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“Uno se siente como en la última cena”

Según Andrés Felipe Arias, en el caso de Carimagua dio un “papayazo” para que sus contradictores, dentro y fuera del Gobierno, aprovechen para golpearlo.

Redacción Política

19 de febrero de 2008 - 01:34 p. m.
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Los vientos de tormenta todavía soplan alrededor del ministro de Agricultura, Andrés Felipe Arias. Sin embargo, para él, el caso de la concesión  de Carimagua a empresarios privados –tierras que inicialmente estaban destinadas para ser entregadas a familias de desplazados–,  le ha servido para entender cómo es el juego de la política y conocer que algunos de sus “enemigos” están dentro del mismo Gobierno. Eso es lo que revela en este diálogo con El Espectador.

El Presidente lo respalda y cree que el proyecto de Carimagua debe asumirlo el sector privado. ¿Para qué nombrar una comisión de notables que estudie el caso?

Para facilitar el debate ideológico. Queremos hacer todo abiertamente y vamos a invitar a Acnur, al gobernador, al alcalde y a las fuerzas políticas de la región. Esa comisión está conformada por personas con una idoneidad moral y una trayectoria incuestionables. Yo estoy convencido de que el camino es entregar esas tierras en concesión, pero de esta manera se darán cuenta de que aquí no hay nada escondido.

¿De dónde salen los nombres de las empresas que supuestamente  estaban interesadas?

No sé. Entiendo que en algún momento fueron a visitar la finca para saber cómo es la tierra. Eso no me parece algo irregular. No conozco quiénes iban a llegar.

¿No queda una extraña sensación al saber que una de esas empresas tiene nexos familiares con Luis Alfonso Hoyos y el Ministro de Hacienda?

Es desafortunado y me parece una indelicadeza –no del ministro Zuluaga, ni de  Luis Alfonso, ni de los dueños–, sino del gerente de esa empresa, aunque no creo que haya sido de mala fe. Ni el Ministro ni Luis Alfonso me tocaron el tema y esto los tomó por sorpresa. Fue un papayazo para que nuestros opositores y contradictores políticos, de afuera y de adentro, aprovechen para golpearnos.

¿De adentro? ¿Quiénes?

Ellos saben quiénes son. Sólo puedo decir que son enemigos políticos muy fuertes.

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Pero, ¿cuál puede ser la razón para que se le haga este debate desde el interior del Gobierno?

Creo que hay dos razones: un debate ideológico entre quienes creen que hay que mantener los antiguos y fracasados esquemas de reforma agraria y quienes creemos que el Estado debe preservar la propiedad de la tierra e impulsar generación de empleo. Y también es una oportunidad de golpear políticamente a dos ministros muy cercanos al Presidente, lo cual parece que atormenta a muchos.

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¿No le preocupa que al interior del Gabinete no lo estén apoyando?

Eso me ha dado mucha tristeza y me ha hecho perder la ingenuidad y la inocencia. Pero estoy aprendiendo cómo es el juego político.


¿Y qué piensa del hecho de que algunos congresistas que apoyan al Gobierno lo ataquen?

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Me encanta dar el debate en el Congreso, porque allí se debaten las ideas y yo soy un hombre de convicciones.

¿No teme una moción de censura?

Eso siempre puede pasar. Aquí no estamos atornillados y daremos el debate de las ideas y los programas hasta el final. Cuando uno tiene buena fe, actúa con las mejores intenciones y quiere tener el poder, no para tener edecanes o alfombras rojas sino para trabajar en mejorar la calidad de vida de la gente, duerme tranquilo.

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¿Es cuestión de envidia?

No sé. Creo que a muchos puede atormentar mi cercanía con el presidente Uribe.

¿Puede haber relación entre lo de Carimagua y las denuncias hechas sobre Fiduprevisora y Fiduagraria?

Lo que destapamos con las fiduciarias estatales levantó muchos callos y toca a mucha gente. Este tema de Carimagua lo distorsionan hábilmente en algunos medios de comunicación para devolverse contra mí y el ministro Zuluaga.

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¿Y  la clase política?

Es gente muy poderosa.


Usted los conoce, ¿el Presidente también?

El Presidente sabe, pero lo más importante es que el Fiscal sabe.

¿Y qué piensa él?

El Presidente siempre ha sido vertical, hasta las últimas consecuencias.

Si el Presidente y usted han sido siempre tan frenteros, ¿por qué no hablan con nombres propios?

Porque aquí hay un tema de Fiscalía que hay que respetar.

¿Qué denuncias en concreto ha hecho en la Fiscalía?

Una de recursos públicos de un departamento o un municipio. Los invierten en una fiducia, que expide un documento donde se declara no responsable de dichos recursos. La plata la utilizan en negocios de alto riesgo, que ni los bancos los financian. Entonces, sacan la plata de la fiducia con facturas de diferente tipo de proveedores, y al final los proyectos se siniestran.

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¿Con todo lo que está pasando,  se le daña cualquier aspiración política futura?

Siempre voy a defender el proyecto político del Presidente porque creo en él genuinamente, no de dientes para afuera. Estoy convencido de que ese es el camino para vivir en una Colombia como la hemos soñado: sin Farc, sin terrorismo, sin paramilitarismo, sin mafia. Si esto me saca del juego político, eso no quiere decir que no pueda seguir defendiendo el proyecto de él, porque no lo hago por vanidad y seguiré con mis ideas y convicciones.

Usted ha dicho que el proceso de Carimagua tenía el acompañamiento de la Procuraduría, sin embargo de allá han salido los reparos...

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Yo estaba atormentado porque, aunque no es nuestra obligación, nosotros mantenemos un principio de colaboración armónica con la Procuraduría. Ellos nos han ayudado mucho en todos los temas de tierras y mi preocupación fue porque, no de mala fe, no le estuvimos informando permanentemente de la propuesta. Simplemente se nos pasó. Ahora estoy más tranquilo porque me acaban de recordar que yo anuncié esto en mis dos rendiciones públicas de cuentas, en julio de 2007, y allí estaba la Procuraduría.

¿Qué otros proyectos tienen parecidos al de Carimagua?

Hemos tomado la decisión de suspender las titulaciones en el Vichada. Que la tierra que todavía le corresponde al Estado se preserve y no se parcele para que después dos o tres ricos compren todo. Queremos aplicarles a esas tierras el mismo modelo: empresarios que lleguen, sin que sean dueños, pero que generen muchos puestos de trabajo.

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¿Y toda la inversión en investigación que ha hecho el Estado se les da a un privado?

La investigación que hace el Estado tiene que estar al servicio de la gente y la generación de empleo.

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¿Cuál sería el mensaje para los desplazados que están pensando que en lugar de darles la tierra a ellos se la van a dar a unos empresarios?

Nunca hubo una lista de familias seleccionadas, porque siempre fue un desarrollo abstracto, que hemos podido aterrizar. Nosotros siempre le estamos entregando tierras a las familias desplazadas de toda Colombia. Hemos adjudicado al día de hoy 113.000 hectáreas a 8.311 familias.

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¿Por qué el negocio de la palma en Colombia está tan estigmatizado?

Por el atropello que hubo a comunidades afrocolombianas por parte de particulares en el Urabá antioqueño. Algo que nosotros corregimos desde el punto de vista jurídico. Eran 29.200 hectáreas de tierras que particulares estaban reclamando, en territorios colectivos de Curvaradó y Jiguamiandó. En algunas de esas hectáreas había siembras de palma y esa es una zona de disputa entre las Farc y los antiguos paramilitares, hoy bandas emergentes. Pero la mayoría de los empresarios de la palma en este país son personas honorables.

Pero el 99% de la palma la tiene Carlos Murgas...

Eso no es cierto. Carlos Murgas es un hombre que ha generado mucho empleo, a través de alianzas con pequeños agricultores. Un modelo a seguir.

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Se conoce el nexo de Hoyos y Zuluaga en lo de Carimagua; una ex Ministra de Comunicaciones es casada con un palmicultor y la actual con el presidente de Fedepalma. ¿No es lógico pensar en favorecimiento por parte del Gobierno a algunos de sus amigos?

Para nada. Todos son gente honorable. La palma genera prosperidad, ocupación lícita y pacífica del territorio. Todos los recursos que se asignan desde el Ministerio de Agricultura son a través de convocatorias públicas, abiertas y transparentes. Y los recursos los reciben quienes sacan los mayores puntajes. Aquí no ha habido nada raro.

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Pero hay una investigación contra directivos de empresas palmicultoras por apoyo a paramilitares...

Por lo que sucedió en Urabá. Pero no es sólo el caso de los paramilitares, allá también hay un problema de Farc. La recuperación jurídica ya la logramos y ahora le corresponde a la Fuerza Pública hacer la recuperación física.

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¿Cómo resume lo que le ha pasado esta semana con el caso Carimagua?

Decepción, fortaleza y aprendizaje. A veces uno se siente como en la última cena.

¿Qué le preocupa más, los ataques de Robledo o los enemigos de adentro?

Uno siempre prefiere el contradictor abierto, porque con ese se puede debatir.

¿El Presidente sabe que desde adentro lo están atacando?

Al Presidente hay que minimizarle los líos. Para eso estamos los ministros y esta vez fue un papayazo.

¿Esos contradictores internos son presidenciables?

Deje así.

Por Redacción Política

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