El séptimo arte está siendo utilizado para cambiar la vida de las mujeres en Colombia. En 2018, la Fundación WWB estrenó una estrategia de varias cápsulas documentales con el objetivo de concientizar a mujeres en Cali y Valle del Cauca sobre los caminos para salir de la violencia por razones de género.
El propósito era utilizar el cine y la pedagogía para ofrecer un salvavidas a mujeres que convivían en contextos de agresión, poca autonomía financiera que las obligaba a depender de un tercero o incluso bajo el riesgo del feminicidio.
Ocho años después, la serie ha sido proyectada en casi todas las latitudes del país en pueblos y corregimientos. En efecto, la serie de cortometrajes “Ofelia no está sola”, enseña cuáles son los derechos básicos de las mujeres y propone opciones sobre qué hacer cuando una madre, esposa o hija vive agresiones sexuales, económicas, físicas o psicológicas.
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El eslogan de la estrategia es “Ninguna mujer está sola”, aludiendo a las rutas institucionales de atención disponibles para que una mujer pueda prevenir, denunciar y que sus derechos fundamentales sean garantizados.
El proyecto se ha convertido en una iniciativa taquillera: más de 48 fundaciones, entidades públicas o empresas privadas se han sumado a su difusión y destinan recursos, conocimientos y logística para que los cortometrajes se proyecten a la mayor cantidad de mujeres y niñas posible. Incluso ha llegado a salas de cine extranjeras: “Ofelia” ya se reproduce en Argentina, Chile y Bolivia, y ha sido galardonada por ser un caso de éxito en la prevención de agresiones de género y al convertirse en un manual de derechos.
Así lo reconoció la Universidad de Cambridge, institución educativa británica que en 2023 aplaudió la estrategia por “inspirar cambios e impulsar la transformación que permite a las mujeres identificar violencias y conocer rutas de atención”.
Aprender con arte
La estrategia tiene varias líneas de acción que buscan, por un lado, enseñar sobre derechos y cómo protegerlos y, por otro, aconsejar qué hacer cuando la violencia de género se manifiesta con amenazas y riesgos a la integridad. También ofrece un directorio con indicaciones de autoridades competentes para atender, dependiendo del caso, agresiones sexuales o maltratos psicológicos, y explicando qué hace una Comisaría de Familia, considerada la primera barrera de defensa para garantizar derechos.
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En algunos municipios, el equipo de WWB llega con sus aliados a proyectar el documental, que trata sobre un personaje ficticio que ha sufrido de violencia intrafamiliar y muestra cómo esas agresiones han afectado su proyecto de vida. Al final, muestra los caminos a los que puede enfrentarse en su búsqueda de atención, protección y acceso a la justicia, y distinguir cuándo un acto es una agresión contra la mujer, así sea una práctica normalizada o “tradicional”, como sucede con muchas mujeres rurales o poblaciones indígenas, aunque también en las ciudades.
El cortometraje se ha proyectado en comunidades como El Paujil (Caquetá), Inírida (Guainía) y en las veredas de Caldas, donde centenares de mujeres campesinas adscritas a la Federación Nacional de Cafeteros se han sumado a la campaña para prevenir riesgos contra sus derechos. También ha aterrizado en zonas en las que, por su complejidad geográfica, es difícil hacer cualquier programa de incidencia o garantía de derechos, como Amazonas, Guainía, Norte de Santander y San Andrés, para completar 25 departamentos donde se está dando la conversación de defensa de derechos.
Johana Urrutia, directora de programas de WWB considera que el documental ha tenido acogida en “zonas históricamente marginadas de estrategias de prevención (...). Es una estrategia pensada para sensibilizar sobre los diferentes tipos de violencia, no solo la física o psicológica, sino también la económica, patrimonial o simbólica, y para mostrarles que existen rutas de atención”.
En 2025, Ofelia les enseñó cómo proteger sus vidas y derechos a través del cine al menos a 6.765 mujeres de 117 municipios. La mayoría de los espacios concluye reflexiones o mesas redondas donde las participantes cuentan sus experiencias previas, cómo afrontaron la violencia y resaltan cómo el cortometraje puede impactar positivamente sus vidas.
Conversación urgente
La pantalla grande también ha llegado a poblaciones con mujeres que difícilmente accedieron a estudios y, por ende, no saben a ciencia cierta qué es violencia, cómo denunciarla ni enfrentarla. Así lo cuenta Mateo Vélez, coordinador de gestión del conocimiento de la Fundación Alpina, socio activo en la difusión de “Ofelia” en las zonas rurales de Colombia, donde se aprovecha la estrategia para enseñarles a las campesinas sobre formas de autonomía y a crear proyectos de vida que les permitan salir de ciclos de vulnerabilidad.
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“Gracias a los cortometrajes, la Fundación ha impulsado discusiones sobre cómo edificar proyectos de vida libres de violencia; también brinda oportunidades para superar roles que históricamente han recaído en ellas, como el cuidado y el sostenimiento del hogar; y ayuda a que las mujeres rurales tengan voz para decidir el destino de sus veredas, familias y cosechas. Aunque les dicen las guardianas del campo, ellas son las más vulnerables frente a la desigualdad; eso también queremos cambiarlo”, dice Vélez.
La iniciativa, lejos de perder fuerza, continuará recorriendo trochas y municipios del país para revertir un escenario de agresiones contra niñas y mujeres. En 2025, la Defensoría del Pueblo documentó 113 feminicidios y poco más de 30.000 delitos sexuales y agresiones familiares.
Vélez concluye que “Ofelia” les dice a las colombianas que no están solas y que el arte y la pedagogía pueden mostrar que sí existe una vida libre de agresiones contra las mujeres.
Si desea conocer los cortometrajes puede hacerlo a través de este enlace o visitar directamente la iniciativa ´Ofelia no está sola´.