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Cuando uno sabe qué hacer, se relaja; y cuando se relaja, se divierte. Aplica para muchas situaciones de la vida, incluida la mesa. Carmiña Villegas lo tiene claro y por eso lo quiere compartir con su audiencia, pero también con quienes aún no forman parte de los casi 700.000 seguidores que acumula en una red social como Instagram.
No en vano les dice “apasionados de la mesa” a quienes la siguen, pues el arte de la mesa la entusiasma y la ha llevado a ser una de las empresarias más reconocidas del sector de artículos de lujo para el hogar en Colombia. Su proyecto en redes sociales, de hecho, surgió para darle impulso a ese negocio, pero se transformó en algo inesperado.
Nos recibió en su casa en Bogotá. Entre paredes llenas de obras de artistas como los colombianos Antonio Caro, Juan Fernando Herrán y Miller Lagos, nos explicó qué la ha sorprendido de ser quizá la “influencer” más célebre del protocolo y la etiqueta en Colombia y nos adelantó algo de sus próximos proyectos. Esta fue la conversación.
¿Cómo se relacionan los buenos modales con el sentido común?
El objetivo del nuevo camino que he tomado, además de ser una empresaria en primer lugar, es despertarle a la gente la conciencia de que es muy importante ser educado. Ser educado es una postura, una forma de comportamiento que aplica no solo en un contexto como la mesa, sino en la vida en general.
El enfoque fundamental es tener conciencia del otro: tener una conciencia de uno mismo, de cómo comportarse, y tener conciencia del otro para no hacer cosas que molesten a los demás.
Si uno quiere hacer una diferenciación sencilla, la etiqueta se aplica al comportamiento de uno y el protocolo a un comportamiento grupal. Así que yo creo que es algo que encaja perfectamente dentro de la cotidianidad, porque nosotros somos seres sociales, estamos todo el tiempo socializando.
En Colombia muchas veces los mejores anfitriones, los más atentos, son las personas que menos tienen riqueza material. ¿Es prejuicioso pensar que las buenas formas en la mesa son un asunto de clase?
Uno no debe tener plata para ser educado y muchas veces los que tienen posibilidades económicas no lo son. El ser educado es algo que viene de cuna, de familia y uno lo ve a través de todos los estamentos de la sociedad. Hay gente que por muy humilde que sea es muy educada, y gente con muchos títulos y pergaminos que no tiene en cuenta en lo más mínimo al otro.
Vemos muchos cambios sociales: cada vez más hogares unipersonales; apartamentos pequeños en los que ni siquiera hay espacio para el comedor; las personas que viven en familia y no comen juntos, comen de afán o comen con el celular. ¿Eso está condenando a muerte a las buenas formas en la mesa?
Por supuesto que sí. Pero lo que más está condenando, más que las buenas prácticas de la mesa, es la cohesión humana que se da en torno a la mesa. La mesa no es simplemente un lugar físico y arquitectónico donde uno se sienta, sino que va mucho más allá: la integración de la familia, de las costumbres, de los principios, de todas las enseñanzas que nos pueden dar los padres y nuestras anteriores generaciones.
¿Se interesan más por los modales, la etiqueta y el protocolo los hombres, las mujeres o por igual?
Cuando yo empecé este ejercicio estábamos en la pandemia. Fue una sugerencia que me hizo la persona que maneja mis redes sociales, Manuela Cortés, que lleva diez años conmigo, desde que regresó de su especialización en París en marcas de lujo. Ella me decía que teníamos que contarle a la gente cómo se usan las cosas. Yo le decía “Manuela, eso lo sabe todo el mundo”. ¿Cuál ha sido mi gran sorpresa? Las interesadas no son las personas mayores, las adineradas, ni mis clientes. Ustedes no se imaginan las diferentes edades de quienes me siguen. Evidentemente, según las estadísticas, hay mayoría de mujeres, pero cada vez el tema masculino crece más porque tienden a ser más maleducados los señores (risas).
Alguna vez leí una frase suya en relación con el hecho de que uno puede no frecuentar cenas elegantes, pero de repente sí, y hay que estar preparados. Usted decía “el conocimiento da seguridad”. ¿Cuál es su reflexión al respecto?
No hay nada que dé más seguridad personal que sentarse a una mesa y comer bien. Y no hay nada que dé más angustia que sentarse a una mesa y no saber qué cubierto utilizar, qué sigue, qué va a hacer el de al lado. Eso genera mucha ansiedad. Esto no lo enseñan. Esa enseñanza creo que existe en muy contados colegios.
Sentarse a una mesa y saber comportarse empodera a las personas y cuando tú te sientes empoderado puedes relajarte, comunicarte y divertirte. Cuando te sientes inseguro, estás como aislado.
En su contenido hemos visto distintas variantes de la etiqueta, la francesa, la inglesa… Quisiera preguntarle si hay algo que podamos llamar la etiqueta colombiana.
Por supuesto, yo soy una amante de nuestra cocina colombiana. Primero, porque la cocino, no la sé cocinar toda, tampoco voy a dármelas de “superwoman” (risas), y segundo: me encanta comerla. Y evidentemente hay una etiqueta. ¿Cómo se comen unos fríjoles con chicharrón? Pues el chicharrón con la mano, no te puedes poner a trinchar un chicharrón. ¿Cómo te comes una arepa? Pues si quieres la puedes dividir con el cuchillo, que es lo que sugiero, pero no la comes trinchando cada bocado. La etiqueta son los modales que se adaptan a nuestra comida y a nuestras costumbres.
¿Cuál es el plato que mejor le queda o el que más les gusta a sus hijos?
Los fríjoles, porque además los hago, como dicen, con todos los juguetes.
¿Usted hoy se considera más empresaria, más “influencer” o van de la mano?
Yo me considero ante todo una empresaria. Primero porque llevo más de 35 años en este ejercicio. Segundo, porque tengo a mi cargo un grupo de empleados con quienes tengo un compromiso laboral y personal, luego tengo que luchar y buscar alternativas de mercadeo para poder promover las ventas ante la situación que estamos viviendo. Lo que hago en redes sociales nació para promover un negocio, aunque fue creciendo en otro sentido, fundamentalmente lo hago con el sentido de informar, de enseñar, pero también de fortalecer mi negocio.
¿Cuántas personas trabajan con usted?
Cuarenta personas.
¿Y cuántas tiendas tiene en este momento?
Tiendas propias, tres. La página web, que es otra tienda, y cuatro franquicias en diferentes ciudades del país.
Entiendo que tenía un plan de expansión a otros países. ¿Eso sigue en pie o cómo ha salido el plan?
Sigue en pie. Es algo que me motiva muchísimo, porque estoy convencida de que tengo una propuesta de curaduría muy interesante, variada y única, que me gustaría llevar a otros países. Pero el mundo ha estado un poquito golpeado. El consumo del “retail” se ha visto disminuido, así que es importante fortalecerse y tener mucha capacidad de espera y de resiliencia antes de dar un nuevo paso. Soy muy reflexiva al respecto.
¿Hasta dónde quiere llevar su proyecto de redes sociales?
Quisiera que creciera muchísimo, llevarlo a otros canales y estoy casualmente trabajando en eso. Todavía no lo puedo hacer oficial, pero estoy en conversaciones muy serias para llevarlo a Estados Unidos a canales de habla hispana. Quiero montar un “e-learning” a través de Internet. Son muchos proyectos, pero pues paso a paso.
En sus contenidos la hemos visto en situaciones poco glamorosas, como cuando se unta de salsa o rompe la norma que está enseñando. ¿Qué tan fácil ha sido ponerse en ese rol de antiheroína de la etiqueta?
Me encanta. Me encanta tomar el pelo, ponerle humor y he encontrado que me fluye naturalmente. No es algo postizo, no es algo obligado, sino que me nace.
Me imagino que le han hecho varias veces esta pregunta, pero ¿cuál es el peor error que uno puede cometer en la mesa o cuando le hacen una invitación?
Hacer ruido en la mesa: en la forma como uno come y con los cubiertos; eso molesta mucho a los demás. Meterse los dedos a la boca y chuparse los dedos.
Se la pongo al revés: ¿qué es lo que mejor demuestra que alguien es educado?
Que coma con calma, sin ansiedad. Segundo, que utilice bien sus cubiertos y que no se vuelva una cosa acartonada y postiza, sino que sea natural, porque cuando uno sabe puede estar tranquilo.