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"Si esa es una solución a los problemas,se puede analizar", dijo el Primer Mandatario al término de un consejo de seguridad en Riohacha, La Guajira, sobre la propuesta del ministro de seguridad ecuatoriano Gustavo Larrea, quien planteó públicamente la creación de una fuerza multinacional de paz en la frontera colombo-ecuatoriana.
“Esperamos que se ratifique que las violaciones aéreas no van a repetirse y que Colombia se comprometa a tener más seguridad en la frontera. Queremos que garantice la vigilancia en la frontera. Si no lo puede hacer podríamos pedir ayuda de los cascos azules”, dijo Larrea.
La propuesta de Larrea tiene de nuevo un sonido más político que jurídico, y reafirma el interés ecuatoriano por garantizar su soberanía territorial. Sin embargo, independiente de su viabilidad, muy pocos colombianos conocen a ciencia cierta el origen y las funciones de los cuerpos de paz de la ONU.
Aunque no aparecen mencionados en la Carta de las Naciones Unidas, las fuerzas de mantenimiento de paz de la ONU, o “cascos azules”, han sido durante 60 años, las encargadas de estabilizar militarmente las regiones del mundo donde ocurren conflictos armadas interestatales o internos.
Desde su creación, en 1948, las Naciones Unidas se vieron abocadas a unir fuerzas para entrar a mediar en conflictos fronterizos. Dadas las tensiones originadas por el Estado de Israel, en este mismo año, las primeras fuerzas militares multinacionales fueron conformadas para garantizar un armisticio entre las naciones árabes y el recién creado Estado judío.
Sin embargo, es en 1956, tras el enfrentamiento entre Egipto e Israel, que la primera misión de las Naciones Unidas se establece en el Sinaí, en la frontera de los dos países, con el apoyo militar de 10 naciones.
El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas es el órgano encargado de crear una fuerza de paz. Y para esto, sus cinco miembros permanentes y por los menos cuatro de los miembros no permanentes deben autorizar el despliegue de una fuerza internacional. El establecimiento de cascos azules en una misión de mantenimiento de paz (peace keeping) tiene como objetivo “intentar detener conflictos en desarrollo utilizando las herramientas de la mediación y la diplomacia”, según explica el órgano difusor de las Fuerzas de Naciones Unidas para el Mantenimiento de la Paz.
En esa medida, si el gobierno ecuatoriano quiere contar con presencia de cascos azules en la frontera colombo-ecuatoriana, debe llevar el caso ante el Consejo de Seguridad. Frente a este último, el gobierno ecuatoriano deberá demostrar que el conflicto es de tal gravedad, que ningún otro canal diplomático solucionaría en este caso las tensiones responsables del actual conflicto.
"Eso de la fuerza multinacional es difícil"
El secretario general de la OEA, José Miguel Insulza, emitió su pronunciamiento desde la zona donde fue abatido 'Raúl Reyes'. Insulza, que este lunes visitó en Ecuador el lugar donde fue abatido el guerrillero el primero de marzo pasado, se mostró cauto ante la posibilidad de una zona multinacional de paz en la frontera entre ambos países. “Eso de la fuerza multinacional es difícil, la OEA ya tuvo una experiencia y formó una fuerza multinacional (República Dominicana en los años 60) que fracasó. Yo tengo alergia a esto", señaló.
El secretario general de la Organización de Estados Americanos (OEA), no obstante, indicó que “habrá que estudiar” la propuesta de Ecuador para que se cree dicha fuerza con el fin de vigilar la frontera colombo-ecuatoriana y evitar incidentes como el del primero de marzo pasado.
El lugar visitado por Insulza y su comitiva se encuentra en la zona de Angostura, en la selva amazónica ecuatoriana, a unos dos kilómetros de la línea divisoria con Colombia, y aún muestra la devastación causada por el bombardeo. La delegación fue creada para investigar el ataque colombiano a territorio de Ecuador, que generó una crisis diplomática entre los dos países andinos, zanjada el pasado viernes en la Cumbre del Grupo de Río, en República Dominicana.
Los delegados y periodistas presentes pudieron ver los diez agujeros, de unos dos metros de diámetro y uno de profundidad, que causaron las bombas arrojadas por la Fuerza Aérea Colombiana y vestigios del campamento de la guerrilla.
Tras inspeccionar el lugar, Insulza aseguró que este paso es importante para tener una visión de los acontecimientos y permitirá a la comisión elaborar un informe que expondrá en la reunión de cancilleres de la OEA, prevista para el próximo lunes en Washington.
En el mismo lugar de los hechos, Insulza recordó que la comisión estará este martes en Colombia para conocer “la versión de ellos” y formarse una idea general del caso. Insulza señaló que, pese a que los gobiernos de Ecuador y Colombia dieron por superado el incidente diplomático en la Cumbre del Grupo de Río, la OEA está empeñada en fortalecer ese acuerdo y buscar mecanismos que impidan que ese tipo de hechos se produzcan en el futuro.
La representante de Perú ante la OEA, María Zabala, señaló que acudieron a “El punto” que la posibilidad de formar una “misión de vigilancia” se determinará en la reunión de cancilleres del organismo panamericano. Zabala añadió que serán los expertos los que definan la situación técnica del caso, pero remarcó la voluntad de la OEA de estudiarlo.
El secretario general de la OEA y su comitiva estuvieron acompañados por los ministros ecuatorianos de Defensa, Wellington Sandoval, de Gobierno (Interior), Fernando Bustamante, y coordinación de Seguridad Interna y Externa, Gustavo Larrea. Larrea comentó que la visita de la misión de la OEA es satisfactoria para su país porque se ha mostrado que Colombia violó el territorio y la soberanía de Ecuador.
Ecuador y Colombia, dijo Larrea, han de cambiar el mecanismo que hasta ahora usaban para resolver los problemas en la línea divisoria, en referencia a la Comisión Binacional de Frontera (Combifron), integrada por mandos militares y con presencia diplomática.
El Ejército ecuatoriano ha rescatado de “El punto” 23 cadáveres y tres mujeres heridas, dos colombianas y una mexicana, que están ingresadas en el Hospital Militar de Quito. Entre los escombros y los árboles cortados de tajo por la fuerza de las bombas, aún se pueden observar signos de la estancia de los subversivos en ese lugar.
Incluso, la misión de la OEA guardó un pedazo de hoja, dañada por el ataque y el inclemente clima amazónico, en el que se podía leer una especie de informe de la guerrilla sobre la liberación de Clara Rojas y Consuelo González, las dos primeras rehenes liberadas por las Farc con la mediación del presidente venezolano, Hugo Chávez.
En la hoja, según pudo leer una reportera ecuatoriana ante la atenta mirada de dos de los embajadores de la OEA, las Farc acusaban al presidente, Álvaro Uribe, de interferir con la liberación de las secuestradas, que dejaron de estarlo el pasado 10 de enero.