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Tres palabras, un propósito: que los jóvenes en Colombia, con conocimiento en mano, tomen decisiones informadas que garanticen sus derechos reproductivos. De eso se trata “De Haber Sabido”, una campaña lanzada que busca que la educación sexual, más que un asunto académico, sea una herramienta para que millones de menores de edad conozcan las garantías sexuales y reproductivas que tienen.
A comienzos de 2026, la ONG Poderosas lanzó esta iniciativa que busca recorrer las aulas de las instituciones educativas enseñando a los jóvenes cómo convertir el conocimiento en derechos. La fórmula es sencilla: si hay una generación que conozca sobre su sexualidad, habrá más decisiones conscientes que eviten embarazos adolescentes, enfermedades de transmisión sexual o juventudes truncadas.
El proyecto ha llegado a más de 20.000 jóvenes, en diferentes municipios, que enfrentan barreras a la hora de gozar de sus derechos, como el de acceder a educación de calidad. Así ocurre, por ejemplo, en Barú (Bolívar), Quibdó (Chocó) y Soacha (Cundinamarca), esta última a tan solo unos minutos de la capital. En sus pedagogías se informa sobre anatomía, pero también de los derechos que legalmente se han aprobado en Colombia para decidir sobre el propio cuerpo, como el uso de anticonceptivos o la interrupción voluntaria del embarazo. Conversan también sobre diversidad sexual o incluso la pornografía y los escenarios donde un acto transgrede la frontera y se convierte en violencia sexual.
Mariana Sanz, abogada y fundadora de la ONG, comenta: “No se puede proteger lo que no se conoce. Queremos que un tabú como la sexualidad se transforme en derechos y en el poder de decidir libremente sobre los cuerpos y las vidas de la Colombia del futuro”.
El conocimiento es poder
La campaña materializa un viejo adagio que ha sido pronunciado por décadas en el argot popular: el conocimiento es poder. La iniciativa nació después de realizar estudios que indicaban que las leyes sobre educación sexual y derechos reproductivos que se debatían en el Congreso en Bogotá no llegaban a las escuelas públicas o de municipios donde acceder a una clase era realmente un privilegio.
En las pesquisas evidenciaron que Colombia, si bien está equipado con un marco legal robusto y miles de datos que hablan sobre sexualidad, aún seguían existiendo varias tareas pendientes. Por ejemplo, cifras del Ministerio de Salud indicaron que una de cada cinco mujeres entre los 15 y 19 años aseguraron haber estado embarazadas. El mismo estudio reportó que cuando hay educación, la vida sexual responsable se inicia casi tres años después (18 años) que quienes nunca recibieron asesoría alguna sobre sexualidad, aborto o métodos anticonceptivos (15 años).
A esos datos se sumaban otros escenarios más preocupantes que mutaban en derechos vulnerados. El DANE concluyó que una de cada tres niñas desconocía por completo qué hacer frente a su menstruación, mientras que casi el 45 % no sabía las causas e incluso faltaba a clases por vergüenza.
“La educación significa poder: poder de decidir sobre los cuerpos, la sexualidad y las vidas. Pero también de evitar escenarios como el embarazo adolescente, la explotación sexual o la captación de niñas a actividades donde se vulneren sus derechos sexuales”, subraya Sanz.
Así fue que empezaron a vincular a profesores, estudiantes e incluso figuras públicas para que el mensaje llegara a cuantos jóvenes pudiera. A la campaña se han sumado, por ejemplo, pesos pesados del cine, como Sara Pinzón, Emmanuel Restrepo y Adriana Arango, quienes han participado en una serie de videoclips reforzando la importancia de hablar de sexualidad y derechos.
El poder de decidir
A diferencia de otras ONG, Poderosas mide sus indicadores en una variable que ellas denominan el Índice del Poder de Decidir. Esta es una manera de determinar cómo el proyecto ha logrado impactar la vida de los jóvenes. Por ejemplo, la cifra de niñas que consideraban que la virginidad determina su valor como mujeres pasó del 14 al 19 % después de las pedagogías de la organización.
Otro caso: en Pueblo Viejo, Magdalena, solo una de cada 10 mujeres sabía qué era el aborto y las causales que otorga la ley. Luego de la campaña, la cifra ascendió hasta el 42 %.
“De haber sabido que existían derechos, las decisiones hubiesen sido diferentes. Si queremos formar ciudadanos integrales, la educación sexual debe estar presente”, subraya Sanz.
Antes que lamentar
Pero más allá de enseñar sobre normas que reposan en los pasillos del Congreso, la campaña también busca prevenir. A las oficinas de Poderosas han llegado datos que demuestran que el desconocimiento se traduce en violencias, por lo que las ha motivado a enseñar sobre consentimiento, agresiones o estereotipos de género.
En Solano (Caquetá), Bosa (localidad de Bogotá) o la subregión de Urabá las niñas escasamente conocían qué era violencia de género. Sin información y con leyes que existen, pero no se aplican, el resultado sigue quedando en veremos.
La pedagogía, comenta Maritza Marentes, directora de la ONG Valientes, es clave aquí. “El verdadero reto para una apuesta pedagógica es que el Estado, como garante de derechos, prevenga las violencias. Luego entran a jugar otros actores, como la sociedad civil o la familia”, asegura Marentes.
Por ahora parece muy pronto para hablar de un cambio cultural en el que la educación sexual sea la regla en las aulas de clase colombianas. Pero Sanz asegura que paso a paso, derecho a derecho, podrán contribuir a un país más informado. “Estamos seguras de que en unos años veremos cómo los derechos sí se garantizaron y los cuerpos y sexualidades se respetaron. Que habrá un país donde cada vez menos escuchemos ‘de haber sabido’”, concluye.
