Reportaje

Los Mura y su guerra ancestral para proteger la Amazonia.

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Considerados a lo largo de la historia en Brasil como un pueblo indígena de grandes guerreros, que contuvieron la colonización portuguesa. Hoy su guerra es para preservar la Amazonia y sus territorios ancestrales contra la ilegalidad, la deforestación, los terratenientes y la extracción de grava.

Cuando la selva Amazónica ardía en llamas en Brasil el año pasado, el cacique Raimundo o akaurya, -en lenguaje Warapakay-, prometió “derramar hasta la última gota de sangre por defender la madre selva”, así como lo hicieron sus antepasados los implacables guerreros Mura en contra de los portugueses. Hoy, Raimundo y su comunidad indígena están en pie de lucha en contra de la deforestación del Amazonas que avanza a un paso inmensurable en sus territorios nativos. Su aldea Mura, en el rio Itaparaná, se ha vuelto blanco de invasiones y acaparamientos de tierras para tala ilegal de árboles y extracción de grava para pavimentar la transamazónica 230BR y las trochas ilegales. Ya que está ubicada en medio de dos grandes áreas de conservación en el Amazonas: El Parque Nacional Mapinguari y el Área de Conservación Ambiental Balata Tufari. Debido a la abundancia y diversidad de árboles del Parque y del Área de Conservación, en tierra tradicional Mura, los madereros ilegales los están acorralando. Frente a la aldea de Itaparaná hay tala ilegal a menos de quinientos metros, en el lado izquierdo hay deforestación a 800 metros y en la parte posterior hay un área totalmente vaciada. Mas de siete kilómetros cuadrados han sido deforestadas en Itaparana en los últimos meses por tan solo un terrateniente ilegal, en medio de la pandemia. Los acaparadores de tierra ilegales están tratando de legalizar 120 mil metros cuadrados, localizados entre el parque y el área de conservación, que les pertenece tradicionalmente a los Mura. Y su rio sagrado Yanka Terykawá fue destruido y secado en su nacimiento.

Itaparaná fue construida al lado de la carretera Transamazónica BR 230, está ubicada entre Labrea y Humaitá, los municipios más afectados por los incendios forestales provocados en el estado de Amazonas, el tercer estado más afectado por la deforestación en Brasil, después de Pará y Mato Grosso, en el 2020. La deforestación en la Amazonia brasilera esta fuera de control otra vez, como lo señalo el Instituto para La Investigación Aeroespacial del Brasil, INPE, el reporte de fin de año de deforestación en la selva amazónica brasilera del 2020 “supera las estadísticas del 2019 con un aumento dramático de 11,085 kilómetros cuadrados deforestados”. Siendo esta la tasa de deforestación más alta de los últimos doce años, con serias afectaciones a la selva madre y a las comunidades indígenas que la habitan.

Los Mura han sido considerados a lo largo de la historia en Brasil como grandes guerreros, ya que contuvieron a los portugueses por tres siglos. A tal punto que, en 1738 fueron proclamados enemigos de la iglesia y de la corona por sus ataques en contra de los Jesuitas que trataban de reducirlos y explotar sus árboles de cacao. Por ello fueron esclavizados y asesinados. Desde tiempos coloniales hasta ahora, los Mura han incorporado a negros e indígenas de varias etnias dentro de su cultura, en un proceso al cual llaman “murificación”. De este modo, los Mura han aumentado el número de sus guerreros y expandido su cultura en la Amazonía a pesar de las masacres, pérdidas culturales y lingüísticas que han sufrido a través de los siglos. Actualmente, existen más de 18.000 indígenas Mura en el estado de Amazonas, distribuidos a lo largo de los ríos Madeira, Purús y Amazonas, en zonas rurales y urbanas, en tierras indígenas demarcadas y no demarcadas.

Los Mura de Itaparaná están luchando por la demarcación de su territorio de Ocupación Tradicional, un derecho garantizado por la Constitución de 1988 y legalizado por el gobierno federal brasileño. Ellos esperan que con la demarcación de sus tierras reciban protección del gobierno contra la extracción de grava ilegal, acaparadores de tierras y madereros que están deforestando criminalmente en la Amazonía. Mientras tanto, los Mura se organizan para defenderse de los acaparadores ilegales dentro de sus tierras tradicionalmente ocupadas, buscando apoyo, y pidiendo ayuda al Ministerio Público Federal de Brasil y al mundo, por su supervivencia y la de la selva.

La deforestación en la selva Amazónica se ha vuelto una preocupación mundial ya que compromete el futuro de todos. La selva tiene una extensión 7′000.000 de kilómetros cuadrados repartida entre nueve países por su tamaño en: Brasil, Perú, Bolivia, Colombia, Venezuela, Ecuador, Guyana, Guyana Francesa y Surinam. De acuerdo con el medioambientalista colombiano Paul Sánchez Puche: “Ella es la gran reguladora del clima y de las lluvias en el planeta por ser la más grande del mundo”. Pero en la actualidad el Amazonas está a tan solo un 5% de alcanzar el punto de no retorno en que se convertiría en una sábana -como lo indican los estudios científicos publicados por los profesores Carlos Nobre, director del Instituto Brasilero de Ciencia y Tecnología para el cambio climático y Tomas Lovejoy, científico ambientalista y profesor de la Universidad de George Manson, en Los Estados Unidos-. Esto afectaría el clima de muchos países, la pérdida de más de 40.000 especies de plantas, 6000 animales y especies endémicas, así como la vida de un millón de indígenas, entre ellos los Mura; según cifras de Survival International. Sin contar las especies de vida animal y vegetal no clasificadas y las comunidades ribereñas, negras y campesinas que la habitan.

La aldea Mura de Itaparaná se compone de un laberinto de palmas de açaís y castañeros que está rodeado por una serie de casas en las que habitan 105 indígenas semi- nómadas que viven de la caza, pesca y del cultivo de frutas y papas para su alimento. Los madereros ilegales están poniendo placas en árboles jóvenes y delgados, con nombres falsos cerca de Itaparana, en tierras Mura no demarcadas dentro de la reservación Mapinguari, para así obtener el Plan de Manejo gubernamental y luego la Licencia Tributaria que otorga la libre comercialización de la madera en Brasil. El plan y la licencia son una medida del gobierno brasilero, para evitar la deforestación mediante un inventario forestal exigido a los madereros por la Agencia de Protección Ambiental Federal de Brasil del Instituto Brasilero del Medio Ambiente, IBAMA, por ello el uso de las placas en los árboles. Pero en vez de proteger a los árboles está ocurriendo todo lo contrario.

Los madereros ilegales consiguen licencias para talar madera en áreas que son legalizadas de forma fraudulenta. Teniendo el plan con ellos hacen que cortan en áreas legales de donde tienen el plan, pero cortan en áreas ilegales que no les pertenece dentro de reservas ambientales, donde no hay ninguna inspección. Handech, líder Mura y médico tradicional o Pandé nos explica: “Todos los árboles que están aquí están marcados como Breu sin serlo. Los ilegales talan adentro de nuestras reservas los árboles grandes de maderas finas y caras que no han sido marcados con placas. Van talando árboles seleccionados que no están pegados el uno al otro, sin vaciar grandes áreas de una sola”. Por esta razón, los satélites no pueden registrar este tipo de deforestación inmediatamente, ni la vigilancia del ejército brasilero o el Instituto Brasilero del Medio Ambiente, IBAMA. Para los Mura “se está cometiendo un crimen silencioso contra la Amazonía y contra el planeta con esta deforestación selectiva de árboles”, cuando ellos encuentran las placas falsas las remueven de los árboles para que no sean talados.

Hace menos de dos años, se presentó un caso similar de inventarios fraudulentos para extracción ilegal maderera de un árbol exótico protegido por ley en Brasil, llamado Lapacho, uno de los árboles más valiosos de la Amazonia, cuyo valor por metro cubico ronda por los 2500 dólares en Los Estados Unidos y en los países de la Unión Europea. El caso fue denunciado por Greenpeace tras una larga investigación de varios años, quien descubrió que los inventarios fueron hechos por ingenieros forestales corruptos en del estado de Pará, que identificaron al Lapacho como una especie sin valor y enumeraron otras especies inexistentes. También, en Brasil por ley gubernamental los árboles deben tener un grosor mínimo de 60 centímetros de diámetro para ser talados. Tanto en el caso del Lapacho como en las tierras Mura se estaban talando árboles de menos grosor. El líder Mura Handech añade “los árboles que hay aquí no tienen ese grosor son muy delgados. Entonces, primero talan los árboles más grandes y viejos. Y después de que ya han talado los árboles valiosos, vienen y deforestan los árboles jóvenes sin valor alguno para ellos, queman y usan el terreno para sembrar pastos para ganado como está pasando aquí en la región”.

En el 2018, cuando Jair Messias Bolsonaro estaba haciendo campaña electoral, Brasil se consolido como el mayor exportador de carne de res del mundo con 172 millones de cabezas (censo agrícola brasilero más reciente). También, Brasil también se posicionó como el mayor exportador de soya para la China, reemplazando a Los Estados Unidos, por la tensión entre China y USA. Así que durante su campaña Bolsonaro prometió “abrir la selva amazónica para dar paso a la agricultura, ganadería, minería y la tala de árboles”. Además prometió control sobre el Instituto Brasilero del Medio Ambiente, IBAMA al cual llamó " una industria de multas” a la que le " acabaría la fiesta”. Y así sucedió. Los incendios provocados en el 2019 y 2020 en el Amazonas por quienes apoyan a Bolsonaro batieron record. El IBAMA expidió la menor tasa de multas por deforestación ilegal en 11 años y su presupuesto fue reducido un 29.4%, -como lo manifestaron en carta abierta al gobierno brasilero-, Eduardo Bim, presidente de IBAMA y 400 empleados más.

Gran parte del territorio de ocupación tradicional Mura, ha sido invadido por siglos extranjeros y brasileros, como el caso del alemán Luíz Schmidt quien acaparó una de las zonas donde están gran parte de los castañeros de los Mura entre el 2001 y el 2003. En ese tiempo Schmidt construyó una carretera clandestina en medio de la tierra Mura talando más de 40 kilómetros de castaños sagrados y cedros rosa. Cuando los Mura denunciaron este hecho, el Instituto Brasilero del Medio Ambiente intervino, IBAMA detuvo la extracción de madera ilegal. Todavía no se sabe cuántos metros cúbicos de madera se perdieron antes de esta operación. Esta misma situación persiste ahora, “Schmidt está buscando legalizar aproximadamente 120.000 metros cuadrados a su nombre con tierras que nos pertenece. El deforestó y quemó más de diez metros cuadrados de selva, contribuyendo a los grandes incendios forestales que impactaron el planeta en el 2019 y en el 2020,” según las mediciones hechas por los indígenas, indicó el líder Mura. Los indígenas denunciaron oficialmente esta situación a las entidades gubernamentales.

Mucha de esta madera sale por la carretera Transamazónica BR230, que pasa por el frente de la aldea Mura de Itaparaná. La BR230 cruza siete estados en Brasil hasta llegar al Amazonas, desde el Atlántico hasta Labrea y desde ahí a la frontera con Perú y Ecuador. La BR230 conocida también como la Rondovia Transamazónica, es la tercera carretera más grande de Brasil y la más peligrosa. Tiene casi 5000 km de recorrido, más de la mitad sin pavimentar, y en las épocas de lluvia ocurren muchos accidentes porque no es asfaltada sino es un camino hecho de piedras de barro, que cuando se inunda se vuelve resbaladizo, y en donde los automotores se quedan atascados. En el verano, es un polvorín de tierra difícil de transitar. Fue construida por la dictadura militar entre 1970 y 1976, con la idea de atravesar el corazón de la selva amazónica, y de impulsar el progreso en el Amazonas. Después de la construcción de la carretera Transamazónica la tala de árboles se disparo a niveles nunca antes vistos hasta ahora.

El río sagrado de los Mura Yanka Terykawá, también fue destruido y secado en su nacimiento, por una compañía no indígena que mantiene y trabaja la trasamazónica BR: 230 con la insignia del Departamento Nacional de Infraestructura del Ministerio de Trasporte de Brasil, DNIT. Esta compañía destruyó un área de dos kilómetros en las orillas del río, y secó su nacimiento. Cuando el río se secó, se convirtió en un problema grave para los indígenas por el suministro de agua y porque para que para ellos el Yanka Terykawá era sagrado, por sus capacidades curativas. Pero la afectación no ha sido solo con el río, las rocas de grava cerca del Yanka, que les pertenece a los Mura están siendo sacadas ilegalmente de sus tierras no demarcadas, para trabajar la carretera transamazónica y para construir rutas ilegales. Así lo denuncia, Mecth, lideresa espiritual Mura de Itaparaná, “los madereros ilegales nos están quitando las piedras de grava para construir una ruta ilegal que va desde aquí hasta Puerto Vehlo, y que conecta con la BR-319 que va a Manaos, la capital del estado del Amazonas, y por eso nos oponemos a esas construcciones”. Cuando los Mura encontraron el campamento de paja de los ilegales cerca al rio, lo derrumbaron.

La lucha de los mura ha sido también por defender sus raíces y su cultura indígena. En el 2015, los Mura de la aldea de Itaparaná fueron perseguidos y llevados a la Estación de Policía de Humaitá a causa de una denuncia hecha por la Iglesia Evangélica Asamblea de Dios de la ciudad Humaitá, en el estado de Amazonas. Fueron acusados falsamente por los evangélicos de comerte ritos de muerte y enterrar a niños vivos en la aldea. Después de investigar la policía descarto el caso y soltó a los indígenas retenidos. La policía civil entro sin mandato judicial a la aldea, cometiendo numerosas arbitrariedades y humillaciones en contra de los Mura. Las mujeres y los niños estuvieron 17 días con la misma ropa y cuando fueron soltados no tenían manera de regresar a la aldea. Los Mura hicieron una denuncia al Ministerio Público Federal por los abusos cometidos por la policía y contra la Iglesia evangélica IEADAM. Pero a la fecha no ha pasado nada. A finales de septiembre de este año, la policía militar entro de nuevo en la aldea sin una carta de allanamiento, apuntando a una población conformada en su mayoría por niños, jóvenes y mujeres. Tampoco llevaron a cabo los protocolos de bioseguridad del coronavirus, es decir, no tenían tapabocas. La policía militar se llevó a dos adultos mayores de 30 años cada uno que se habían unido al clan Mura de Itaparana siguiendo el proceso “murificación”. La policía arguyo que estaban allí en contra de sus deseos. Pero la pareja con sus hijos se había movida a la aldea hacía varios años por voluntad propia.

Ritos, entre los que se cuenta una práctica similar al rapé, pero sin tabaco, el cual llaman ‘aliento espiritual’ o Wakyty Parré. Del mismo modo no toman yagé pero toman el Thakorrú o ‘Bebida Sagrada”. ‘El Pandé o médico tradicional prepara el ‘aliento espiritual’ de una planta llamada Runássunyn y la ‘Bebida’ la prepara de la fruta Wakarráka. El médico tradicional se mueve entre los mundos de lo espiritual y lo físico. En el proceso de sanación la persona tiene una reacción: Algunos bailan, otros ríen, otros lloran, otros se regocijan en el espíritu de su Dios Namãtuyky. Sus creencias hacen parte de un proceso histórico que corresponde al sincretismo religioso de Brasil del cristianismo con las creencias indígenas. En los últimos años, el pueblo mura ha hecho una reafirmación cultural de sus tradiciones y su relación con la selva y trata de protegerla a través de su autonomía indígena.

La mayor parte del área de tierras que están reclamando los Mura se superpone con el Parque Mapinguari en 315.000 hectáreas, y 69.000 en Balata Tufari, 57,000 hectáreas el pueblo de Itaparaná, para un total de 441,000 hectáreas. Desde el 2005, los Mura de Itaparaná han estado trabajando con los representantes de la Fundación para el Indígena, en Brasil, FUNAI para lograr la demarcación de sus territorios. En la actualidad, hay 1320 metros de deforestación en 200 hectáreas a orillas del río Itaparaná, a tan solo 400 metros de la aldea, en la zona de ocupación tradicional de los indígenas Mura de Itaparaná, no considerados como parte de la reserva, por los cuales los indígenas han están batallando por demarcar.

Cerca de la tierra tradicional Mura habitan los indígenas Juma, de los cuales queda la última familia sobreviviente: Un anciano y tres mujeres Jumas, más diez indígenas de la etnia Wruew aw que viven con sus esposos e hijos. Los Juma fueron finalmente masacrados en 1964 por una expedición que tenía la finalidad de extraer la sorba, árbol del cual se extrae una leche para hacer goma de mascar- y el castañero de sus territorios, en la corriente del afluente jaguar del río Itaparaná, en el Amazonas. Previas confrontaciones con los colonos habían diezmado a la población. La demarcación del territorio tradicional Mura por parte del gobierno brasilero brindará además una mayor protección a los Juma ya los Wruew aw que están en vía de extinción. Los Mura están haciendo guardia, vigilando a los acaparadores ilegales, y luchando por sobrevivir en su territorio tradicional, en el pulmón del mundo, el Amazonas.

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