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En conversaciones familiares y redes sociales circula con frecuencia la idea de que los lácteos deberían restringirse frente al cáncer de mama. Sin embargo, la evidencia científica presentada no respalda eliminarlos como estrategia de prevención. Por el contrario, pueden formar parte de una alimentación adecuada y aportar nutrientes importantes, incluso durante el tratamiento. La clave está en comprender qué dice la ciencia y qué necesita el organismo en cada etapa.
¿Los lácteos aumentan el riesgo de cáncer de mama?
La evidencia disponible no muestra un aumento consistente del riesgo de desarrollar cáncer de mama asociado al consumo de lácteos. Por tanto, estos resultados no sustentan eliminarlos de la alimentación como estrategia de prevención. Una revisión publicada en el European Journal of Clinical Nutrition en 2026 encontró que el consumo de lácteos no mostró un aumento consistente del riesgo de cáncer de mama.
Otra investigación, publicada en Nutrition Research en 2025, reunió información de 51 estudios y más de 62.000 casos de cáncer de mama. Nuevamente, un mayor consumo de lácteos no se relaciona con un aumento global del riesgo y, para algunos alimentos como los lácteos bajos en grasa, el queso y el yogurt, se observaron asociaciones con un riesgo ligeramente menor.
¿Significa esto que tomar yogurt o comer queso previene el cáncer de mama? No. Estos estudios muestran asociaciones y no demuestran que un alimento, de manera aislada, prevenga la enfermedad. Sin embargo, sí podrían estar asociados con la disminución del riesgo.
Después del diagnóstico: nutrirse bien también importa
Una vez existe un diagnóstico, la prioridad nutricional es diferente. Un estudio publicado en Supportive Care in Cancer en 2024, encontró que tres de cada 10 mujeres con cáncer de mama presentan baja masa muscular, una condición asociada con menor tolerancia al tratamiento y supervivencia. Por lo tanto, durante el tratamiento mantener un adecuado estado nutricional y preservar la masa muscular, sin restricciones alimentarias innecesarias, cobra especial importancia, pero lograrlo no siempre es fácil.
La disminución del apetito, los cambios en el gusto y el rechazo hacia algunos alimentos pueden dificultar cubrir las necesidades de energía y proteína. En ese momento, no solo importa qué se come, sino encontrar opciones apetecibles, bien toleradas y fáciles de incorporar en la alimentación diaria.
Lácteos: aliados prácticos para aportar nutrientes
En este contexto, los lácteos pueden ser aliados nutricionales: aportan proteína de alta calidad, calcio y otros nutrientes importantes. Son alimentos versátiles que pueden adaptarse a diferentes preferencias y necesidades. Pueden consumirse fríos, combinarse con frutas o incorporarse en batidos y preparaciones suaves cuando el apetito disminuye o cambian los sabores.
Durante el tratamiento también pueden aparecer molestias gastrointestinales, como diarrea, distensión abdominal o gases. En estas situaciones, los lácteos deslactosados pueden ser una alternativa para conservar el aporte de proteína, fundamental durante el tratamiento.
Las necesidades nutricionales y energéticas varían según cada persona y su tratamiento. Por eso, antes de eliminar un grupo de alimentos por temor o por molestias digestivas, es importante identificar la causa de los síntomas y buscar alternativas que permitan mantener una alimentación suficiente y bien tolerada.
De las prohibiciones a decisiones mejor informadas
En cáncer de mama, preservar la masa muscular es importante, pero para muchas mujeres el exceso de peso también forma parte del contexto clínico. Por eso, no se trata simplemente de consumir más, sino de elegir mejor.
Dentro de los lácteos, algunas opciones combinan un buen aporte de proteína con menor contenido de grasa y calorías, características que pueden ser especialmente útiles cuando se busca cubrir necesidades nutricionales cuidando también el aporte de energía.
Así, la conversación deja de centrarse en qué quitar y empieza a enfocarse en algo más útil: reconocer qué aporta cada opción y cómo puede responder mejor a las necesidades de cada persona.
En conclusión, el consumo de lácteos no aumenta el riesgo de cáncer de mama y, al contrario, pueden convertirse en valiosos aliados nutricionales, especialmente durante el tratamiento, al contribuir al aporte de proteínas y al mantenimiento de la masa muscular.
Comprender las necesidades del cuerpo en cada etapa permite alimentarse con confianza, garantizando un aporte nutricional adecuado que fortalezca el bienestar y mejore la calidad de vida. En este sentido, Alpina ofrece opciones de gran valor nutricional con beneficios nutricionales asociados principalmente al aporte de proteínas y micronutrientes.
Referencias:
- Akyil S, et al. Eur J Clin Nutr. 2026;80(1):16-27.
- An S, et al. Nutr Res. 2025;138:68-75.
- Jang MK, et al. Support Care Cancer. 2024;32:328.
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@HerbólogaRaquel(46037)•27 de octubre de 2026 – 14:18Deberían hacer claridad de cuánto dinero les entregaron esas marcas para hacer un artículo que desconoce los datos estadísticos ente cancer de mama y alimentación, comparando la alimentación en China, casi de 0 lácteos en mujeres adultas, y la incidencia de cáncer de seno en Reino Unido cin alta presencia de lácteos. Eso, en artículos e investigciones serias se llama DISCLAIMER: