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12 Mar 2022 - 2:00 p. m.

Ya no hay guerras (muy) lejanas

Las relaciones entre Estados Unidos y Colombia se fortalecen. ¿Durarán de esa manera? ¿Qué papel cumple Venezuela?

Rodrigo Pardo / Especial para El Espectador

Duque busca “normalizar” las relaciones con el presidente Biden, resentidas tras la campaña electoral estadounidense.  / Presidencia
Duque busca “normalizar” las relaciones con el presidente Biden, resentidas tras la campaña electoral estadounidense. / Presidencia
Foto: Anadolu Agency via Getty Images - Anadolu Agency

La reunión entre los presidentes Iván Duque y Joe Biden, el jueves en Washington, deja muchas lecciones. Un encuentro que se creía que se llevaría a cabo más temprano por la cercanía histórica entre los dos países y por sus coincidencias en los grandes asuntos de las relaciones hemisféricas entre los actuales liderazgos en Bogotá y en Washington. Y, sobre todo, por el interés de Colombia de normalizar definitivamente las relaciones con la actual Casa Blanca. Vale decir, superar malos entendidos de los tiempos de campaña, cuando corrió con fuerza el rumor de que el Gobierno colombiano le apostaba a la continuidad de una relación especial con el republicano Donald Trump. Eso y la visible molestia que causaron dentro de las filas del Partido Demócrata, que ahora controla la Casa Blanca y es mayoritario en el Capitolio.

Lo cierto es que estas especulaciones por fin terminaron con el estrechón de manos entre Biden y Duque. Que no es el primero, pero que hacía falta en el marco de un encuentro binacional exclusivo -y no como un encuentro pasajero en algún corredor- para terminar de construir el retorno a la normalidad plena. Y con una reunión de trabajo que tuvo todo lo necesario. La presencia de los dos jefes de gobierno sonrientes, la reunión exclusiva de las dos delegaciones en la Casa Blanca y la concreción de hechos significativos, en especial el ingreso de Colombia al grupo de aliados (18) que, sin ser miembros de la OTAN, gozan de importantes privilegios en aspectos como el militar. Y una agenda centrada en los asuntos que caracterizan el momento actual: el apoyo de Estados Unidos al proceso de paz, la migración y las vacunas para la lucha contra el coronavirus.

Hay otros elementos del entorno cercano que no deberían dejarse de lado. Uno de ellos es el cambio del tono -con hechos concretos- de los vínculos entre Estados Unidos y Venezuela. A raíz de la invasión rusa a Ucrania y las limitaciones en las posibilidades de compra de petróleo, el valor estratégico de Caracas, es decir, de una Venezuela que recupera sus capacidades como poder petrolero, vuelve a ser importante en esta parte del mundo. Lo que no habría sido entendible habría sido un acercamiento de Estados Unidos con Venezuela mientras se mantenían intactas las grietas en los puentes entre Bogotá y Caracas. Porque estos han sido, finalmente, aliados de largo plazo.

Y si algo ha dejado claro el presidente Duque, es que en los meses que le quedan en la Casa de Nariño no habrá una modificación de su actitud hacia Venezuela (a menos que haya una poco probable modificación de las intenciones y acciones hacia Colombia). Habría que ver qué plantean los candidatos y si la dinámica de la competencia electoral lleva al planteamiento de nuevas ideas y de escenarios más amplios. Algo que ha ocurrido en el pasado, por ejemplo, cuando se crearon las comisiones de trabajo binacional después de la crisis de la corbeta Caldas, en agosto de 1987. ¿Habría intenciones parecidas, de reconstrucción de los canales de comunicación, entre el nuevo gobierno de Colombia y el de Nicolás Maduro? Volviendo a la actualidad, no hay que olvidar que el cuatrienio de Iván Duque se acerca a su fin. ¿Busca la administración de Joe Biden fijar parámetros que se proyectan más allá del 7 de agosto, cuando se posesionará el sucesor del actual mandatario? Sería una paradoja, después de que se especuló tanto sobre un supuesto desagrado de Washington hacia el actual gobierno de Colombia.

El escenario, en fin, no es nada fácil. Y si al comienzo de la guerra en Ucrania se pensaba que esta era lejana al continente, cada vez va quedando más claro que todos los conflictos tienen algún grado de cercanía y que los efectos de una confrontación se pueden sentir en cualquier parte del mundo.

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