el techo de cristal: César Gaviria me lo puso de frente. Desde el principio supe que no tenía ninguna oportunidad, porque Gaviria no me iba a dejar avanzar. Me sentí usada porque, como senadora, era considerada una estrella, pero cuando quise llegar al poder real me frenaron.

Hoy, años después de su aspiración frustrada, hay unas pocas mujeres aspirantes a la Presidencia entre una veintena de hombres. ¿Se siente representada por ellas y cree que alguna tiene opción real de llegar a la Casa de Nariño?

No creo. Pero me preocupa más que algunas de ellas figuren no para cambiar la política tradicional, sino para continuarla.

Esta campaña se ha caracterizado por un intento de aglutinar fuerzas, tendencias políticas y aspirantes. Las tres coaliciones conformadas abarcan gran parte del espectro ideológico del país. Es interesante este esfuerzo en medio de la polarización. ¿Qué opina al respecto?

Lo único que confirman esas coaliciones es el gran deterioro de los partidos políticos, de la política en general. La mayoría no están centradas en ideas, sino en votos y por eso se presentan esas peleas entre ellos. Mi opinión es que no se conformaron para construir propuestas comunes y diferentes de país con el objeto de enriquecer las opciones de los votantes; se unieron para intentar acabar con la única coalición que sí las tiene. Colombia necesita unirse y esas coaliciones nos están separando.

¿Cree que Equipo por Colombia y Centro Esperanza se conformaron para frenar las posibilidades electorales del Pacto Histórico?

Me parece que sí y también para conseguir votos sin comprometerse con ideas.

¿Equipo por Colombia, compuesto por tres exalcaldes y el candidato conservador, ha propuesto algo fundamental? Usted recordó una frase de la escritora Piedad Bonnet según la cual “no basta con hacer puentes [porque] para gobernar un país se necesita pensarlo”. ¿En esta coalición de derecha, ve a alguien que piense en el país que quiere gobernar?

No y menos ahora que se retiró Juan Carlos Echeverry. No puedo decir mucho sobre las propuestas de Álex Char, porque no se le ha oído la voz. Un pero de esta coalición es que, precisamente por tener tantos exalcaldes (líderes regionales), se confirma el gran problema de la descentralización: sus integrantes locales no entienden el país. Colombia necesita más que nunca un presidente que conozca, entienda y oiga a todas las regiones.

Centro Esperanza, coalición que se ubica en el centro izquierda e intenta mantener distancia de los extremos, aun cuando parece tener nombres que atraerían votantes, se ve muy enredada. Por si fuera poco, los insultos de Íngrid Betancourt contra Alejandro Gaviria y de este contra ella, esta semana, dejan a esa agrupación en mala posición. ¿Tiene esperanza en alguno de sus siete aspirantes?

Honestamente, no. Triste espectáculo, pero no solo de Íngrid, sino también de Sergio y del propio Alejandro. Es gente valiosa que no tuvo la generosidad de deponer sus egos y entender su rol político en un momento tan crucial para la democracia. Es una esperanza que no ha antepuesto el país a todo lo demás.

¿No está siendo muy radical? Me parece que no le deja una puerta abierta a nadie, salvo a Petro...

De verdad quisiera que no fuera así. Ojalá mis posiciones pusieran a pensar a los demás precandidatos; que estos entendieran la necesidad nacional de lanzar propuestas diferentes para que compitieran con la de Petro.

Califique la tercera coalición: el Pacto Histórico. Estando Petro en la posición en que está, tanto en las encuestas como en el debate público, las otras precandidaturas de esa coalición parecen una pantomima. ¿Quienes aparentemente le disputan la candidatura al senador y este mismo para qué hacen teatro en lugar de proclamarlo de una vez?

No creo que sea teatro porque por algún lado se empieza. Camilo Romero, Francia Márquez y Arelis Uriana (lideresa wayuu) están abriendo su espacio político y tienen todo el derecho de hacerlo. Me parecen muy valientes al someterse a la competencia con una figura como Petro, con tanta experiencia y trayectoria política. Hay que tener claro que al entrar al Pacto ya adhirieron a Petro y, con ello, también les abrieron las puertas a sectores que nunca habían tenido ese grado de participación.

Es muy crítica con todos los aspirantes presidenciales, ¿pero qué tal la adhesión al Pacto Histórico y, sobre todo, la aceptación de Petro en sus toldas de clientelistas característicos de la política tradicional como Luis Pérez, Armando Benedetti y Roy Barreras? ¿Esto sí le parece aceptable?

No. Tengo la misma crítica que le han hecho muchas personas, pero creo que ese punto debe discutirse con el propio Petro: él no puede sacrificar una propuesta que tiene acogida en muchos sectores a cambio de votos. Petro puede conseguir muchos más votación con su propuesta.

Finalmente, miremos el presente: ¿cuál es su opinión sobre el gobierno Duque?, pues el estado del país que este deja tiene todo que ver con el resultado de las próximas elecciones.

Aún trato de explicarme cómo un presidente con tan baja aceptación sigue haciendo lo que tiene a bien sin que pase nada. No solo él, sino también los miembros de su equipo son mediocres, arrogantes, irresponsables y sin ningún conocimiento del país y sus leyes. Una pregunta rápida: ¿qué nos pasa a los colombianos, que nos aguantamos esta situación como si no fuera vital?

¿Entonces el gobierno Duque es para usted el peor de las últimas décadas? Si no, ¿sería mejor que cuál otro?

Es el peor de las últimas décadas.

Salvo Petro y después de que no ha dejado títere con cabeza, debo pedirle que analice el papel de Uribe, su candidato Zuluaga y el uribismo en esta contienda electoral, en particular, y en la Colombia de las dos últimas décadas, en general.

Más que referirnos a Uribe y a su candidato, hablemos del despertar colombiano. Estoy muy impresionada con la dimensión creciente del rechazo a este expresidente, sus políticas, sus candidatos, sus caballos, sus hijos y todo lo que se le acerque. Sus visitas a ciudades y pueblos demuestran la gran desesperación que lo invaden a él y a su partido ¡Qué trabajo el que le ha costado aceptar que ya pasó su cuarto de hora y que cada día está más lejos, infinitamente lejos, de ser un exmandatario de la estatura de Ricardo Lagos.

“En la región Caribe no se cuestionan los clanes políticos”

Si se aceptara su tesis sobre la falta de visión nacional de los líderes regionales, la elección presidencial se limitaría a candidatos oriundos de Bogotá. Usted es costeña ¿No es excluyente?

Lo que quiero decir es que los locales se quedan en esa dimensión y que no se han preocupado por entender y comprender la nación y por ubicar su región en el contexto general. Puede decirse que su visión es eso: demasiado local.

En Equipo por Colombia hay dos precandidatos de la costa Atlántica, su tierra natal: Alex Char y David Barguil ¿Cuál es su calificación sobre el desempeño que cada uno de ellos ha mostrado en sus respectivos cargos de elección popular?

No puedo calificarlos porque es imposible conocer la verdad de sus obras. En la región Caribe no se admite ningún cuestionamiento a los líderes de los clanes políticos.

¿Cómo así? ¿No se permite criticar a nadie? ¿Es una especie de silencio autoimpuesto? En mi criterio, esa es la esencia de la corrupción...

El control social no existe en la región Caribe porque – en las clases altas y pobres - le deben todo a los clanes políticos o a los grupos económicos locales. Y la clase media, en esas circunstancias, no tiene espacio para progresar.

¿Hoja de vida brillante pero discriminada?

La hoja de vida de la exministra de Agricultura y exprecandidata presidencial Cecilia López Montaño, es impresionante: economista de Los Andes con posgrados en demografía y economía de la educación; profesora de varias prestigiosas universidades durante cuatro décadas, e investigadora y consultora de organismos internacionales como Cepal, PNUD, Unicef, BID, Banco Mundial, entre otros. Es autora de la primera política de equidad de género en Colombia y fue elegida como la mejor senadora de la República en 2008. Ha pertenecido a las juntas directivas de la Organización Mundial de la Salud (en propiedad intelectual), del Foro Interparlamentario de las Américas, de Fedesarrollo y de la Fundación de protección ambiental Natura, además de otras entidades. Es columnista permanente de El Espectador, el Heraldo, El Universal y otros diarios. En la actualidad es directora del Centro Internacional de Pensamiento Social y Económico, CISOE, en donde realiza estudios sobre desigualdad y pobreza. Jugó en la política electoral, con muy buen nombre, en 2010 pero el director de su partido, César Gaviria, la descabezó sin contemplaciones. Desde entonces se retiró de la política partidista ¿López fue víctima de discriminación de género y de pensamiento? Los hechos dicen que sí.

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