“Cuando oí a Reinel Guzmán Flórez, alias Rafael Gutiérrez, retroceder en la historia y pedir disculpas, me sentí bastante afectado sentimentalmente. Pero también me sentí bien porque están reconociendo sus responsabilidades. Debo decir que no les podemos echar la culpa a quienes están en este proceso, pues ellos no cometieron los crímenes, pero como integrantes de esa organización sí reconocen que José Felipe Rizo, alias Jurga Jurga, y Juan Vicente Carvajal Isidro, alias Misael, fueron los que le pusieron precio a mi cabeza y los que dijeron que yo no iba a salir vivo de Arauquita”.
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Quien habla es Jorge Eliécer Aperador, alcalde encargado de Arauquita en 2003, un momento en el que el municipio vivía una compleja crisis de violencia por cuenta del accionar de los grupos armados y la ingobernabilidad reinaba en todo el territorio. Aperador llegó al cargo luego de que en 2002 Orlando Ardila Torres renunciara y que en 2003 el coronel del Ejército (r) Hugo Manuel Benítez también abandonara el despacho, ambos por cuenta de presiones de las antiguas Farc y la zozobra que sus ataques generaban. Hoy, después de 19 años de silencio, Aperador y 11 víctimas más, junto con 12 excombatientes de la extinta guerrilla, se encontraron en un acto de reconocimiento propiciado por la Comisión de la Verdad (CEV) para cerrar heridas, buscar verdades dolorosas sobre asesinatos de líderes sociales, comunitarios y políticos, y otros hechos ocurridos entre 1997 y 2007, y pensar juntos en un futuro posible para el pueblo arauquiteño.
Hacerlo no fue fácil, cuenta Jeannette Villegas D’alleman, coordinadora de la Comisión de la Verdad en Arauca. Aunque todo el proceso empezó porque Jorge Eliécer Aperador escuchó el programa radial Voces de la Verdad y contactó a la entidad para solicitar un espacio de diálogo, al principio el resto de las víctimas involucradas accedieron a conversar, pero con desconfianza. “Les dije a las víctimas que su proceso había sido como pelar una cebolla, porque tocó como quitar capa por capa para propiciar encuentros: son personas que nunca habían hablado de lo que ocurrió en esos años, que duraron mucho tiempo guardándose sus sensaciones. En Arauca es difícil hablar de estos temas porque hay un contexto actual de riesgo. También porque en muchas ocasiones los dirigentes políticos tienden a ser estigmatizados”, explica Villegas.
Y es que el contexto político y social lleva décadas afectado por la presencia, en su momento, de paramilitares y las Farc, y actualmente por el Eln, y todos han incidido en las afectaciones a la democracia y la forma de hacer política en este municipio que, además, refleja situaciones muy similares de otras partes del país que cuentan con poca presencia integral del Estado. Arauquita, Saravena y Arauca, junto con municipios de Sucre y Bolívar, conformaron la zona de rehabilitación declarada por el expresidente Álvaro Uribe en su primer mandato . Justamente, una de las explicaciones sobre la violencia en ese período por parte de las antiguas Farc es la directriz que hubo desde el Estado Mayor Central para generar ingobernabilidad en la administración Uribe. Así lo reconocieron los 12 excombatientes ante las víctimas, algunas de ellas siendo miembros de partidos políticos o que venían de liderazgos comunales de base.
“El pleno del Estado Mayor decidió en 1997 generar ingobernabilidad, pero en 2002, cuando se monta Uribe al poder, se dio la orden de incrementar estas acciones. El lineamiento era hacer renunciar a los alcaldes, gobernadores, diputados y concejales. A todos los funcionarios del Estado. Pero, aunque había un mando, muchos tomaron decisiones por fuera de los documentos. El pleno dijo que debía hacerles renunciar de manera persuadida, y en vez de eso mataron a algunos funcionarios”, contó Alinton Asprilla Herrera, excombatiente que comandó entre el límite de Tame y Arauquita. Si bien no cometió los crímenes mencionados en el marco de este reconocimiento, pues estos obedecieron a órdenes del comandante del frente 10 de las Farc de entonces, “nosotros consideramos que la afectación fue de la organización y estamos respondiendo por eso, porque es una responsabilidad colectiva”. “Las víctimas nos hacen demandas de verdad, nosotros salimos a buscar la información. La encontramos en un 80 % y las víctimas se sienten muy complacidas”, agregó.
Entre las otras verdades que pudieron salir a la luz, está el reconocimiento por parte de los exguerrilleros del asesinato de Jorge Larrota, candidato al Concejo de Arauquita en 2003 y asesinado ese año por dos desconocidos que ingresaron a su residencia en frente de uno de sus hijos menores. Los 12 responsables que acudieron al acto aceptaron ante los hijos de Larrota que las Farc son las autoras y culpables de ese crimen. “No conseguimos las causas porque en Arauca hubo dos bombardeos antes del Acuerdo de Paz, en el que murieron muchos mandos que tenían información, pero pudimos aceptar nuestra responsabilidad colectiva en el caso”, señaló Alinton Asprilla. En el encuentro privado que tuvieron para culminar estos años de conversaciones para sanar, pasó lo impensable: un abrazo entre el excombatiente que reconoció el hecho y uno de los hijos de Jorge Larrota selló el perdón y dio paso a la posibilidad genuina de reconciliación en un territorio cuyas víctimas y victimarios se distinguían desde pequeños en muchos casos.
Y es que en este caso en específico, el ataque de la hoy exguerrilla fue indiscriminado y dirigido para todos los partidos políticos que habitaban Arauquita en esos años. El Partido Conservador, el Liberal e incluso la Unión Patriótica (UP), siendo las tres orillas políticas tradicionales en el territorio, fueron objetivo militar de las Farc. “En el área del Bloque Oriental, que es al que pertenecía el Décimo Frente, se alcanzó a lograr la desestabilidad del Gobierno porque quienes no renunciaron a sus cargos gobernaron desde brigadas militares. Se mostró cierto poderío de las Farc. En la época en la que Uribe se monta, en 2002, se incrementa la guerra. Nosotros cometimos muchos errores en el marco de ello. Arauca tiene muchas víctimas nuestras, de los paramilitares, de los otros grupos. A veces la guerra tiene una venda que no permite ver el otro lado. Lo que pasó fue que el ejército del pueblo estaba matando al pueblo”, indicó Asprilla Herrera.
Esos impactos, como contaba al principio Jorge Eliécer Aperador, fueron inmensos para la vida de los arauquiteños. “Yo vine a comprender la guerra un año después, cuando estuve de refugiado en Chile. Entendí que yo, sin proponérmelo, me había atravesado en ese interés que tenían las Farc de demostrarle al Gobierno que tenían el dominio total de una región. Yo no quise renunciar, como los otros alcaldes, entonces siento que le pusieron precio a mi cabeza por demostrar desobediencia”, narra Aperador. El exalcalde recordó varias imágenes en las que su vida estuvo en riesgo, como la escena del 18 de marzo de 2003. Ese día, Aperador estaba con unos amigos, comiendo al frente de su casa. “Trajeron petaconas, cuando vi que uno de mis compañeros se paró y se fue. Volteé a ver y había un hombre a menos de dos metros. No sé cómo reaccioné pero hice dos tiros al aire”, dijo. Jorge Eliécer Aperador tenía un revolver porque ya estaba amenazado. Dos meses antes el grupo armado le había puesto una bomba a la Alcaldía.
Las afectaciones también las sufrió José Edin Olivares, mandatario local de Arauquita entre 2004 y 2007, quien, dice, desde el momento en que lanzó su aspiración a la Alcaldía recibió amenazas de las guerrillas y los paramilitares. “Podría decir que duré ocho años preso: un año de campaña escondido, no pude salir a ninguna vereda porque las amenazas eran muy fuertes. Empecé mi período y duré los cuatro años escoltado durante las 24 horas de cada día. Me tocó sacar mis hijos del pueblo y llevarlos a Bucaramanga”, relata Olivares mientras mira hacia abajo. Toma un respiro y para su historia. “Es muy berraco”, complementó.
“A mí el conflicto armado no me afectó a ningún familiar. Sufrimos desplazamiento, traumas psicológicos, políticos, económicos, pero muertos no. Pero sí me genera mucho sentimiento que por yo ser alcalde y por este conflicto, mataron a seis personas en mi administración: al secretario privado de la Alcaldía, a dos concejales, ocho días antes de la elección mataron a un candidato a la Alcaldía llamado Jorge Larrotta y al jefe de maquinaria de planeación municipal y a una arquitecta, todo debido a esa presión política que ejercieron las Farc”, expresó José Edin Olivares, quien también formó parte del proceso, como víctima, durante los tres años.
El trabajo no solo sirvió para saldar deudas de la historia y decir lo que durante tantos años se mantuvo en silencio. También sirvió para pensar escenarios a futuro. Ahora los congregados al acto de reconocimiento se comprometieron a realizar un proyecto para toda la comunidad: hacer realidad una comercializadora de productos agrícolas. Buscarán acompañamiento de otras entidades para darle vida a la iniciativa. “Quedaron cuatro víctimas y cuatro firmantes encargados en la construcción de la propuesta. Buscamos acompañamiento de esos otros entes para darle continuidad a este trabajo. Es para vincular a agricultores, ganaderos, cacaoteros, plataneros, para que esto sea un proyecto colectivo que genere trabajo en Arauca”, explicó Olivares.
El significado del encuentro, para los habitantes de Arauquita, fue inmenso. Jeannette Villegas D’alleman lo describió así: “Este espacio sirvió para recordar qué pasó, pero también acompañar. Ya no era una sola persona contándonos una historia, sino 12 reunidas acompañándose entre sí en un proceso propiciado por la Comisión. Esto genera una escucha muy interesante. Los firmantes lograron dar unas respuestas satisfactorias a las víctimas y eso también permitió de una u otra manera que el proceso de verdad reconstruyera relaciones y generó una nueva oportunidad para que los firmantes y las víctimas pudieran crear escenarios a futuro. Había personas que han estado respuestas por 15, por 20 años, y que ya saber el por qué pasaron las cosas, les permite iniciar un proceso de sanación y cerrar heridas y trabajar en otras cosas”.